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Los doce días de cinismo y falsas lágrimas de Ana Julia


Rosa Ortiz
Periodista

Ana Julia Quezada Cruz, 35 años, natural de República Dominicana, fue detenida ayer después de que el cuerpo del pequeño Gabriel Cruz se encontrara en el maletero de su coche. Ahora se trata de determinar si en el secuestro y muerte del menor participó esta mujer o hay otras personas implicadas. Para su entorno, la detención ha sido una sorpresa porque, a pesar de que se sabía que la mujer estaba desde hacía días bajo el foco de la Unidad de Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, nadie quería creer que la novia de Ángel Cruz, el padre del menor, fuera la principal sospechosa de un caso que ha conmocionado a todo el país. 

Ana Julia manifestó a TVE 'su inmenso dolor'

Ana Julia llegó a la vida de Ángel Cruz hace algo más de un año. El pasado 31 de diciembre cumplieron su primer aniversario. Parecían una pareja feliz y enamorada y, a lo largo de estos doce días de búsqueda, ella siempre se ha mostrado muy afectada por la desaparición del niño.  Incluso, dos días después de desaparecer Gabriel, subió a su perfil de Facebook una foto con la siguiente leyenda: “Por favor, por favor, devolvernos a nuestro Gabrielillo”. La foto acumuló más de 70 ‘me gusta’ y una veintena de comentarios de personas allegadas. 
La mujer tampoco dudó en lucir, en todo momento, la camiseta con la cara de Gabriel y en participar en las numerosas batidas que se han realizado
La mujer tampoco dudó en lucir, en todo momento, la camiseta con la cara de Gabriel y en participar en las numerosas batidas que se han realizado por la zona a lo largo de estos doce días. Ahora se sabe que todo era mentira y que interpretaba un papel, como enseguida tuvieron claro los investigadores. 

Más allá de las pruebas que, poco a poco, iban acumulando los experimentados agentes de la UCO y de la Policía Científica mientras cerraban el cerco en torno a ella, lo que llamó enseguida la atención a los psicólogos de la Guardia Civil fue su comportamiento: en ocasiones extremadamente tranquilo, incluso frío; en otros momentos,  demasiado dramático, sobre todo cuando había cámaras de televisión o fotógrafos delante. A lo largo de estos días no ha sido difícil capturar imágenes suyas llorando, compungida, abrazando a su pareja -como pudieron ver cientos de personas el pasado viernes, durante la masiva concentración que se realizó en Puerta de Purchena- o a los familiares que han oficiado de portavoces los días aciagos de la desaparición del pequeño. 

A falta de confirmar el móvil del presunto asesinato del menor, con la investigación bajo secreto de sumario y en unas “horas cruciales”, como ayer dijo el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, en su entorno la definen como una mujer celosa, a quien le molestaba cualquier cosa que pudiera interponerse entre ella y su pareja. “El niño le estorbaba. Era un obstáculo en su relación con Ángel, porque era el nexo de unión entre él y Patricia, su ex mujer y madre del niño”, explican. 

Ana Julia llegó a Las Negras, por primera vez, hace cuatro veranos. Lo hizo acompañada por su novio de entonces, un hombre llamado Sergio, que podría también estar siendo investigado por la Guardia Civil. Ambos vivían en Burgos y el ambiente bohemio del Cabo de Gata, su paisaje y su clima, terminaron de enamorarles. Decidieron trasladarse a Las Negras. Algunas fuentes apuntan a que la vivienda que ambos compartían está en la zona del camino de la depuradora, precisamente donde cuatro días después de la desaparición del niño, ella halló la camiseta con ADN del pequeño. 

Ana y Sergio abrieron un local en el pequeño centro comercial que hay en la localidad, un bar llamado ‘Black’ que ahora regenta una mujer de nacionalidad argentina. La pareja rompió cuando ella conoció a Ángel, el padre del menor. Ambos empezaron una historia de amor y comenzaron una vida juntos en el piso que él tiene en Puebla de Vícar. Allí se trasladó Ángel Cruz cuando se divorció de Patricia Ramírez, madre del pequeño Gabriel, hace casi cinco años. El hombre, licenciado en Químicas, trabaja en una empresa de fertilizantes de la zona. 

Fue precisamente en este lugar, cuando Ana Julia trataba de entrar al garaje del edificio, cuando fue detenida por los agentes de la Guardia Civil que le habían cortado el paso, en previsión de que la mujer, al ver el dispositivo, se pusiera nerviosa y tratara de huir. Ahora, los investigadores intentan determinar qué pretendía hacer Ana Julia con el cadáver del niño a 79 kilómetros del lugar donde fue visto por última vez.

Ayer, cuando los agentes abrieron el maletero del coche de la mujer y hallaron el cuerpo sin vida del niño, uno de los miembros que participaba en el operativo golpeó con furia y desesperación la luna trasera de uno de los vehículos de la UCO y la hizo añicos. Un desahogo después de tantos días de búsqueda, con la familia desesperada por la falta de indicios. 

Ana Julia está desde ayer a mediodía en los calabozos de la Guardia Civil. Cuando fue detenida por un grupo de agentes solo acertó a decir: “¡No he sido yo, he cogido el coche esta mañana!”.