Edita: FIDIO (Foro Indalo de Debate, Ideas y Opinión) C. I. F.: G04253035 Presidente del Consejo Editorial: Emilio Ruiz

El poco pudor de Ana Martínez Labella


Asociación
Amigos de la Alcazaba

Se han confirmado nuestras sospechas que ya manifestábamos en este mismo medio hace unos días: el Ayuntamiento de Almería, con su decisión, cambia el Pingurucho y los árboles de la Plaza Vieja por sombrillas.  «Nos encantaría ver la plaza llena de terrazas, es lo que le da vida a una ciudad». Con estas palabras justificaba la retirada del Pingurucho y de los árboles de la Plaza Vieja la concejala de Fomento, Ana Martínez Labella. ¡Y se queda tan ancha! Es increíble el poco pudor que demuestra para manifestar su ignorancia en público. Con esta forma de pensar, no nos extraña el abandono en que se haya inmerso el Casco Histórico de Almería.

Plaza Vieja


Cualquier persona con una mínima formación o un mínimo de sentido común sabe que quienes les dan vida a las ciudades y a sus centros históricos son las personas, los vecinos. Y como ya hemos comentado en alguna ocasión, las acciones que se tomen tienen que ir encaminada a mejorar la calidad de vida de los mismos, para lo cual hay que crear las condiciones ambientales y de servicios necesarias para que no abandonen el barrio. Y eso no se consigue poniendo bares que se van a adueñar del espacio de los vecinos y de todos los almerienses.
Se podría haber realizado un proyecto arquitectónico para la plaza con un diseño más amable que hiciese posible la convivencia de los vecinos y los negocios de hostelería
Naturalmente, también se han de poner los medios para generar una actividad economía que afiance un "turismo sostenible"; pero, insistimos, no solo con bares y terrazas. Estamos seguros de que se podría haber realizado un proyecto arquitectónico para la plaza con un diseño más amable que hiciese posible la convivencia de los vecinos y los negocios de hostelería.

Sra. Martínez Lamella, Ayuntamiento de Almería en pleno: un barrio vivo es la única manera de evitar su degradación y mantener su calidad arquitectónica, y, créannos, eso no se consigue con bares.

Más allá del debate sobre el traslado del Pingurucho y la tala de los árboles, lo que subyace es la supervivencia de nuestro casco histórico, lo que tiene que prevalecer son las personas.