La decisión de Antonio Ruano
de disputar la candidatura a la alcaldía de la ciudad de Almería no fue del gusto de la dirección de la
Agrupación Municipal del PSOE. Esta había manejado otro escenario, en línea con
la preferencia expresada por María Jesús Montero de que «cuantas menos
primarias, mejor», pero Ruano alteró esos planes y llevó al partido a las
primarias.
Mientras los socialistas de la
capital votaban el sábado quién encabezará la candidatura para las municipales
de mayo de 2027, fuera de la sede se respiraba un ambiente marcado por
reencuentros y comentarios. Gente que había votado enfrentada en la asamblea de
la Secretaría General del año pasado volvía a saludarse. Eso también decía
algo.
Al final del día, las urnas
dieron la respuesta: Fátima Herrera será la candidata. Pero también dejaron
otra pregunta: qué hará Antonio Ruano con los votos que no fueron para ella.
Ruano vuelve a situarse en
torno al 45,65 % que obtuvo cuando disputó la Secretaría General de la
Agrupación en 2025, y ahora alcanza el 46,1 % en estas primarias municipales.
Casi uno de cada dos militantes ha vuelto a respaldarle: son 256 votos. La pregunta
no es solo qué hará después de perder, sino qué expresa ese respaldo dentro del
PSOE de Almería.
Ese respaldo puede expresar
malestar con la dirección, una demanda de mayor participación interna,
discrepancias sobre la estrategia municipal o una identificación con otra forma
de entender el partido. Ruano lleva desde principios de siglo encarnando esa
crítica interna y su candidatura expresa a una parte de la organización que
reclama otro modo de entender el partido.
Y ahí aparece uno de los
principales retos que hereda Herrera: un partido que lleva años sin encontrar
la fórmula para recuperar la alcaldía y que vuelve a exhibir sus diferencias
internas. No es un punto de partida sencillo. Hay fatiga orgánica, liderazgos
erosionados y una distancia evidente entre el debate interno del partido y una
ciudadanía que lleva más de dos décadas eligiendo gobiernos del PP.
El resultado obliga a Herrera
a mirar más allá de las primarias. Tiene que integrar a quienes no la votaron,
pero sin gobernar su candidatura desde la aritmética del 46,1 %. Necesita
margen para decidir, capacidad para coordinar equipos y un liderazgo que
normalice la vida orgánica del socialismo capitalino.
La alternativa municipal no
puede construirse desde la vulnerabilidad interna, sino desde el pragmatismo y
el diálogo.
La verdadera prueba de Fátima
Herrera empieza ahora: resolver las diferencias que dejan las primarias y
hablar de los problemas de esta ciudad. Las urnas internas quedan dentro de la
sede; la ciudad empieza en la puerta. Ha tomado ya una primera decisión
significativa: renunciar al acta de parlamentaria andaluza para volcarse en
Almería. Es un gesto coherente con su dedicación a la ciudad.
Herrera ha proyectado una
forma de hacer política basada en decisiones previsibles y coherentes. Ahora
tendrá que demostrarlo en una Agrupación Municipal largo tiempo instalada más
en el arrebato que en el diagnóstico. Menos batallas internas y más capacidad
para construir una alternativa.
Vivienda, transporte y modelo
de ciudad serán la prueba: alquileres al alza, peticiones vecinales y una
ejecución de inversiones del 53,3 %. Pero están también el PGOU pendiente, el
soterramiento y la necesidad de coser los barrios del norte de la ciudad, o la
sensación de que el centro se arregla mientras la periferia espera. Ahí es
donde el superávit del Ayuntamiento duele.
Con 26,4 millones de euros de
superávit y 61,3 millones de remanente, la pregunta política es otra: qué se
hace con ese dinero. Que se traduzca en ciudad. Que se note en las aceras, en
la limpieza, en la vivienda, en los barrios. Tener recursos obliga a explicar
cómo se convierten en actuaciones visibles.
La escena del sábado ofrecía una pista: fuera de la sede no se discutía solo quién ganaba, sino si el PSOE será capaz de dejar de hablar de sí mismo y volver a hablar de Almería. Para ello tendrá que mirar a la ciudad y explicar, barrio a barrio, calle por calle, qué va a hacer distinto.













