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Hasta en las condecoraciones nos equivocamos

Rafael Leopoldo Aguilera

El Gobierno español ha aprobado en el Consejo de Ministros dos reales decretos por el que se concede el Collar de la Orden de Isabel la Católica al jeque Hamad Bin Khalifa al Thani, y la Gran Cruz de la Orden Isabel la Católica a su esposa, la jequesa Mozah Bint Nasser.

La primera distinción se constituyó en 1815, denominándose de la Real y Americana Orden de Isabel la Católica, para premiar a quienes hubiesen contribuido de modo relevante al bien de la nación y la segunda para distinguir "comportamientos extraordinarios de carácter civil realizados por personas españolas o extranjeras", que contribuyan a favorecer las relaciones entre países.

No hace falta más que ojear Internet, y sabremos realmente el sistema socio-político que impera en Qatar, que no es una monarquía parlamentaria,  ni funciona la distribución de poderes según Montesquieu. Es obvio, que no encontramos con un Emirato, de los que, aún teniendo una legislación más liberal, no sería nada de extrañar que pueda terminar con revueltas como en otras zonas del Magreb o el Golfo Pérsico, debido a la falta de un mayor grado de libertades, y la falta o vulneración de derechos fundamentales.

Lo que sí debería de hacer el Ministerio de Asuntos Exteriores, que al igual que publica en el Boletín Oficial del Estado la resolución gubernativa de concesión de la condecoración, cuando el mandatario es destituido por ejercer sus potestades con carácter autoritario y totalitario, la misma quedase sin efecto, o en su caso, la devolviese a la Corona, al igual que están haciendo muchos Ayuntamientos, en cuyos municipios era Alcalde honorario o perpetuo era el General Francisco Franco, y están dejando éste nombramiento sin validez jurídica-historiográfica. Menos mal que las actas capitulares de aquellas fechas eran manuscritas, sino le echarían types para borrarlas.

Pero, lo llamativo, es la distinción que les dan a dos autoridades árabes de religión musulmana, el Collar y Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica. Nada menos, que de Isabel I de Castilla, llamada la Católica, y perteneciente a la Casa de los Trastámaras, que no de los Austrias ni Borbones. No le han dado el Toisón de Oro u otra distinción institucional más propia de estas relaciones de interés mercantilista.

Isabel la Católica, impulsora del descubrimiento de América, del establecimiento de la Santa Inquisición, de la creación de la Santa Hermandad, de la incorporación del Reino nazarí de Granada, así como la unificación religiosa bajo el Papado Romano de la Corona Hispánica, basada en la conversión obligada de los judíos y musulmanes.

Fue tan importante y decisoria su intervención socio-política, que por algunos llamados “progresistas” que la consideran una figura mitificada por el franquismo, está pendiente de su beatificación y canonización por el Vaticano como consecuencia de una vida llena de santidad y beatitud.

Por amor a Dios, no habrá nadie en el Ministerio de Asuntos Exteriores, ni en el Maestrazgo de la Orden, que tengan un distinto juicio institucional al acontecido, y sean más acordes las distinciones que se conceden con la realidad personal de los mandatarios extranjeros distinguidos, como pudieran ser las condecoraciones de la  Real y Distinguida Orden Española de Carlos III, establecida por Carlos III en 1771 con la finalidad de condecorar a aquellas personas que se hubiesen destacado especialmente por sus buenas acciones en beneficio de España y la Corona.

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