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El alcalde de Huércal-Overa y la cuadratura del círculo


Patricia García Parra
Doctora en Biomedicina (UGR)

El pasado viernes día 16 La Voz De Almería se hacía eco de una entrevista al alcalde de Huércal-Overa, Domingo Fernández, en el programa “Hoy por Hoy Levante” de la Cadena Ser. En ella, el regidor municipal, después de cantar las alabanzas de la recién ampliada Vía Verde huercalense hasta la localidad murciana de Almendricos, apuesta, como argumento central, por la “convivencia” entre el sector eco-turístico y el ganaderoporcino. Defendiendo la “riqueza” que este último aporta al municipio y la necesidad de mejora y adaptación del mismo, “para convivir con ese turismo que queremos”.

Balsa de purines junto a la Vía Verde de Huércal-Overa
(Imágenes y vídeos cortesía de la Asociación Pueblos Unidos Contra las Macrogranjas©)

Ahora bien, "conciliar" la peste a purines con el "turismo sostenible y el ocio al aire libre" se antoja la cuadratura del círculo, una pura contradicción, y no solo terminológica, es un desideratum sin sentido, una quimera, una aberración mental, una idiotez en suma.
Si las cifras del alcalde fueran reales, cosa que no sabemos puesto que no cita fuente alguna, solo el 10% de la riqueza generada por el porcino se reparte entre unos pocos residentes, mientras que el 100% del mal olor, la contaminación del suelo, el agua y el aire, se reparte equitativamente entre todos los huercalenses
La “riqueza” del porcino la cuantifica, el alcalde, en "un impacto en Huércal-Overa en torno a los 90 millones de euros (¿se refiere a todos los tipos de explotaciones, incluidas las granjas familiares?), de los que 9 millones se quedan netos en el municipio". O sea que, si estas cifras fueran reales, cosa que no sabemos puesto que no cita fuente alguna ni tipo de explotación, solo el 10% de la riqueza generada por el porcino se reparte entre unos pocos residentes, mientras que el 100% del mal olor, la contaminación del suelo, el agua y el aire, se reparte equitativamente entre todos los huercalenses.


Insistir en la compatibilidad de las macrogranjas porcinas, "que no tienen tantos problemas como se hablan, ni son centrales nucleares", según Fernández, con "ese turismo que queremos", mediante "medidas correctoras" y mejoras en "las balsas de purines, la aplicación del estiércol...", sobrepasa los límites de la racionalidad humana. La sola mención de estas cuestiones es obvio que espanta y ahuyenta a cualquier turista potencial.

Es cierto: "no hay comparación posible entre la riqueza y los puestos de trabajo que generan estas granjas y cualquier otro negocio". Sí, riqueza para las industrias cárnicas, de las que no hay ni una en Huércal; puestos de trabajo locales, medio o uno por explotación; no hay otro negocio menos rentable en términos sociales, económicos y ecológicos que las macrogranjas. 


La supuesta "empatía con los vecinos, con el que vive en el campo", por parte del alcalde, ¿se refiere a cuatro meses de protestas, sin una sola palabra tranquilizadora o para darles esperanzas de solución?, ¿circunscribe el problema "al que vive en el campo"?, ¿los olores y las moscas no llegan al casco urbano?

Dice el regidor que "el Ayuntamiento está con la normativa, con la ley". Magnífico, habrá tiempo de invocarla, e incluso de aplicarla en defensa de los más perjudicados. Pero, ¿está con los vecinos que sufren las consecuencias de estas instalaciones hipercontaminantes, o trata de escurrir el bulto, de agotar a los que protestan, de ampararse en una normativa que, aparentemente, favorece a los que contaminan, de salirse con la suya como ya ha ocurrido en otras ocasiones parecidas?

Cuidado, señor alcalde, el pueblo no es tonto ni se chupa el dedo, y además está dispuesto a luchar por su tierra y su calidad de vida. Y por cierto, las elecciones municipales están a la vuelta de la esquina.