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El gran momento literario de Juan Manuel Gil

Antonio Torres
Periodista

El Observatorio Fundación Unicaja de las Letras en Andalucía, herramienta de consulta obligada, recoge aspectos literarios de Almería. El estudio destaca el boom de la novela. Analiza tendencias y creatividad global de Andalucía. Es oportuno traer dicho trabajo de Unicaja ante la Feria del Libro de Almería. 

Antonio Torres y Juan Manuel Gil / Aldea

La publicación está coordinada y dirigida por el catedrático Enrique Baena. Sigue la senda de promover espacios de reflexión en torno a áreas y tejidos productivos de especial relevancia. Hemos analizado y recogido los datos que hacen referencia a la provincia de Almería. Se observa cierto centralismo. La novela en Andalucía es analizada por dos grandes como Antonio Soler y Cristian Troisi. Se tienen en cuenta los antecedentes con las referencias almerienses de Carmen de Burgos y Francisco Villaespesa. 

Dentro del epígrafe de “Los novelistas andaluces destacados hoy” citan a Juan Manuel Gil (Almería, 1979), “que con La flor del rayo obtuvo el premio Biblioteca Breve en 2021y está consolidando una más que interesante trayectoria como novelista”. Está claro que Gil, enorme narrador, vive un momento especial de éxito. Lleva tres meses y medio ofreciendo entrevistas y presentaciones. En la historia literaria de Almería no hemos tenido a un escritor con una crítica tan acogedora de los suplementos literarios y páginas de cultura de ámbito nacional. 

La crónica de las letras en Almería tiene el sello de la presencia de Juan Goytisolo y José Ángel Valente y en la historia de los libros está el nombre de Villaespesa, uno de los máximos impulsores del modernismo al que el nicaragüense Rubén Darío situó junto a Juan Ramón Jiménez o los hermanos Machado como los grandes poetas. Por supuesto que las letras almerienses son reconocidas desde los últimos lustros por los enormes talentos, silenciados por el franquismo como Carmen de Burgos, que huyó de la capital, y Agustín Gómez Arcos, que salió de su Enix natal para ser una figura europea desde Francia. 

La naturalidad y autenticidad del narrador que recoge voces de El Alquián, Juan Manuel Gil, es tal que le sigue sorprendiendo que su novela Majareta siga en los puestos de ventas de las diferentes listas de los grandes medios escritos y audiovisuales. Utiliza más de cuarenta personajes y quiere que el lector actúe y que critique. Gil es un escritor muy querido por sus lectores y por la mayoría de periodistas de cultura. Su éxito ya lo aventuró Evaristo Martínez, de La Voz, cuando lo comentamos en librería Picasso con una cola inaudita de lectores para la firma de libros. Seguidores que van más allá de la literatura, enamorados de su forma de ser directa y sin aíres de grandeza, naturalidad y humor para romper muros.

Su voz ya está amplificada por todos los medios de ámbito nacional. Precisamente, en una amplia y detallada entrevista de dos páginas para este medio, Gil confesó a Evaristo: “No soy capaz de concebir mi literatura sin mi ciudad”. “La maquinaria de la rumorología en tu trabajo o en tu barrio es idéntica a la que existe a gran escala”. En Almería son miles los que aplaudimos a una persona que pone sentido común. 

El pasado jueves dejó su sello en la cafetería Leo, de Antas, invitado por la asociación cultural Argaria, tras pasear su última obra por toda España: “Hoy hablamos todo el rato, pero lo revolucionario es escuchar a los otros”, le dijo a Braulio Ortiz, Premio Andalucía Joven de Narrativa. A los pocos días de la presentación, le escuché una entrevista con Pepa Fernández en RNE o la que le formuló Daniel Monserrat de El Periódico de Aragón “en el cotilleo y el rumor está la semilla de la literatura”. 

Otra estrella al alza, recogido en la acertada publicación de Unicaja, es el cartagenero, afincado en Almería desde la infancia, Raúl Quinto (1978). Su primera novela, Martinete de rey sombra, narra un hecho histórico, la persecución de los gitanos bajo el reinado de Fernando VI. La novela obtuvo el premio Nacional de la Crítica y dejó unas enormes expectativas sobre el autor. En su último trabajo, Un idioma siempre al borde de la extinción. recopila su producción poética en el periodo 2022-2026. 

No podía faltar la cita para el alumno de Celia Viñas, Agustin Gómez Arcos (Enix, 1939-1998), escritor y dramaturgo que, debido a la censura franquista, se exilió en Francia, donde escribió la mayor parte de su obra en francés. Entre sus trabajos más conocidos están El cordero carnívoroAna no El niño pan. A pesar del reconocimiento y honores en Francia, su figura fue prácticamente ignorada en España. Antonio Fernández Ortega (Almería, 1948-2000), poeta y escritor, conocido por su obra poética y narrativa. Fue una figura destacada en la literatura durante la segunda mitad del siglo XX. Marta Navarro Ros (Vera, 2000), escritora y guionista. Su primera novela, Desde dentro, fue finalista del Premio Planeta 2020. En 2023, ganó el Premio Complutense de Literatura con Cuatro hermanos. Compagina la escritura de novelas con el desarrollo de guiones para series y películas. Es un, sin duda, figura emergente en la literatura y el guion español. Mar de los Ríos Porras, arquitecta técnica y escritor. Ha publicado obras de éxito como Tren de Lejanías (2012), Casa de Ánimas (2015), entre otras. Alberto Cerezuela (Almería, 1982), escritor y precursor en España en el ámbito de la autoedición y fundador de Círculo Rojo, uno de los pioneros en trabajos y publicaciones en temas de misterio, muy reclamado para obras audiovisuales. Su primera novela, El refugio de los invisibles, muestra numerosos rincones de Almería.

Por supuesto que en el informe aparecen otros nombres vinculados con nuestra tierra, entre otros, como los grandes Aurora Luque Ortiz (Almería, 1962), Premio Nacional de Poesía, Pilar Quirosa-Cheyrouze y Muñoz (Tetuán,1956-Almería,2019), poeta y escritora. Diversos medios se valieron de su colaboración como Canal Sur Radio y Televisión. Pilar fue presidenta del Ateneo de Almería. José Andújar Almansa (El Aaiún, 1963 - Almería, 2023) que fue profesor y crítico literario, además de poeta.

El centralismo en general se manifiesta históricamente como una marginación cultural derivada de la periferia geográfica, donde la producción local a menudo queda eclipsada por los centros de poder andaluces (Sevilla-Málaga) o nacionales con los grandes grupos editoriales centrados en Madrid y Barcelona, generando una reivindicación de la identidad almeriense. Pese a los agoreros, según el último informe oficial, la lectura sigue al alza especialmente entre las mujeres y los jóvenes. En España leen el 72,3% de las mujeres y el 59,8% de los hombres, un 66,2% de media. 

Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-, Diario de Almería, que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluzas:




Francisco Soler Visiedo publica "Laudatio a Turre"

Manuel León
Periodista

Durante años, cada quince o veinte días, llegaba a la redacción de este periódico longevo un sobre matasellado en Molina de Segura que escondía en su interior un folio primorosamente doblado con frases manuscritas o construidas con la tinta de una Olivetti. Eran pequeños artículos costumbristas que enviaba con obstinación prusiana un tal Francisco Soler Visiedo, un viejo maestro de la diáspora turrera que debía encontrar dicha en ver sus humildes relatos publicados en letra de molde.

El autor de 'Laudatio a Turre', Francisco Soler Visiedo, con su editor, Juan Grima / Arráez

A pesar de que ya la informática fue arrinconando a las fragorosas máquinas de escribir, este hacedor de pequeños anales y ripios rurales, seguía enviando desde la huerta murciana sus escritos sin apropiarse de las ventajas del correo electrónico por ordenador. Había que teclear, por tanto, sus textos, en una labor hercúlea. Pero eran tan tiernas las palabras del escribidor, destilaban tanta nostalgia por su pueblo querido, segregaban tanta dulzura esas pequeñas historias de carnavales campesinos, de actores aficionados en teatrillos improvisados, de futbolistas primitivos con zamarra y pañuelo en la cabeza como Quincoces, de palabras olvidadas por la Academia, de costumbres atávicas como el juego del boliche, de los árboles donde estaban las mejores brevas o los mejores chumbos del pueblo, de la partida de los segadores a ‘las Andalucías’ o de la descripción de los viejos molinos maliqueros, que uno intuía que de algo serviría la digitalización de sus humildes añoranzas. Ese tal Paco, maestro de escuela, que con tanta paciencia escribía, convertía en protagonista a medio pueblo como actores de su propia historia, con un amoroso sentimiento de pertenencia, citando de memoria nombres, apellidos, motes y clanes, como si Turre fuese una pequeña Escocia.

Ahora, como por ensalmo, todo ese territorio de saberes casi silenciados por el ruido de un cuestionado progreso, toda esa resma de artículos variopintos creados, con tinta de BIC o de Olivetti, por este zahorí de recuerdos que es Paco Soler, ha sido ungido a la categoría de libro, como Sotomayor elevó al rango de Caballeros del Campo a los labradores; ahora Paco tiene toda esa labor creativa unificada en un volumen titulado ‘Laudatio a Turre, crónicas periodísticas’ publicado primorosamente por el editor Juan Grima en Arraez, con la colaboración del Ayuntamiento, prologado por el propio Grima y con una breve biografía no autorizada del autor, trazada por José González Núñez ‘Pepe del Piedad’.

La propia dedicatoria del libro ‘A las gentes sencillas de Turre’, es ya la clave de bóveda de lo que el lector se va a encontrar en las páginas siguientes: la intrahistoria, que es la verdadera historia, de un pueblo pequeño, desde los años 20 a los años 80, a través del barniz de la memoria de un profesor que, como tantos turreros, se tuvo que marchar de sus calles, de sus plazas, de sus tertulias. Hay un hecho que se repite con contumacia en una tierra de emigrantes forzosos como la almeriense: quien sale de su tierra y hace su vida adulta en otros meridianos, conserva el paisaje de su niñez y de su adolescencia inalterable en su memoria, como si todos sus recuerdos se mantuvieran idealizados e intactos dentro una pompa de jabón; quien nunca sale de su pueblo, nunca es capaz de conservar tal destreza para el recuerdo impecable porque el día a día los va difuminando y confundiendo unos con otros. Ese es el valor de Paco Soler y de este libro: el de contar las cosas pequeñas como sucedieron, con nombres y apellidos, con anécdotas deliciosas, con el vocabulario intrínseco, con la palabra exacta para cada cosa, tal como se decía entonces. Paco, el autor, el escribidor de artículos en este periódico decano y también en otros, es el ejemplo perfecto de cómo un hombre consagra casi toda su vida a su pueblo, a pesar de estar a cientos de kilómetros de distancia. Paco nació en 1935, hijo de sastre, y vivió la turbia Postguerra volando cucos, en una familia conocida como los sacristanes. Marchó a Madrid a estudiar bachiller en un Seminario, pero la vocación no le alcanzó para hacerse cura. Lo suyo era enseñar, haciendo preguntas como Sócrates y por eso estudió Magisterio y se casó con una salmantina y recorrió Guadalajara, Málaga y Murcia, entre pupitres y mapamundis, manchándose las manos de tiza para atizar el entendimiento.

 Y fue cuando se jubiló, en 1995, cuando comprendió que lo que mejor que podía hacer por su pueblo era contar lo que se estaba perdiendo -lo que se ha perdido- con el transitar de los años. Y así, por sus escritos reunidos en este libro, sabemos que Turre fue pueblo de sastres y oficialas; que tiene especies únicas de árboles; que se cantaban saetas inmortales y se hacía correr a San Juan; que había carreros que se desplazaban a por vino de Jumilla, y marchantes que compraban y vendían lechones; y que había plantaciones de melones amarillos casi únicos, y que se cultivaba palma y tomillo para la exportación, y que había partidos de balompié entre Turre y Los Gallardos o Garrucha que acababan en batalla campal. Todo eso lo sabemos ahora gracias a este alquimista de la evocación que se llama Paco, que tiene 91 años y que vive en Murcia con el corazón en Turre.

Virgen del Mar, el rostro de la Almería eterna

María del Mar Vázquez
Alcaldesa de Almería

Almería celebra hoy con solemnidad el recuerdo de una de las efemérides más significativas de su historia reciente: el 75 Aniversario de la Coronación Canónica de la Virgen del Mar, Patrona de nuestra ciudad. Más allá de su dimensión religiosa, este aniversario compartido nos invita a reflexionar sobre lo que significa nuestra Patrona para el alma colectiva de Almería. Aquella coronación de 1951 no hizo sino oficializar un vínculo que, durante siglos, se había tejido en el corazón de los almerienses. 

La Virgen del Mar es el símbolo perpetuo de la identidad almeriense, un faro de unidad que ha guiado a las personas vinculadas con Almería a través de generaciones. Ella representa la resiliencia, la fe inquebrantable y ese sentido de pertenencia que nos define como ciudad. Setenta y cinco años después, su figura sigue siendo el eje sobre el que gira una parte esencial de nuestra cultura y nuestras tradiciones cotidianas. Su santuario no es solo un lugar de culto, sino el solar de una devoción que se manifiesta en cada romería a Torregarcía, en cada procesión de Feria, en cada mirada hacia su imagen y en el silencioso respeto que une a miles de familias. La Virgen del Mar es historia viva, memoria compartida y promesa de futuro. 

Del mismo modo, este aniversario nos recuerda que, en un mundo en constante cambio, hay realidades que permanecen intactas. La devoción por la Virgen del Mar es un sentimiento motriz en la historia de Almería que se mantiene firme y fecundo desde hace más de cinco siglos. No hay idea, proyecto o interés común que haya tenido una presencia más activa y constante en la historia de nuestra ciudad. La devoción por la Virgen del Mar es ese prodigio descifrado a diario que nos ayuda a ser mejores personas y mejores almerienses. Porque los almerienses pasamos, pero la Virgen del Mar permanece. 

Y hoy quiero aprovechar para hacer un recordatorio lleno de admiración, gratitud y afecto a todas las mujeres y hombres que a lo largo de los años han ejercido el papel de custodios de la memoria oral, escrita, cantada, bailada y rezada de la Virgen del Mar. Muchos han sido los poetas, compositores y pintores que han tenido en la Virgen motivo de inspiración y creación durante siglos. Y creo que los almerienses tenemos una eterna deuda de gratitud con todos ellos por saber conservar y divulgar este patrimonio común a tantas generaciones con celo y cariño. 

Han sido y son los custodios de una Almería eterna que habita en la hermosura del rostro de la Virgen. Una historia de nuestra ciudad que está resumida en el pellizco que nos produce su mirada y que nadie aún ha sido capaz de desentrañar. Quiero agradecer a la Hermandad el privilegio de haber podido conocer de su mano detalles e historias de la devoción a nuestra Patrona, como el papel jugado por la reina Isabel II a la hora de aportar ornatos y joyas a la Imagen o las anécdotas de la relación entre la Hermandad y el Ayuntamiento de la capital, con la no esperada participación personal en la coronación del entonces alcalde, Emilio Pérez Manzuco. En definitiva, la Virgen del Mar es el rostro de la Almería eterna. Que este 75 aniversario sirva para renovar nuestro cariño hacia ella y para seguir construyendo, bajo su protección, una ciudad unida, fuerte y llena de esperanza. Seguimos trabajando.

Recuperemos el orgullo de nuestra sanidad

José María Martín
Subdelegado del Gobierno en Almería
Secretario General del PSOE de Almería

Las calles de Almería volverán a reivindicar este domingo algo tan básico como el acceso a una sanidad pública digna y de calidad. Lo que durante años fue un derecho garantizado se ha ido desmoronando con Moreno Bonilla hasta convertirse en una preocupación constante para miles de familias, que esperan durante meses una cita, una prueba o una intervención quirúrgica sin saber cuándo podrán ser atendidas. 

Los almerienses, al igual que el resto de andaluces y andaluzas, sitúan mayoritariamente el deterioro de la sanidad pública como su principal problema. En nuestro caso, se suma además que somos la provincia más discriminada y maltratada de toda Andalucía por Moreno Bonilla, con un déficit de 1.600 profesionales sanitarios respecto a otras provincias con una población similar. 

Así lo corrobora también el Consejo Andaluz de Colegios de Médicos, que sitúa a Almería a la cola en el número de profesionales por habitante. Las insufribles listas de espera se han convertido en el síntoma más alarmante de un sistema que dejó de responder en tiempo y forma con la llegada del Partido Popular a la Junta. A ello se suma la crisis en los cribados de cáncer, especialmente grave en el caso de las mujeres afectadas, que siguen sin recibir respuestas ante lo que ya se considera una de las mayores negligencias sanitarias en nuestro país. 

En este contexto, la cita electoral del próximo 17 de mayo se presenta como una oportunidad para elegir entre continuar en la senda de deterioro, privatización y falta de respuesta a los problemas sanitarios o apostar por un sistema público que atienda a las personas a tiempo, prevenga la enfermedad y devuelva el respeto a sus profesionales, tal y como plantea María Jesús Montero. 

Las socialistas y los socialistas almerienses estamos convencidos de que Andalucía necesita recuperar el orgullo de su sanidad pública mediante un cambio de rumbo que sitúe a las personas en el centro de las políticas públicas. Para ello, hemos presentado a la sociedad almeriense un proyecto y una candidatura al Parlamento andaluz integrada por personas preparadas, con experiencia e ilusión para liderar el cambio que necesita nuestra provincia, empezando por reforzar los servicios públicos. Un proyecto que apela a la unidad y a la movilización del electorado progresista, convencido de que la ciudadanía aún tiene mucho que decir.