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El bronce de La Chanca

Ignacio Ortega
@opinionalmeria

Suelo terminar mis paseos en La Chanca, en Los Sobrinos, donde huele a café malo y a gasoil del puerto, que es el buen olor de allí dentro. A las ocho, Leo va por el segundo carajillo; yo pido un café con leche. Leo y yo nos hicimos amigos a fuerza de encontrarnos y echar a andar juntos, que en La Chanca viene a ser casi lo mismo. Aquella mañana echamos a andar y nos paramos delante de la escultura de bronce en la glorieta de Pescadería.

Son tres figuras de bronce: una mujer con un niño de la mano y, un poco más adelantado, un marinero mirando al mar. La mujer tiene la mano a media altura, como si despidiera a alguien. Leo se acercó a la placa pequeña de abajo y la leyó en voz baja, moviendo los labios. Cuando terminó, se quedó mirándola. Le pregunté si le gustaba. Me dijo que no, que bien podían haberla puesto hace cincuenta años, cuando aún quedaban marineros.

Leo nació en el 37 y aprendió a leer entre el viejo Pósito, donde apuntaban los jornales a lápiz, y una maestra de miga que cobraba en perras gordas y boquerones. A los diez años ya salía a la mar con su padre y su abuelo. Aprendió a oler el viento en los botes de traíña, a leer el color del agua y a encontrar bajo la superficie la mancha oscura del pescado. “Nosotros no teníamos papeles. Teníamos nariz”, me dijo una vez. Muertos su padre y su abuelo siguió trabajando para un patrón que le aseguraba que estaba dado de alta en la mutua. Era mentira.

Delante de la mujer de bronce me dijo que no le gustaba aquella escena de espera. Su mujer se había pasado media vida esperándolo en la puerta, sin saber si volvía. “Ahora ya es tarde”. Se quedó mirando al niño.

Era un niño de bronce, con los pies descalzos sobre el pedestal. No miraba al mar, sino a la madre. Leo lo observó un rato y dijo: “Va descalzo. Se ve que se les olvidó ponerle las chanclas”.

Me hizo sonreír. A él no sé si le hizo gracia decirlo. Alargué la mano y toqué el bronce, que quemaba con el sol de la mañana. El bronce, al menos, no mentía.

Cuando levanté la vista, Leo ya había apoyado las dos manos en el bastón y tiraba la calle Cordoneros arriba sin esperarme.

Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es  La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es  Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-, Diario de Almería, que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluza:




Las portadas de las cinco revistas semanales

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Ya están en los puntos de venta las revistas semanales. Cuatro de ellas (Lecturas, ¡Hola!, Diez Minutos y Semana) salen los miércoles, mientras la revista Pronto se adelanta sobre sus compañeras y se pone a la venta los lunes. Estas son las portadas de esta semana:






Unas reflexiones sobre lo ocurrido en la Puerta del Sol

Marian Lozano
@marian65x 

Esta mañana, la Puerta del Sol de Madrid ha sido escenario de una situación que debería invitarnos a reflexionar sobre la juventud, el autoritarismo y esa necesidad de estos chicos de sentirse superiores a los demás. Como bien es sabido, en la Puerta del Sol permanece una acampada de ciudadanos, en su mayoría jóvenes, que reivindican el derecho a una vivienda digna, el fin de los desahucios y salarios acordes para vivir.

Grupo de jóvenes canta el Cara al Sol en Puerta del Sol esta mañana / Foto: Isa Sáez

Tras el desfile militar del 12 de octubre, hasta allí han llegado grupos de jóvenes, algunos aparentemente menores de edad, portando banderas de España, y también cruces de Borgoña y simbología vinculada al fascismo y al nazismo. Entre ellos había numerosas chicas y, según lo observado, unos pocos adultos que parecían animar u orientar sus movimientos. Se han escuchado insultos, consignas contra Pedro Sánchez y se han visto brazos levantados realizando saludos fascistas.

Los acampados han formado una barrera humana para proteger el campamento, mientras respondían con consignas antifascistas y también con vivas a España para dejar claro que los símbolos del país no pertenecen solo a los que se han apropiado de ellos. La Policía Nacional ha intervenido para separar a ambos grupos.

Es difícil comprender qué es lo que lleva a jóvenes de quince, dieciséis o diecisiete años a increpar a ciudadanos que reclaman derechos sociales de los que ellos mismos podrían beneficiarse en un futuro cercano. Los que han acudido a provocar no estaban interesados en esas reivindicaciones, sino solo en su rechazo hacia los acampados, en mostrar odio hacia los que luchan por los derechos.

El fascismo siempre supo del valor de la juventud. Mussolini, Hitler y la Falange española aprovecharon la necesidad de pertenencia, la búsqueda de identidad y el deseo de reconocimiento de los adolescentes para movilizar a miles. Las Camisas Negras, las Camisas Pardas, las Juventudes Hitlerianas y las organizaciones juveniles falangistas, con sus diferencias, utilizaron símbolos, uniformes, disciplina y camaradería para construir una identidad colectiva que les definía frente a sus enemigos.

El filósofo Franco Berardi «Bifo» explicaba por qué algunos jóvenes hoy se alinean en lo que él denomina el fascismo contemporáneo de la impotencia frente a aquel fascismo histórico, que exaltaba la potencia masculina, la conquista y la promesa de un futuro grandioso. Son jóvenes educados bajo ideales masculinos de éxito, poder y reconocimiento que se encuentran con precariedad, dificultades para independizarse, incertidumbre y, a veces, frustración afectiva. Algunos encuentran en discursos autoritarios la promesa de recuperar la fuerza y el protagonismo que sienten perdidos.

No toda adhesión a la extrema derecha, como se cree, nace de la frustración. También existe la que tiene origen en el privilegio y en la herencia familiar. Jóvenes de clase media y alta que han crecido en entornos donde las jerarquías sociales, prejuicios e identidades políticas forman parte de su educación. Pierre Bourdieu lo explicó mediante el concepto de habitus: incorporamos desde la infancia formas de pensar y juzgar que terminamos considerando naturales.

Luego están esos jóvenes que no pertenecen a clases acomodadas, pero que adoptan sus símbolos de prestigio. Desprecian a otros adolescentes por vestir ropa corriente, no llevar marcas reconocidas o defender ideas de izquierda, llamándolos «sucios», «perroflautas» o «vagos». Su desacuerdo político lo convierten en descalificación moral. No discuten las ideas del otro porque directamente le consideran inferior.

Esta idea del desprecio ayuda a entender esa expresión escuchada hoy en Sol: «limpiar la Puerta del Sol». Chillaban y alegaban que la plaza es un espacio de todos. Pero sin entender que si realmente pertenece a todos, también pertenece a quienes están ejerciendo pacíficamente su derecho a manifestarse.

El verbo «limpiar», cuando se utiliza para referirse a la expulsión de personas por sus ideas, conlleva mucho más. Convierte a los que protestan en una presencia indeseable, algo que debe desaparecer del espacio público. Cuestiona la legitimidad de los ciudadanos para ocuparlo.

Sus insultos contra Pedro Sánchez también resultan contradictorios, pues los acampados achacan responsabilidad al Gobierno central, además de a las administraciones autonómicas.

Ha llamado la atención la presencia de numerosas chicas entre los grupos que hoy acudieron a Sol participando con los que defienden jerarquías de género, cuestionan el feminismo y proponen limitar derechos de las mujeres. Ya no se trata  únicamente de jóvenes varones que exaltan la fuerza. 

Algunas chicas pueden encontrar en esos grupos una estética compartida, una promesa de protección o un ideal de feminidad. Incluso pueden vivir esa identificación como una forma de rebeldía frente a los valores de su entorno.

Simone de Beauvoir explicó cómo los modelos de feminidad se construyen socialmente y pueden interiorizarse como elecciones propias. La curioso es que una joven puede sentir su participación en estos movimiento como una afirmación de libertad personal mientras apoya un proyecto político que limita la autonomía de otras mujeres o la suya propia.

Otra contradicción aparece con la presencia de algún adolescente de familia inmigrante junto a los que defienden políticas de exclusión. Algunos jóvenes de extrema derecha desprecian a compañeros con quienes han compartido aulas, institutos y barrios. Jóvenes que han nacido y crecido en España, pero a quienes se sigue considerando extranjeros por su origen familiar.

Hay otro detalle de lo sucedido a lo que hay que prestar atención, y es la presencia de unos pocos adultos entre tantos jóvenes que parecía que estaban orientando sus movimientos y animando los cánticos. La captación política de menores no puede analizarse solo como una decisión individual de los adolescentes y se debe apuntar a quienes organizan o alientan sus comportamientos.

También deberíamos preguntarnos por qué algunos adolescentes encuentran más atractiva la pertenencia a grupos ultra derechistas que  a participar en organizaciones políticas o sociales de izquierdas. Quizá parte de la respuesta esté en las  nuevas formas de comunicación, las redes sociales, la transmisión generacional y las facilidades de participación que les ofrecen estos grupos a esas edades.

No se trata de equiparar a la extrema derecha actual con el fascismo histórico, ni considerar que todos los jóvenes conservadores comparten estas actitudes. Pero llama la atención la insistencia en la construcción de una identidad colectiva, la exaltación de la fuerza, la identificación con el poder y el desprecio hacia quienes son considerados inferiores.

La cuestión de fondo es cómo una sociedad transmite a sus jóvenes la necesidad de sentirse superiores a otros, sobre qué valores se están transmitiendo y qué futuro plantean estos que consideran a sus propios vecinos como enemigos a los que hay que expulsar del espacio público, la Puerta del Sol.

La comisión del Senado sobre RTVE se disuelve antes de estrenarse

Nuria Torrente
@opinionalmeria

La disolución de las Cortes Generales el pasado 6 de octubre de 2026 ha puesto fin, entre otros trabajos parlamentarios pendientes, a la comisión de investigación del Senado dedicada a la gestión de RTVE. Creada en abril y formalmente constituida el día 28 de ese mes, la comisión apenas avanzó más allá de la aprobación de un plan de trabajo en julio y no llegó a citar a ningún compareciente. Su existencia formal durante unos cinco meses, sin actividad investigadora efectiva, generó un coste en complementos retributivos a los senadores que la integraban.

José Pablo López, presidente de RTVE / Foto: RTVE

Las razones alegadas para su creación. La iniciativa partió del Partido Popular, que contaba con mayoría absoluta en la Cámara Alta. Fue presentada a finales de marzo de 2026 y aprobada por el Pleno del Senado el 8 de abril, con el apoyo del PP y de Vox, mientras el resto de grupos se abstuvo de participar en la votación en señal de rechazo.

En la solicitud se justificaba la necesidad de investigar la gestión directiva, financiera y patrimonial de la Corporación RTVE y el cumplimiento de su misión de servicio público. Se alegaba un alejamiento de los fines institucionales previstos en la ley, con prioridad de criterios de audiencia y una utilización partidista de la información. Entre los aspectos señalados figuraban la falta de neutralidad y pluralismo, la mezcla de información y opinión, los nombramientos discrecionales, las contrataciones externas de contenidos de infoentretenimiento que eludían la obligación de producción propia de los informativos, irregularidades en procesos de selección de personal y problemas de transparencia en la contabilidad, incluidos aspectos relacionados con el IVA y con fondos europeos. El objetivo declarado era fiscalizar la gestión y contribuir a regenerar el servicio público.

En el debate se argumentó que el control parlamentario ordinario resultaba insuficiente ante la acumulación de dudas sobre contenidos, dirección, contratación y uso de fondos públicos.

La incongruencia con la comisión mixta ya existente. La principal objeción formulada por la oposición y por la propia Corporación fue la existencia previa de la Comisión Mixta Congreso-Senado de Control Parlamentario de RTVE y sus Sociedades, constituida en diciembre de 2023. Este órgano, previsto expresamente en la Ley 17/2006, realiza el control parlamentario ordinario de la Corporación mediante sesiones periódicas en las que el presidente del ente comparece y responde a las preguntas de los parlamentarios de ambas Cámaras.

Quienes se opusieron a la nueva comisión sostuvieron que su creación duplicaba un mecanismo ya establecido por ley, erosionaba el carácter mixto del control y situaba al Senado por encima del Congreso. Desde el PP se defendió que la comisión mixta atiende el control permanente y ordinario, mientras que una comisión de investigación constituye un instrumento específico para examinar en profundidad irregularidades graves acumuladas, de modo que ambos órganos pueden coexistir sin sustituirse.

RTVE manifestó respeto institucional a la Cámara, pero advirtió que el objeto de la investigación incidía en la línea editorial y los contenidos informativos, lo que podía tensionar las garantías de independencia editorial reconocidas en el marco europeo de libertad de los medios. Solicitó supervisión a la autoridad de competencia y recibió el respaldo de la organización europea de radiodifusores públicos.

Por qué no citó a nadie. En los cinco meses transcurridos desde su constitución, la comisión celebró únicamente dos sesiones: la constitutiva del 28 de abril, en la que se eligió la Mesa, y la del 20 de julio, en la que se delegaron facultades y se aprobó el plan de trabajo a puerta cerrada. No se elaboró ni se aprobó lista de comparecientes, ni se convocó ninguna audiencia. Permanecía en una fase inicial cuando las Cortes se disolvieron.

Los retrasos en este tipo de comisiones son frecuentes —negociación del plan, disponibilidad de documentación, calendario y periodo estival—, pero en este caso no se alcanzó la fase de comparecencias antes de la disolución.

El coste económico. Durante los aproximadamente cinco meses de vigencia formal, los senadores integrantes percibieron complementos retributivos vinculados a su participación en la comisión, que se suman a su asignación ordinaria. Estos complementos, previstos en el régimen económico del Senado y devengados desde la constitución del órgano, superaron en conjunto los 74.000 euros, a pesar de que no se celebró ninguna comparecencia. La presidenta recibió una cantidad global cercana a los 8.700 euros; los vicepresidentes y los portavoces de grupo percibieron un complemento mensual superior a los 1.200 euros, y los secretarios uno algo inferior a los 850 euros.

En definitiva, la comisión se creó con un mandato amplio de fiscalización, se enfrentó desde el inicio a la crítica de duplicidad respecto del control mixto ya existente, apenas superó la fase de constitución y plan de trabajo, y desapareció con la disolución de las Cortes sin haber escuchado a un solo compareciente, dejando un coste retributivo sin resultados investigativos. El episodio pone de manifiesto tanto las posibilidades que ofrece una mayoría absoluta para abrir investigaciones como los límites temporales y de eficacia de estos instrumentos cuando no llegan a desarrollarse.