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La compleja personalidad de Ana Julia Quezada, asesina confesa de Gabriel


Rosa Ortiz
Periodista

A Gabriel, dice su entorno familiar, nunca le gustó Ana Julia. Los niños captan el sentimiento verdadero, quién les ama y quién no y el pequeño tuvo que notar, desde el principio, la compleja personalidad de esta mujer, su falta de empatía, su ausencia de cariño real. La madre de Ángel Cruz, Carmen, una mujer que ayer se abrazaba al pequeño féretro blanco con el cadáver de su nieto dentro, tampoco aguantaba a la novia de su hijo. Pensaba que tenía demasiada influencia sobre él, que le manipulaba. Mal que bien soportaba que pasara con ellos fines de semana o festivos en su casa de Las Hortichuelas, cualquier cosa con tal de pasar el mayor tiempo que pudiera con su hijo y su nieto. 

Ana Julia Quezada

Carmen, la abuela, se quedó viuda hace años. Al fallecer su marido dejó en herencia a sus dos hijos, Francisco y Ángel, un amplio terreno en Rodalquilar. Una finca situada a mano derecha tal que uno desciende por carretera desde el mirador de las Amatistas, en uno de los valles más hermosos del parque natural Cabo de Gata. Al lugar se accede por un camino de tierra que rodea, serpenteante, una pequeña loma. Detrás se esconde una casa amplia, de una sola planta, con un pequeño aljibe de agua a la izquierda. Ayer, agentes de la Guardia Civil inspeccionaban la zona palmo a palmo porque fue ahí, en la parcela que en otro tiempo acogió fiestas, cumpleaños y comidas familiares, donde Ana Julia Quezada ocultó el cuerpo del menor los doce intensos días que duró su búsqueda.
El perfil que ha trazado la Guardia Civil habla de una mujer posesiva, celosa, que no sentía cariño por el menor, que consideraba al pequeño Gabriel un “estorbo” en su relación con Ángel
El perfil que ha trazado la Guardia Civil habla de una mujer posesiva, celosa, que no sentía cariño por el menor, que consideraba al pequeño Gabriel un “estorbo” en su relación con Ángel. El hombre, como así reconoció su ex mujer hace dos días en una entrevista en la Cadena COPE, está devastado: “Está destrozado. Es muy difícil hacer la digestión de la pérdida de un hijo sabiendo que lo ha matado la persona a la que quieres”, contó Patricia. Ella, con su intuición de madre y detalles que observaba y no le cuadraban, pronto tuvo sospechas de Ana Julia. Las mismas que, poco después de iniciarse la investigación, ya manifestaban los especialistas que llevaban el caso. 

Les resultaban poco convincentes las explicaciones que dio la mujer cuando se le pidió el móvil o los ratos que desaparecía de la casa familiar, en pleno fragor por la búsqueda del pequeño. Dijo que se le había extraviado, que no sabía dónde lo había metido a pesar de que unos familiares encontraron el terminal tirado detrás de unos arbustos. Les extrañaron también las contradicciones en las que incurrió cuando los agentes hablaron con ella tras el hallazgo de la camiseta. En una ocasión dijo que conocía el lugar -el Barranco de las Águilas- porque ahí iba a pasear con el pequeño Gabriel y con Ángel. Luego cambió de versión y dijo que no, que conocía bien el sitio de ir con sus perros. 

Más allá de todo ello, también llamaron la atención las reacciones exageradas de la mujer durante los días que duró la búsqueda. Especialmente cuando había cámaras delante, Ana Julia Quezada se mostraba muy afectada, adoptando un papel protagonista que no le correspondíaLejos de evitar situarse en el foco mediático, se colocó en primera línea. Debió pensar que así nadie dudaría de ella pero logró el efecto contrario. Dejó que los fotógrafos captaran su gesto compungido y doliente, intervino en entrevistas -interrumpiendo incluso a Ángel para añadir detalles que nadie le había preguntado-  y concedió incluso declaraciones a algún medio.

En una entrevista a una radio gallega, la detenida llegó a hablar de Gabriel en pasado y se corrigió a sí misma para volverlo a hacer en presente. “Que nos devuelvan a nuestro Gabrielillo”, llegó a decir en antena, con voz llorosa.
En una entrevista a una radio gallega, la detenida llegó a hablar de Gabriel en pasado y se corrigió a sí misma para volverlo a hacer en presente. “Que nos devuelvan a nuestro Gabrielillo”, llegó a decir en antena, con voz llorosa. “No saben ponerse en lugar de la víctima. Esta es un mero objeto con el que lograr imponer su razón y es una de las características que les delata. En las pruebas psicométricas de personalidad, quienes cometen un asesinato manifiestan un claro riesgo de psicopatía porque se distancian emocionalmente de sus víctimas a pesar de que son plenamente conscientes de lo que hacen”, explica el psicólogo Miguel Arranz.

El alto grado de manipulación sobre las personas de su entorno más cercano y la absoluta falta de asertividad, es decir, la incapacidad de ponerse en el lugar del otro y afrontar cualquier situación adversa como un ataque frontal hacia su persona, son rasgos distintivos de la mente de un asesino, según este experto. 

Ana Julia Quezada quería librarse de Gabriel. Detestaba la lógica relevancia que el niño tenía en la vida de Ángel Cruz -era su padre- y odiaba la idea de que el pequeño fuera el inevitable vínculo que seguía uniendo a su “hombre”  con Patricia. La ex pareja, que mantenía una relación muy cordial - y que han mostrado una unión inquebrantable durante todo el proceso que ha durado la desaparición de su hijo- estaba orgullosa de cómo su pequeño había superado el episodio de acoso que había sufrido en el primer colegio en el que estuvo matriculado. El niño estaba feliz con los amigos que había hecho en su nuevo cole. 

La tarde que desapareció Gabriel, Ana Julia se ausentó de la casa de la abuela varias horas. Regresó sobre las seis, como si no hubiera pasado nada. No dijo a dónde había ido ni qué había hecho. Y esperó pacientemente hasta las ocho, cuando Ángel interpuso la denuncia en el puesto principal de la Guardia Civil de Níjar, con toda la familia ya en vilo por la ausencia del niño. Ahí comenzó su teatro. Duró exactamente trece días, el tiempo que la Guardia Civil tardó en detenerla.