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El reloj de la esperanza

Fátima Herrera
Portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Almería

Hoy queda un día menos para que Andalucía vuelva a tener unos servicios públicos de calidad, más igualdad, más dignidad y más derechos para todas y todos. El tiempo de las políticas injustas y privatizadoras de Moreno Bonilla está llegando a su fin. Nos duele profundamente saber que 100.000 almerienses aguardan en una interminable lista de espera sanitaria o que nos faltan más de 1.600 profesionales para cuidar de nuestra salud física y mental. 

Nos rompe el alma la crueldad de una burocracia que retrasa la ley de dependencia hasta los 500 días; una espera agónica que el año pasado se llevó a más de 250 vecinos en nuestra provincia sin recibir la ayuda que por derecho merecían. Almería necesita volver a respirar. No podemos permitir que nuestros jóvenes sigan estudiando en clases masificadas o aulas improvisadas, mientras el gobierno andaluz lleva ocho años sin poner un solo ladrillo en los colegios e institutos prometidos. No podemos conformarnos con las irrisorias 16 viviendas públicas construidas por la Junta de Andalucía en la capital en casi una década, dejando a la juventud sin opciones de futuro. 

Y, por supuesto, no olvidamos a nuestras envasadoras, mujeres que con sus manos sostienen nuestra agricultura y a las que Moreno Bonilla les niega un plan integral que dignifique su esfuerzo. Pero frente a la desidia y al abandono, renace la fuerza de nuestra tierra. Los socialistas estamos ilusionados, preparados y convencidos de que los almerienses, al igual que el resto de andaluces y andaluzas van a votar por la defensa de nuestros servicios públicos. El reloj de la esperanza ya está en marcha. Vamos a recuperar esa sanidad pública de calidad que nos cuidaba, la educación que iguala oportunidades, las viviendas públicas para nuestros jóvenes y una atención digna a las personas mayores, a la discapacidad y a la dependencia. Es el momento de Almería. Es el momento de recuperar nuestro futuro y me siento muy orgullosa de formar parte del cambio.

Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-, Diario de Almería, que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluzas:




Las portadas de las cinco revistas semanales

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Ya están en los puntos de venta las revistas semanales. Cuatro de ellas (Lecturas¡Hola!Diez Minutos y Semana) salen los miércoles, mientras la revista Pronto se adelanta sobre sus compañeras y se pone a la venta los lunes. Estas son las portadas de esta semana:






Infraviviendas de migrantes: una vergüenza estructural para nuestra provincia

José Francisco Cano de la Vega
Coordinador de Movimiento Sumar en Almería 

Hace muy pocos días nos despertamos con un nuevo incendio en el asentamiento de infraviviendas de Los Grillos, en Níjar. Otro más. Hablar de chabolismo en la provincia de Almería no es hablar de una anomalía puntual ni de una situación coyuntural, es hablar de un problema estructural, cronificado durante décadas, íntimamente ligado al modelo de agricultura intensiva que sostiene buena parte de nuestra economía provincial. 

Un modelo que genera riqueza, exportaciones y beneficios, pero que ha sido incapaz —o ha renunciado— a garantizar condiciones de vida dignas para miles de las personas migrantes que lo hacen posible con su trabajo diario.

Cuando hablamos de chabolismo solemos pensar en asentamientos visibles, pero esa es solo la parte más conocida del problema. Existe otra realidad mucho más extensa y silenciada: la infravivienda rural dispersa, formada por cortijos abandonados, casetas de aperos, almacenes agrícolas o construcciones fuera de normativa, ocultas entre los invernaderos y alejadas de los núcleos urbanos.

Según el informe La infravivienda invisibilizada. Aproximación al chabolismo disperso en los diseminados del campo de Níjar, elaborado por el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM)-Almería, en el campo nijareño -uno de los municipios más afectados- existen en torno a 470 infraviviendas rurales dispersas, en las que viven entre 1.250 y 1.400 personas, de las cuales al menos 275 son menores de 14 años, cifra que podría superar las 480 personas menores de edad si se amplía el rango hasta los 18 años.

Estos datos desmienten cualquier intento de minimizar el problema. No estamos ante situaciones excepcionales, sino ante una forma estructural de exclusión residencial. En el municipio de Níjar, cerca del 20% de la población reside en diseminados, un porcentaje muy superior al de otros municipios agrícolas de la provincia y que revela hasta qué punto la segregación residencial se ha normalizado.

Las condiciones de vida en estas infraviviendas vulneran de forma sistemática los derechos humanos más básicos: ausencia de agua potable, cortes continuos de electricidad o falta total de suministro, hacinamiento, humedades, mala ventilación, aislamiento geográfico extremo y riesgos constantes de incendio o inundación. A la inmensa mayoría de estas personas el gobierno de PP y VOX les niega el empadronamiento municipal (a pesar de lo establecido por la Ley), lo que les impide acceder con normalidad a la sanidad, la educación, los servicios sociales o la regularización administrativa. Viven y trabajan aquí, pero permanecen obligatoriamente y contra su voluntad fuera del sistema.

Pero esta realidad no es fruto del azar. Es consecuencia de décadas de inacción política, de un mercado del alquiler profundamente discriminatorio y, sobre todo, de un modelo productivo que ha externalizado los costes sociales de la agricultura intensiva. El sector agroalimentario de Almería necesita mano de obra barata, disponible y flexible, pero no asume la responsabilidad de garantizar condiciones de vida dignas para quienes sostienen sus empresas.

El chabolismo no es solo un problema social: es una fractura democrática. Normalizar que miles de personas vivan “bajo el plástico” supone aceptar una desigualdad estructural incompatible con cualquier idea seria de justicia social y de desarrollo sostenible. 

Propuestas para una solución corresponsable 

Erradicar el chabolismo en Almería es posible, pero exige una corresponsabilidad real de todos los implicados: 

          Las empresas agroalimentarias deben asumir compromisos obligatorios en la creación y financiación de alojamientos dignos vinculados al empleo agrícola. Los beneficios no pueden seguir siendo privados mientras los costes sociales recaen sólo en lo público. 

          Los ayuntamientos deben impulsar planes locales integrales que combinen realojos, rehabilitación, regularización urbanística y empadronamiento, evitando procesos de desalojo sin alternativa habitacional. Además, mientras estas alternativas no sean una realidad, deben garantizar el acceso a los servicios básicos (limpieza, electricidad, agua…) a esta parte de su población y -por supuesto- deben facilitar su empadronamiento. 

          La Diputación Provincial de Almería debe asumir su liderazgo en la coordinación supramunicipal, aportando recursos técnicos y económicos a los municipios con menor capacidad. 

          Por fin, la Junta de Andalucía debe aportar una dotación presupuestaria suficiente y ampliación real del Plan para la Erradicación de Asentamientos Irregulares, incorporando de forma clara la infravivienda rural dispersa. 

En todo este proceso, deben ocupar un papel central las entidades sociales con una larga trayectoria en la atención a los migrantes y un profundo conocimiento del territorio, como CEPAIM, Almería Acoge y el Servicio Jesuita de Migración, fundamentales para la gestión de alternativas habitacionales dignas y el acompañamiento social. 

Erradicar el chabolismo no es una concesión ni una utopía: es una obligación ética, social y política. La dignidad no puede depender del origen ni del tipo de contrato. Garantizar vivienda digna para quienes hacen posible el campo almeriense es una cuestión de justicia social y de futuro para nuestra provincia.

Mujeres que me inspiran

Ignacio Ortega
@opinionalmeria

Basta una breve mirada atrás para entenderlo todo: el siglo XX dejó en Almería una estela de mujeres que escribieron contra el silencio. Desde la intemperie luminosa de Carmen de Burgos e Isabel Millé Giménez -erudita, investigadora y una de las primeras grandes helenistas y bibliotecarias de España- hasta la memoria herida del exilio en María Enciso. Pero no es ahí donde hoy late con fuerza la literatura, sino en el presente que aquellas hicieron posible.

Almería es hoy el escritorio de un grupo de mujeres que, con una mano, recogen la tinta que otras dejaron latiendo en los márgenes del siglo XX y, con la otra, escriben sin titubeos el pulso de su tiempo. No parten de la nada: avanzan sobre la huella firme de quienes sostuvieron la palabra cuando aún era intemperie. Mantuvieron espacios como el Ateneo y los primeros suplementos literarios, dieron visibilidad a otras voces y normalizaron la presencia femenina en la literatura local. Entre esas figuras puente destaco a Pilar Quirosa-Cheyrouze, cuyo compromiso poético y narrativo abrió caminos para nuevas generaciones desde el Aula de Literatura de Roquetas de Mar; a Concha Castro, que acompañó la transformación de la ciudad con mirada aguda; a Isabel Andrés, que sostuvo la escritura desde ámbitos educativos y culturales; y a Ana Santos Payán, que desde la edición convirtió a Almería en un foco poético relevante.

Porque es en el siglo XXI donde la escritura almeriense se ha vuelto definitivamente consciente de sí misma. Aquí, la palabra ya no pide permiso: corta, nombra, incomoda. Si la literatura almeriense actual es cruda y de frontera, como muestran los poemarios de Noelia Cortés o Begoña Callejón, la granadina parece hereditaria y académica -aunque no es una verdad objetiva-, anclada en la tradición que conservan voces como Ángeles Mora, cordobesa afincada en Granada. En ese contraste, los almerienses parecen haber encontrado una voz más brava, menos domesticada, más pegada a la intemperie que al canon.

Málaga escribe, sí, pero lo hace mirándose en el escaparate del mundo, con una vocación de centro que a veces convierte la literatura en superficie pulida. Almería, en cambio, escribe desde la periferia, y en esa distancia hay una verdad sin adorno: una autenticidad que aquí se sostiene sobre la arena, mientras allí, en ocasiones, se diluye en lo decorativo.

Y si miramos hacia dentro, hacia mi tierra, Jaén comparte con Almería ese temblor de provincia olvidada. Pero incluso ahí las palabras toman caminos distintos: Jaén escribe desde el peso del olivar y la densidad de su sombra que la sostienen hombros con nombre de mujer desde la hondura intelectual de Fanny Rubio y el lirismo exacto de Elena Felíu, hasta la maestría narrativa de Felisa Moreno; desde la agitación poética de Carmen Camacho, la potencia vital de Yolanda Ortiz a la mirada valiente de Begoña Rueda.

Almería escribe desde la exposición total de su paisaje y su luz; Jaén lo hace desde la solidez de su tradición y su relieve interior. Si Jaén es densidad, Almería es claridad.

En esa claridad se levantan las voces de hoy.  Desde la conciencia afilada de Noelia Cortés hasta la mirada mestiza de María Ángeles Lonardi; desde los mundos inquietantes de Ana Tapia hasta la observación lúcida de Sarah Thomas sobre esta tierra; desde la energía expresiva de Begoña Callejón hasta las nuevas narrativas de Anabel García; desde la profundidad reflexiva de Virginia Fernández Collado hasta otras voces que siguen ampliando los márgenes. Y, en un lugar que me duele, la voz de Gloria Langle, honda y delicada, parece hoy replegada, como si el desaliento hubiese logrado apartarla, por momentos, de la poesía.

Si Pilar Quirosa fue la “conectora” física en los 80 y 90, hoy un archipiélago digital de escritoras se despliega sin centro fijo. Escriben desde pantallas, se encuentran en recitales, redes sociales y publicaciones independientes, y reformulan la identidad almeriense. Más que un contrato emocional, construyen nuevas formas de pertenencia, habitando la intemperie digital y levantando espacios de proyección, como la Cátedra José Ángel Valente de Gómez Caro en la UAL.

Unas y otras me parecen herederas de una luz que no ciega, sino que ayuda a ver las grietas, recordándonos que en esta tierra de polvo y resistencia, la escritura sigue siendo un territorio propio, un lugar desde el que Almería ya no se explica, sino que se proyecta.

Todas ellas escriben desde un territorio que no es cómodo, pero sí verdadero. Porque Almería no ofrece refugio: ofrece claridad. Y en esa claridad -a veces excesiva, a veces cegadora- es donde estas mujeres han aprendido a mirar sin filtro y a nombrar sin miedo.

Son, por eso, más que una generación, una forma de estar en la literatura: sin herencias que pesen demasiado, sin centros que condicionen, sin sombra donde esconderse. Solo la fuerza de su literatura. Estas son las mujeres que me inspiran.