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Comer con argumentos

Ignacio Ortega
@opinionalmeria

Guardo en la memoria la comida de los años 60 con la que mi abuela despachaba el día: tortilla, potaje, hígado encebollado… Platos de pan, cuchara y silencio. Entonces nadie hablaba de cocina. Se comía. Y con eso bastaba. Aquella España íntima convivía con otra más cerrada, donde Fraga Iribarne entendió que el país abierto al turismo también podía servirse en bandeja. El “menú turístico” simplificó el mapa hasta hacerlo digerible: gazpacho, tortilla, arroz con leche… Lo mismo en Santander que en Chiclana o Soria. Comer empezó a explicarnos hacia fuera y a borrarnos por dentro.

Durante años ese “menú turístico” funcionó: restaurantes creciendo como setas, cocinas sin preguntas, platos que cumplían. Sin embargo, toda cocina que no evoluciona termina repitiéndose, y la repetición cansa. Así, alimentar dejó de ser suficiente.

Entonces los chefs comenzaron a cocinar con raíz y paisaje, y el plato habló de su origen: mar, tierra, aceite... Pero junto a esa cocina que recuperaba lo auténtico surgió otra que se desprendió de esa raíz. La cocina dejó de transmitir para convertirse en discurso, y el plato pasó de sustento a argumento.

Durante la pasada Semana Santa me senté a la mesa de un renombrado restaurante de Almería capital y me encontré con una interpretación del tomate almeriense: una esfera brillante, precisa, casi perfecta. Estalla en la boca y desaparece sin dejar rastro, mostrando que la precisión y la estética no siempre alimentan. Después un lomo de pescado de nuestra Lonja presentado como una lámina translúcida, apenas templada, acompañado de una emulsión mínima y tres puntos de color.

La precisión era indiscutible, la estética impecable, pero el plato pasó sin dejar poso, como si mar y huerta se disolvieran en un concepto.

No pude negar la creatividad pero, al terminar, salí del restaurante con una idea en la cabeza y el vacío en el cuerpo. Recordé los platos de mi abuela: el vapor del caldo que se alzaba como un abrazo, el pan recién cortado que crujía en las manos, y esa sencillez que colmaba más que cualquier artificio.

La cocina que nace de la vida no necesita justificarse. Huele a humo, a caldo, a casa. Se reconoce sin explicación. Como escribió José Saramago, “no es el artificio, sino la verdad caliente que cabe en un plato sencillo”. Y esa verdad, cuando falta, no hay discurso que la sustituya ni cuenta que la justifique.

Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria
Guías locales y de ciudades

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-, Diario de Almería, que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluza:




Las portadas de las cinco revistas semanales

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Ya están en los puntos de venta las revistas semanales. Cuatro de ellas (Lecturas¡Hola!Diez Minutos y Semana) salen los miércoles, mientras la revista Pronto se adelanta sobre sus compañeras y se pone a la venta los lunes. Estas son las portadas de esta semana:






TEN refuerza sus tardes con un magacín presentado por Alba Carrillo y Carlos Peguer

Tania Artajo
@opinionalmeria

La cadena TEN apuesta por renovar su franja vespertina con el estreno este lunes de El Sótano Club, un nuevo formato diario que combinará actualidad, humor y tendencias digitales. El espacio estará conducido por Alba Carrillo y Carlos Peguer, conocido por formar parte del popular dúo La Pija y La Quinqui.

El programa será presentado por Alba Carrillo y Carlos Peguer / Ten

La noticia, adelantada en primicia por la periodista Marta Riesco, confirma la clara intención del canal por consolidar una oferta sólida en las tardes. El Sótano Club se emitirá de lunes a viernes a partir de las 15:45 horas y contará con una duración aproximada de cuatro horas.

El programa seguirá la línea de magacín contemporáneo, combinando el análisis de la actualidad con secciones de entretenimiento y un marcado enfoque en las tendencias que dominan las redes sociales. Con esta propuesta, TEN busca conectar con una audiencia más joven sin renunciar al seguimiento informativo del día a día.

Este nuevo espacio llega tras la emisión en la cadena de formatos como Ni que fuéramos, Tentáculos y No somos nadie, todos ellos producidos por La Osa Producciones, que han contribuido a definir el tono desenfadado y de actualidad de su parrilla.

En esta ocasión, la producción correrá a cargo de Dollhouse, compañía especializada en el desarrollo de nuevos formatos y responsable de proyectos como Yu, No Te Pierdas Nada, el propio universo de La Pija y La Quinqui o Cuerpos Especiales. Su incorporación apunta a una apuesta por contenidos frescos, dinámicos y adaptados al consumo digital.

Con El Sótano Club, TEN refuerza su estrategia de programación en directo y en tira diaria, en un intento por hacerse un hueco en una franja altamente competitiva dentro de la televisión nacional.

Aparcados en el silencio

Ignacio Ortega
@opinionalmeria

Almería no es provincia para viejos. En los pliegues de la orografía almeriense, donde las noches son muros de silencio, los botones de teleasistencia de la Junta de Andalucía esperan una llamada que no siempre obtiene respuesta. Cada botón encendido es un gesto que a veces queda mudo, atrapado en la noche.

Servicio de teleasistencia de la Junta de Andalucía

Cuando uno de los más de 4.500 usuarios en grado III -entre los cerca de 18.000 personas mayores de 80 años- aprieta ese botón rojo que promete auxilio, debería ser una luz en la sombra, pero en Almería a menudo se convierte en una roca silenciosa. La precariedad técnica la coloca entre las provincias más vulnerables de Andalucía.

En un municipio de la provincia, el pasado mes de febrero, se dio el caso de una usuaria que sufrió una caída a las tres de la madrugada y pulsó su dispositivo. La respuesta tardó en llegar más de 12 minutos. El problema no fue la llamada, sino que la cobertura digital fragmentada convirtió la voz en murmullo y retrasó la activación de la ayuda. Pasó siete horas en el suelo hasta que una vecina la halló.

Y  este accidente no es un caso aislado en la provincia. En su Informe Anual de 2025, el Defensor del Pueblo Andaluz ha señalado que el sistema de acceso a la dependencia es una carrera de obstáculos -solicitud, valoración, propuesta de PIA y resolución final- que actúa como una barrera para los mayores más vulnerables.

La provincia de Almería atiende a miles de titulares del servicio de teleasistencia, en su mayoría personas mayores de 80 años, muchas de ellas viviendo solas. Cada llamada no respondida, cada botón silencioso, es un recordatorio del riesgo que implica una cobertura dispersa, una burocracia lenta y una digitalización incompleta. Distintos colectivos profesionales y sindicales vienen alertando además de episodios de saturación y picos de llamadas que ponen a prueba la capacidad de las centrales.

Recorrer la abrupta geografía almeriense es adentrarse en senderos que exigen atención y memoria del territorio. La teleasistencia no puede reducirse a un sistema centralizado que opera a distancia y desconoce estas rutas, sino ser una voz capaz de adaptarse a cualquier persona en situación de dependencia o riesgo y a cada noche que amenaza con devorar la esperanza.

Mientras las organizaciones sociales luchan por cerrar la brecha digital y emocional, los mayores siguen “aparcados en el silencio”, esperando un hilo de voz que cruce la noche. Este servicio público debería ser el cristal que refleja cuidado y compañía, pero hasta que se reconozca la geografía humana y digital de Almería, esta provincia seguirá siendo un botón encendido, pero mudo bajo el cielo de Almería.