Una de las noticias financieras más relevantes de
este verano ha sido, sin duda, el anuncio de la entrada del grupo francés
Crédit Agricole en el capital del Banco de Crédito Social Cooperativo (BCC), la
entidad cabecera del Grupo Cajamar. La operación tiene una evidente dimensión
estratégica y constituye un reconocimiento internacional al modelo de negocio
construido durante las últimas décadas por la entidad nacida en Almería.
Crédit Agricole, considerado el mayor banco
cooperativo del mundo, adquirirá el 9,9 % del capital de BCC mediante una
ampliación de capital de 150 millones de euros. La operación reforzará los
recursos propios y la solvencia del Grupo Cajamar, al tiempo que permitirá
mantener plenamente el control de la entidad, ya que Cajamar seguirá siendo
propietaria del 82 % del banco cabecera.
Más allá de la aportación económica, el acuerdo
supone la incorporación de un socio internacional de primer nivel que permitirá
ampliar la oferta de productos financieros y acelerar el crecimiento del grupo.
No se trata de una venta ni de una pérdida de control, sino de una alianza
entre dos entidades cooperativas que comparten una visión de banca cercana al
territorio, especializada y con vocación de largo plazo.
En una entrevista concedida al diario Expansión,
el consejero delegado de BCC, Manuel Yebra, explica con claridad el sentido
estratégico de esta operación. Según relata, el objetivo era encontrar un socio
cooperativo de dimensión internacional que ayudara a Cajamar a seguir
creciendo, especialmente para acompañar a las empresas españolas en sus
procesos de internacionalización, con especial atención al sector
agroalimentario, donde la entidad es uno de los grandes referentes nacionales.
La elección de Crédit Agricole responde tanto a su
enorme dimensión internacional como a su interés por desarrollar banca
minorista en España. El banco francés aportará conocimiento y experiencia en
áreas como la gestión de activos, el factoring internacional, el renting de
vehículos y el leasing mobiliario, convirtiéndose en proveedor preferente de
Cajamar en estos negocios.
Yebra también deja claro que la participación del
9,9 % no está pensada para incrementarse. Esa cifra satisface los intereses de
ambas partes y permite construir una relación estable sin alterar el equilibrio
accionarial. Cajamar conserva el control absoluto del proyecto mientras
incorpora un aliado estratégico para afrontar una nueva etapa de crecimiento.
La entrevista ofrece además una radiografía muy
significativa de la fortaleza actual del Grupo Cajamar. La entidad financia
desde pequeñas explotaciones agrícolas hasta grandes compañías del Ibex 35,
manteniendo un liderazgo especialmente sólido en el sector agroalimentario y
creciendo con intensidad en la financiación del sector hotelero. Dispone además
de una cartera hipotecaria cercana a los 15.000 millones de euros y prevé
volver a superar en 2026 los beneficios récord obtenidos el año anterior.
Otro aspecto destacable es la apuesta decidida por
el empleo y la cercanía al cliente. Mientras buena parte del sector bancario
continúa reduciendo oficinas y plantillas, Cajamar mantiene una estrategia
completamente distinta. Este año incorporará alrededor de 300 nuevos
profesionales, muchos de ellos destinados precisamente a la red comercial.
Incluso la irrupción de la inteligencia artificial es contemplada como una
herramienta para aumentar la productividad y mejorar el servicio, no para
sustituir trabajadores.
Especialmente significativo resulta el dato que
Manuel Yebra aporta sobre la implantación territorial de la entidad. En
Almería, Cajamar alcanza una cuota del 50 % de los depósitos, una cifra
extraordinaria que refleja hasta qué punto la sociedad almeriense identifica a
la caja con su propio desarrollo económico. Pocas entidades financieras pueden
presumir de un liderazgo tan rotundo en su provincia de origen. A ello se
añaden cuotas igualmente muy relevantes del 25 % en Castellón y del 20 % en
Murcia, mientras el grupo continúa expandiéndose en mercados como Madrid,
Barcelona, Galicia y Aragón mediante la apertura de nuevas oficinas.
Ese 50 % de cuota en depósitos constituye
probablemente el mejor indicador de la confianza que durante décadas han
depositado los almerienses en Cajamar. No es simplemente una cifra de mercado.
Es el reflejo de una relación construida sobre la proximidad, el conocimiento
del tejido empresarial y la capacidad para acompañar el crecimiento de miles de
agricultores, cooperativas, pymes, empresas exportadoras y familias.
La alianza con Crédit Agricole llega precisamente
para fortalecer ese modelo, no para sustituirlo. La entidad almeriense gana
músculo financiero, amplía su capacidad tecnológica y comercial y accede al
conocimiento de uno de los mayores grupos financieros europeos, preservando al
mismo tiempo su identidad cooperativa y su arraigo territorial.
Durante décadas, Cajamar ha demostrado que desde
Almería también pueden construirse grandes proyectos financieros de dimensión
nacional. Hoy es el noveno grupo bancario español por volumen de activos y
continúa creciendo sin renunciar a los principios cooperativos que inspiraron
su nacimiento.
La operación con Crédit Agricole constituye, probablemente, uno de los movimientos estratégicos más importantes de la historia reciente del Grupo Cajamar. Y confirma que una entidad cuya provincia de origen le confía la mitad de sus depósitos sigue siendo capaz de atraer a algunos de los mayores grupos financieros de Europa para construir conjuntamente el futuro.













