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Anna Gurguí habla alto y claro sobre la situación de la televisión

Emilio Ruiz
@opinionalmeria

Anna Gurguí, escritora y comunicadora, es, pese a su juventud, una persona muy familiar en los hogares españoles. Su trayectoria profesional se ha consolidado como una voz especializada en el análisis del mundo del corazón y del fenómeno influencer, abordando la actualidad con una mirada crítica, rigurosa y cercana que busca generar reflexión y debate más allá del titular.

Anna Gurguí / Loa

Anna inició su trayectoria televisiva en Ten, primero como colaboradora en Tentáculos y posteriormente en No Somos Nadie. Actualmente colabora, entre otros programas, en D Corazón (La 1 de RTVE), L'Altaveu (La 2 Catalunya) y Bon Dia i Bona Sort, de Ràdio 4 (RNE).

A lo largo de su carrera ha destapado y analizado historias que han marcado la conversación social y mediática en España, defendiendo una forma de entender la información del entretenimiento que va más allá del simple salseo: utilizando la actualidad de los personajes públicos para abrir conversaciones sobre comunicación, redes sociales, igualdad, influencia, reputación y los cambios sociales que reflejan nuestras figuras mediáticas.

Compagina su labor en los medios con la representación internacional de autores y la negociación de derechos editoriales a través de su agencia literaria, manteniendo un vínculo constante entre el mundo editorial y el de la comunicación.

La Opinión de Almería ha hablado largo y tendido con Anna Gurguí.

Pregunta: El declive de Telecinco comenzó con la ruptura del “mundo Sálvame”. ¿Consideras que hay una causa-efecto?

Respuesta: Creo que sí existe una relación, aunque sería simplificar demasiado decir que toda la crisis de Telecinco se explica únicamente por el final de Sálvame. Han coincidido muchos factores: el cambio en los hábitos de consumo, el auge de las plataformas y las redes sociales y una mayor fragmentación de la audiencia. Pero sí creo que Sálvame era mucho más que un programa. Era una marca, una forma de entender la televisión y una identidad muy reconocible para Telecinco. Durante más de una década, la cadena y el programa fueron prácticamente inseparables. El problema llegó cuando Telecinco quiso romper con ese pasado sin construir una identidad nueva y diferenciada. El espectador percibió que se renunciaba a una etapa mientras, al mismo tiempo, se seguían utilizando muchas de sus dinámicas, personajes y temas. Esa contradicción acabó generando desconcierto. Creo que la audiencia no rechaza los cambios; lo que rechaza son las incoherencias. Si apuestas por un nuevo modelo, tienes que hacerlo hasta el final. Y si decides mantener la esencia de un formato, también debes asumirlo con naturalidad. Al final, el espectador tiene memoria y detecta rápidamente cuándo un cambio responde a una convicción y cuándo parece una estrategia. Y creo que ahí Telecinco perdió parte de la confianza de su público. Ahora bien, también creo que la cadena tiene capacidad para reinventarse. La televisión siempre evoluciona y ninguna marca está condenada para siempre. Pero esa reinvención pasa por tener una identidad clara, ser coherente con ella y, sobre todo, respetar la inteligencia del espectador. 

"Telecinco sigue recurriendo a los mismos personajes, a las mismas dinámicas y a temas que, en mi opinión, fomentan la confrontación y la violencia mediática"

P: Telecinco ha llegado a situarse en audiencias medias diarias del entorno del 6 %. ¿Por qué les está resultando tan difícil superar esta crisis?

R: Creo que Telecinco era Sálvame y Sálvame era Telecinco. Fueron muchos años construyendo una identidad muy reconocible y, como ocurre en cualquier ruptura, después llega un periodo de crisis. En mi opinión, eso es exactamente lo que le ha pasado a la cadena. El problema es que intentaron marcar distancias con Sálvame y presentarse como una televisión más blanca y familiar, pero después hemos visto que, en muchas ocasiones, eso no se ha reflejado en los contenidos. Siguen recurriendo a los mismos personajes, a las mismas dinámicas y a temas que, en mi opinión, fomentan la confrontación y la violencia mediática. Da la sensación de que quisieron borrar una parte de su historia, pero al mismo tiempo continúan utilizándola. Ahí están temas como el de Rocío Carrasco o el regreso de un formato que recuerda claramente al universo de Sálvame con su nueva apuesta diaria. Eso genera una contradicción que el espectador percibe. Y creo que ahí está una de las claves: el espectador ya no es ingenuo. Tiene memoria, conoce la hemeroteca y detecta rápidamente las incoherencias. No puedes subestimar a la audiencia porque, cuando siente que le están vendiendo un relato que no se corresponde con la realidad, acaba dándote la espalda. Y creo que eso es, precisamente, lo que está ocurriendo. Además, tengo la sensación de que a Telecinco le ha faltado valentía para reinventarse de verdad. Seguimos viendo a muchos de los mismos colaboradores, los mismos personajes y unas tramas muy repetitivas, donde todos parecen tener siempre la gran exclusiva. Al final, cuando la fórmula se repite una y otra vez, termina desgastándose y pierde credibilidad.

"El gran acierto de D Corazón: ha sido evolucionar sin renunciar a su identidad y demostrar que la televisión tradicional sigue teniendo mucho que ofrecer cuando sabe adaptarse a los nuevos tiempos"

P: D Corazón, programa en el que colaboras, es un ejemplo de programa que ha sabido reinventarse, pasando de audiencias del 5-6% a conseguir este mismo domingo un 13%. ¿Qué valoración haces de este cambio?

R: Creo que D Corazón ha demostrado que sí es posible reinventarse cuando existe una estrategia clara y se escucha al espectador. El programa ha sabido evolucionar sin perder su esencia. Sigue siendo un espacio de crónica social, pero con un enfoque más cercano, más dinámico y mucho más conectado con la actualidad. También creo que ha entendido algo fundamental: hoy la televisión ya no compite solo con otras cadenas, sino también con las redes sociales. Por eso es tan importante aportar contexto, análisis y conversación, no limitarse a contar una noticia que el espectador probablemente ya ha visto en su móvil. Los datos hablan por sí solos. Pasar de audiencias del 5 o 6 % a superar el 12 % demuestra que, cuando se hacen cambios con coherencia y se apuesta por un equipo comprometido, los resultados llegan. Pero, más allá de las cifras, lo que más valoro es que el programa ha conseguido la confianza del espectador. Y eso es mucho más difícil que conseguir un buen dato un fin de semana. La audiencia vuelve cuando siente que encuentra un producto en el que se reconoce, que la entretiene y que la respeta. Creo que ese ha sido el gran acierto de D Corazón: evolucionar sin renunciar a su identidad y demostrar que la televisión tradicional sigue teniendo mucho que ofrecer cuando sabe adaptarse a los nuevos tiempos. Y, si tuviera que resumir el éxito del programa en una imagen, sería la de Anne Igartiburu y Javi de Hoyos compartiendo plató. Anne representa la credibilidad, la cercanía y esa televisión que forma parte de la vida de los espectadores desde hace décadas; es sinónimo de casa para muchísimas personas. Javi, por su parte, aporta el pulso de la actualidad digital, el lenguaje de las redes sociales y la conexión con las nuevas generaciones. Esa combinación entre la experiencia y la inmediatez, entre la televisión de siempre y las nuevas formas de consumir información, resume a la perfección el camino que ha seguido D Corazón para volver a conectar con la audiencia. 

"El periodismo del corazón tiene mucho futuro, pero solo si entiende que el público ya no busca únicamente saber qué ha pasado. También quiere contexto, análisis, criterio y la sensación de que quien se lo cuenta no tiene un interés oculto, sino un compromiso con la verdad"

P: Parece obvio que el espectador actual de los programas del corazón desea un tratamiento distinto del que se hacía en los años noventa. ¿Qué valoración haces de este cambio?

R: Creo que el gran cambio es que el espectador ya no se deja engañar. Hoy tiene acceso a muchísima información, contrasta versiones, consulta las redes sociales y conoce la hemeroteca. Por eso, si percibe que un programa intenta manipular un relato o venderle una versión interesada, acaba perdiendo su confianza. Y para mí esa confianza es lo más importante. El respeto al espectador pasa por tratar los temas de crónica social con responsabilidad. El corazón puede ser entretenimiento, puede haber salseo, exclusivas y debate, pero eso no está reñido con el rigor ni con la coherencia. Al contrario, creo que hoy son más necesarios que nunca. También pienso que los comunicadores tenemos una responsabilidad. No podemos convertirnos en el altavoz de los famosos ni trabajar al servicio de sus intereses solo porque nos faciliten información. Existe la tentación de proteger determinadas relaciones para no perder exclusivas, pero el periodista debe estar al servicio de la información, no de quien se la proporciona. Y, sobre todo, debe estar al servicio del espectador. Porque es el espectador quien dedica su tiempo al programa, quien decide confiar en ti y quien, en definitiva, "compra" tu producto y tu credibilidad. Esa confianza hay que ganársela cada día siendo honestos, coherentes y tratando a la audiencia con inteligencia. Creo que el periodismo del corazón tiene mucho futuro, pero solo si entiende que el público ya no busca únicamente saber qué ha pasado. También quiere contexto, análisis, criterio y la sensación de que quien se lo cuenta no tiene un interés oculto, sino un compromiso con la verdad y con el respeto hacia quien está al otro lado de la pantalla.

"La crónica social necesita renovarse. No podemos seguir viviendo permanentemente de los mismos personajes y de los mismos conflictos de hace diez o quince años"

P: De lunes a viernes ha sido presentado por Telecinco como el gran revulsivo de las audiencias de tarde este verano. Mediaset no ha regateado medios para que así sea. La realidad ha sido muy distinta. En nuestra opinión, el programa es una versión edulcorada de Sálvame. ¿Qué valoración haces de este programa?

R: La verdad es que no he visto el programa completo, solo algunos fragmentos y momentos que se han compartido en redes sociales. Dicho esto, creo que, a día de hoy, es una de las apuestas más interesantes de la parrilla de Telecinco. Sin embargo, creo que al espectador le ha sorprendido una contradicción. Durante mucho tiempo se quiso marcar distancia con Sálvame, dando a entender que se cerraba una etapa y que se apostaba por otra forma de hacer televisión. Pero, al ver el nuevo formato, muchos han tenido la sensación de que, en realidad, se está intentando recuperar parte de esa esencia. Y ahí creo que está la clave. Da la impresión de que el problema nunca fue el formato en sí, sino quién ocupaba el protagonismo dentro de ese universo. Pero hay formatos que están tan ligados a unas caras y a una etapa concreta que resulta muy difícil reproducirlos con otros protagonistas. Hay universos televisivos que funcionan precisamente porque sus estrellas son irrepetibles. Estoy convencida de que encontrarán su camino, porque creo que siempre hay espacio para un buen programa de corazón y, cuanto más plural sea la oferta, mejor para el género y para el espectador. Ahora bien, también pienso que la crónica social necesita renovarse. No podemos seguir viviendo permanentemente de los mismos personajes y de los mismos conflictos de hace diez o quince años. Han aparecido nuevas generaciones de famosos, influencers y creadores de contenido que también forman parte de la actualidad y que requieren periodistas y colaboradores capaces de analizar ese nuevo universo con conocimiento y criterio. Creo que el futuro del corazón pasa por ampliar el foco, incorporar nuevas voces especializadas y entender que la sociedad ha cambiado. El espectador quiere seguir disfrutando del entretenimiento, pero también descubrir nuevas historias y nuevos protagonistas, no quedarse atrapado en los mismos relatos de siempre.

"Hay ciertos satélites que buscan la polémica donde no la hay para seguir facturando alrededor de la figura de Rocío Jurado. Al final, esa polémica les sirve para sentarse en los platós, hacer daño gratuitamente y seguir llenándose los bolsillos"

P: La Más Grande, el documental sobre Rocío Jurado de Movistar Plus, sitúa cada capítulo entre los documentales más vistos de la plataforma. Sin embargo, existe una fuerte campaña de críticas por parte de personas del entorno mediático de Rocío Carrasco y de algunos colaboradores de televisión. ¿Qué valoración haces de este documental?

R: Algo tan bonito como un homenaje tan cuidado a Rocío Jurado debería ser motivo de orgullo para todos sus familiares. Pero, por desgracia, siempre hay ciertos satélites que buscan la polémica donde no la hay para seguir facturando alrededor de La Más Grande. Al final, esa polémica les sirve para sentarse en los platós, hacer daño gratuitamente y seguir llenándose los bolsillos. Hoy defienden una postura y mañana la contraria, según lo que más les convenga o les interese en ese momento. Creo que el verdadero protagonista debería ser el legado de Rocío Jurado y no los conflictos que algunos insisten en mantener vivos. Si algo demuestra este documental es que sigue siendo una figura inmensa, capaz de despertar el interés del público muchos años después. Y, sinceramente, creo que si La Más Grande levantara la cabeza, muchas de las cosas que han sucedido en ciertos platós de televisión nunca habrían ocurrido.

"María Patiño y Belén Esteban son televisión. Han marcado una época y forman parte de la historia reciente de este medio. La televisión siempre acaba buscando a la televisión"

P: Casi todos los colaboradores y presentadores de los programas del “mundo Sálvame” han vuelto a resituarse, con más o menos acierto, en otros programas actuales. Además de Kiko Matamoros y Kiko Hernández, sorprende la ausencia actual de dos pesos pesados del mundo del corazón como María Patiño y Belén Esteban. ¿Qué explicación das a estas ausencias?

R: No conozco la situación personal ni profesional de cada uno, aunque en el caso de Belén Esteban ella misma ha explicado públicamente que quería tomarse un año sabático. Y me parece una decisión muy respetable. Después de tantos años de exposición y de estar permanentemente en primera línea, también es sano parar, coger aire y recuperar perspectiva. A veces parece que en televisión hay una obligación de volver cuanto antes, de subirse al primer barco que pasa. Y yo no lo veo así. Creo que también hay que saber esperar al proyecto adecuado. De hecho, me parece mucho más inteligente esperar que aceptar cualquier propuesta solo por seguir teniendo horas de pantalla. Lo he visto en otros casos: personas que acaban formando parte de formatos que no tienen nada que ver con lo que han defendido durante años o con la imagen que habían construido. Y ahí sí creo que existe un riesgo real de perder credibilidad. Al final, la confianza del espectador se construye con coherencia. No se trata de estar siempre en televisión, sino de estar en el lugar correcto. A veces decir "no" también es una decisión profesional muy valiente. Y hay otra realidad: María Patiño y Belén Esteban son televisión. Han marcado una época y forman parte de la historia reciente de este medio. La televisión siempre acaba buscando a la televisión.

"Una redacción poco afortunada"

Ignacio Ortega
@opinionalmeria

Nunca imaginé que acabaría sintiéndome tan cerca del juez Peinado. No por sus autos ni por sus decisiones, que para eso están los tribunales. Me acercó a él una frase del jueves pasado, de la Audiencia Provincial de Madrid. Fueron apenas unas palabras. Decía que una de las resoluciones de ese juez era fruto de "una redacción poco afortunada", una frase liviana y escurridiza como una lagartija. Y ahí me derrumbé. Porque ahora me doy cuenta de que yo también llevo toda la vida escribiendo redacciones poco afortunadas.

He llenado artículos de adjetivos sobrantes, de metáforas que nunca debieron salir de casa y de frases tan largas que, cuando llegaban al punto final, ya habían olvidado dónde empezaron. He confundido una coma con una idea brillante y un silencio con una conclusión. He publicado columnas de prensa que hoy reescribiría enteras y otras que preferiría no haber firmado nunca.

Creía que también mis redacciones poco afortunadas pertenecían al humilde oficio de escribir. Ahora descubro que esas redacciones también podrían haber alcanzado la solemnidad de un auto judicial y no sabría decir si eso me consuela o me hunde.

Desde entonces, por si acaso, miro mis textos con prevención. Ya no busco únicamente erratas. Busco delitos sintácticos. Me pregunto si un adjetivo podría acabar un día en la  Audiencia Provincial de Almería  o si un verbo imprudente merecería una segunda instancia.

Sin embargo, felizmente, existe una diferencia. Si yo escribo una columna en un periódico de provincias apenas comprometo mi prestigio, pero quien redacta una resolución judicial puede comprometer la libertad, la tranquilidad o incluso el honor de otras personas.

Las palabras no pesan por lo que dicen, sino por la autoridad de quien las firma. En literatura una frase desafortunada apenas merece una sonrisa. En la justicia puede convertirse en un problema.

Que nos dejen a los columnistas ese privilegio. Que un desliz sintáctico no sea sino una redacción poco afortunada. Si hay jueces que escriben, a veces, como articulistas, quizá los articulistas tengamos derecho a disfrutar del mismo diccionario de indulgencias.

Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es  La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es  Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-, Diario de Almería, que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluzas:




'La Voz de Almería' y la cadena Ser estrenan director: Alfredo Casas

Juan Folío
@opinionalmeria

El relevo de Pedro Manuel de la Cruz en la dirección de La Voz de Almería y del grupo de emisoras encabezadas por Ser Almería no se ha demorado, y el elegido es un experimentado profesional almeriense: Alfredo Casas. Reproducimos a continuación la información publicada por el periódico del que a partir de ahora será director:

Alfredo Casas / La Voz de Almería

Alfredo Casas (Almería, 1971) ha sido nombrado director tanto de la cabecera líder en la provincia, La Voz de Almería, como de las emisoras provinciales de la SER. Sucede a Pedro Manuel de la Cruz, que concluye su etapa tras 40 años en el cargo

La trayectoria profesional de Alfredo Casas está estrechamente vinculada a la radio, iniciando su experiencia con los micrófonos en la radio escolar Radio Safa, donde encontró su vocación y aprendió a amar la profesión periodística. 

Tras un periodo en RTI se incorpora en la Cadena SER Almería, primero en el magazine de la tarde, La Ventana de Almería, luego participando ya en el Hoy por Hoy hasta que en 2011 asume la dirección y presentación del programa. Su trayectoria en el sector de la comunicación incluye también experiencia en televisión como presentador: Canal 28 TV, Radio Televisión Información, Andalucía Directo de Canal Sur, Localia TV e Interalmería TV. 

Además de ser miembro de la Asociación de la Prensa de Almería y del Colegio Profesional de Periodistas de Andalucía, Alfredo Casas tiene una fuerte vinculación con los colectivos sociales y culturales de la provincia, lo que le ha llevado a pronunciar numerosos pregones y exaltaciones, como el Pregón de la Semana Santa de Almería (2019) y el Pregón de la Virgen del Mar, patrona de la ciudad 

Inicia su etapa como director liderando en la redacción la necesaria apuesta que viene haciendo ya el grupo de comunicación por el modelo de suscripciones, los nuevos formatos audiovisuales y la digitalización que demandan los almerienses en la actualidad, adaptando la forma de comunicar y manteniendo los valores de ambas cabeceras.

Ciertos espacios requieren una tasa turística

José Francisco Cano de la Vega
Coordinador provincial de Sumar 

En diversas ocasiones, las organizaciones que formamos parte de la coalición Por Andalucía, hemos defendido que el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, así como otros espacios de nuestra provincia necesitan la imposición de una tasa turística. No por afán recaudatorio ni por penalizar a quienes nos visitan, sino por una razón de justicia y de responsabilidad: un espacio natural de valor excepcional no puede seguir soportando millones de visitantes sin disponer de recursos suficientes para conservarlo. 

Hoy ese debate vuelve a la actualidad después de que VOX haya impuesto al nuevo Gobierno andaluz la renuncia a cualquier iniciativa relacionada con la tasa turística como parte de su acuerdo de gobierno con el Partido Popular. Una decisión que, desde mi punto de vista, responde más a un planteamiento ideológico que a un análisis serio de las necesidades reales de Andalucía y, especialmente, de espacios tan frágiles como el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar. 

Resulta llamativo que quienes defienden continuamente el principio de "quien usa un servicio debe pagarlo" rechacen precisamente que los visitantes contribuyan, aunque sea con una cantidad simbólica, al mantenimiento del lugar que disfrutan. Porque de eso trata una tasa turística bien diseñada: de generar recursos finalistas para proteger el patrimonio natural, mejorar los servicios públicos y compensar el enorme esfuerzo que realizan los municipios turísticos durante la temporada alta. 

Cada verano, el Parque Natural multiplica su población. Miles de vehículos utilizan sus carreteras, aumentan las necesidades de limpieza, vigilancia, rescate, transporte público, mantenimiento de senderos, conservación ambiental y gestión de residuos. Sin embargo, los ayuntamientos siguen financiando buena parte de estos servicios con los impuestos de sus propios vecindarios. 

Una situación que no es sostenible 

La realidad es que el éxito turístico tiene un coste. Y ese coste no debería recaer exclusivamente sobre quienes viven todo el año en el territorio. 

Sorprende además que VOX presente cualquier tasa turística como un ataque al turismo cuando la experiencia internacional demuestra exactamente lo contrario. Ciudades y destinos turísticos de primer nivel aplican este tipo de gravámenes desde hace años sin que ello haya reducido su atractivo. Los visitantes comprenden perfectamente que una pequeña aportación sirve para mantener en buen estado aquello que precisamente han venido a disfrutar. 

En un espacio protegido como Cabo de Gata-Níjar esta lógica resulta todavía más evidente. No estamos hablando de financiar grandes infraestructuras ni de aumentar la presión fiscal general. Hablamos de destinar unos pocos euros por pernoctación exclusivamente a la conservación del parque, a mejorar la movilidad sostenible, reforzar la limpieza, ampliar el transporte público, proteger la biodiversidad y ofrecer mejores servicios tanto a residentes como a visitantes. 

Paradójicamente, quienes más se benefician de la imagen del parque son también quienes deberían ser los primeros interesados en garantizar su conservación a largo plazo. Sin naturaleza bien conservada no existe turismo de calidad. 

La negativa de VOX transmite además un mensaje preocupante: parece considerar cualquier instrumento económico orientado a proteger el medio ambiente como una carga ideológica. Pero la conservación del patrimonio natural no debería entenderse desde posiciones partidistas. Es, sencillamente, una inversión en el futuro.

El verdadero riesgo para el turismo no es una tasa de dos o tres euros por noche. El verdadero riesgo es la saturación, la degradación del paisaje, la falta de mantenimiento de los espacios naturales, la escasez de recursos para gestionar los meses de máxima afluencia o la pérdida de calidad ambiental que precisamente hace único al Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar. 

Durante años hemos escuchado que el turismo debe ser sostenible. Ha llegado el momento de demostrar que esas palabras significan algo más que un eslogan. Porque proteger Cabo de Gata-Níjar cuesta dinero. Y si queremos que siga siendo uno de los espacios naturales más valiosos del Mediterráneo, quienes tenemos la suerte de disfrutarlo —vivamos aquí o vengamos de visita— debemos asumir una pequeña parte de esa responsabilidad. 

Negarse siquiera a debatir esa posibilidad, como ha hecho VOX, no protege al turismo. Lo que hace es dejar sin respuesta uno de los grandes desafíos que afrontan los destinos turísticos del siglo XXI: cómo compatibilizar el éxito turístico con la conservación del territorio que lo hace posible.