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Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es La Voz de Almería, que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es Ideal, el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-, Diario de Almería, que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluzas:




El trasfondo del acoso a Televisión Española

Emilio Ruiz
@opinionalmeria

En las últimas semanas se ha intensificado una ofensiva política, mediática e incluso corporativa contra Radiotelevisión Española (RTVE). No se trata de episodios aislados ni de críticas puntuales, sino de una acumulación de frentes que apuntan en una misma dirección: erosionar la credibilidad de la radiotelevisión pública estatal.

RTVE

Ahí están, por un lado, los discursos de “motosierra” procedentes de determinados sectores políticos que abogan directamente por el desmantelamiento o debilitamiento de lo público. Por otro, la comisión de investigación impulsada en el Senado, que introduce un componente de presión institucional difícil de ignorar. A esto se suma la actitud de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), cuya posición ha sido percibida por algunos como alineada con ese clima de cuestionamiento, y también la del propio Consejo de Informativos de RTVE, cuyas intervenciones, aunque legítimas en su función de vigilancia interna, contribuyen a proyectar una imagen de conflicto permanente.

Analizados por separado, cada uno de estos elementos podría interpretarse como parte del funcionamiento normal de una democracia plural. Sin embargo, en conjunto configuran un patrón que invita a preguntarse si existe un trasfondo más profundo. Ese trasfondo, probablemente, no se encuentra únicamente en la política, sino en la economía.

El sector audiovisual español atraviesa un momento de transformación estructural. Tal y como reflejan los datos del bienio 2024-2025, el modelo tradicional basado en la publicidad muestra claros signos de desgaste. Las grandes cadenas privadas han visto deteriorarse sus resultados en un contexto de caída del mercado publicitario y fragmentación de audiencias.

En ese escenario, la evolución de RTVE resulta particularmente significativa. Mientras las privadas sufren, la corporación pública ha mejorado tanto sus cuentas como su audiencia. Ha pasado de pérdidas a beneficios -de 12,8 millones negativos en 2024 a 55,7 millones positivos en 2025- y, al mismo tiempo, ha reforzado su presencia en pantalla, con La 1 alcanzando su mejor cuota en más de una década. El contraste es evidente. Y, en un mercado donde cada punto de audiencia se traduce en ingresos -o en su pérdida-, también es profundamente incómodo.

El análisis publicado por El Plural lo expone con claridad: en apenas un año, las dos grandes cadenas privadas han visto reducirse de forma significativa sus resultados, en un ajuste conjunto cercano a los 127 millones de euros. Aunque en el caso de Atresmedia parte de esa caída responde a factores extraordinarios, la tendencia de fondo es innegable. Más aún en el caso de Mediaset España, cuyo negocio televisivo ha sufrido un deterioro mucho más acusado.

A esto se suman los datos más recientes. En el primer trimestre de 2026, Atresmedia ha comunicado una caída del 2,4% en ingresos netos, un retroceso del 11,7% en el resultado bruto de explotación, una bajada del 12,8% en el resultado de explotación y un descenso del 16,6% en el beneficio neto. Son cifras oficiales que reflejan un contexto de creciente dificultad. En paralelo, el mercado publicitario televisivo continúa contrayéndose. Es decir, hay menos dinero a repartir y más competencia por captarlo.

En este contexto, el crecimiento de RTVE -aunque limitado en términos publicitarios por su propio modelo- introduce un factor adicional de presión. Cada espectador que gana la televisión pública es un espectador que deja de estar disponible para las privadas. Y cada décima de audiencia que se desplaza altera un equilibrio económico ya de por sí frágil.

No es casualidad, por tanto, que se haya intensificado el discurso crítico hacia el modelo de financiación de RTVE, especialmente en lo relativo a patrocinios y otras fórmulas comerciales. Las cadenas privadas, a través de sus organizaciones, sostienen que la corporación compite en un mercado ya saturado. RTVE, por su parte, defiende que su papel responde a una lógica de servicio público y que su impacto en el mercado es limitado.

Pero más allá del debate técnico, lo que aflora es una tensión estructural: la coexistencia entre un operador público que mejora resultados y operadores privados que ven deteriorarse su negocio. Ese es, probablemente, el verdadero trasfondo del actual clima de hostilidad. No se trata solo de ideología ni de discrepancias editoriales. Se trata, en buena medida, de audiencias, de ingresos y de supervivencia en un mercado en transformación. Y en ese contexto, RTVE se ha convertido en un actor incómodo.

Almería no puede esperar más: la conexión como clave de futuro

María del Mar Vázquez
Alcaldesa de Almería

En el Partido Popular estamos insistiendo en esta campaña en que la falta de infraestructuras modernas frena el enorme potencial de Almería, una provincia pujante y decisiva para Andalucía, España y Europa. Por eso estamos alzando la voz para reclamar, con datos y argumentos sólidos, lo que Almería se merece y necesita de manera urgente: unas comunicaciones dignas del siglo XXI. No se trata de una mera reivindicación localista, sino de una cuestión de justicia territorial y de inteligencia económica para el conjunto de Andalucía y España. Almería es una potencia económica. 

Nuestros agricultores, los verdaderos protagonistas de la llamada ‘huerta de Europa’, alimentan a más de 500 millones de personas y facturaron la pasada campaña 3.700 millones de euros. Casi 800.000 almerienses, en una provincia que sigue creciendo demográficamente a un ritmo de los más altos de Andalucía, trabajamos cada día para sostener este motor económico. Sin embargo, ese gran esfuerzo choca contra un muro infranqueable: el aislamiento. Es un freno inaceptable que lastra nuestra competitividad, encarece nuestros productos y perjudica seriamente a nuestro sector turístico. 

En Almería venimos hablando de la integración ferroviaria desde 1998. Y es justo reconocer la inversión estatal en las obras de soterramiento, una obra en la que este Ayuntamiento y la Junta de Andalucía también están invirtiendo. Pero, tras décadas de promesas, seguimos sin una fecha clara para la llegada del ansiado tren de alta velocidad. Es más, nuestras conexiones actuales son incluso peores que hace años: un tren a Granada tarda casi el doble que un coche. 

Esa es la foto perfecta de la desigualdad territorial. Exigimos conocer ya las conclusiones del estudio de viabilidad para acortar esos tiempos. Necesitamos certezas y diligencia, no más informes olvidados en un cajón. La situación aérea es igual de sangrante. Los precios disparatados de los vuelos desde nuestro aeropuerto son un factor limitante al crecimiento. Es incomprensible que el Gobierno no autorice, como ha hecho con Badajoz, la consideración de servicio público para la ruta Almería-Madrid. ¿Acaso los ciudadanos de Almería merecemos menos que los de otras regiones? 

Esta discriminación ahonda la brecha y nos impide conectar con Europa y el mundo en igualdad de condiciones. Pero hay más. La antigua estación de ferrocarril, un edificio emblemático y hermoso, lleva años esperando a ser devuelta a la ciudadanía. Tenemos un proyecto para convertirla en un espacio cultural de encuentro, pero desde el Ministerio de Transportes siguen sin concedernos la cita para discutirlo. Mientras, vemos cómo en otras ciudades como Lebrija esto ya es una realidad. 

De nuevo, la pregunta es: ¿por qué aquí no? Y junto a la estación, los terrenos liberados por el soterramiento, 145.000 m² en pleno centro, representan una oportunidad histórica para Almería. Antes de que el Gobierno decida su futuro unilateralmente, debe sentarse con nosotros. Juntos podemos planificar un espacio con viviendas, zonas verdes y equipamientos que la ciudad necesita. El beneficio debe ser para los almerienses. Almería ha demostrado su capacidad de esfuerzo, su potencial y su resiliencia. Por eso pedimos inversión estratégica y equidad. Que las infraestructuras dejen de ser un lastre y se conviertan, por fin, en la palanca de progreso que merecemos. El futuro de Almería, y una parte importante del futuro de Andalucía España, no puede seguir esperando en un andén sin hora de salida. Seguimos trabajando.

Vergüenza ajena

José María Martín
Subdelegado del Gobierno en Almería
Secretario General del PSOE de Almería

Las obras de la plataforma de alta velocidad en la provincia de Almería se encuentran ya en su fase final, con un grado de ejecución cercano al 90%. Como todo el mundo puede entender, esta realidad no habría sido posible si el Gobierno de Pedro Sánchez y quien ha sido vicepresidenta y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, no hubiesen priorizado las inversiones en esta infraestructura ferroviaria tras dos legislaturas en las que el Partido Popular no puso ni un solo ladrillo ni invirtió un solo euro, salvo para tapiar los túneles de Sorbas construidos en la etapa del presidente Zapatero. 

Por eso llama tanto la atención que ahora el Partido Popular hable del AVE en los términos en los que lo hace y con las exigencias que plantea, cuando ni siquiera alzó la voz en aquellos tristes años de los gobiernos de Rajoy para Almería, en los que los ejercicios de trilerismo político estaban a la orden del día. Que si las tortugas, que si tramos terminados en mitad de la nada, que si Juan, que si Pepe… 

El caso es que la retahíla de excusas para no continuar las obras que había dejado en ejecución el Gobierno socialista, impulsadas desde el Ministerio de Fomento por el almeriense Jesús Miranda Hita, parecía no tener fin. Que Feijóo o Moreno Bonilla vengan ahora a hablar del AVE en Almería en plena campaña electoral provoca un estupor que roza la vergüenza ajena. 

Hay que tener muy poca memoria para olvidar el daño que causó a esta provincia la paralización de las obras por parte del PP y presentarse ahora como garantes de su puesta en marcha. Porque, si hubiesen hecho su trabajo y no se hubieran dedicado a engañar a los almerienses, el AVE ya estaría circulando por el Corredor Mediterráneo. 

Puestos a decir algo, podrían haber pedido perdón en lugar de hacer el ridículo de esa manera. En la actualidad, los 17 tramos en los que están divididas las obras están finalizados o en construcción, y se avanza en el despliegue de vías, equipos y sistemas que se tenderán sobre la plataforma. Estos avances consolidan el objetivo de que Almería cuente con alta velocidad al finalizar la legislatura. 

La línea ferroviaria entre Almería y Murcia, de 200 kilómetros de longitud, cuenta con una inversión de 3.600 millones de euros. Existen pocos proyectos en España, no solo en el ámbito del transporte, sino en general, que hayan recibido en estos últimos años tanto impulso económico y político del Gobierno de España como este.

Las incoherencias de Makoke en '¡De Viernes!'

Nuria Torrente
@opinionalmeria

La última intervención televisiva de Makoke en ¡De Viernes! deja más preguntas que respuestas y, sobre todo, evidencia un cambio significativo en el tono de su discurso. Apenas una semana después de sus contundentes declaraciones, la colaboradora ha optado por rebajar el nivel de sus acusaciones, coincidiendo con el anuncio de Kiko Matamoros de emprender acciones judiciales. Una rectificación que, aunque no explícita, resulta difícil no interpretar como una estrategia para evitar consecuencias legales.

Makoke, en '¡De Viernes!' / Telecinco

Este giro plantea dudas sobre la solidez de las afirmaciones vertidas anteriormente. Cuando una figura pública modula su relato en función de posibles repercusiones judiciales, el espectador no solo percibe cautela, sino también cierta fragilidad en la firmeza de lo defendido previamente.

Pero más allá de este evidente repliegue, lo verdaderamente llamativo de la intervención de Makoke fueron las contradicciones en las que incurrió al abordar la situación de su actual pareja. En su discurso, apeló insistentemente a la presunción de inocencia de su prometido, acusado de malos tratos por su exmujer. Una postura legítima en cualquier Estado de derecho, pero que contrasta de forma notable con su actitud en casos mediáticos anteriores.

Resulta inevitable recordar cómo Makoke se posicionó en su momento ante testimonios como los de Rocío Carrasco o Mar Flores. En aquellas ocasiones, la empatía brilló por su ausencia y su discurso se alineó más con la duda o el cuestionamiento que con la comprensión hacia las denunciantes. Sin embargo, ahora adopta una postura diametralmente opuesta, reclamando prudencia, respeto y garantías para su pareja.

Esta dualidad no solo evidencia una falta de coherencia discursiva, sino que también reabre el debate sobre el uso interesado de principios fundamentales como la presunción de inocencia. Defenderla selectivamente, en función de los vínculos personales, debilita su valor y transmite un mensaje preocupante a la opinión pública.