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Rocío Jurado, acto II

Alba Haro
@opinionalmeria

Hay personajes cuya biografía se acaba el día de su muerte. Y hay otros, muy pocos, cuya vida continúa reescribiéndose con cada generación. Rocío Jurado pertenece a esa segunda categoría. Veinte años después de su desaparición, sigue siendo objeto de estudio, de admiración, de debate y de descubrimiento. La docuserie La Más Grande, de Movistar Plus, no pretende levantar otro monumento a la artista; busca, sobre todo, comprender por qué sigue ocupando un lugar privilegiado en el imaginario colectivo español.

Imagen captada de "La Más Grande. Acto II", de Movistar Plus. En la foto, Rocío Jurado y Pedro Carrasco con su hija Rocío y el inolvidable Juan de la Rosa / Movstar Plus

Su segundo capítulo confirma que el verdadero protagonista del relato no es únicamente una voz irrepetible. Es una mujer que fue capaz de desafiar las contradicciones de su tiempo sin necesidad de proclamas grandilocuentes. Mientras el país aprendía a caminar hacia la democracia, Rocío Jurado ya transitaba ese camino desde los escenarios, desde los platós de televisión y desde una manera de entender la libertad que hoy parece sorprendentemente contemporánea.

Alexis Morante acierta al evitar el formato convencional del documental televisivo. No acumula testimonios hasta saturar al espectador, sino que deja respirar las imágenes de archivo. Las actuaciones hablan tanto como las entrevistas; los silencios dicen tanto como los aplausos. Y es precisamente ahí donde emerge una Rocío desconocida para quienes solo recuerdan el mito.

El segundo acto insiste en una idea que resulta esencial: detrás de la artista monumental convivía una mujer llena de contradicciones. Moderna y tradicional. Valiente y vulnerable. Feminista sin necesidad de utilizar la etiqueta. Capaz de llenar estadios y, al mismo tiempo, de buscar desesperadamente una vida familiar estable. Esa dualidad explica mejor que cualquier biografía por qué sigue despertando tanto interés.

Resulta especialmente revelador comprobar cómo muchas de las batallas que Rocío Jurado libró hace décadas siguen abiertas. La conciliación entre éxito profesional y vida privada, la presión estética, el juicio constante sobre las mujeres que triunfan o el derecho a vivir sin pedir permiso siguen formando parte del debate social. Vista desde 2026, su figura no pertenece únicamente a la memoria; pertenece también al presente.

Quizá por eso la serie evita la nostalgia fácil. No pretende convencernos de que "antes todo era mejor". Al contrario, utiliza el pasado para iluminar el presente. Rocío no aparece como una reliquia sentimental, sino como una mujer adelantada a su tiempo cuya historia ayuda a comprender el nuestro.

También merece destacarse el enorme valor del material de archivo. En una época dominada por la inteligencia artificial, los filtros y las recreaciones digitales, contemplar a Rocío Jurado siendo simplemente Rocío Jurado posee una fuerza extraordinaria. No hace falta embellecer nada. La verdad de una mirada, de un gesto o de una interpretación basta para sostener un relato.

Este segundo episodio termina dejando una sensación curiosa: la de haber conocido mejor a Rocío Mohedano sin disminuir un ápice la grandeza de Rocío Jurado. Al contrario. Cuanto más humana aparece, más extraordinaria resulta.

Porque los mitos sobreviven mientras se mantienen sobre un pedestal. Las leyendas, en cambio, sobreviven cuando descubrimos que eran personas de carne y hueso capaces de hacer cosas extraordinarias.

Y esa, probablemente, sea la mayor virtud de La Más Grande: recordar que la inmensidad de Rocío Jurado no residía únicamente en su voz. Residía en la mujer que decidió vivir con la misma intensidad con la que cantaba.

La deuda

Ignacio Ortega
@opinionalmeria 

El 28 de junio Almería volvió a vestirse de arcoíris. La calle fue un río de cuerpos con la piel erizada, banderas abiertas como pulmones y una alegría que era, también, trinchera. Enfrente, la vieja pregunta: ¿por qué hacer de la piel un manifiesto? ¿Por qué convertir el beso en pancarta?

Porque la memoria huele aún a calabozo. Aquí, amar fue delito hasta 1979. La Ley de Peligrosidad Social bordó barrotes en el psiquiátrico de la carretera El Mamí y en la vieja cárcel. Esa mentalidad no murió: aprendió a votar. Lo vimos cuando Vox se opuso en el Pleno a crear un observatorio municipal LGTBI y amagó con bloquear presupuestos si salía adelante.

No es un eco lejano. Es la hostilidad que late en Almería, donde ocurre uno de cada diez incidentes por LGTBIfobia de toda Andalucía. Un acoso silencioso que empuja a los jóvenes a camuflarse para sobrevivir en su propia ciudad. Almería guarda armarios con cerrojo. Hay muchachos que borran el móvil antes de cruzar el umbral. Hay padres que prefieren un hijo roto a un hijo maricón. Hay vestuarios donde la palabra pluma corta más que el césped. Hay consultas donde preguntan si eso es amor de verdad. No es identidad: es la asfixia que fabrica el “yo no tengo nada en contra, pero...”.

Lo vi. El 28 de junio, terminada la marea, en Plaza Vieja. Un grupo volvía con la bandera aún tibia, purpurina como una constelación brillando en la piel y camisetas que eran un grito. Desde un soportal de la Plaza Vieja brotó el veneno: “maricones de mierda, vestiros normales, qué asco”. No volaron piedras. Volaron palabras que pesan igual. Ellos apretaron el mástil y siguieron. El manifiesto significa eso: seguir cuando te quieren mudo y quieto en penumbra.

Cada beso público dado en aquella manifestación saldaba siglos de besos escondidos. No pedían trono. Pedían no aplaudir un día y reírse el resto del año. Que al llamar “mariconazo” o “bollera” a una persona, nuestras voces no se hagan silencio. Como a mí me ocurrió aquella tarde del 28 de junio: ante el veneno bajo el soportal de la Plaza Vieja, mi silencio cómodo se hizo ovillo.

No pensé por qué alzaban la bandera. Pensé por qué la calle seguía oliendo a miedo. Pero mi silencio fue parte del linchamiento: vi el latigazo, me encogí de hombros y seguí andando. Olvidé que aquel día no era fiesta; era deuda.

Entre una radio azul y claveles rojos: descubriendo a Rocío Jurado

Marian Lozano
@marian65x 

Entre todos los estribillos de canciones de mi infancia, hay uno que en estos días resuena con fuerza: Un clavel / Un rojo, rojo clavel / Un clavel / A la orilla de mi boca / Cuidé yo como una loca / Poniendo mi vida en él.

Un clavel

Y lo escucho lógicamente con la voz de Rocío Jurado. Habíamos cambiado de década, corrían los primerísimos años de los setenta y en mi casa mi súper joven madre cambiaba de emisora de radio, pasando sin mucho criterio de la copla y la rumba del programa Feria de Coplas de Radio Intercontinental a la modernidad y lo yeyé de Los 40 Principales. Aún puedo visualizar perfectamente esa radio de sobremesa de color azul, de marca Marconi, con sus dos botones nacarados a cada extremo del dial, colocada sobre el mueble bar de nuestro pequeño salón. 

Y llegó la adolescencia, y entonces, en vacaciones y los fines de semana solo se escuchaban Los 40 y las cintas de cassette con canciones grabadas, incluso con los cortes de publicidad. Desconozco qué escucharía mi madre en esa época mientras yo estaba en el colegio. 

Como casi toda mi generación, rechazaba la canción ligera nacional y todo lo que oliera a folclore. Mi música elegida comenzó con los ídolos alentados por el Súper Pop, como Miguel Bosé, Los Pecos, Iván, Leif Garrett. Luego vinieron los grupos de la Movida, los cantautores y toda la música que llegaba desde Reino Unido y Estados Unidos. La música, llamémosla clásica, quedó relegada a los viajes en coche, donde mi madre, ejerciendo de copilota, nos machacaba una y otra vez con Raphael, Julio Iglesias, Camilo Sesto, Albert Hammond, Manolo Escobar, Rumba Tres y las dos Rocíos: la Jurado y la Dúrcal. Cosa que hoy agradezco, aunque en aquella época diera la tabarra todo el trayecto hasta que una de mis cintas se introdujera en el reproductor del Chrysler 150 verde metalizado. 

A quien realmente le gustaba Rocío Jurado era a mi padre, castellano tímido y todo lo contrario a mi lanzada madre que interpretaba y bailaba las canciones mientras las escuchaba. Con el tiempo me enteré de que, a mi padre, en su cuadrilla de juventud, los quintos de su pueblo burgalés le apodaban Molina porque siempre, en fiestas y meriendas en las bodegas, terminaba cantando las canciones del interprete de Soy Minero y de otros cantantes de la época. Según me contaban, lo siguió haciendo hasta en sus últimas visitas al pueblo cuando la pandilla de quintos jubilados se reunía en vacaciones y puentes. 

Recuerdo como, ya entrados los noventa, en las largas sobremesas en el mesón de sus amigos Paco y Ginés, mi padre se declaraba fan a tope de Rocío Jurado, mientras ellos eran Pantojistas de pro. Una defensa a muerte. Aquello era divertidísimo, pues entre los clientes formaban bandos como si se tratara del derbi Madrid-Barcelona. Quien canta mejor, quien es mas guapa, quien viste mejor, quien se come el escenario… 

Así que yo conocía a Rocío Jurado como la mayoría de mis coetáneos, principalmente por la radio y la televisión, porque raro era el programa en el que Rocío Jurado no estuviera presente. Era imposible no fijarse en su voz, en su presencia en el escenario, en sus espectaculares trajes y en su simpatía. Pero ahí se quedaba la cosa y todo mi conocimiento musical sobre la estrella internacional de Chipiona. Mi tía, asidua del mundo de la farándula, compraba todas las semanas las cuatro revistas punteras del corazón: Hola, Semana, Lecturas y Diez Minutos. Revistas que heredábamos, y sí, tengo que reconocer que desde muy corta edad crecí con las peripecias de los personajes de corazón y artistas de aquella época, entre ellos Rocío Jurado y Pedro Carrasco. Así que no me perdí ninguno de los extensos reportajes que recogían los principales acontecimientos de su vida: boda, nacimiento de su hija, Navidades, cumpleaños, separación, etc. 

Como espectadora de los recién llegados programas de corazón a la televisión y de Crónicas Marcianas -programa al que agradezco, unas veces sí y otras no tanto, mi costumbre de leer todos los días hasta las dos de la madrugada- fui testigo de cómo la vida íntima de la Jurado traspasa del papel couché a la pantalla. Ciento de horas, bajo un solo prisma, el de la conflictividad y la maledicencia, provocado por la llegada del yerno aprovechado, Antonio David, a Telecinco, que amargó la vida a Rocío y arruinó la de su hija. Y vengo a confesar que yo también fui espectadora de la televisada boda con Ortega Cano.

En 2006, cuando Rocío fallece, mi tía -una mujer de bandera, nacida en el 36 y que nos dejó durante la pandemia- me pide que le regale el recopilatorio en DVD y CD Rocío Siempre, ese maravilloso homenaje en el que grandes artistas cantaron a dúo con la Jurado, que emitió La 1 y que arrasó con más de tres millones y medio de espectadores y un 25 % de cuota de pantalla. Es en ese momento cuando me doy cuenta del verdadero talento musical de La Más Grande y comienzo a admirar su trabajo y su extraordinaria calidad vocal.

Yo escuchaba atentamente las anécdotas que me contaba mi tía cuando la visitaba. Nada más llegar, me ponía el DVD de Rocío Siempre, un vídeo que ella debía de ver una y otra vez entre partidos del Real Madrid y películas clásicas. En esas ocasiones me contaba que Rocío y ella habían sido vecinas en su época de soltera cuando vivía en la calle Coslada, esquina con Cartagena, y que mantuvieron una cierta relación durante aquel tiempo. O aquella vez, mucho antes de ser vecinas, en la que ella y un amigo recogieron en su taxi a Rocío y a su hermana a la salida de una venta o un tablao a las afueras de Madrid porque no tenían forma de volver a casa.

Comentaba sus looks, el comienzo de su historia de amor con Pedro y mil detalles más de la vida de la de Chipiona. Todo ello me llevó a admirar profundamente a la mujer y a la artista, más aún cuando empecé a ser consciente de la fuerza de muchas de sus declaraciones al revisar extractos de entrevistas en YouTube. No es extraño que sufriera ese síndrome tan popular que nos hace ser más conscientes de la verdadera grandiosidad de los artistas cuando estos desaparecen.

Ahora, gracias a su hija Rocío Carrasco, estamos disfrutando de un documental en el que la propia Jurado, con su voz y sus recuerdos, nos muestra su vida personal y artística desde sus comienzos hasta el final de sus días. Y pienso que, del mismo modo que yo la descubrí como estrella y referente cultural al cumplir los cuarenta, ahora serán otros los que tengan la oportunidad de conocer la dimensión de su legado. Porque su música, internacionalmente conocida, sigue sonando en radios, fiestas y celebraciones décadas después. En realidad, nunca se ha ido, siempre ha estado ahí, esperando a ser descubierta de nuevo por cada generación. 

Más que merecido y necesitado este homenaje y el biopic que se está cociendo en RTVE. Gracias, Rocío Carrasco, por honrar con verdad el legado de tus padres.

Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es  La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es  Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-, Diario de Almería, que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluzas:




El drama estival de los televidentes que no consumen streaming

Marian Lozano
@marian65x 

Las redes sociales y los influyentes se empeñan en estos días en proyectar imágenes idílicas de maletas, aeropuertos, barcos, cócteles coloridos con pajitas y playas paradisíacas de arena blanca. Parece que, en julio y agosto, todo quisqui se va de vacaciones. Pero la realidad a pie de calle es muy distinta. Para gran parte de la clase trabajadora y jubilados, el verano no se vive en un resort de lujo ni en un apartamento en la costa, ni tan siquiera en el pueblo de los abuelos sustituido en estos tiempos por la casa rural. El verano, para muchos más de los que se piensa, se pasa en el piso de siempre y luchando contra el termómetro. 

Con este calor asfixiante y las carteras tiesas por los salarios estancados y las pensiones que aunque algunos las vendan como un privilegio, no dan más de sí, incluso la opción de salir a disfrutar de terrazas o locales de ocio en la ciudad se convierte en un lujo inalcanzable. Para muchos, el único refugio es el fresquito del salón de casa, y buscando en la televisión una ventana de desconexión en el duro día a día. 

El problema es que la industria televisiva sí se va de vacaciones. El negocio es consciente de que las audiencias caen en verano, y la respuesta de las cadenas se repite año a año. Los programas estrella y las series con tirón hacen un parón forzoso hasta el mes de octubre, y las grandes figuras de la pantalla se despiden hasta el nuevo curso. El resultado es una programación de refritos, reposiciones y contenidos de relleno de muy bajo presupuesto. 

Esta desconexión o pobreza de contenidos estival de las cadenas generalistas es una injusticia para quienes no consumen streaming, bien sea por falta de recursos económicos para pagar una, tres o cuatro plataformas digitales, o porque la tecnología les ha llegado tarde, la inevitable brecha digital. Miles de espectadores se ven en verano atrapados en un apagón de entretenimiento. Justo cuando más necesitan la compañía de la pequeña pantalla, la televisión de siempre les da la espalda, recordándoles que, hasta para disfrutar de una buena película o una buena serie, la guita es quien manda.

Las portadas de las cinco revistas semanales

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Ya están en los puntos de venta las revistas semanales. Cuatro de ellas (Lecturas, ¡Hola!, Diez Minutos y Semana) salen los miércoles, mientras la revista Pronto se adelanta sobre sus compañeras y se pone a la venta los lunes. Estas son las portadas de esta semana:






Se abre juicio oral por el 'Caso Sálvame'

Alba Haro
@opinionalmeria

El Juzgado de Instrucción nº 4 de Madrid ha acordado la apertura de juicio oral en el conocido como Caso Sálvame (también denominado Operación Deluxe u Operación Luna) y ha remitido la causa a la Audiencia Provincial de Madrid para su enjuiciamiento. El auto, fechado el 25 de junio y firmado por el magistrado Marcelino Sexmero Iglesias, mantiene la libertad provisional de los acusados, impone fianzas de hasta 426.000 euros y deja definitivamente fuera del procedimiento a Alberto Díaz Martínez.

Según informa El Confidencial Digital, el procedimiento continuará contra nueve acusados. Los hechos se enjuiciarán por los delitos recogidos en los escritos de acusación, fundamentalmente descubrimiento y revelación de secretos, junto con otros ilícitos como posibles cohechos. La Fiscalía ya determinó en fases anteriores que, de todos los delitos inicialmente investigados, el caso se ha reducido prácticamente a un delito de revelación de secretos, algo habitual en el ejercicio de la profesión periodística cuando se trata de la difusión de información.

Situación especial de David Valldeperas

La posición procesal de David Valldeperas es distinta al resto. El Ministerio Fiscal solicitó durante la instrucción el archivo de la causa contra él al considerar que no existían indicios suficientes para sostener una acusación penal. Por ello, su juicio oral se celebrará únicamente por las acusaciones particulares que han decidido mantener las acciones contra el exdirector y presentador de Sálvame.

Quién queda fuera

El juez ha acordado que no procede la apertura de juicio oral contra Alberto Díaz Martínez, al haber quedado firme el archivo de las actuaciones respecto a él. Esta decisión cierra definitivamente la vía penal contra el que fuera otro de los rostros clave en la dirección del programa.

Figuran como posibles responsables civiles subsidiarios La Fábrica de la Tele S.L., Mediaset España Comunicación S.A. y Revista Rumore-Zoom Ediciones S.L.U.

Medidas cautelares y fianzas

Todos los acusados mantienen la libertad provisional. Deberán comparecer cuando sean requeridos y comunicar cualquier cambio de domicilio. Las fianzas más altas para garantizar posibles responsabilidades civiles son para el policía  Ángel Jesús Fernández Hita (426.000 euros) y el paparazzi Gustavo González González y La Fábrica de la Tele S.L. (ahora, en manos de Telecinco), 381.000 euros cada uno. Del resto de investigados, uno tendrá que depositar una fianza de 12.000 euros, y los demás,  9.000 euros cada uno.

Historia del caso

El 'Caso Sálvame' tiene su origen en abril de 2017, cuando la Unidad de Asuntos Internos de la Policía Nacional detectó que el programa Sálvame (producido por La Fábrica de la Tele para Telecinco) difundía información confidencial extraída de atestados policiales y bases de datos restringidas.

La investigación, conocida inicialmente como Operación Deluxe (u Operación Luna), reveló una presunta trama en la que el exagente Ángel Jesús Fernández Hita habría facilitado datos privados a Gustavo González González, colaborador y paparazzi vinculado al programa. Estos datos, según la acusación, llegaban después al equipo de redacción para su difusión en antena, afectando a la intimidad de más de 180 personas famosas y relacionadas con el mundo del corazón.

A lo largo de casi una década de instrucción, el caso se ha ido estrechando. La Fiscalía ha descartado gran parte de los delitos iniciales y ha solicitado el archivo para varios investigados, entre ellos David Valldeperas en abril de 2026, por falta de pruebas suficientes contra ellos.

Próximos pasos

La Audiencia Provincial de Madrid será ahora la encargada de celebrar el juicio. Los acusados disponen de tres días para designar abogado y procurador (si no lo tienen ya) y de diez días para presentar sus escritos de defensa, en los que podrán mostrar conformidad o disconformidad con las acusaciones y proponer pruebas.

Contra la decisión de abrir juicio oral no cabe recurso, aunque sí es posible recurrir en lo relativo a la situación personal de los acusados.

Con este auto concluye la fase de instrucción del 'Caso Sálvame' y da comienzo la fase de enjuiciamiento ante la Audiencia Provincial de Madrid, uno de los procedimientos judiciales más mediáticos de los últimos años vinculados al mundo de la televisión del corazón.

In memoriam: José Antonio Torres, centenario alcalde de Chercos

Manuel León
Periodista

No ha podido hacer capicúa con su saco de años; se ha ido José Antonio Torres a menos de un mes de cumplir los 101 años. No ha habido ningún otro primer edil en la historia de España que haya llegado al centenario con la vara de mando en la mano y la cabeza en su sitio. Él lo achacaba, jocoso, al buen aire que corría en su Chercos Viejo del alma donde nació en 1925, cuando gobernaba España un tal Miguel Primo de Rivera y no había un kilómetro de asfalto en toda la provincia; no había más que esparto, legañas y petates para emigrar a La Argentina.

José Antonio Torres / Diputación de Almería

Chercos, un pueblito almeriense de 300 habitantes donde el aire huele a hierba fresca y a mermelada, ha sido la cuna del primer alcalde en la historia de España que llega al siglo de vida en sus cabales y con la vara de mando en la mano. José Antonio Torres soplaba el 22 de julio de 2025 cien velas en su pueblo natal firmando edictos y dirigiendo el pleno municipal, aunque fuese ya en una silla de ruedas. José Antonio Torres, Leo en el zodiaco, aunque no creía en el horóscopo, era un correcaminos, un corredor de fondo de la política y de la vida. Su voz sonaba hace un año, desde el salón de su casa cherquera, aún briosa, aunque el oído le fallara. “Estoy bien, con un poco de parálisis en las piernas, pero aún voy a mi despacho a hacer las tareas del día” decía entonces. No sabía el primer edil más longevo de España y del mundo -mientras no se demuestre lo contrario (solo se sabe que en EEUU hubo un alcalde de 100 años, Vito Perillo, que gobernó en el pueblo de Tintin Fall)- si lo felicitaría mucha gente o no; lo que sí sabía es que tiene un hijo de 70 años en Sevilla que no pudor ir a llevarle un regalo porque se encontraba enfermo. 

De sus cien años de vida ha invertido 30 en ser alcalde. “Cuanto entré con 70 años en el Ayuntamiento decían que era viejo y mire usted, aquí sigo”, decía. José Antonio enterró a todos sus amigos, a toda su generación, es lo que tiene vadear la centuria con la cabeza en condiciones y el corazón en su sitio. “Yo quiero a la gente que tiene buen corazón, por eso me alegro de que te hayas acordado de mí, aunque seas periodista”, decía hace un año desde su casa.

José Antonio nació en una cortijada que se llamaba La Viñilla y con 18 años se fue a recorrer mundo. Se hizo guardia civil y vivió los años del plomo -sufrió un atentado- recorriendo cuarteles de Bilbao, Lérida, Sevilla y Albacete. Y al jubilarse volvió a su pueblo que ya era Chercos Nuevo, fruto del trabajo de un pariente que le precedió como alcalde, Antonio Sáez, que construyó 14 casas de yeso, que fueron como las primeras casas de Macondo hechas de barro y cañabrava. “Gracia a él, Chercos es hoy lo que es”, explicaba con generosidad. José Antonio ha conseguido mantener en pie este pueblo al que quería con toda su alma y que siguió gobernando tras rivalizar por el mando municipal con un sobrino. Ha acumulado ocho legislaturas y ha mantenido en pie a su pueblo, con un bar, una fábrica de mermeladas, un tanatorio, una iglesia, con becas para jóvenes y mucho amor propio. “Y sin subir los impuestos”, sentenciaba el que ha sido el alcalde más longevo de España (quizá del mundo). Tuvo la satisfacción de recibir en vida el Escudo de Oro de la provincia de Almería, su provincia. Descanse en paz José Antonio, hasta ahora el patriarca de los alcaldes.

Felipe González: abrazos y memoria

Ignacio Ortega
@opinionalmeria 

Cada vez que Felipe González habla, el PSOE contiene la respiración. No por lo que dice, sino por quién lo dice. Un expresidente no opina desde una tertulia: opina desde el peso de la historia. Y cuando ese peso se usa para exigir dimisiones sin pisar una urna, la democracia empieza a escuchar ecos que creía superados.

Los dos planos

Qué extraño protagonismo el de Felipe González. Como militante, tiene todo el derecho a pedir la dimisión de su secretario general, Pedro Sánchez. Faltaría más. La crítica interna es oxígeno democrático.

Nadie con memoria puede negar su papel en la Transición, la OTAN, la UE y la modernización de España. Precisamente por ese capital político inmenso, su palabra se mide con un rasero distinto al de cualquier otro militante.

Quizá sea por eso que una parte del país sigue buscando en la voz  de González un faro de certidumbre en mitad del oleaje actual. Para muchos de quienes vivieron la modernización de los ochenta, su palabra evoca un tiempo de consensos rotos hoy. No le piden análisis: le piden memoria. Y esa memoria, con sus luces y sus sombras, sigue teniendo crédito para una España que desconfía de sus nuevos dirigentes.

Lo que no tiene es derecho a confundir los planos. Una cosa es Ferraz y otra La Moncloa. Exigir la dimisión del presidente del Gobierno desde la tribuna de exjefe del Ejecutivo es saltarse la línea que separa al militante del hombre de Estado. Sánchez es presidente por la investidura del Congreso.

Un expresidente no pierde su libertad de expresión, pero adquiere una responsabilidad añadida. Sus palabras pesan en la historia de este país. Por eso, reclamar la dimisión de un gobierno legítimo exige coherencia con su propia hemeroteca. Que nadie se confunda: no se pide silencio a González. Se pide coherencia. Pedir la cabeza del presidente no es una opinión más cuando la hace quien ocupó ese despacho durante catorce años.

La hemeroteca

Si reclama coherencia moral, tiene hemeroteca para empezar. En 1998 acudió a la cárcel de Guadalajara para abrazar a José Barrionuevo, condenado por el secuestro de Segundo Marey. Fue el Caso GAL, un caso de terrorismo de Estado y fondos reservados. Un atentado a los valores de un gobierno democrático. Aquel abrazo quedó en la memoria como un gesto de lealtad personal frente a una condena que golpeó el corazón mismo del Estado.

No se trata de equiparar casos judiciales. El GAL fue terrorismo de Estado; el caso Koldo destapó mordidas. Se comparan gestos políticos. La foto que un expresidente elige hacerse ante la Justicia es un mensaje institucional. Y los mensajes de un expresidente nunca son inocentes.

Pedro Sánchez no ha pisado ninguna prisión ni buscado una foto junto a José Luis Ábalos, exministro condenado por el Tribunal Supremo a 24 años y 3 meses de prisión en la trama de las mascarillas por delitos de organización criminal, cohecho, malversación y tráfico de influencias. Lo expulsó del partido, lo apartó del grupo y dejó actuar a la justicia sin amparo público. Entre un abrazo en 1998 y esta distancia hay una forma distinta de entender la política y la responsabilidad ante la ley.

Tampoco ayuda a esa autoridad moral que, tras abandonar La Moncloa, ocupara un sillón en el consejo de Gas Natural Fenosa, hoy Naturgy, con 126.500 euros anuales hasta 2015. Todo legal. Pero la ejemplaridad política rara vez se agota en la legalidad.

La influencia de un expresidente no se mide en votos ni en escaños. Se mide en la capacidad de marcar el debate público desde la autoridad acumulada durante años de gobierno. Por eso, cuando reclama ejemplaridad a otros, resulta inevitable contrastar sus palabras con su propia trayectoria. Un expresidente tiene un capital inmenso: la palabra.

Por eso debe medirla más que nadie y rendir respuestas que nunca llegaron. No asumió responsabilidades políticas por los GAL más allá de decir que se enteró por la prensa. Tampoco ha hecho una reflexión pública de fondo sobre decisiones que contribuyeron a erosionar la confianza de muchos ciudadanos en sus dirigentes. Y hoy reclama una ejemplaridad que su etapa no siempre practicó. Son hechos, no preguntas. En democracia, los hechos pesan más que los abrazos.

La democracia española no necesita tutores. Necesita memoria. Y la memoria exige coherencia. Si no, lo que queda es ruido. Y de ruido, en España, vamos sobrados. Porque cuando Felipe González habla, no habla solo un militante socialista. Habla un expresidente del Gobierno. Y precisamente por eso importa lo que dice. Y pesa más lo que calló.

Rocío Carrasco, símbolo de fortaleza y resiliencia

Alba Haro
@opinionalmeria

La imagen pública de Rocío Carrasco atraviesa uno de los momentos de mayor reconocimiento. Lejos de quedar anclada en las polémicas que durante años marcaron su presencia mediática, la hija de Rocío Jurado ha conseguido abrir una nueva etapa profesional basada en proyectos culturales, documentales y formatos de entretenimiento que están consolidando una percepción muy distinta de su figura.

Rocío Carrasco, esta semana, en Onda Madrid

Esa transformación ha sido analizada por la revista Lecturas en un artículo firmado por su director digital, José Confuso, bajo el título «Un experto en comunicación: Rocío Carrasco pasó de ser vista como un personaje enigmático a convertirse en un símbolo de fortaleza y resiliencia. El público percibe su buena actitud».

El trabajo recoge el análisis del experto en imagen y marca personal Pau Sabaté, quien sostiene que la evolución de Rocío Carrasco representa uno de los cambios de posicionamiento más relevantes de la televisión española en los últimos años. A su juicio, desde su regreso en 2021 «pasó de ser vista como un personaje enigmático a convertirse en un símbolo de fortaleza y resiliencia», gracias a una estrategia basada en la autenticidad y en la construcción de una identidad propia.

Sabaté considera que actualmente Rocío Carrasco transmite «seguridad, carácter e identidad propia», proyectando una imagen mucho más sólida y autónoma que la que durante años estuvo condicionada por la controversia. Esa percepción se ha visto reforzada, según explica, por una comunicación más cercana, alternando grandes apariciones públicas con otras mucho más naturales, sin artificios y alejadas del exceso de exposición mediática.

El experto también destaca que programas como Bake Off y Hasta el fin del mundo han permitido descubrir una faceta distinta de la protagonista. Su participación en estos formatos ha demostrado, según afirma, que puede conectar con el público sin recurrir al conflicto. De hecho, sostiene que «el público percibe su buena actitud y la interpreta como un giro hacia algo más positivo y constructivo», dejando atrás una imagen asociada casi exclusivamente a la confrontación para vincularla ahora con valores como la superación personal, la capacidad de adaptación y la resiliencia.

Otro de los aspectos subrayados por Pau Sabaté es la oportunidad que tiene Rocío Carrasco para consolidarse como una figura televisiva renovada e independiente del peso de su apellido. Sus actuales proyectos, entre ellos el documental dedicado a Rocío Jurado y la serie sobre Pedro Carrasco, pueden reforzar esa evolución siempre que continúe apostando por una comunicación basada en la autenticidad y en la cercanía con el público.

La conclusión del experto resulta especialmente significativa. Advierte de que la televisión siempre entraña riesgos y que determinados momentos pueden magnificarse mediáticamente, pero considera que, si mantiene la coherencia de esta nueva etapa, Rocío Carrasco podrá consolidar definitivamente una imagen mucho más positiva y menos dependiente de las controversias del pasado.

Precisamente por ello llama la atención que, mientras diversos analistas destacan esta evolución favorable, algunos espacios televisivos continúen reabriendo debates que parecían ampliamente conocidos por la audiencia. Este mismo fin de semana, una colaboradora del programa Fiesta, de Telecinco, afirmó no comprender cómo Rocío Carrasco no mantiene relación con sus hijos, pese a que la propia cadena ha dedicado durante años numerosos programas a explicar el complejo proceso familiar que desembocó en esa situación.

Es legítimo que existan opiniones diferentes sobre Rocío Carrasco, pero también resulta razonable preguntarse si insistir de nuevo en ese aspecto de su vida personal contribuye a ofrecer una visión equilibrada de su realidad actual o, por el contrario, desplaza el foco de una etapa marcada por sus proyectos profesionales y por el éxito de los homenajes dedicados a la memoria de Rocío Jurado. En esa medida, puede interpretarse que determinados discursos pretenden cuestionar la nueva percepción pública que está alcanzando, insistiendo en una narrativa que buena parte del público considera ya suficientemente conocida.

En cualquier caso, el análisis publicado por Lecturas, firmado por José Confuso y sustentado en las valoraciones de Pau Sabaté, pone de manifiesto una realidad difícilmente discutible: Rocío Carrasco ha conseguido modificar de forma sustancial su imagen pública. Hoy es percibida por una parte importante de la audiencia como una mujer que ha sabido reconstruirse tras años de enorme exposición mediática, convirtiéndose en un referente de fortaleza, resiliencia y capacidad de reinvención. Todo indica que esa transformación ya forma parte de su identidad pública y que será ese nuevo perfil, más que las viejas polémicas, el que marcará el futuro de su trayectoria. A pesar de que haya una cadena de televisión empeñada en promocionar la intervención de personajes que se resisten a aceptar la nueva realidad personal y profesional de la hija de La Más Grande.

El Gobierno facilita que familiares de María Asensio accedan a indemnizaciones

Antonio Torres
Periodista

El Gobierno reconoce por vez primera a 63 víctimas de la Transición e incluye el caso Almería y a María Asensio de Overa. Las primeras grandes manifestaciones por el agua en los inicios democráticos trajeron tragedias. María Asensio de Huércal Overa murió víctima de un pelotazo de goma. La primera reacción la recogemos en exclusiva del actual secretario de Estado de Memoria Democrática del Gobierno de España, Fernando Martínez López, uno de los padres e impulsor de la Memoria, catedrático y exalcalde de Almería, quien mostró su alegría por el avance de la comisión y la luz que se le abre a las familias, víctimas de la violencia. Francisco Javier Mañas Morales, el hermano de Juan Mañas, el almeriense de Pechina, una de las víctimas del caso Almería, subrayó en exclusiva que celebran la resolución de la comisión que lleva varios años trabajando: “Los familiares de las 63 víctimas de la violencia policial y de la ultraderecha reconocidas por el Gobierno, nos hemos enterado de la noticia por los medios de comunicación. El esperado reconocimiento salda una deuda pendiente del Estado para con las víctimas, aunque no la deuda de justicia. Permanecemos a la espera de que el Estado lo comunique de forma oficial y directa a las familias”. Mañas pide que se acelere todo porque los familiares directos de las víctimas que buscaron libertad y democracia van falleciendo. Una vez concluido el trabajo de la comisión de estudio, el Gobierno impulsará el “acceso a la verdad judicial mediante los instrumentos de jurisdicción voluntaria que prevé la Ley de Memoria Democrática”.

Fernando Martínez preside la comisión / Gobierno de España

El documento oficial que obra en nuestro poder se denomina “Informe de la Comisión sobre las vulneraciones de Derechos Humanos acaecidas en el periodo comprendido entre la entrada en vigor de la Constitución española (29 de diciembre de 1978) y el 31 de diciembre de 1983”. Elaborado en aplicación de la Ley de Memoria Democrática. Incluye a María Asensio Morales, de 29 años, madre de dos hijos, casada con Baltasar Venancio Sánchez Alarcón, de 37 años, vendedor de frutas ambulante, en la madrugada del 4 de marzo de 1981, junto a las mujeres y niños de las casas de Los Menas, en la barriada de Overa, en el término municipal de Huércal-Overa, salieron al camino para impedir que Explotaciones Agrícolas Cuevas de Almanzora, Sociedad Anónima utilizara su agua. Tras una asamblea celebrada en el cortijo de María Molina donde se decidió que se continuaran las protestas ante una empresa que “venía a robarles el agua. Todo con informes judiciales favorables y en contra de los agricultores y jornaleros de la zona. En el transcurso de los incidentes, protagonizados por 80 vecinas y las fuerzas de la Guardia Civil, murió María Asensio. La vecina Mari Carmen Parra relató: “Estaba muy cerca de ella. Vestía pantalones y un jersey oscuro. La reconocí porque su cabello era rubio. De pronto, dio un brinco en el aire. Giró, como giran los protagonistas de las películas de vaqueros, cuando son alcanzados por una bala. Todo estaba lleno de humo de los gases. No se oía otra cosa que los disparos de las bolas de goma y los gritos de las mujeres. Pensé que se había desmayado, me arrodillé junto a ella, le tomé la cabeza y entonces me di cuenta de que tenía la cabeza abierta como una granada. Estaba desangrándose. Desde la margen del camino un Guardia Civil me apuntaba con el arma. Me dijo que la soltase. Quería llevármela. Empecé a gritar: `Vámonos, que van a matamos a todos´. Durante todo el día la Guardia Civil estuvo recogiendo los casquillos de bala y las pelotas de goma del suelo. Aún ahora, de vez en cuando, entre los naranjales encontramos algunas de aquellas bolas. Todo pasó en menos de 10 minutos”. A María Asensio se la llevaron aquel 4 de marzo de 1981 Hospital de Huércal Overa y falleció 19 días después en el Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca de Murcia. El director de LA VOZ Pedro Manuel de la Cruz tenía en dicho hospital un amigo médico, natural de Albox, que desmintió la versión oficial. De la Cruz y quien firma, visitamos al entonces teniente coronel de la Guardia Civil pidiendo explicaciones para nuestros medios de entonces. Nos abrazó llorando y nos entregó una cuartilla en la que explicaron que la mujer, me acuerdo perfectamente, podría haberse golpeado corriendo de espaldas con un objeto metálico que bien pudo ser una pieza de arado”. Ese jefe era Castillo Quero, el mismo que dos meses y seis días después, estaba al frente del caso Almería y nos dejó perplejos, llenos de dudas, hasta que se investigaron las mentiras.

El almeriense José Antonio Martínez Soler forma parte de la comisión / Gobierno de España

El periodista José Antonio Martínez Soler (Almería, 1947) ha formado parte de dicha comisión, presidida por su paisano Fernando Martínez.  Este lunes estará en el PITA con Cajamar y descansa varios días en Dalias con su amigo Antonio Cantón para ir perfilando su nuevo libro La Transición para jóvenes que saldrá en septiembre, según me adelantó el viernes. ¿Descubrió algún caso que desconocía durante las sesiones de trabajo de la comisión?, le preguntó en la contraportada de El País del pasado lunes Natalia Junquera: “Sí. Y los detalles sobre las víctimas que luchaban por consolidar la democracia me removían las tripas. También incluimos en otro apartado las que, como en el caso Almería sufrieron violación de derechos humanos a causa de los patrones de conducta antidemocrática, impunidad y gatillo fácil de policías, guardias civiles y grupos de extrema derecha. El informe es solo un primer paso. El Gobierno debería seguir avanzando para reconocer y reparar el daño causado a todas las víctimas durante la Transición, que no fue tan pacífica como algunos nostálgicos piensan”. Otro caso que le conmovió fue el del asesinato de Javier Verdejo Lucas en su Almería natal en 1976. “Apareció un guardia civil y le atravesó la garganta con un fusil. El gobernador civil lo tapó todo, dijo que el guardia tropezó y que se le había disparado el arma. Se llamaba Roberto García Calvo y años más tarde el PP lo promovió para ocupar un puesto en el Tribunal Constitucional. Que alguien que tapa crímenes terminara ahí duele. ¿Cómo va a impartir justicia alguien así?”. Martínez Soler sufrió torturas y secuestros en esos años de violencia antidemocrática. 

El exjuez de Instrucción de Almería, Baltasar Garzón, actual abogado y exjuez de la Audiencia Nacional, acaba de publicar La democracia amenazada (Planeta). En declaraciones a Leonor Mayor admite que la democracia está amenazada por la corrupción, “pero también por el negacionismo de la memoria democrática”. “Me duele que en este país cueste tanto asumir que hubo una dictadura feroz y que se sigan poniendo palos en el camino para reparar a las víctimas”. Con este informe se ha dado un primer paso valiente y necesario para fortalecer al Estado social y democrático, según el catedrático de Derecho Penal Landa Gorostiza.

Un subdelegado desconectado de la realidad

María del Mar Vázquez
Alcaldesa de Almería

La proliferación de cultivos domésticos de droga en Almería capital no es solo un problema de delincuencia; es una crisis social que exige una respuesta inmediata y contundente de la administración responsable, que es el Gobierno de España. En estos días iniciales de verano, con una ola de calor que acarrea el incremento de consumo eléctrico en los hogares y negocios por el uso del aire acondicionado, miles de almerienses sufren las consecuencias de la sobrecarga que suponen los enganches ilegales que emplean los delincuentes para el cultivo de las plantas. 

La falta de un control efectivo sobre estas actividades ilegales ha permitido que se hayan asentado en muchos barrios, generando un clima de inseguridad y miedo entre los vecinos. Los cultivos de marihuana no solo representan un desafío legal, sino que también traen consigo una serie de problemas colaterales que perjudican la vida cotidiana de quienes viven en las zonas afectadas. Desde el aumento de la delincuencia hasta la degradación de los espacios públicos, los efectos son devastadores. 

Estas plantaciones ilegales requieren un enorme consumo energético, lo que ha llevado a la saturación de la red eléctrica en muchos puntos de nuestra ciudad. Como consecuencia, hemos sufrido cortes de luz que afectan a miles de hogares, poniendo en riesgo la salud de familias enteras, especialmente en momentos de altas temperaturas. Esta crisis energética, que se repite verano tras verano, no puede ser minimizada ni ignorada. 

En pleno siglo XXI, es inaceptable que en una ciudad como Almería, que se esfuerza por seguir creciendo y prosperando, haya ciudadanos que se vean obligados a vivir bajo la amenaza constante de actividades delictivas que comprometen su bienestar e incluso amenacen su vida, como los usuarios de respiradores médicos que dejan de funcionar cuando se produce un apagón. Por todo ello es urgente que el subdelegado del Gobierno en Almería, José María Martín, asuma de una vez su competencia directa en este asunto y adopte medidas concretas y efectivas para acabar con este problema. Para ello sabe que siempre ha contado y podrá contar con la colaboración leal del Ayuntamiento y el apoyo de su Policía Local. 

Pero el representante del Gobierno de Sánchez en Almería debe dejarse de contemplaciones y dejar de estar desconectado de una realidad que nos afecta a todos. La presencia de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado debe ser reforzada en nuestras calles, y se deben implementar operativos específicos que garanticen la erradicación de estas actividades delictivas, contando como siempre con el respaldo de la Policía Local que depende del Ayuntamiento. 

Los almerienses exigimos que la administración responsable actúe con la urgencia y la determinación que la situación exige, porque la seguridad y el bienestar de nuestros vecinos no pueden esperar más. Las familias almerienses no pueden seguir sufriendo cortes continuos de luz por culpa de quienes cultivan marihuana. Solidarizándome con los miles de vecinos afectados, quiero que sepan que el Ayuntamiento está aquí para defender sus intereses. 

No podemos permitir que la delincuencia y la falta de acción por parte de quienes tienen la responsabilidad de proteger a la ciudadanía sigan afectando a la calidad de vida de miles de almerienses. Es hora de que quienes tienen la responsabilidad de proteger a los ciudadanos de Almería actúen con firmeza, porque la inacción no es una opción. La lucha contra el cultivo de droga en nuestros barrios es una cuestión que nos concierne a todos, y el momento de actuar es ahora.

Orgullo de avanzar

José María Martín
Subdelegado del Gobierno en Almería
Secretario General del PSOE de Almería

Los tiempos en los que había que esconderse por amar a otra persona o por vivir libremente la propia identidad forman parte del pasado. Esa es, probablemente, una de las mayores conquistas de nuestra democracia. Y cada vez que España aprueba una nueva ley para proteger mejor los derechos de las personas LGTBI+, como la reciente reforma del Código Penal que castigará las llamadas terapias de conversión, nuestro país gana en justicia, pero, sobre todo, en dignidad. 

Nada de esto es fruto del azar, sino la consecuencia directa de decisiones que nos han situado en el camino correcto. Los avances de los que hoy disfrutamos fueron durante años reivindicaciones de miles de personas que lucharon contra el miedo, la discriminación y el silencio. Gracias a ese compromiso colectivo y al impulso de los gobiernos socialistas, España se ha situado a la vanguardia de Europa en derechos y políticas públicas que defienden la diversidad y la igualdad. Pero sería un error pensar que todo esto ya está garantizado para siempre. 

La discriminación continúa existiendo, aunque a menudo adopte formas más silenciosas. Está presente en el acoso, en los discursos de odio y también en ámbitos tan cotidianos como el deporte, donde demasiados jóvenes siguen sufriendo prejuicios e invisibilidad simplemente por ser quienes son. Por eso el Orgullo sigue siendo mucho más que una celebración. Es el recordatorio de que ningún derecho conquistado está garantizado para siempre y de que la libertad y la igualdad deben defenderse cada día. 

No es casualidad que algunos ayuntamientos gobernados por la derecha y la extrema derecha se nieguen incluso a colocar una bandera arcoíris en sus balcones. Puede parecer un gesto menor, pero responde a una estrategia mucho más amplia: convertir nuevamente la diversidad en motivo de confrontación. Aquellos que plantean la defensa de las personas LGTBI+ como un debate ideológico, en realidad lo que están cuestionando son los derechos humanos y la dignidad de una sociedad que solo puede llamarse verdaderamente libre cuando nadie tiene que esconder quién es ni a quién ama. 

Aquí, en Andalucía, debemos estar especialmente atentos a los acuerdos que Moreno Bonilla alcance con el partido de Abascal y que nos hagan retroceder en derechos. Por eso es tan importante no dar nunca nada por hecho y seguir defendiendo la libertad, la diversidad y la igualdad que simboliza el Orgullo.

La destrucción del litoral no cesa

Coordinadora Ecologista
Almeriense

La Coordinadora Ecologista Almeriense ha presentado sus alegaciones a las ampliaciones urbanísticas que pretende el Ayuntamiento de Pulpí, manifestándose contraria al desarrollismo urbanístico costero que no cesa. Manifestan que es necesario desclasificar todo suelo no plenamente desarrollado en el PGOU de Pulpí por los siguientes motivos:

Stop destrucción

1.         Dados los miles de viviendas vacías del municipio, los enormes sectores actualmente en desarrollo y la saturación del mismo en todo su litoral, especialmente en San Juan de los Terreros, no se justifica el desarrollo de sectores aun pendientes, lo cual debería conllevar su desclasificación. 

2.         Tales desarrollos deben evitarse máxime dadas las crisis Climática y de Biodiversidad en las que, a tenor de la Ley Climática, si como del Plan Europeo de Restauración de la Naturaleza deben eludirse todas las actividades no justificadas, especialmente las más dañinas y que más contribuyen a dichas crisis como es la urbanización y especialmente en una zona tan sensible como el litoral, máxime uno de alto valor ecológico y altamente amenazado y degradado. 

3.         Esto es especialmente el caso en zonas particularmente sensibles a nivel ecológico, como es el caso de Mundo Aguilón, en la ZEC de la Sierra del Aguilón, que nunca debió aprobarse, y donde quedan aun varios miles de viviendas pendientes de desarrollar; así como todo el enorme ámbito pendiente de urbanizar en San Juan de los Terreros, en especial en la zona entre Playa de las Palmeras y el casco urbano actual así como hacia el interior. 

4.         A todo ellos se suma el carácter inundable de gran parte de los terrenos urbanizables actuales, también en San Juan de los Terreros. 

Por lo que cualquier actuación urbanística debe de ser declarada inviable, siendo incompatible con la protección ambiental, la prevención de riesgos y la ordenación sostenible del territorio. Todo ello debería conllevar las desclasificación de todos los sectores aun no plenamente desarrollados y su calificación como suelo rústico y protegido, y destinarse todo esfuerzo a la conservación del litoral y la renaturalización de zonas urbanas no consolidadas, evitando toda nueva intervención en el litoral, incluidos paseos marítimos y similares.

¿Abrir libros o abrir cajas fuertes?

Ignacio Ortega
@opinionalmeria 

De niño me enseñaron que el mérito consistía en estudiar, trabajar y decir la verdad. Más tarde descubrí que la verdad tiene categorías. Está la verdad humilde, la que uno dice cuando no gana nada con ello. Y está la verdad valiosa, la que se administra cuando ya se ha ganado bastante guardando silencio.

Luego, en la Complutense, tuve un profesor, Jorge Uscatescu, interesado en cómo la cultura de la imagen moldeaba la mente humana. Solía advertirnos de que no confundiéramos la ficción de la calle con la realidad de las imágenes en la televisión. Aquella paradoja me pareció ingeniosa. Con los años empecé a sospechar que quizá tenía razón.

Hubo un tiempo que quise ser poeta. Una debilidad hoy. Luego advertí que los poetas pasaban hambre corrigiendo metáforas mientras otros se enriquecían corrigiendo licitaciones públicas. Y se me pasó el sueño.

Con los años, aquellas pantallas de las que hablaba Uscatescu dejaron de parecerme simples ventanas al mundo. Últimamente veo en ellas a investigados convertirse en colaboradores imprescindibles y a protagonistas de escándalos brillar como piezas clave de la verdad. Entonces empecé a preguntarme si la ficción estaba invadiendo la realidad o si llevábamos demasiado tiempo confundiendo una con la otra.

Con el tiempo surgieron  las dudas. Empecé a observar ciertos procesos judiciales y sentir que había desperdiciado media vida subrayando a Machado cuando debería haber aprendido cómo funciona el borrador en los márgenes de un expediente, cómo se multiplican los ceros en un presupuesto o cómo una declaración ante un juez puede tener más versiones que el Quijote.

Vivo en una época en que el conocimiento rentable no es quién escribió la Odisea, sino quién firmó qué, quién cobró cuánto y quién llamó a quién antes de que desaparecieran los expedientes. Antes, los que somos antiguos confesábamos nuestros pecados para salvar el alma; ahora, los modernos, para negociar con el futuro. Y no hay nada más literario que eso.

La corrupción ya tiene estética: nombres, grabaciones, titulares y confesiones; un relato donde la información vale más que la inocencia, como si la picaresca la reescribiera Kafka y la corrigiera un asesor fiscal.

Y lo más llamativo es que ya casi nadie se sorprende. Durante un día nos llegan  titulares, declaraciones, filtraciones y análisis y al siguiente forma parte del paisaje. La indignación se ha vuelto intermitente. Como ocurre con ciertos ruidos de fondo: terminamos acostumbrándonos a ellos.

Quizá esa sea la victoria más silenciosa de la corrupción: no el dinero que mueve ni los favores que reparte, sino la resignación que deja detrás. El momento en que deja de sorprender lo ocurrido y empieza a dar por hecho que volverá a ocurrir. Entonces me surge una pregunta inevitable: ¿qué lección extrae un joven cuando ve  ciertos nombres recorrer los pasillos del privilegio para acabar convertidas en piezas imprescindibles del relato?

La justicia tiene sus razones. Debe tenerlas. Las tramas rara vez se desmantelan sin que alguien hable. Pero una cosa es la lógica jurídica y otra su efecto simbólico. El poeta corrige un verso durante medio año. El otro corrige su declaración ante el juez en seis minutos.

Porque una sentencia resuelve un caso, pero la opinión pública extrae sus propias conclusiones. Y la conclusión que muchos alcanzan es que el talento útil no consiste en mantenerse limpio, sino en acumular suficiente suciedad para que, llegado el día, la información valga más que la culpa. Y más que el dinero. Por eso cada vez hay menos poetas. No porque falten palabras, sino porque hoy, cuando la realidad de la calle parece ficción, aquella advertencia ya no suena tan obvia.

Recuerdo entonces aquellas palabras del profesor Uscatescu. Durante años pensé que eran una simple provocación académica. Hoy ya no estoy tan seguro. Cuando los hechos parecen inverosímiles y las explicaciones resultan más difíciles de creer que los propios escándalos, la paradoja deja de ser un juego intelectual.

El poeta, ahí sigue, en su mesa intentando comprender el mundo. El otro ya lo comprendió. Por eso tenía las llaves. Pero la pregunta es qué hago mañana con mías. ¿Se las doy a mis hijos para que abran libros o para que abran cajas fuertes?

La revolución de “La Más Grande”

Marian Lozano
@marian65x 

Movistar Plus presenta a Rocío Jurado en un gran documento audiovisual como los que ya poseen míticas divas de la música internacional, como Tina Turner o Whitney Houston, que ruedan en las plataformas de streaming con gran aceptación del público. 

La Más Grande / Movistar Plus

Con el estreno del primero de los cuatro episodios de La más grande, el proyecto nacido a iniciativa de su hija Rocío Carrasco, el género documental patrio da un giro monumental gracias a la impecable dirección de Alexis Morante. El cineasta deja atrás el clásico formato de archivo polvoriento y se lanza con esta obra rompedora, donde destaca, entre otros, una fotografía impresionante. La cámara de Morante no se limita a presentar vídeos del pasado en bucle, sino que los muestra como auténticos tesoros artísticos. El documental juega a dos con entrevistas de archivo y actuaciones de la Jurado, y lo hace de tal manera que parecen grabadas ayer mismo. Sorprenden esos planos cortos que parecen estar pensadoa para enmarcar la grandeza de la chipionera.

Uno de los puntos más sorprendentes y quizás inteligentes del documental es la elección de una narradora completamente desconocida en España para llevar las riendas del relato, la actriz chilena Daniela Vega. Al evitar una voz en off familiar o un rostro sobreexpuesto de los medios, Morante consigue que el espectador se aleje de los prejuicios mediáticos. Y es que esa voz misteriosa funciona como un hilo conductor magnético que otorga todo el protagonismo a  Rocío Jurado.

Además, el documental renuncia a los grandes expertos biográficos o musicales y aporta pequeñas intervenciones cargadas de emotividad, como las de las primas de la Jurado, Ani y Rocío. Ellas, como testigos directos de su infancia en Chipiona, dan detalles más íntimos de sus comienzos, para enlazar con su imparable proyección como artista internacional. La producción también cuenta con el rigor académico de la investigadora y divulgadora de copla Lidia García, cuyas notas ayudan a contextualizar el impacto en la cultura popular de la artista.

Pero si algo llama la atención es como la narración muestra la maravillosa contradicción de la artista, entrelazando dos realidades que convivieron en ella. Por un lado, Rocío Mohedano, la mujer criada en la dureza de la posguerra, que asumió y respetó los valores tradicionales de una sociedad patriarcal e impregnada por los valores del catolicismo. Por el otro, Rocío Jurado, la artista de rompe y rasga que absorbió de golpe toda la modernidad que empezaba a asomar en España. La niña educada en el tradicionalismo a la que su padre no dejaba ser artista se plantó en Madrid y alcanzó el sueño de su infancia para llegar a ser La más grande e icono cultural, ya que con su arte y estética plantaría cara al machismo, a la censura y a la homofobia.

La Más Grande es un trabajo excelente y necesario para comprender por qué Rocío Jurado fue la mejor cantante del siglo XX que ha dado este país.