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Remendar Andalucía

Ignacio Ortega
@opinionalmeria

Hay mujeres cuya biografía no cabe en una cronología, porque su pulso no lo marcan los calendarios sino las causas. Pero también hay mujeres que se entienden mejor en lo concreto: en una reunión a las ocho de la mañana para desbloquear una lista de espera, en una llamada incómoda para corregir un error de gestión, en una decisión que no gusta pero evita un problema mayor. La candidata del PSOE a la Junta de Andalucía pertenece a esa estirpe menos épica de lo que parece: la de quienes convierten la gestión diaria en una forma de estar en el mundo, sin necesidad de convertirla en relato.

Hace tiempo que intento encontrar el momento exacto que explique su manera de habitar el poder. Y no lo encuentro porque no hay escena única, sino repetición: horas de despacho, negociación presupuestaria, conflictos que no se resuelven en titulares. Está presente en lo pequeño. En lo que no inaugura nada, pero sostiene casi todo. No el compromiso declamado, sino el que permanece cuando todos se han ido; el que toma decisiones difíciles sin aplauso, y a veces incluso sin reconocimiento interno dentro de su propio espacio político.

Si hubiera que elegir una imagen, no sería la del discurso, sino la de la costura. Porque hay una política que corta y otra que cose. Coser es más lento, menos visible y exige asumir que el hilo no siempre es limpio y que la tela llega ya rasgada. En ese trabajo .discreto, insistente. se juega gran parte de lo público. Y ahí es donde ella parece moverse con más naturalidad que en el foco, aunque no siempre desde la comodidad, sino desde la exigencia permanente de lo imperfecto.

Un día, aquí, en Almería, me acerqué a ella como quien encuadra un plano cinematográfico -con paciencia, dejando que la luz encuentre su sitio-. Escuchaba a vecinos hablar de sanidad y educación pública, de listas de espera y falta de recursos. No era un acto cómodo. No había épica en esa escena, sino una conversación atravesada por el malestar. Exponía su forma de entender el poder sin solemnidad, pero sin ceder espacio. No pedía permiso. No gestionaba directamente esas competencias, pero tampoco las esquivaba. Escuchaba, respondía y, en algún momento, desplazaba el foco hacia el modelo de lo público que defendía. Y en esos gestos -más que en cualquier consigna-  aparecía algo reconocible: la política como un ejercicio imperfecto, pero sostenido, y sometido siempre a la prueba del terreno.

Pero, atravesándolo todo, latía su idea de lo público. No como consigna, sino como una ética aplicada que entiende que gobernar es, ante todo, proteger el suelo que pisamos. Frente a una idea de sociedad fragmentada, donde cada cual sobrevive en su propia balsa y el progreso se mide en éxitos individuales, aquí aparece otra lógica: la de lo común como sostén. No como una abstracción idealizada, sino como una decisión política concreta que se traduce en presupuesto, prioridades y límites.

En esa lógica, lo público no es un concepto: es una tensión constante. La sanidad tensionada, la educación que necesita refuerzo, los servicios públicos que nunca están terminados, la vivienda que no crece… No hay gesto heroico en eso. Hay insistencia. Y también desgaste, y una forma de política que rara vez ofrece gratificación inmediata.

La costura vuelve aquí. Porque proteger lo común no es construir desde cero, sino remendar lo que se desgasta. Pero también implica aceptar que no todo puede ser remendado a la misma velocidad ni con la misma facilidad. El tejido social no responde siempre al deseo político.

En su mirada había algo de los patios andaluces: ese equilibrio entre lo íntimo y lo colectivo, entre la sombra que protege y la luz que convoca. Pero también cierta fatiga, la de quien sabe que gobernar no es prometer, sino administrar límites, y convivir con lo incompleto como parte estructural del oficio.

En la confluencia de esas tres dimensiones  -la mujer, la feminista, la socialista- confluye también Andalucía: una tierra que sabe de resistencias largas y de esperanzas obstinadas, que aún sigue buscándose a sí misma en un tiempo de individualismo, privatización y ruido. Como si le faltara algo que no se nombra, pero se siente: un acuerdo mínimo sobre qué merece ser sostenido colectivamente.

No la nostalgia que invoca un pasado, sino la política que actúa en presente. En esa síntesis puede que Andalucía encuentre un hilo para reconocerse de nuevo: el latido que la reconcilie con lo que es y con lo que aún está por ser, a través del trabajo -tangible y diario- de mujeres como ella. Porque al final, más que la política  de “ni una mala palabra, ni una buena acción” que tan bien le encaja al actual presidente de la Junta, lo que sostiene un territorio es aquello que alguien decide no dejar caer como se ha dejado caer la sanidad, la educación y la vivienda pública.

Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-, Diario de Almería, que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluzas:




Las portadas de las cinco revistas semanales

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Ya están en los puntos de venta las revistas semanales. Cuatro de ellas (Lecturas¡Hola!Diez Minutos y Semana) salen los miércoles, mientras la revista Pronto se adelanta sobre sus compañeras y se pone a la venta los lunes. Estas son las portadas de esta semana:






La humildad de un comandante de Turre para todos los tiempos

Antonio Torres
Periodista 

El comandante de Ingenieros Francisco Flores Alías (Huerta Llana, Turre, 1933) salió de Sierra Cabrera para abrirse un futuro. No olvidó de donde viene y mantiene un sentido común envidiable. Nunca dejó de seguir la actualidad de su provincia. Como ocurre ahora, la emigración fue el camino para salir de un entorno rural duro. “Mi infancia, mi vida, fue cuidar la tierra hasta los 20 años, ya en 1953. La finca donde nací, algo así como un oasis, en medio de un terreno árido. En el secano, había 12 cortijeros que vivían principalmente de la ganadería, alguno con más de cien reses tenía un pastor. A veces, hice de pastor en la finca, cuando éste iba a Turre en busca de médico, o a cortarse el pelo”. “Mi padre tenía una finca a medias. Huerto de naranjas, higueras, olivos, algarrobos, todas las hortalizas. El propietario de la finca, Fernando Domingo Simón, fue quien convenció a mi padre para que me fuera a Valencia, un profesional que fue director del antiguo Manicomio de Valencia, uno de los primeros centros psiquiátricos del mundo, fundado por el padre Jofré” (Juan Gilabert Jofré, Valencia, 1350-1417). “La hija de Fernando, María Jesús, heredó la finca. Posteriormente se vendió a dos alemanes…”.

Francisco Flores Alías / A. Torres

El Ministerio de Defensa, con la vista puesta en el Ejército del futuro y el “soldado robot”, cuenta en Cerro de la Mezquita, en Sierra Cabrera, en la zona donde nació Francisco, una torre gigante de secretos militares, red de espionaje, asunto de estrategia para la defensa del Reino de España, para combatir la guerra electrónica. Un gran secreto que crece en instalaciones sin hacer ruido. Como comandante del Ejército, ha vivido toda la modernización de la comunicación militar. Mucho antes del 5G, las comunicaciones a larga distancia dependían en España de unas edificaciones aisladas y diseminadas por montañas. Toda esa transformación manual, analógica a digital la vivió. “Estuve destinado en Madrid y en España se montó una red telefónica de comunicación para el ejército que no duró mucho. Se hicieron 22 centros de comunicación, cada uno tenía un nombre por ejemplo el de Palma de Mallorca el Puig Mayor, Sierra Espuña en Murcia y la Plana Mayor en Valencia. “Me encargaba de la comunicación entre Murcia, Palma de Mallorca y Valencia”. “El objetivo era acabar con la única dependencia de teléfonos con Telefónica de ámbito privado y tener un servicio propio que no dependiera de lo civil”. Esos centros tenían una habitación. Fui jefe del centro táctico número seis de El Toro (Castellón) en el cerro Vértice Salada a 1.588 metros de altura que monté. Tenía unos diez suboficiales y un alférez, junto a 50 o 60 hombres. El pueblo más cercano a 14 kilómetros. Los centros estaban intercomunicados a través de microondas porque no había líneas telefónicas. Hacíamos puentes móviles, tras inundaciones…Luego vino el teléfono con centralitas de cinco o seis kilómetros o de 300 metros…En el año, 2000 desapareció todo por el avance de la tecnología. Éramos la génesis de la actualidad, una fuerza de élite, convertida en la actualidad con mucho más medios en Unidad Militar de Emergencias (UME), como se ha demostrado en incendios y las sonadas inundaciones”. 

El trabajo solidario también formó parte de su actividad. “Recuerdo que con un centenar de picos y más de 300 palas hicimos trabajos durante la famosa Riada de Valencia de 1957, ayudando a las familias”. “En el regimiento mixto de Ingenieros número 3 de Valencia, estuvimos meses sacando barro. No te puedes imaginar cómo había calles con dos metros de barro y los márgenes del río Turia que se desbordó y acabó con gente humilde”. “Fuera del ámbito nacional, también se ayudó por otras inundaciones llevando puentes móviles a Túnez, entre otro material”. “Te digo al pie de la letra que los militares se entregan en lo humano y con equipos profesionales a ayudar como se demuestra en incendios, tragedias”.

Cuando murió Franco, Flores estaba al frente del mando del Centro Táctico número 6 de la Red Territorial de Mando en la Sierra de El Toro (Castellón). “Lo primero que hice fue ponerme a las órdenes de mis superiores que estaban en Valencia. Entonces era teniente y actualmente comandante”. 

Se enorgullece de ser hijo de agricultores de sol a sol, en tiempos de analfabetismo, pero ricos en palabra, como puede estar ocurriendo con los trabajadores que llegar a España con la ilusión de un proyecto de vida, huyendo del hambre y de la desigualdad. Su padre es José Flores Soler (Huerta Llana, Turre, 1885-1965), hermano de Andrés que fue alcalde de Los Gallardos en 1926. Tuvo contacto en Los Gallardos con sus tíos Andrés, Pura, Marcela, que se casó con Bonifacio y explotaron el molino de la Higuera, junto al río Aguas con los espectaculares ojos del puente Baquero.  Por supuesto con sus hijos como Dolores Flores Simón, madre de este periodista.

Desde siempre ha prestado especial atención “a mis hermanas María, la menor y Dolores Flores, la mayor, conocida popularmente por la Turronera, familia muy conocida de Los Gallardos, a toda la amplia familia como Bernabé, Francisco, José…”. “Mi padre me enseñó las cuatro reglas y sobre todo a ser una persona responsable.  Aparte de la finca, era el tasador de la producción de naranjas de doña Bernarda, la terrateniente de Cortijo Grande. “Venían a comprar naranjas José Galera y su cuñado Diego. Cuando cerraban el trato se estrechaban la mano y ya se había acabado. Todo sin mediar un papel. Doña Bernarda confió siempre en el buen ojo de mi padre para tasar las naranjas de los distintos huertos. Entonces se tasaba por cientos de piezas de naranja y no por kilogramos. Yo mismo llevé naranjas al almacén de Venta Lorquino (Alfaix) y recuerdo la carpintería para hacer las cajas que se enviaban a Valencia para la comercialización”.  En la zona hubo pequeños poblados mozárabes.

Francisco Flores se casó con Rafaela Aurelia Giménez Doménech (Ondara, Alicante, 1940). En la actualidad reside en la localidad castellonense de Vivel. Padre de seis hijos. El mayor es director de orquesta en Taiwan; el segundo delineante en Valencia; el tercero abogado, profesor de derecho constitucional en la Facultad de Derecho de Valencia; la cuarta es enfermera y trabaja en Muro de Alcoy y su marido profesor; el quinto tiene un establecimiento de venta de coches de alta gama en Villarreal y la pequeña estudió contabilidad y trabaja en el supermercado Consum.

Acumulación masiva de residuos agrícolas

José Francisco Cano de la Vega
Coordinador provincial de Sumar

Almería se presenta desde hace décadas como un modelo de éxito agrícola. Su capacidad productiva, su potencia exportadora y su papel clave en el abastecimiento alimentario europeo son incuestionables. Pero hay una cara que ya no se puede ocultar, ni tampoco relativizar o minimizar: la acumulación masiva de residuos agrícolas que se extiende en el entorno de invernaderos, caminos rurales, ramblas y entornos urbanos.

Este no es un problema puntual ni una cuestión exclusivamente estética. Hablamos de un desafío ambiental, sanitario y social de primer orden que evidencia un fracaso colectivo en la gestión de los residuos derivados del modelo intensivo bajo plástico. Toneladas de plásticos, restos vegetales y materiales contaminantes se acumulan sin control suficiente, configurando vertederos ilegales y degradando espacios naturales y agrícolas.

Durante demasiado tiempo, las administraciones competentes han optado por mirar hacia otro lado o por aplicar soluciones parciales y claramente insuficientes. La Junta de Andalucía no ha ejercido el liderazgo que le corresponde en la planificación y ejecución de infraestructuras clave, ni tampoco en el control del cumplimiento de la normativa y en la denuncia de sus infracciones. Al mismo tiempo, muchos municipios -Níjar o El ejido son los dos casos más claros- se han limitado a mirar hacia otro lado, excusándose en lo que no podemos denominar de otra forma que una descarada irresponsabilización.

La consecuencia es evidente para quien quiera verlo: un territorio que sostiene buena parte de la economía agrícola europea no dispone aún de un sistema público, eficaz y dimensionado para gestionar sus propios residuos.

Pero, desde la coalición electoral que representa la unidad de la izquierda en Andalucía lo tenemos claro: este problema no se resuelve con declaraciones ocasionales forzadas por algunas situaciones de verdadero escándalo, sino con voluntad política, inversión pública y coordinación institucional real.


Por esa razón, nuestro programa electoral recoge tres propuestas concretas que creemos pueden ayudar de forma importante a solucionar este problema:

En primer lugar, proponemos la construcción por la Junta de Andalucía de una planta pública para la gestión de residuos agrícolas en nuestra provincia. No se trata solo de una infraestructura, sino de un cambio de modelo: garantizar que el tratamiento de residuos deje de depender de soluciones fragmentadas o insuficientes y pase a formar parte de una estrategia pública integral.

En segundo lugar, consideramos imprescindible el desarrollo de frecuentes campañas de sensibilización y asesoramiento, dirigidas tanto al sector agrícola como a la ciudadanía, con el objetivo de reducir la generación de residuos y mejorar su correcta segregación, especialmente en el entorno de los núcleos urbanos y zonas naturales. La corresponsabilidad es clave, pero debe ir acompañada de información, recursos y apoyo técnico.

Por último, proponemos diseñar y llevar a cabo un Plan Integral de Eliminación de Residuos Plásticos en las áreas más afectadas, que incluya actuaciones concretas y urgentes: limpieza de vertederos ilegales, recuperación de ramblas y regeneración de espacios degradados, en colaboración estrecha con la Diputación Provincial y los ayuntamientos.

Pero este plan no puede quedarse en el papel. Debe contar con financiación suficiente, plazos definidos y mecanismos de seguimiento que garanticen su cumplimiento.

Almería no puede seguir sosteniendo su crecimiento económico a costa de su territorio y de su medio ambiente. La competitividad del sector agrícola pasa también por su sostenibilidad, y eso exige afrontar de manera decidida y responsable el problema de los residuos agrícolas.

A la Junta de Andalucía le corresponde asumir su responsabilidad y liderar este proceso. Y los municipios necesitan liderazgo institucional, apoyo, recursos y coordinación para dejar de actuar a regañadientes frente a un problema estructural que tanto nos afecta a todos y todas.

De otra parte, la respuesta a un problema de tanta trascendencia para Almería no debería constituir una cuestión ideológica, sino de mero sentido común. O actuamos ahora con decisión, o seguiremos acumulando un problema que compromete no solo el presente, sino también el futuro de toda la provincia.

Almería merece soluciones reales. Y esas soluciones pasan por dejar de mirar hacia otro lado, como hasta ahora ha hecho la Junta liderada por Moreno Bonilla.