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Rocío Flores y la estrategia del espejo roto

Tania Artajo
@opinionalmeria

Telecinco vuelve a girar sobre sí misma con un viejo guion: el del conflicto familiar convertido en espectáculo. La última reaparición en ¡De Viernes! de Rocío Flores no es una excepción, sino la confirmación de una estrategia que ya conocemos bien. Una estrategia basada en la confrontación directa, en el señalamiento sin matices y en una ausencia llamativa de autocrítica.

Rocío Flores, en Telecinco

El tono elegido no deja espacio para la duda: críticas duras y reiteradas hacia su madre, Rocío Carrasco, y hacia Fidel Albiac, con un relato que se presenta como inamovible, cerrado a cualquier revisión personal. En ese discurso no hay grietas por las que se cuele el “quizá me equivoqué”, ni un atisbo de empatía hacia quien ha estado al otro lado de una historia compleja y profundamente dolorosa.

Lo más llamativo no es tanto la dureza de las palabras —la televisión vive de ellas— como la negativa a reconocer errores propios o a pedir disculpas por el daño causado. En un contexto en el que se ha hablado hasta la saciedad de responsabilidad emocional, de reparación y de escucha, esta postura suena anacrónica, casi desafiante. Como si asumir una parte mínima de culpa debilitara el personaje, cuando en realidad podría humanizarlo.

El problema de esta estrategia no es solo ético, sino narrativo. La reiteración del ataque sin autocrítica acaba agotando al espectador. El público, cada vez más acostumbrado a relatos complejos, percibe cuándo se le ofrece un discurso plano, diseñado para reforzar una posición y no para comprender un conflicto. La ausencia de disculpas no se interpreta como fortaleza, sino como bloqueo.

Además, insistir en un relato que ignora el sufrimiento ajeno contribuye a perpetuar una dinámica tóxica que la propia televisión dice querer superar. Se habla de salud mental, de violencia psicológica y de reparación, pero se aplaude —o al menos se amplifica— un discurso que rehúye cualquier responsabilidad personal.

Quizá la pregunta no sea por qué Rocío Flores vuelve a atacar, sino hasta cuándo esta estrategia seguirá siendo rentable. Porque en un medio tan volátil como la televisión, la empatía y la capacidad de reconocer errores suelen pesar más que la confrontación permanente. Y porque, al final, ningún relato se sostiene solo con reproches: tarde o temprano, el espejo exige mirar también hacia dentro.

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