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La humildad de un comandante de Turre para todos los tiempos

Antonio Torres
Periodista 

El comandante de Ingenieros Francisco Flores Alías (Huerta Llana, Turre, 1933) salió de Sierra Cabrera para abrirse un futuro. No olvidó de donde viene y mantiene un sentido común envidiable. Nunca dejó de seguir la actualidad de su provincia. Como ocurre ahora, la emigración fue el camino para salir de un entorno rural duro. “Mi infancia, mi vida, fue cuidar la tierra hasta los 20 años, ya en 1953. La finca donde nací, algo así como un oasis, en medio de un terreno árido. En el secano, había 12 cortijeros que vivían principalmente de la ganadería, alguno con más de cien reses tenía un pastor. A veces, hice de pastor en la finca, cuando éste iba a Turre en busca de médico, o a cortarse el pelo”. “Mi padre tenía una finca a medias. Huerto de naranjas, higueras, olivos, algarrobos, todas las hortalizas. El propietario de la finca, Fernando Domingo Simón, fue quien convenció a mi padre para que me fuera a Valencia, un profesional que fue director del antiguo Manicomio de Valencia, uno de los primeros centros psiquiátricos del mundo, fundado por el padre Jofré” (Juan Gilabert Jofré, Valencia, 1350-1417). “La hija de Fernando, María Jesús, heredó la finca. Posteriormente se vendió a dos alemanes…”.

Francisco Flores Alías / A. Torres

El Ministerio de Defensa, con la vista puesta en el Ejército del futuro y el “soldado robot”, cuenta en Cerro de la Mezquita, en Sierra Cabrera, en la zona donde nació Francisco, una torre gigante de secretos militares, red de espionaje, asunto de estrategia para la defensa del Reino de España, para combatir la guerra electrónica. Un gran secreto que crece en instalaciones sin hacer ruido. Como comandante del Ejército, ha vivido toda la modernización de la comunicación militar. Mucho antes del 5G, las comunicaciones a larga distancia dependían en España de unas edificaciones aisladas y diseminadas por montañas. Toda esa transformación manual, analógica a digital la vivió. “Estuve destinado en Madrid y en España se montó una red telefónica de comunicación para el ejército que no duró mucho. Se hicieron 22 centros de comunicación, cada uno tenía un nombre por ejemplo el de Palma de Mallorca el Puig Mayor, Sierra Espuña en Murcia y la Plana Mayor en Valencia. “Me encargaba de la comunicación entre Murcia, Palma de Mallorca y Valencia”. “El objetivo era acabar con la única dependencia de teléfonos con Telefónica de ámbito privado y tener un servicio propio que no dependiera de lo civil”. Esos centros tenían una habitación. Fui jefe del centro táctico número seis de El Toro (Castellón) en el cerro Vértice Salada a 1.588 metros de altura que monté. Tenía unos diez suboficiales y un alférez, junto a 50 o 60 hombres. El pueblo más cercano a 14 kilómetros. Los centros estaban intercomunicados a través de microondas porque no había líneas telefónicas. Hacíamos puentes móviles, tras inundaciones…Luego vino el teléfono con centralitas de cinco o seis kilómetros o de 300 metros…En el año, 2000 desapareció todo por el avance de la tecnología. Éramos la génesis de la actualidad, una fuerza de élite, convertida en la actualidad con mucho más medios en Unidad Militar de Emergencias (UME), como se ha demostrado en incendios y las sonadas inundaciones”. 

El trabajo solidario también formó parte de su actividad. “Recuerdo que con un centenar de picos y más de 300 palas hicimos trabajos durante la famosa Riada de Valencia de 1957, ayudando a las familias”. “En el regimiento mixto de Ingenieros número 3 de Valencia, estuvimos meses sacando barro. No te puedes imaginar cómo había calles con dos metros de barro y los márgenes del río Turia que se desbordó y acabó con gente humilde”. “Fuera del ámbito nacional, también se ayudó por otras inundaciones llevando puentes móviles a Túnez, entre otro material”. “Te digo al pie de la letra que los militares se entregan en lo humano y con equipos profesionales a ayudar como se demuestra en incendios, tragedias”.

Cuando murió Franco, Flores estaba al frente del mando del Centro Táctico número 6 de la Red Territorial de Mando en la Sierra de El Toro (Castellón). “Lo primero que hice fue ponerme a las órdenes de mis superiores que estaban en Valencia. Entonces era teniente y actualmente comandante”. 

Se enorgullece de ser hijo de agricultores de sol a sol, en tiempos de analfabetismo, pero ricos en palabra, como puede estar ocurriendo con los trabajadores que llegar a España con la ilusión de un proyecto de vida, huyendo del hambre y de la desigualdad. Su padre es José Flores Soler (Huerta Llana, Turre, 1885-1965), hermano de Andrés que fue alcalde de Los Gallardos en 1926. Tuvo contacto en Los Gallardos con sus tíos Andrés, Pura, Marcela, que se casó con Bonifacio y explotaron el molino de la Higuera, junto al río Aguas con los espectaculares ojos del puente Baquero.  Por supuesto con sus hijos como Dolores Flores Simón, madre de este periodista.

Desde siempre ha prestado especial atención “a mis hermanas María, la menor y Dolores Flores, la mayor, conocida popularmente por la Turronera, familia muy conocida de Los Gallardos, a toda la amplia familia como Bernabé, Francisco, José…”. “Mi padre me enseñó las cuatro reglas y sobre todo a ser una persona responsable.  Aparte de la finca, era el tasador de la producción de naranjas de doña Bernarda, la terrateniente de Cortijo Grande. “Venían a comprar naranjas José Galera y su cuñado Diego. Cuando cerraban el trato se estrechaban la mano y ya se había acabado. Todo sin mediar un papel. Doña Bernarda confió siempre en el buen ojo de mi padre para tasar las naranjas de los distintos huertos. Entonces se tasaba por cientos de piezas de naranja y no por kilogramos. Yo mismo llevé naranjas al almacén de Venta Lorquino (Alfaix) y recuerdo la carpintería para hacer las cajas que se enviaban a Valencia para la comercialización”.  En la zona hubo pequeños poblados mozárabes.

Francisco Flores se casó con Rafaela Aurelia Giménez Doménech (Ondara, Alicante, 1940). En la actualidad reside en la localidad castellonense de Vivel. Padre de seis hijos. El mayor es director de orquesta en Taiwan; el segundo delineante en Valencia; el tercero abogado, profesor de derecho constitucional en la Facultad de Derecho de Valencia; la cuarta es enfermera y trabaja en Muro de Alcoy y su marido profesor; el quinto tiene un establecimiento de venta de coches de alta gama en Villarreal y la pequeña estudió contabilidad y trabaja en el supermercado Consum.

Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-, Diario de Almería, que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluzas:




Acumulación masiva de residuos agrícolas

José Francisco Cano de la Vega
Coordinador provincial de Sumar

Almería se presenta desde hace décadas como un modelo de éxito agrícola. Su capacidad productiva, su potencia exportadora y su papel clave en el abastecimiento alimentario europeo son incuestionables. Pero hay una cara que ya no se puede ocultar, ni tampoco relativizar o minimizar: la acumulación masiva de residuos agrícolas que se extiende en el entorno de invernaderos, caminos rurales, ramblas y entornos urbanos.

Este no es un problema puntual ni una cuestión exclusivamente estética. Hablamos de un desafío ambiental, sanitario y social de primer orden que evidencia un fracaso colectivo en la gestión de los residuos derivados del modelo intensivo bajo plástico. Toneladas de plásticos, restos vegetales y materiales contaminantes se acumulan sin control suficiente, configurando vertederos ilegales y degradando espacios naturales y agrícolas.

Durante demasiado tiempo, las administraciones competentes han optado por mirar hacia otro lado o por aplicar soluciones parciales y claramente insuficientes. La Junta de Andalucía no ha ejercido el liderazgo que le corresponde en la planificación y ejecución de infraestructuras clave, ni tampoco en el control del cumplimiento de la normativa y en la denuncia de sus infracciones. Al mismo tiempo, muchos municipios -Níjar o El ejido son los dos casos más claros- se han limitado a mirar hacia otro lado, excusándose en lo que no podemos denominar de otra forma que una descarada irresponsabilización.

La consecuencia es evidente para quien quiera verlo: un territorio que sostiene buena parte de la economía agrícola europea no dispone aún de un sistema público, eficaz y dimensionado para gestionar sus propios residuos.

Pero, desde la coalición electoral que representa la unidad de la izquierda en Andalucía lo tenemos claro: este problema no se resuelve con declaraciones ocasionales forzadas por algunas situaciones de verdadero escándalo, sino con voluntad política, inversión pública y coordinación institucional real.


Por esa razón, nuestro programa electoral recoge tres propuestas concretas que creemos pueden ayudar de forma importante a solucionar este problema:

En primer lugar, proponemos la construcción por la Junta de Andalucía de una planta pública para la gestión de residuos agrícolas en nuestra provincia. No se trata solo de una infraestructura, sino de un cambio de modelo: garantizar que el tratamiento de residuos deje de depender de soluciones fragmentadas o insuficientes y pase a formar parte de una estrategia pública integral.

En segundo lugar, consideramos imprescindible el desarrollo de frecuentes campañas de sensibilización y asesoramiento, dirigidas tanto al sector agrícola como a la ciudadanía, con el objetivo de reducir la generación de residuos y mejorar su correcta segregación, especialmente en el entorno de los núcleos urbanos y zonas naturales. La corresponsabilidad es clave, pero debe ir acompañada de información, recursos y apoyo técnico.

Por último, proponemos diseñar y llevar a cabo un Plan Integral de Eliminación de Residuos Plásticos en las áreas más afectadas, que incluya actuaciones concretas y urgentes: limpieza de vertederos ilegales, recuperación de ramblas y regeneración de espacios degradados, en colaboración estrecha con la Diputación Provincial y los ayuntamientos.

Pero este plan no puede quedarse en el papel. Debe contar con financiación suficiente, plazos definidos y mecanismos de seguimiento que garanticen su cumplimiento.

Almería no puede seguir sosteniendo su crecimiento económico a costa de su territorio y de su medio ambiente. La competitividad del sector agrícola pasa también por su sostenibilidad, y eso exige afrontar de manera decidida y responsable el problema de los residuos agrícolas.

A la Junta de Andalucía le corresponde asumir su responsabilidad y liderar este proceso. Y los municipios necesitan liderazgo institucional, apoyo, recursos y coordinación para dejar de actuar a regañadientes frente a un problema estructural que tanto nos afecta a todos y todas.

De otra parte, la respuesta a un problema de tanta trascendencia para Almería no debería constituir una cuestión ideológica, sino de mero sentido común. O actuamos ahora con decisión, o seguiremos acumulando un problema que compromete no solo el presente, sino también el futuro de toda la provincia.

Almería merece soluciones reales. Y esas soluciones pasan por dejar de mirar hacia otro lado, como hasta ahora ha hecho la Junta liderada por Moreno Bonilla.

El “ico” de nuestras terminaciones es murciano, afirma Soler Visiedo

Antonio Torres
Periodista

Laudatio a Turre. Crónicas Periodisticas, del maestro  Francisco Soler Visiedo, conocido por Paco el Sacristán, un libro recomendable. Su nuevo trabajo abarca la docencia, el  habla, costumbrismo como los baños en las balsas, el consumo de chumbos, la desaparición de los viejos molinos harineros, o la de los últimos segadores que recorrían media España. Se ofrece una crónica de más de medio siglo, escrito por el conocimiento y pasión por su tierra. Son años de investigación, trabajando fuentes orales. Francisco Soler Visiedo (Turre, 1935), quien afirma: “Desde un tiempo a esta parte, estoy oyendo y leyendo bastante sobre el habla almeriense. Algo tenemos en común, pero no se puede comparar el habla de Turre, valga como ejemplo, con la de Adra o Dalías”. Para Soler lo que impera en el norte y levante de la provincia de Almería es la lengua traída por los murcianos, cristianos que no fueran del reino de Granada, dijo Felipe II, para la repoblación. El “ico” de nuestras terminaciones es murciano (aragonesísimo. Los aragoneses estuvieron en Murcia desde Jaime I hasta principios del siglo XIV. La repoblación en el Levante almeriense fue con murcianos. Como anécdota sirva que en Málaga hay un pueblo Istán, a cuyos habitantes les llaman `panochos´ murcianos”. El turrero convierte en protagonista a medio pueblo como actores de su propia historia, incluida la génesis de los primeros campos de fútbol, la rivalidad comarcal y con el dato de situar al equipo de Turre como uno de los más antiguos de la provincia. 

Juan Grima de Arráez Editores dijo: “Los materiales recogidos  en este libro no tienen precio. Prácticamente saca a relucir a todo el pueblo entre 1920 y 1980, convirtiendo a las gentes sencillas en protagonistas de la historia”. Damián Arturo Grima Cervantes, alcalde hasta hace unos días, sustituido por pacto municipal por José Visido, presente en la presentación del libro rememoró: “En 1996, celebramos el IV Centenario de la refundación del Turre actual  y acudimos  a Tal como somos, (el programa que murió de éxito de Canal Sur), y don Francisco se sometió a un montón de preguntas sobre la Historia de Turre, que debía acertar en su totalidad y que tenían como premio una dotación de 150.000 pesetas de las de entonces. Nuestro maestro ganó y las 150.000 pesetas las cedió por completo para restaurar la Ermita de La Carrasca, porque es un enamorado de Sierra Cabrera”.

Jóvenes turreros en 1950 / Francisco Soler Visiedo

Bajo la tutela de sus tíos Jacinto y Teresa y las enseñanzas de Francisco González Ruíz -maestro de amplios saberes y precisos consejos, inició por libre los estudios de bachillerato en el Instituto de Enseñanza Media de Almería. También guardó en el cabal de consejos de su padre que “la risa es una bebida que no deja resaca. El prólogo es del escritor e investigador con varias gavillas de libros a sus espalda como es José González Núñez, Pepe de Piedad. ”Cuando finalizaba la década de los años cuarenta, Paco sintió la vocación sacerdotal, aun cuando ninguno de los dos curas párrocos llegados a Turre durante esos años fueran ningún ejemplo para seguir. Seguramente, fue su primo hermano Pedro Álvarez Soler, el empático sorbeño que acabaría siendo doctor en derecho canónigo, magistrado y responsable de las singulares iglesias madrileñas del Espíritu Santo (perteneciente al Centro Superior de Investigaciones Científicas) y del Monasterio de la Encarnación, el espejo en el que quiso verse reflejado. No obstante, hay que decir que, junto a su indudable inquietud religiosa y firme voluntad de servicio a los demás, Paco también anhelaba la posibilidad de finalizar el bachillerato elemental de una manera más sosegada, como la que ofrecía el Seminario, sin los vaivenes a los que estaba sometido un alumno que bregaba con los estudios por la vía de la enseñanza libre”. “Tuvo claro que quería ser maestro: para enseñar a los niños a mirar el mundo, para educar tanto en la clase como en el patio. Al contrario de aquel mal guía que le había tocado en suerte en el Seminario, tuvo claro nada más iniciar sus estudios de Magisterio que todo lo que el niño no pueda comprender no merece ser enseñado y que es preferible explicar las cosas con claridad que dar lecciones innecesarias. Paco sabía que la felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace, y él quería ser maestro para sentirse dichoso”. “Paco pasó los años de su adolescencia y juventud en aquel Madrid, todavía de tranvías y serenos, de lecherías a ras de calle y tiendas de barrio. Durante los años de sus estudios de Magisterio en la capital, Paco se hospedó más de una vez en casa de la familia de Pedro Álvarez Soler, que vivía en un piso de la calle de la Bola, con balcones a la plaza de la Encarnación, propiedad de las monjas agustinas del Convento. Allí conoció a Arturo Medina, viudo de la inolvidable Celia Viñas, que se había trasladado a Madrid como catedrático de la recién creada Escuela Experimental y Nocturna de Magisterio. Arturo Medina, era un buen amigo de su primo y un visitante frecuente de aquella primitiva “casa de Almería en Madrid”. Se trata de un apasionado almeriense, excelente pedagogo y experto en literatura infantil, pero interesado en el teatro y en todas las facetas del arte, subraya el impagable prólogo. 

De sus artículos trascendieron el ámbito local o provincial y tuvieron eco a nivel nacional, como fue el caso del artículo escrito en el diario ABC al poco de su jubilación acerca del imperativo y distorsionante lenguaje que se había ido imponiendo en el ámbito educativo después de cada una de sus diferentes reformas. Sus palabras cargadas de crítica, pero llenas de un agudo sentido del humor, fueron recogidas por el premio Nobel de Literatura Camilo José Cela, por el genial dibujante y académico de la lengua Antonio Mingote y por los escritores Jaime Campmany y Alfonso Ussía. Francisco Soler, ha sido pregonero de las Fiestas Patronales de San Francisco y de la Semana Santa turrera. 

Cajamar cumple 60 años

Juan Folío
@opinionalmeria

Sesenta años han pasado desde que, en 1966, abriera sus puertas la primera oficina de lo que hoy es Cajamar Caja Rural. Nacía entonces como Caja Rural Provincial de Almería, con el propósito de atender las necesidades financieras del campo almeriense y de sus cooperativas.

Apenas un año después, en 1967, la entidad reformó sus Estatutos Sociales para permitir que, además de las cooperativas agrarias, los socios de estas pudieran integrarse directamente como personas físicas en la cooperativa de crédito. Aquella decisión amplió notablemente su base social y marcó el carácter inclusivo que todavía hoy define a Cajamar.

En 1968 obtuvo el título de ‘Caja Calificada’ del Ministerio de Economía y su inscripción en el Registro de Cooperativas de Crédito del Banco de España. Se convertía así en entidad colaboradora del Banco de Crédito Agrícola y comenzaba a canalizar crédito oficial hacia el sector primario, un papel clave en el desarrollo de la provincia en aquellos años.

La expansión fue rápida y sólida. Tras la apertura en la capital, en enero de 1969 se inauguró la oficina de Adra. Le siguieron Albox, Abla, Terque, Balanegra, Pulpí, El Ejido, Dalías, Berja, Canjáyar y Campohermoso. A finales de 1972, Cajamar ya contaba con 50 sucursales en la provincia de Almería.

En 1984 se consolidó como la mayor caja rural de España. Ese mismo año inició su salida de Almería con las primeras oficinas en la Región de Murcia. En 1990 llegó a Barcelona, y en los años siguientes fue sumando presencia en Cádiz (1990), Madrid (1992), Melilla (1996) y Ceuta (1998).En el año 2000 se produjo la fusión con Caja Rural de Málaga, un paso decisivo que dio lugar a Cajamar Caja Rural. A partir de ahí comenzó una verdadera expansión nacional: Comunidad Valenciana y Castilla y León (2003), Aragón y Castilla-La Mancha (2006), Baleares (2007), Cantabria (2008), Asturias (2009), Navarra y La Rioja (2010), Galicia (2011), Canarias (2013), Extremadura (2016) y País Vasco (2020). En 2025, con la apertura en San Sebastián, Cajamar se convirtió en la única cooperativa de crédito de España con presencia física en las 50 provincias y las dos ciudades autónomas.

En paralelo, la entidad fortaleció su estructura. En 2009 se constituyó el Grupo Cooperativo Cajamar y, en 2014, tras la creación del Banco de Crédito Social Cooperativo, pasó a ser considerada entidad significativa por su volumen de activos, quedando bajo la supervisión directa del Banco Central Europeo (BCE) a través del Mecanismo Único de Supervisión (MUS).

Sesenta años después de aquella primera oficina en Almería, Cajamar es mucho más que una entidad financiera. Es una historia de arraigo al territorio, de apoyo al campo y a las empresas, de crecimiento sostenible y de compromiso cooperativo. Una historia que nació en Almería y que hoy llega a todos los rincones de España.

Feliz 60 aniversario, Cajamar.