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RTVE: del ruido político al dato incontestable

Nuria Torrente
@opinionalmeria

La comparecencia del presidente de RTVE, José Pablo López, ante la Comisión Mixta de Control Parlamentario ha vuelto a evidenciar una constante que acompaña históricamente a la radiotelevisión pública: el debate político suele sonar más alto que los datos. Sin embargo, esta vez los números han hablado con una claridad difícil de rebatir.

José Pablo López / RTVE

RTVE cerrará el ejercicio con superávit, tras varios años encadenando déficits que alimentaron el discurso del despilfarro y la ineficiencia. No es un matiz menor. En un contexto de contención presupuestaria y de creciente competencia audiovisual, pasar del rojo al verde no es solo un logro contable: es un mensaje político y de gestión. Y, sobre todo, es una anomalía positiva en un ente que durante demasiado tiempo fue sinónimo de agujero económico.

Más relevante aún es que este superávit no llega acompañado de una caída de audiencia, sino justo lo contrario. La 1 ha recuperado terreno, ha superado barreras psicológicas que parecían inalcanzables hace apenas dos años y ha vuelto a ser competitiva en franjas clave. El dato desmonta uno de los mantras más repetidos: que la televisión pública solo puede ser viable si es irrelevante o minoritaria.

En ese marco se entiende la renovación de La Revuelta. El programa de David Broncano ha simbolizado un cambio de ciclo en TVE: rejuvenecimiento del público, conversación social y presencia en el prime time. ¿Es caro? Probablemente. ¿Es rentable en términos de servicio público y audiencia? A la vista de los resultados, también. La televisión pública no puede competir siempre con precios de saldo si pretende retener talento y relevancia.

Más áspero ha sido el choque con el Consejo de Informativos, una fricción que revela un problema de fondo: cómo se evalúa el pluralismo en un ecosistema mediático radicalmente distinto al de hace una década. Defender la independencia del Consejo es compatible con cuestionar metodologías poco representativas o conclusiones excesivamente categóricas. El equilibrio entre control interno y credibilidad externa sigue siendo una asignatura pendiente.

En esa misma línea se inscribe la defensa de Sarah Santaolalla. Más allá de nombres propios, el presidente puso el foco en algo esencial: la protección de los profesionales frente al linchamiento, especialmente cuando adopta formas de acoso personal o machista. RTVE no puede exigir pluralismo y rigor mientras mira hacia otro lado cuando quienes dan la cara son objeto de campañas de señalamiento.

La comparecencia dejó claro que RTVE seguirá siendo un campo de batalla política. Eso no va a cambiar. Pero también dejó algo igual de evidente: cuando la gestión se sostiene en datos —superávit, audiencia, estabilidad— el ruido pierde fuerza. Y en un país donde la televisión pública suele debatirse más en términos ideológicos que de resultados, ese giro no es menor.

RTVE ha pasado, al menos por ahora, de ser un problema a convertirse en un argumento. Falta saber si el consenso llegará algún día. Pero, mientras tanto, los números —por una vez— juegan a favor.

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