La
polémica en torno a la periodista Silvia Guerra, enviada de TVE a Irán, por
aparecer con hiyab en sus directos dice más del ruido de las redes que de la
realidad sobre el terreno. Conviene recordar un hecho básico: en Irán sigue
vigente la obligación legal de que las mujeres cubran su cabello en espacios
públicos, aunque su cumplimiento sea hoy irregular y muchas iraníes la
desafíen.
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| Una retransmisión de Silvia Guerra mientras aparece tras ella una mujer sin velo / RTVE Play |
En
ese contexto, exigir a una corresponsal extranjera que prescinda del velo no
parece un acto de valentía, sino una petición poco realista. Su función no es
protagonizar la noticia, sino contarla. Y para poder hacerlo necesita
permanecer en el país, moverse con cierta seguridad y evitar situaciones que
puedan derivar en su expulsión.
Las
imágenes de mujeres sin velo al fondo de alguna conexión no invalidan esta
postura; al contrario, reflejan la complejidad de un país donde la ley convive
con su transgresión. Precisamente por esa incertidumbre, resulta razonable que
una periodista opte por cumplir la normativa formal.
Profesionales
del sector han salido en su defensa. Ana Pastor lo resumía con claridad: “La
ley es la ley… Es una extranjera en un país en guerra; no me parece loco que no
quiera dar razones para que la expulsen”. Es una reflexión que apela al sentido
común y a la responsabilidad.
Defender la decisión de Silvia Guerra no implica ignorar la lucha de muchas mujeres iraníes, sino entender que el papel de una corresponsal es otro: garantizar que esa realidad llegue al resto del mundo. Y para eso, a veces, informar también exige adaptarse.














