La periodista Amalia Sánchez Sampedro, residente en Puerto Rey (Vera), ha repasado su trayectoria. Pionera de la información parlamentaria, única mujer que cubrió en sus inicios profesionales los últimos consejos de ministros de Franco, es un referente de la historia de la Transición y de la consolidación democrática. “Aunque soy extremeña de Mérida, desde muy joven elegí la provincia de Almería para mi segunda residencia. Me gustaron el sol, el cielo, la luz, la tranquilidad, la gente. A esta provincia traigo amigos y todos quedan encantados. Y, como soy naturista, llevo apalancada casi 38 años en la playa de Vera. Solo hace falta que se cuiden los arenales para que el mar, que avanza inexorablemente, no haga que nos quedemos sin este paraíso natural…”.
| Amalia Sánchez Sampedro, este verano en Villaricos, junto a Francisco Giménez-Alemán, Francis Romacho, Goergina Higueras y Antonio Torres / Foto: Sánchez Haro |
El pasado miércoles, en Málaga, ha recordado las limitaciones informativas del franquismo, el control sobre los medios y las distintas formas de censura que seguían condicionando el trabajo de los periodistas incluso después de la Ley de Prensa de 1966, la llamada Ley Fraga, que suprimió la censura previa, pero mantuvo las sanciones y los secuestros de publicaciones. Aludió a las dificultades que afrontaban entonces las mujeres en algunos ámbitos profesionales y en su vida cotidiana. Dejó un titular reivindicativo: "El periodismo se aprende en la calle".
| Amalia Sánchez Sampedro, en un viaje a Guinea Ecuatorial. En la foto aparecen los almerienses Checho Arias y Pedro Fernández Céspedes / Col. A. Torres |
La edición número 13 del Congreso
Internacional de Periodismo Manuel Alcántara reunió a una buena gavilla de
profesionales en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de
Málaga (UMA). Sánchez Sampedro (Mérida, 1950), autora de Pendientes de la noticia (2003), viajó y siguió de cerca a Suárez, Calvo Sotelo y
Felipe. Intervino en una mesa redonda bajo el epígrafe “50 años después…”, un
espacio de reflexión que compartió con los admirados y colegas como la docente Ruth
de Frutos, el maestro Juan Cruz y Eduardo Castro. El granadino Castro es una
de las figuras claves del ‘5 a las 5’, el histórico homenaje público
que se le rindió a García Lorca el 5 de junio de
1976, aquel primer gran homenaje popular al autor universal en boga de nuevo
con la exitosa La bola negra que hemos disfrutado con los Javis, Calvo y
Ambrosi. Otro de los grandes que estuvo en ese primer encuentro, gran homenaje popular
al autor de Bodas de sangre, con vigilancia de los censores, fue el añorado
alhameño Antonio Ramos Espejo, uno de los grandes periodistas y escritores con
mayúscula de la historia de Andalucía.
Junto a José Antonio Martínez Soler, pionero de la
televisión matinal, Amalia S. Sanpedro vendió desde el ámbito turístico y
gastronómico la fortaleza de Almería. Amalia se hizo popular por acudir a los
sitios de la noticia, aspecto muy diferente a la actualidad que por la pobreza
de medios apenas se sale de las redacciones. Varias generaciones la recuerdan
por los originales pendientes que luce ante las cámaras. El prologuista de su
libro es Felipe González, quien arranca el texto con mucha complicidad. Afirma
que ha disfrutado y sufrido con su trabajo de una mujer en la que había algo
más que la simple traslación de las cosas que oía o veía, porque no era de los
que miraban sin ver: “Durante años he sentido la mirada escrutadora de esta
periodista extremeña. Cuando actuaba de plumilla, cuando preparaba sus
reportajes para televisión o cuando participaba en las tertulias de la radio.
La he visto en los actos públicos, en las conferencias de prensa, en los viajes
al exterior. La he sentido mientras estaba en la oposición y cuando estaba en
el gobierno. Siempre discreta y tenaz, sin hurtar una sola cuestión y sin
deseos de protagonista”.
Fue la única mujer que cubría las noticias del Consejo
de Ministros de Franco desde 1973 y en los inicios de la democracia, una de las
pioneras de las información parlamentaria. “Éramos una docena de profesionales
que desgraciadamente han fallecido todos, salvo Miguel Ángel Aguilar”, comentó Amalia,
desde su casa en la costa de Vera: “Yo trabajaba desde 1972 en la cadena de
periódicos independientes Colpisa donde también influyeron los aires de cambio,
especialmente en la posibilidad llamar a las cosas por su nombre en lugar de
las filigranas semánticas y las metáforas que teníamos que utilizar para las
crónicas políticas durante el franquismo. Tras sufrir censura y
amenazas de cierre, al fin se inició el periodismo de investigación, la prensa
llamada de sociedad o Rosa y sobre todo los periodistas pudimos modificar y
modernizar aquel lenguaje disimulado y encorsetado para hacerlo más accesible
para los ciudadanos”. Sampedro presentó en enero de 1985 la segunda edición
del Telediario de TVE, junto a Carlos Herrero, vinculado con
la localidad almeriense de Cuevas del Almanzora, pero al poco tiempo, en
tiempos sin autocue o teleprónter, pidió dedicarse al periodismo de calle y fue
sustituida por la escritora Ángeles Caso. Cubrió las protestas de Tiananmen en
Pekín (1989). En su Pendientes de la noticia aparecen decenas de imágenes que
corroboran sus viajes. Tuve el privilegio de ser compañera suya cuando fue
directora territorial de Canal Sur Radio y Televisión en Madrid, o en las citas
anuales de encuentros anuales en casa Tadeo de Villaricos.
En la antigua Escuela de Periodismo, fue alumna del almeriense de Fiñana, Juan Aparicio, mandamás de la prensa franquista, a quien considera que fue buen profesor y simpático, siempre bromeando por su obsesión casamentera, comentó con buen sentido de humor. “Lo más importante”, rememora Amalia, “tras la muerte de Franco, es que terminó la censura y se consagró la libertad de prensa y de expresión. Pero no fue un camino fácil. Durante aquellos primeros años continuaron las amenazas, atentados, secuestros y cárcel para periodistas, tanto por parte de ETA como de la extrema derecha. No hay más que recordar los asesinatos etarras de José María Portell y José Luis López de la calle, el secuestro y simulacro de fusilamiento de Martínez Soler y la condena y encarcelamiento de Xavier Vinader, casos que viví muy de cerca porque eran colegas y sobre todo amigos”. “Fueron muy importantes la publicación de los semanarios Cambio 16 en 1971 y años más tarde Interviú (1976-2018), además de otros medios que ampliaron el espectro político y social de acuerdo a las nuevas normas de libertad de prensa reconocidas en el artículo 20 de la Constitución. Y muy particularmente la salida en mayo de 1976 del diario El País”. La periodista fue cofundadora de la agencia Colpisa con Manu Leguineche, Francisco Umbral, César Alonso de los Ríos y los andaluces José Oneto y Víctor Márquez Reviriego, todos referentes de la Transición periodística. Pocos conocen el papel relevante de esta periodista en el proceso de privatización de La Voz de Almería (1984) y las conversaciones que mantuvo, entre otros, con uno de los profesionales que modernizó los telediarios, José Luis Martínez, que apostó por entonces jóvenes Amalia y Carlos Herrera entre otros. El navarro Martínez es el histórico editor del periódico decano almeriense y persona muy estimada por los grandes comunicadores de antes y de ahora.








