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Sin quioscos no hay ciudad

Ignacio Ortega
@opinionalmeria

Éramos niños quemados por el sol y la calle, de rodillas despellejadas, que leíamos a pie de quiosco las aventuras de El Jabato y los tebeos de Mortadelo y Filemón, del genial Ibáñez. La Historia Sagrada era el libro que nos imponía la dictadura, pero los sábados aguardábamos las aventuras de El Capitán Trueno, El Jabato o Zipi y Zape. Mientras mi abuela intercambiaba novelas de Corín Tellado, yo leía tebeos por una perra gorda. Aquellos sábados eran una llama en el vacío. El quiosco era nuestra puerta al mundo. De allí brotaban guerreros, fantasmas y brujas que alimentaban la imaginación y vestían lo irreal de asombro.

A comienzos de siglo, Andalucía tenía más de 3.000 quioscos y Almería rondaba los 70. Hoy apenas quedan 1.000 en Andalucía y menos de 20 en Almería. Cuesta imaginar el Paseo de Almería sin aquellos quioscos de hierro y cristal, alguno con aire “art nouveau”, que le daban una dignidad hoy perdida entre tanta uniformidad. El Ayuntamiento debería flexibilizar la normativa municipal para frenar su desaparición y evitar que estos pequeños refugios urbanos se apaguen del todo.

Había amor en aquel rito de llevarle a mi padre el diario Ya, donde escribía aforismos mi primo Juan Pérez Creus. Con el tiempo, mi lealtad al papel se hizo ineludible: en sus páginas encontraba una mirada poliédrica del mundo que la televisión no me ofrecía.

Hoy leer la prensa en el ordenador me priva del rito de pasear cada mañana hasta el quiosco. Hace unos días, mi quiosquero me contó que pensaba cerrar. Con él se apagaría también una parte de la vida del barrio: algo más que un negocio, un lugar de encuentro frente al avance de la indiferencia y el deslugar. Por eso me despido de él con cautela, sin saber si mañana seguirá ahí, entre los periódicos del día, revistas, golosinas y folletos de sudoku, en esta lenta agonía de los quioscos de Almería.

No concibo una mañana en la terraza de un bar sin un café y el periódico del día. Ahí el mundo te espera convertido en noticia, desplegándose despacio sobre el papel.

Si desaparecen, se habrá ido con ellos todo lo que fuimos.

Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es  La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es  Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-, Diario de Almería, que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluza:




Las portadas de las cinco revistas semanales

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Ya están en los puntos de venta las revistas semanales. Cuatro de ellas (Lecturas, ¡Hola!, Diez Minutos y Semana) salen los miércoles, mientras la revista Pronto se adelanta sobre sus compañeras y se pone a la venta los lunes. Estas son las portadas de esta semana.






Los números verdes de la alcaldesa

Ignacio Ortega
@opinionalmeria

Almería lleva demasiado tiempo poniendo precio a sus propias heridas. Así desaparecieron edificios que formaron parte de su paisaje y de su memoria, desde la antigua sede de Correos hasta el silo de Renfe que llamábamos “Toblerone”. Lo vi en 2013, con mi amigo Ángel González encaramado a una valla, megáfono en mano, mientras la plataforma “Salvemos el Toblerone” intentaba parar las máquinas, impotente ante una lógica en la que, a veces, se destruye porque otro valor, expresado en metros cuadrados, pesa más.

La propuesta de la alcaldesa para los terrenos ferroviarios ha vuelto a poner sobre la mesa una vieja discusión de Almería: qué ciudad queremos construir sobre unos espacios que durante años estuvieron ligados al soterramiento y que, al mismo tiempo, forman parte de nuestra memoria. Esta vez, además, hay una pregunta que no puede quedar al margen: cuánto valen los derechos y los aprovechamientos que existen sobre ellos.

El nuevo Avance de la modificación del Plan Especial Ferroviario reduce en 51.169 metros cuadrados la superficie de suelo lucrativo, elimina las cuatro torres del Toblerone y aumenta las zonas verdes y los equipamientos. El Ayuntamiento sostiene que los derechos de Adif y Renfe se respetan. Pero si cambia la ordenación y se reduce el suelo lucrativo, la pregunta es inevitable: ¿qué valor tienen esos derechos hoy y qué valor tendrán con la nueva propuesta? Si existen informes o tasaciones que permiten acreditar esa equivalencia, deberían conocerse.

La pregunta no es menor. Durante años, esos aprovechamientos estuvieron vinculados a la financiación de la transformación ferroviaria. En 2010, el convenio de integración ferroviaria incorporó los recursos económicos netos de los suelos a la financiación de la operación y contempló 83,7 millones de euros por ese concepto. Aquel convenio fue extinguido y liquidado el 24 de mayo de 2023. Por eso, más que preguntarnos si aquellos 83,7 millones siguen vigentes, necesitamos saber qué valor económico tenían aquellos aprovechamientos y qué valor tienen ahora, después de la nueva ordenación.

Durante años mantuvimos interminables reuniones de vecinos defendiendo que los aprovechamientos urbanísticos eran necesarios para hacer viable el soterramiento. Entonces, aparte de la poesía que encerraba aquella ilusión, hablábamos de metros cuadrados, torres, cargas, financiación y futuro, pero en el fondo discutíamos algo bastante más sencillo: qué estaba dispuesta a sacrificar la ciudad para poder transformarse y qué debía obtener a cambio.

El Ayuntamiento sostiene que la nueva ordenación respeta esos derechos. Es una afirmación que debe poder comprobarse con números. Porque respetar un derecho no significa necesariamente que su valor económico permanezca intacto cuando cambia el planeamiento. Si sobre un mismo terreno se puede construir menos, puede cambiar también el valor de los derechos asociados a ese aprovechamiento. Por eso hay que saber qué aprovechamientos corresponden a cada propietario, cuál es su valor con la ordenación vigente y cuál sería con la propuesta. Aquellos metros cuadrados ya tenían un precio. Lo que ahora necesitamos saber es cuál es el precio de la nueva ordenación.

La antigua estación añade otra dimensión a la discusión. Para Adif forma parte de su patrimonio; para los almerienses es memoria que no cabe en la contabilidad. Es ladrillo visto, hierro y cristal. Y también es la estación que Sergio Leone convirtió en 1970 en una estación mexicana para “¡Agáchate, maldito!”, con Rod Steiger y James Coburn recorriendo unos andenes que siguen estando aquí.

La propuesta de la alcaldesa apuesta por más zonas verdes, más espacio público y una antigua estación convertida en un lugar para los ciudadanos. La idea puede ser atractiva. Pero una idea necesita también un proyecto, una financiación y un modelo de uso y gestión.

Por eso hacen falta las tasaciones: no para decidir cuánto verde queremos, sino para saber cuánto cuesta la transformación y cómo se respetan los derechos existentes.

Señora alcaldesa, publique las tasaciones.

Después, los almerienses sabremos cuánto cuesta el verde que quiere para Almería.

Retratados

Ignacio Ortega
@opinionalmeria

Hay votaciones que duran segundos y problemas que no esperan a que termine la legislatura. El viernes, el Congreso rechazó dos decretos de vivienda del Gobierno.

A mi juicio, eran dos parches de emergencia y su exposición normativa parecía una soflama ideológica de los 80. Uno prorrogaba la protección frente a determinados desahucios de hogares vulnerables sin alternativa; el otro, la renovación automática de ciertos alquileres. Aunque el rechazo fue más amplio, en Almería los populares Maribel Sánchez Torregrosa, Rafael Hernando y Ana Martínez Labella, y Rocío de Meer, de Vox, votaron NO.

El PP y Vox defienden construir más casas, pero rechazaron estos dos decretos. Construir más es necesario ante el desequilibrio entre oferta y demanda que señala el Banco de España. Pero, mientras llegan las nuevas casas, los alquileres vencen cada mes.

El PP presentó en Níjar en enero sus 15 medidas de choque: un millón de viviendas en cuatro años, IVA al 4% y fórmulas para facilitar el ahorro. La cifra impresiona, pero deja preguntas esenciales sin respuesta: dónde se construirán, cómo se financiarán y cuándo estarán listas. Sin respuestas, el plan queda en una declaración de intenciones, un brindis al sol.

Después del caso Maricarmen, símbolo de la crisis de la vivienda, el Gobierno llega con el extintor cuando el fuego ya se ha extendido. Pero criticar al Gobierno no exime a las demás administraciones: el Ejecutivo no puede convertir la urgencia en coartada eterna, ni la Junta y el Ayuntamiento eludir la suya.

A los cuatro diputados almerienses que votaron en contra no hay que pedirles principios, sino una alternativa verificable. Si construir es la solución, que expliquen a qué precio: el Ayuntamiento, vía Almería XXI, vende 74 pisos en La Vega de Acá por 239.273 euros. Datos del registro municipal confirman que el 75% de los agraciados por sorteo acaba renunciando, según se expresó en el pleno del pasado 12 de junio de 2026.

No renuncian porque los pisos sean feos ni por falta de calidad -son modernos y bien terminados-, sino porque cuestan como en el mercado libre. Exigen reunir unos 60.000 euros para la entrada de una hipoteca. Una utopía en una provincia con un salario medio bruto anual de 22.300 euros,  según la información publicada por Teleprensa, por boca del concejal  Raúl Enríquez.

¿A quién dicen sus señorías que protege la vivienda protegida?