La reciente sucesión de
terremotos en Granada, algunos perceptibles en distintos puntos de Almería,
vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de que la provincia esté preparada
ante un terremoto de mayor intensidad y ante el riesgo asociado de maremoto. El terremoto de magnitud 5
registrado el 15 de agosto en Alhendín fue sentido en numerosos municipios
almerienses y obligó a activar la fase de emergencia del Plan de Emergencia
ante el Riesgo Sísmico de Andalucía. La actividad sísmica continuó posteriormente
con nuevos movimientos superiores a magnitud 4.

Es verdad que no existe ningún
indicio de que vaya a producirse próximamente un gran terremoto en Almería, ni
hay ningún método científico que permita predecir cuándo ocurrirá. Precisamente
por ello, la prevención y la planificación son fundamentales. Pero Almería sigue sin
culminar la implantación municipal de sus planes específicos frente al riesgo
de maremotos, mientras que el Gobierno de PP y Vox y los municipios de la
provincia no están adoptando las medidas necesarias para prevenir una catástrofe.
Una provincia con memoria
sísmica
Sin embargo, nuestra provincia
forma parte de una de las zonas de mayor actividad sísmica de la Península
Ibérica y tiene una importante memoria histórica de terremotos destructivos. El
seísmo de 1522, con epicentro en el entorno de Almería, provocó una enorme
destrucción y constituye uno de los episodios sísmicos más graves de toda la
historia de España.
Recordarlo no significa
generar alarma, sino asumir que el riesgo forma parte de nuestra realidad
territorial. La pregunta que deberían hacerse las administraciones no es si
puede producirse un terremoto importante, sino si estaremos preparados cuando
ocurra.
Un gran seísmo puede provocar
daños en edificios e infraestructuras, cortes de comunicaciones y suministros,
incendios, desprendimientos y dificultades de acceso para los servicios de
emergencia.
Además, existe el riesgo de
maremoto. Un terremoto submarino puede provocar alteraciones importantes del
nivel del mar, algo especialmente relevante en una provincia cuya costa
concentra población, turismo, puertos, instalaciones industriales y numerosos
núcleos urbanos.
Ningún municipio costero ha
culminado su plan de maremotos
El dato es especialmente
preocupante: ningún municipio costero de Almería ha culminado la homologación
oficial de su Plan de Actuación Local ante el Riesgo de Maremotos, pese a que
el plan autonómico está vigente desde 2023. Los municipios afectados son Adra,
Balanegra, El Ejido, Roquetas de Mar, Enix, Almería, Níjar, Carboneras,
Mojácar, Garrucha, Vera, Cuevas del Almanzora y Pulpí.
Los planes deben concretar
rutas de evacuación, zonas seguras, evacuaciones horizontales o verticales y
sistemas de alerta como ES-Alert y las sirenas municipales.
Ante un terremoto o un
maremoto, los primeros minutos pueden ser decisivos. Una población que
desconoce las rutas de evacuación puede bloquearlas; una señalización
insuficiente puede conducir a las personas hacia zonas de peligro, y la
ausencia de protocolos puede dificultar la coordinación entre las Fuerzas y
Cuerpos de Seguridad, Protección Civil, bomberos, servicios sanitarios y
responsables municipales.
No basta con disponer de un
plan autonómico. Cada municipio debe adaptar la respuesta a su propia realidad,
teniendo en cuenta barrios, accesos, playas, puertos, colegios, residencias,
instalaciones críticas y zonas de concentración de población.
Granada debería servir de
advertencia
La necesidad es todavía mayor
durante el verano, cuando la población de los municipios costeros se multiplica
y miles de personas se concentran diariamente en playas, paseos marítimos y
establecimientos turísticos.
Níjar es un ejemplo evidente,
con un extenso litoral y numerosos núcleos y playas. Pero la misma situación
afecta a Carboneras, Mojácar, Roquetas, El Ejido o Cuevas del Almanzora.
La sucesión de terremotos de
estos días demuestra que un episodio sísmico puede generar rápidamente cientos
de avisos, obligar a inspeccionar edificios y alterar la vida de miles de
personas.
La respuesta no puede
limitarse a actuar cuando el terremoto ya se ha producido. Hay que revisar
edificios, actualizar planes, realizar simulacros, formar a los servicios de
emergencia, informar a la ciudadanía y establecer mecanismos de coordinación.
Almería necesita pasar de la
preocupación ocasional a la prevención permanente. El verdadero éxito de la
protección civil no consiste en reaccionar extraordinariamente bien cuando
llega una catástrofe, sino en haber hecho previamente todo lo necesario para
que la población sepa qué hacer, los servicios sepan cómo actuar y las
administraciones tengan claro quién debe tomar cada decisión.
Porque el terremoto no avisa y
la emergencia tampoco. La prevención, en cambio, depende de los gobiernos.