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Lo que dirían de Andalucía si se comportara como Cataluña o Madrid


Pedro Manuel de la Cruz
Director de La Voz de Almería

➤ Aunque nunca un articulo de opinión debe comenzar por una interrogación (eso dicen los libros de estilo y nunca he sabido por qué), me voy a acoger a la excepción que consagra la primera enmienda de esa regla: ¿Se imagina el lector lo que estarían pensando de Andalucía el resto de los españoles si la campaña electoral del 2-D estuviera transitando al hispánico modo o a la catalana usanza? Da escalofrío pensar lo que estarían diciendo de los andaluces los políticos ilustrados del independentismo, la orden de predicadores de las tertulias de la meseta y los cofrades de la hermandad de la columna periodística madrileña. Andaluces, qué se puede esperar, dirían (¿escupirían mejor?) en ese tono despectivo en el que esconden el supremacismo con que el norte ha mirado siempre al sur.


Quienes, miserables -como escribió Machado-, “desprecian cuanto ignoran” no llegan a alcanzar que la hondura ética de los andaluces y su refinamiento estético es incompatible con una forma de hacer política dominada por la zafiedad de lo rufianesco. Un pueblo que ha dado emperadores, filósofos, médicos, geógrafos, descubridores y poetas desde hace más de dos mil años al mundo no está capacitado para competir en este establo de serrín y estiércol en el que se revuelca parte de la política catalana y, demasiadas veces ya, la madrileña.

A esas cavilaciones me abandoné el viernes cuando, en una conversación desde la trinchera madrileña, donde pelea con fiereza contra el cáncer, Fausto Romero me comentó, sorprendido, que desde los medios de comunicación madrileños le estaba resultando imposible seguir la campaña electoral andaluza.

Solo interesa el sur cuando aparecen las sombras de lo chusco, el desgarro de un suceso o la extravagancia de algún iluminado
Llevaba razón Fausto. No eran las heridas provocadas en el campo de batalla contra la enfermedad ni sus avanzadillas al hospital las que le provocan esa ausencia de conocimiento sobre la campaña andaluza. Esa lejanía mediática la provoca el olvido y el desdén con que, desde algunos territorios, se ha mirado siempre a Andalucía. Solo interesa el sur cuando aparecen las sombras de lo chusco, el desgarro de un suceso o la extravagancia de algún iluminado. Hasta en un caso tan escandaloso como los ERES, su acercamiento ha sido, las más de las veces, tan tangencial, que estaban más interesados en el comportamiento estrafalario -mitad putero, mitad cocainómano- de quienes los gestionaron que en los millones que se dilapidaron.

Estas y otras circunstancias han provocado que el “acento andaluz” de la campaña se haya visto casi silenciado y estén siendo las previsibles consecuencias en la política nacional el objeto de deseo más preciado con que, políticos y analistas, estén siguiendo la campaña.

La amenaza de que las elecciones andaluzas se convirtieran en unas ´primarias´ de las generales se ha consumado. A esa consumación han colaborado de forma decidida Pablo Casado y Albert Rivera
La amenaza de que las elecciones andaluzas se convirtieran en unas ´primarias´ de las generales, riesgo al que aludí hace algunas semanas, se ha consumado. A esa consumación han colaborado de forma decidida Pablo Casado y Albert Rivera. Aquél instalando su cuartel general en Andalucía; éste protagonizando la campaña de Ciudadanos desde los medios nacionales y (menos) desde los mítines regionales. Mientras Susana Díaz y Teresa Rodríguez son las protagonistas únicas de la campaña de PSOE y Adelante, los líderes nacionales de PP y Ciudadanos aparecen como los candidatos reales ante el 2-D. Quizá lo sean.

Lo serán porque uno de los dos, o los dos, saben que en la madrugada del primer lunes de diciembre, quien no quede segundo, puede llegar con quemaduras de tercer grado. Las encuestas, todas, sitúan a PP y Ciudadanos en un empate técnico y para Casado, si no supera la barrera de los 25 diputados o queda por detrás o con Rivera pisándole los escaños, la quemadura puede llegar acercarse a la carbonización. Esta circunstancia es la que motiva su abrumadora presencia en Andalucía durante toda la campaña. Es lógico. Y necesario.

Tan necesario como que es con su presencia y con el trabajo casa por casa, voto por voto de los militantes populares, con lo que pueden impedir que Vox les quite algunos escaños y les ´robe´ otros por la inutilidad parlamentaria a que pueden ir a parar muchos miles de votos de esta opción que, no alcanzándoles para lograr escaño, sí serían suficientes para, por los restos y la Ley D, Hont, dejar al PP sin varios a los que aspira a mantener.

El PP de Almería eso lo sabe bien. Tan bien como sabe que es en el poniente y en Níjar donde se la juega. Las soluciones fáciles para los problemas complejos encuentran en una parte del sector agrícola un excelente terreno de cultivo.Por eso se aprestarán esta semana a conjurar la amenaza de un vendaval con fuertes rachas desde la derecha más extrema que puede convertirse en tormenta de graves consecuencias.

Quedan cinco días de campaña y todo está por escribir. Lo que nadie podrá escribir nunca es que los políticos autonómicos de Andalucía hayan podido acercarse al nivel de la política autonómica del catalanismo ilustrado. 
Y es que con todo y a pesar de sus importantes y censurables errores la política andaluza es otra cosa. Afortunadamente; y a pesar que desde el pesimismo antropológico del Sur no seamos capaces de darnos cuenta.