Edita: Fidio (Foro Indalo de Debate, Ideas y Opinión) / X: @opinionalmeria / Mail: laopiniondealmeria@gmail.com

Gloria Camila no sabe lo que quiere... o es que quiere todo a la vez

Alba Haro
@opinionalmeria

Gloria Camila vuelve a situarse en el centro del foco mediático, esta vez no por un proyecto profesional, sino por una gestión sentimental que ha terminado explotándole en la cara. Y no tanto por lo que ha hecho, sino por cómo lo ha hecho.

Gloria Camila Ortega, en un programa de Telecinco

La hija menor de José Ortega Cano y Rocío Carrasco había puesto fin a su relación con Álvaro García hace apenas dos meses y, poco después, comenzaba a dejarse ver con Manuel Cortés, hijo de Raquel Bollo. Un acercamiento que no parecía superficial: citas públicas, complicidad evidente y, como colofón, una comida de carácter casi familiar con la madre de él. Todo apuntaba a que algo se estaba construyendo.

Sin embargo, apenas un día después de ese encuentro, estalló la bomba. Los paparazzi captaron a Gloria Camila paseando de manera muy acaramelada por la romántica Venecia… con su exnovio. Un viaje del que, según ha trascendido, no dijo ni una palabra en la comida con Manuel Cortés. Ni una advertencia, ni una aclaración, ni un “estoy hecha un lío”.

Tras salir a la luz las imágenes, Gloria Camila confirmó que se ha dado una segunda oportunidad con Álvaro García. “No hemos vuelto formalmente, pero nos estamos viendo. Estamos haciendo lo que nos apetece en cada momento”, explicó. Una frase que define bien su postura, pero que deja en una posición delicada a quien hasta el día anterior parecía algo más que una ilusión pasajera.

Manuel Cortés, por su parte, ha optado por no callarse. A través de Instagram lanzó un mensaje cargado de ironía y despecho, dejando claro que su malestar no se debe únicamente al viaje, sino a lo que él considera una falta de honestidad sobre el punto real en el que se encontraba la relación. No es tanto el “qué”, sino el “cómo”.

El asunto, cómo no, acabó trasladándose a la televisión, al programa Fiesta, donde Gloria Camila colabora habitualmente. Allí, visiblemente sobrepasada, terminó rompiendo a llorar. “Mi enfado es por la polémica que se ha generado por un viaje que me hago con una persona porque me apetece y punto. Se le ha dado demasiada vuelta”, confesó entre lágrimas, apelando a su derecho a la intimidad.

Y es aquí donde el discurso empieza a chirriar. Porque nadie discute su derecho a viajar con quien quiera, ni a equivocarse sentimentalmente. El problema es pretender que las decisiones personales no tengan consecuencias cuando se juegan varias cartas a la vez y, además, se hace desde una posición pública.

Especialmente tenso fue el momento vivido con Emma García, presentadora del programa, quien trató de reconducir la conversación y poner sobre la mesa que el conflicto no estaba en el viaje en sí, sino en las expectativas generadas. Un intercambio incómodo que evidenció hasta qué punto Gloria Camila se siente atacada cuando, en realidad, lo que recibe son preguntas que ella misma ha provocado al exponer su vida de forma continua en los medios.

Gloria Camila no sabe lo que quiere, y eso, en sí mismo, no es un pecado. Lo cuestionable es exigir comprensión absoluta mientras se esquivan responsabilidades emocionales. No se puede pedir empatía sin practicarla antes. Ni reclamar intimidad cuando se vive —y se trabaja— de compartir la propia vida.

Quizá el verdadero problema no sea Venecia, ni Manuel, ni Álvaro. Quizá el problema sea la confusión, y la dificultad para asumir que, cuando no se sabe lo que se quiere, lo más honesto es no arrastrar a nadie por el camino.

No hay comentarios:

Publicar un comentario