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Presión electoral

Javier Salvador
Director de Teleprensa

Apenas quedan unos días para que la verdadera campaña electoral empiece, es decir, desde el día 6 de mayo cada partido puede utilizar tanta artillería como quiera para derrocar a su oponente. El PP se escuda en que prácticamente hay los mismos imputados entre sus filas que en las del PSOE, pero en la bancada de enfrente les retan a sacar nombres y los otros sólo dicen que no hace falta, porque ahora resulta que el hecho de estar imputado no es nada y que hasta el momento en el que no exista una sentencia firme nadie es culpable.

En medio de todo este lío Esperanza Aguirre vuelve a tomar las riendas de un partido donde la cohesión no es una virtud en estos momentos y sin que nadie le pregunte le dice a todo el mundo en pleno acto de partido “Sí faltan los Gürtel”, aclarando que es perfectamente consciente de que por un lado caminan las responsabilidades políticas y por otro las penales. Supongo que ayer hablaría con Camps, que éste le llamaría y charlarían sobre el tiempo y el sexo de los ángeles, porque esas declaraciones son una clara toma de posición ante el 23M, un día en el que PP tiene dos opciones, barrer o barrer, si no quiere que sus propios barones regionales barran la actual dirección antes de las elecciones generales de 2012.

En el País Vasco, el PP le ha mandado el recado a su dirección nacional de que dejen para ellos el asunto de ETA, pues ellos mejor que nadie son quienes pueden manejarlo, recordándoles que son ellos quienes sustentan el gobierno de Patxi López (PSOE), y que bueno o malo para las encuestas, se empieza a ver la luz al final del túnel del terrorismo.

Pero esta campaña es municipal, regional en algunos lugares. El PP se la juega a desbancar al PSOE en dos comunidades que, como Andalucía, sólo conocen gobiernos socialistas. Hablamos de Extremadura y Castilla La Mancha, y sí, es ahí donde se juega el verdadero partido de la extrapolación de datos de cara a las generales.

Pese a todo, la verdadera batalla de las diferentes direcciones provinciales, los lugares donde nace el poder en uno y en otro partido, tienen ante ellos su gran batalla, porque su trabajo se ve reflejado en estos comicios y no en otros.

Así, en Valencia temen que muchos votantes populares le hagan a Camps lo que en el PP de Madrid esperan que muchos votantes socialistas le hagan a Zapatero, es decir, quedarse en casa. En Murcia los casos de corrupción y algún que otro desliz presupuestario, junto a la incontinencia verbal de su presidente regional apuntando hacia el copago sanitario o educativo, también ha puesto algunas espadas en alto, y todo ello puede tener sus consecuencias.

Ayer hablábamos de la encuesta publicada por el periódico Público, que puede ser el cuarto o quinto en difusión. Todos decían que no había que prestarle mucha atención, pero al mismo tiempo surgía la pregunta de ¿cuál es la buena? El caso es que ese muestreo que puede ser tachado de irreal, partidista y tendencioso, tanto como el resto de los vistos hasta ahora o los que hoy mismo se publican en los periódicos conservadores para contrarrestar el efecto Público, mostraba que la distancia entre PP y PSOE se cae a poco más de dos puntos, un dos por ciento, que es el síntoma de una crisis al igual que el malestar corporal anuncia la gripe.

No creo en las casualidades y me consta que Esperanza Aguirre se empapó la encuesta de Público antes de hablar de la limpieza de su lista respecto a los imputados por la Gürtel. Tampoco creo que el ataque desesperado del PP en los temas de terrorismo no tenga nada que ver con la intención de movilizar voto de la derecha más radical, pero si el patio pinta así en el plano general, ¿se hacen una idea de lo que puede pasar a nivel local?

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