La emisión de la serie documental La Más Grande, en Movistar Plus+, ha reabierto uno de esos debates que parecen imposibles de cerrar cuando se trata de Rocío Jurado. No por la calidad del documental ni por el enfoque elegido, sino por el origen de los textos que sirven de hilo conductor a los cuatro capítulos: unas reflexiones manuscritas que, según Rocío Carrasco, su madre escribió durante años y que le entregó personalmente para que las leyera "cuando estuviera bien".
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| Diario ABC |
La controversia no ha tardado en estallar. La familia mediática de la cantante se ha apresurado a negar la existencia de esos escritos. La frase más repetida estos días rescata una vieja sentencia de Amador Mohedano, quien durante años sostuvo que su hermana no escribía nada "excepto el relleno de cheques". Un argumento que ha vuelto a convertirse en munición para desacreditar el relato que plantea el documental.
Sin embargo, el problema de esta polémica es que la hemeroteca existe. Y suele tener muy buena memoria.
José Ortega Cano protagonizó uno de los episodios más llamativos de esta discusión. En un primer momento aseguró conocer perfectamente esos escritos y dio a entender que sabía de su existencia. Horas después rectificó y afirmó que todo había sido una broma, desdiciéndose a sí mismo. Un giro que, lejos de aclarar el asunto, terminó alimentando todavía más las dudas.
Mientras tanto, Rocío Carrasco ha explicado con detalle el origen de esos papeles. Según ha relatado a Informalia, fue la propia Rocío Jurado quien le entregó un sobre con fotografías de Pedro Carrasco y unos escritos para que los leyera cuando llegara el momento adecuado. Durante años permanecieron guardados hasta que, preparando el documental, aparecieron de nuevo entre unas cajas. Fue entonces cuando decidió que fuera la propia voz de su madre, a través de aquellas reflexiones, la que narrara su historia. No habla de un diario, sino de una recopilación de textos personales.
Lo más curioso es que, frente a quienes hoy sostienen que Rocío Jurado nunca escribió, existe una entrevista concedida por la artista al diario ABC en mayo de 2003, apenas un año antes de que se le diagnosticara la enfermedad. En ella no deja espacio para interpretaciones. Reconoce abiertamente que escribía para sí misma: reflexiones, poemas, letras flamencas, sonetos y pensamientos breves que necesitaba plasmar porque le hacían bien. Incluso afirmaba que algunas de esas páginas ya las habían leído personas de su máxima confianza: su hermano Amador, su hermana Gloria, alguna amiga y el propio José Ortega Cano.
Es decir, la propia Rocío Jurado desmiente, con sus propias palabras, la versión que hoy mantienen algunos de quienes entonces conocían la existencia de esos escritos. Resulta difícil sostener que nunca escribió cuando fue ella quien explicó públicamente que lo hacía y que, además, compartía esos textos con su círculo más íntimo.
La polémica, en realidad, va mucho más allá de unos folios manuscritos. Refleja hasta qué punto el legado de Rocío Jurado sigue siendo un territorio en disputa, donde cada documento, cada recuerdo y cada testimonio se interpreta en función del lado desde el que se contemple.
Pero hay algo que permanece inalterable: la fuerza de la hemeroteca. Porque las declaraciones cambian, las versiones evolucionan y las estrategias familiares se adaptan a cada momento. Lo que no cambia es lo que Rocío Jurado dijo cuando nadie discutía todavía la existencia de aquellas reflexiones: que escribía, que lo necesitaba y que, si algún día ella faltaba, allí estaba "absolutamente todo".
Quizá, después de tantos años de debates sobre quién tiene la razón, convenga escuchar precisamente a la única persona que podía responder a esta pregunta. Y esa persona fue Rocío Jurado.








