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El exconsejero Antonio Fernández, en la cárcel

Isabel Morillo
Jefa de Andalucía de El Correo de Andalucía

El exconsejero de Empleo posiblemente ya sabe a estas horas de la mañana cómo huele la cárcel. Como político era afable, cercano, directo. Un hombre que se distinguía por no estar rodeado de la pompa de la que le gustaba disfrutar a otros compañeros de Gobierno pero que igualmente, a veces, sorprendía que cuidara poco las formas en el ejercicio de sus responsabilidades públicas. El jerezano Antonio Fernández  siempre tenía asuntos graves por los que comparecer ante la prensa. Alambicado en sus explicaciones, sin verbo fácil o fluido, pero siempre certero, al final, en el titular. Esta afirmación hoy, después de 36 horas frente a una implacable jueza Alaya, le moverá a la risa. Pero en efecto, en sus años en la política activa, sus marrones eran Delphi, la paz social con los sindicatos o el sempiterno Santana.

Trabajadores vociferando a las puertas de su coche. Muy diferente a lo que lleva encarando en los juzgados desde el pasado viernes, como presunto ideólogo de una trama fraudulenta tejida con ayudas públicas de la consejería de Empleo. Una trama que él defiende que no es tal sino un sistema de ayudas diseñado con la mejor intención que topó con dos desalmados, con quienes ahora comparte cárcel de forma preventiva y que, enganchados a la cocaína, vieron lo fácil que era meter la mano en la caja. La jueza no se lo cree. Para nada. Ya avisó que llegaría hasta lo más alto de la pirámide…

Fernández –que habrá echado de menos algún gesto público de cariño del actual Gobierno o, al menos, del PSOE-A– fue importante en clave política. Movió muchos hilos en el siempre revuelto PSOE de Cádiz. Al final fue un hombre de la más estricta confianza de Luis Pizarro, cuando éste era el factótum del partido de Manuel Chaves. Cogió vuelo con Gaspar Zarrías como consejero de la Presidencia. El jiennense ha sido de los únicos en demostrarle en público respeto por el trabajo desempeñado.

Terminó su carrera política como uno de los llamados Apóstoles de la Sucesión, aquellos elegidos dentro del Consejo de Gobierno para bloquear cualquier tipo de crítica o corriente contra la denominación de José Antonio Griñán como sucesor de Chaves. Fernández, como le ocurriría a Martín Soler, duró poco con el nuevo presidente socialista. Griñán, posiblemente ya alertado por este caso de los ERE y por la aparición del nombre del consejero en una póliza de González Byass, lo dejó caer en cuanto pudo. Ese asunto de la póliza de las bodegas jerezanas puso a silbar las alarmas. No es ni por asomo estético que un consejero firme autorizándose un ERE que le beneficia. Hay que decir que nunca cobró ese dinero, pero ahí comenzó su caída en picado.

Al gaditano lo imputaron en el caso de los ERE hace un año. Investigaron sus bienes y los de su familia. No ha trascendido que se haya enriquecido o aumentado su patrimonio.La jueza Alaya lo ha marcado como el presunto cerebro de la trama. Fue responsable del IFA y viceconsejero de Empleo cuando se redactó y firmó el convenio que permitió que las ayudas a las empresas en crisis salieran del circuito oficial y pasaran a éste otro que, saltándose todos los controles administrativos y de Hacienda, permitiría más agilidad para la resolución de conflictos pero también que se metiera la mano y presuntamente se desviaran muchos fondos públicos.

Fernández, siempre jocoso en los pasillos del Parlamento, estará hoy para pocos chistes. Parece imposible que pueda reunir la fianza que le han pedido. Es todo complicado. Cuando saltó el escándalo se le pudo escuchar lamentándose de Francisco Javier Guerrero, a quien, contó entonces, trató de financiarle un tratamiento de desintoxicación por sus problemas con las drogas. Tardó en cesarlo. Eso solo indica o que Alaya no va mal encaminada o que Fernández era el tipo bonachón y humano que era fácil toparse en cualquier rincón político.

Que esté en la cárcel es impactante. Muy duro para muchos en el PSOE y en el anterior Gobierno. Un palo. El más fuerte que ha dado, hasta ahora, la magistrada Mercedes Alaya. Y la pregunta es ¿qué pasará ahora con el diputado nacional José Antonio Viera? Si sigue subiendo en la pirámide el socialista sevillano, que sí tiene carné en vigor, ocupa el siguiente peldaño. Entonces el caso irá al Supremo. Quedan aún muchos capítulos por escribir.

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