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Perplejidad

Ignacio Ortega
@opinionalmeria

No hace falta conocer personalmente a Milei para hacerse una idea de su manera de entender el poder. Basta con observarlo. Me lo imagino volviendo a su país repantigado en el avión presidencial, con esa chulería de quien acaba de soltar una provocación en Madrid y espera el eco en Buenos Aires. Ahí queda la imagen de su pierna levantada en el Foro de Economía, como si el atril fuera suyo y el decoro cosa de otros.

 Desde que se anunció su visita, hay una pregunta que me ronda: ¿cómo es posible gobernar con tanto desdén hacia los demás? Es un estilo que no escucha, no mira, no padece. Uno contempla el espectáculo sin saber si sentir asombro o indignación. Yo he elegido la rabia.

Así se degrada el poder. Lejos, el dolor humano se convierte en daño colateral; cerca, la política se refugia en la burla. Algunos dirigentes se creen por encima de las reglas que obligan a todos. Milei se fue de Madrid tras llamar a Sánchez “dictador impresentable” y, nada más aterrizar en Buenos Aires, lo remató llamándolo “ladrón”. Esa es la diplomacia de la motosierra: convertir el enfrentamiento exterior en rédito para sus seguidores.

La confrontación política no siempre adopta la forma del insulto. A veces va más lejos: sustituye los argumentos por la falsedad y convierte al adversario en protagonista de unas declaraciones que nunca hizo. Es lo que ha ocurrido con el vídeo difundido hace unos días por el PP, en el que la inteligencia artificial recrea la imagen y la voz de cinco personas vinculadas al PSOE para atribuirles declaraciones que nunca pronunciaron. El PP lo defiende como sátira, pero la cuestión va más allá: ¿cuándo deja la sátira de ser crítica y se convierte en manipulación?

El problema es que la falsedad siempre encuentra una coartada: la sátira, la provocación, la estrategia electoral. Pero ninguna exime de responsabilidad. Cuando desacreditar al adversario importa más que responder por lo que se difunde, la frontera entre la crítica y la manipulación empieza a desdibujarse.

El infierno no siempre llega entre llamas. A veces se instala despacio, en la costumbre de mirar hacia otro lado, en la risa que humilla, en la mentira que dejamos pasar. Lo construimos entre todos, con lo que hacemos y con lo que callamos.

Esa es mi perplejidad: descubrir que, cuando consiento lo intolerable, también yo formo parte de él.

Las portadas de las cinco revistas semanales

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Ya están en los puntos de venta las revistas semanales. Cuatro de ellas (Lecturas, ¡Hola!, Diez Minutos y Semana) salen los miércoles, mientras la revista Pronto se adelanta sobre sus compañeras y se pone a la venta los lunes. Estas son las portadas de esta semana:






Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es  La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es  Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-, Diario de Almería, que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluza:




La dura tarea que tiene por delante María Patiño

Emilio Ruiz
@opinionalmeria

María Patiño ha regresado a la televisión. Y lo ha hecho con un desafío que va mucho más allá de presentar un programa de corazón: conseguir que un espacio que no ha terminado de conectar con los espectadores encuentre, por fin, su sitio en la parrilla. Su estreno al frente de El Sótano Queen, en Ten, se ha saldado con un discreto 0,7 % de cuota de pantalla. Un dato que no invita precisamente a lanzar las campanas al vuelo, aunque tampoco permite anticipar cuál será el futuro del programa.

María Patiño / Ten

La periodista gallega conoce bien las dificultades de la televisión actual. Tras la desaparición de Sálvame y su salida de Socialité, encontró refugio en Ni que fuéramos Shhh, primero a través de internet y después en Ten. Posteriormente participó en la aventura de La familia de la tele, en La 1, y regresó a la cadena de la TDT con No somos nadie, su último proyecto como presentadora antes de permanecer varios meses alejada de las pantallas.

La irrupción de Ten en el universo del corazón en directo supuso una pequeña revolución televisiva. Una cadena minoritaria se atrevía a recuperar el espíritu de Sálvame, con tertulias, exclusivas, enfrentamientos y colaboradores muy reconocibles. Detrás estaba Fabricantes Studio, la productora impulsada por antiguos responsables de La Fábrica de la Tele y posteriormente integrada en el proyecto de La Osa Producciones.

Aquella apuesta no pasó inadvertida. Ni que fuéramos Shhh llegó a estrenarse en Ten con un 3,2 % de cuota de pantalla y consiguió una media global próxima al 2,2 %. Cifras que, aunque alejadas de las que alcanzaba Sálvame en Telecinco, resultaban muy estimables para una cadena de sus características. Después llegarían Tentáculos y No somos nadie, pero el desgaste de la fórmula y las dificultades para mantener el interés de los espectadores terminaron imponiéndose. En enero de este año, La Osa Producciones y Ten pusieron fin a su colaboración.

Sin embargo, la cadena no quiso renunciar al corazón en directo. Su siguiente apuesta fue El Sótano Club, producido por Dollhouse y presentado por Alba Carrillo. La modelo y colaboradora llegaba con experiencia televisiva, personalidad y una importante comunidad de seguidores. Durante aproximadamente seis meses, con la correspondiente pausa veraniega, intentó hacerse un hueco en las tardes de Ten. Pero las audiencias no acompañaron. El programa se movió en numerosas ocasiones alrededor del 0,7 % y el 0,9 %, cifras insuficientes para hablar de una consolidación satisfactoria.

La etapa de Carrillo terminó de manera abrupta, entre desencuentros con los responsables del espacio y versiones enfrentadas sobre las circunstancias de su salida. Su posterior incorporación a La Séptima abrió una nueva etapa profesional para ella y dejó a Ten ante la necesidad de buscar una sustituta.

Fue Marta Riesco quien asumió provisionalmente la presentación. La periodista defendió el programa con naturalidad, energía y oficio, demostrando que podía desenvolverse al frente de un espacio en directo. Pero tampoco consiguió el esperado salto de audiencia. El pasado jueves, por ejemplo, El Sótano Club registró un 0,8 % y 57.000 espectadores. La conclusión parecía evidente: cambiar de presentadora no bastaba para modificar sustancialmente los resultados.

Y entonces llegó la sorpresa. Ten anunció el fichaje de María Patiño, uno de los rostros más reconocibles del periodismo del corazón, y decidió rebautizar el programa como El Sótano Queen. Un movimiento que despertó expectación, especialmente entre quienes habían seguido a la periodista durante sus anteriores aventuras televisivas.

El desembarco, sin embargo, tampoco ha estado libre de dificultades. Patiño ha tenido que afrontar desde el principio diferencias y desencuentros con algunos colaboradores, entre ellos Alberto Guzmán, con quien arrastraba discrepancias anteriores. La periodista tiene una personalidad muy marcada y una forma de entender la televisión que no siempre coincide con la de sus compañeros. Encontrar el equilibrio entre su estilo y la dinámica del equipo será uno de sus primeros desafíos.

Pero la verdadera prueba llegó con las audiencias. Su estreno, este lunes 26 de octubre, obtuvo un 0,7 % de cuota de pantalla. Un resultado que, por ahora, no mejora los registros de Alba Carrillo ni los de Marta Riesco. Sería injusto responsabilizar a Patiño de una situación que viene de atrás, como también lo sería considerar que su incorporación garantiza automáticamente una recuperación.

Hay una circunstancia que merece especial atención. Ten ya demostró con Ni que fuéramos Shhh que podía conseguir audiencias superiores al 2 % con un programa de corazón en directo. Por tanto, no parece razonable atribuir todos los problemas a las limitaciones de una cadena pequeña. La experiencia demuestra que existe un público dispuesto a consumir este tipo de contenidos, siempre que encuentre una propuesta suficientemente atractiva.

Y aquí surge la cuestión fundamental: ¿qué debe cambiar El Sótano Queen para recuperar ese interés? Probablemente bastante más que su nombre o la persona que ocupa la silla de presentadora. La selección de los asuntos, el ritmo de las tertulias, la personalidad de los colaboradores, la capacidad para ofrecer contenidos propios y la búsqueda de una identidad reconocible deberían formar parte de una reflexión profunda.

El ejemplo de D Corazón, de La 1, resulta especialmente ilustrativo. El programa que presentan Anne Igartiburu y Javier de Hoyos atravesó etapas de audiencias discretas y necesitó introducir cambios para mejorar su posición. Lejos de resignarse, fue evolucionando hasta conseguir este pasado fin de semana superar el 11 % de cuota de pantalla tanto el sábado como el domingo.

Evidentemente, comparar una cadena pública de cobertura nacional con una pequeña televisión de la TDT exige muchas cautelas. Ni compiten con los mismos recursos ni parten de idénticas condiciones. Pero la enseñanza es válida: los programas pueden evolucionar, corregir errores y recuperar espectadores cuando encuentran una fórmula adecuada.

María Patiño tiene experiencia, personalidad, capacidad de reacción y una legión de seguidores que celebran su regreso. También Alba Carrillo y Marta Riesco cuentan con sus respectivos públicos. Sin embargo, conviene distinguir entre la popularidad de una presentadora y la aceptación de un programa. Los aplausos en las redes sociales no siempre se traducen en espectadores delante del televisor.

Tampoco sería justo exigir resultados espectaculares después de una sola emisión. Patiño necesita tiempo para imprimir su sello personal, conocer mejor a sus compañeros y participar en la evolución del formato. Pero ese margen no debería confundirse con la ausencia de cambios. Mantener un programa diario en directo exige un considerable esfuerzo económico, técnico y humano, y una audiencia persistentemente situada por debajo del 1 % obliga a reflexionar sobre su viabilidad.

No se trata, por tanto, de ser pesimistas sobre el futuro de El Sótano Queen. Se trata de analizar con realismo una situación que viene repitiéndose con distintas presentadoras. El programa no consiguió consolidarse con Alba Carrillo, tampoco experimentó una recuperación significativa con Marta Riesco y, de momento, no ha mejorado con María Patiño. Eso debería llevar a sus responsables a mirar más allá de los nombres propios.

La periodista gallega tiene ahora una oportunidad interesante. Su experiencia puede contribuir a introducir nuevos contenidos, dar mayor personalidad al espacio y recuperar parte de aquel público que convirtió Ni que fuéramos Shhh en un pequeño fenómeno televisivo. No será una tarea sencilla, pero tampoco imposible.

Porque el verdadero reto de María Patiño no consiste en demostrar que sabe presentar un programa. Eso ya lo ha demostrado sobradamente. Su desafío es ayudar a transformar un programa que todavía no funciona en otro que consiga despertar el interés de los espectadores. Y para lograrlo, Ten tendrá que apostar por algo más que un cambio de presentadora.

Amador Mohedano justifica el maltrato hacia Rocío Carrasco

Alba Haro
@opinionalmeria

En televisión parece que no todo vale, salvo cuando hay una buena audiencia en juego. Telecinco ha vuelto a recurrir a Rocío Carrasco para alimentar la expectación ante una nueva entrega de ¡De Viernes!, que contará con la presencia de su tío Amador Mohedano. Y para calentar motores, Mediaset ha puesto en marcha una estrategia promocional que ha traspasado una línea que ningún medio de comunicación debería cruzar: la banalización del maltrato.

Amador Mohedano, descontrolado

La operación ha tenido dos protagonistas. Por un lado, Rosa Benito, que ha vuelto a arremeter contra la hija de Rocío Jurado con descalificaciones de considerable dureza. Por otro, Amador Mohedano, cuyas declaraciones en un avance promocional del programa han provocado una comprensible indignación en las redes sociales.

El hermano de La Más Grande, al referirse a determinadas actuaciones contra su sobrina, llega a afirmar: "¿Será maltrato? ¡Pues será maltrato! ¿Se lo merece? ¡Pues se lo merece!". Una frase que hiela la sangre, no solo por su contenido, sino por la naturalidad con la que parece justificarse que una persona pueda merecer ser maltratada.

No estamos ante una simple disputa familiar, una diferencia de opiniones o una de esas polémicas que alimentan habitualmente los programas del corazón. Estamos ante unas palabras que, tomadas en su sentido literal, legitiman el maltrato y trasladan un mensaje profundamente peligroso: que determinadas conductas de una víctima pueden justificar la violencia ejercida contra ella.

Pero tan preocupantes como las manifestaciones de Amador Mohedano resultan las circunstancias en las que se han difundido. Según lo mostrado en el avance, ninguno de los colaboradores presentes el viernes pasado, cuando se ofreció el adelanto, reaccionó ante semejante afirmación. Ni una objeción, ni una llamada de atención, ni una reflexión sobre la gravedad de lo que acababa de escucharse. Un silencio difícil de comprender en profesionales que conocen perfectamente la trascendencia de los mensajes emitidos por televisión.

Y aquí aparece la responsabilidad de Telecinco y de la productora de ¡De Viernes!, Mandarina. Porque una cosa es que un entrevistado pronuncie unas declaraciones desafortunadas y otra muy distinta que un medio decida seleccionarlas, editarlas y convertirlas en reclamo publicitario para conseguir espectadores.

Los medios de comunicación no son simples altavoces de cuanto dicen sus invitados. Tienen una responsabilidad social, unos principios deontológicos y la obligación de extremar el cuidado cuando abordan cuestiones tan sensibles como el maltrato y la violencia contra las mujeres. La libertad de expresión no exime de esa responsabilidad, ni convierte en aceptable cualquier mensaje por el mero hecho de que pueda generar audiencia.

Durante años, las cadenas de televisión han promovido campañas de sensibilización contra la violencia machista, han difundido mensajes de apoyo a las víctimas y han defendido públicamente la necesidad de erradicar cualquier forma de justificación del maltrato. Resulta, por tanto, especialmente contradictorio que esas mismas pantallas puedan utilizar declaraciones de semejante naturaleza como ingrediente de una campaña promocional.

La competencia televisiva es feroz y las audiencias condicionan buena parte de las decisiones de las cadenas. Pero la búsqueda de espectadores no puede convertirse en una coartada para trivializar la violencia ni para presentar el maltrato como una conducta que alguien puede llegar a merecer.

Amador Mohedano es responsable de sus palabras. Pero Telecinco también lo es de la decisión editorial de convertirlas en espectáculo. Y quienes estaban presentes tenían, cuando menos, la oportunidad de dejar claro que ninguna persona merece ser maltratada. Porque hay cuestiones que no deberían someterse a las reglas del entretenimiento. Y el maltrato, por mucho que algunos pretendan convertirlo en un reclamo televisivo, es una de ellas.