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Terremoto en las encuestas

Javier Salvador
Director de Teleprensa

El historiador romano Tácito dijo que la verdad se fortalece con la inspección y con el examen reposado; la falsedad se aprovecha de la prisa y la indecisión. Ahora bien, ¿podemos trasladar una reflexión como ésta al panorama electoral español de 2011?

La base de nuestro modelo de decisión preelectoral son las encuestas y éstas tienen un problema fundamental, nos las creemos todas o las desechamos por igual, pero a día de hoy, si nadie sale al rescate del Partido Popular, el panorama general se le pone muy feo porque empiezan a tirarle con balas de verdad. El primer medio de comunicación que advirtió de un vuelco en las encuestas tras el anuncio de Zapatero de no repetir como candidato fue el diario El Mundo, en una encuesta realizada a toda prisa poco después del revuelo generado con el discurso del presidente del Gobierno. El País, en el lado ideológico contrario al diario liderado por Pedro J. Ramírez, dijo en una encuesta propia que los síntomas no eran tan claros, pero que algo estaba ocurriendo en las bases electorales. Y ahora llega la encuesta del diario Público, que es algo así como el periódico tocapelotas del panorama nacional, con un muestreo en el que anuncia que la distancia entre PP y PSOE se reduce a 2,3 puntos, que las expectativas de voto de los socialistas suben 7,6 puntos y que las del PP bajan 3,4. ¿Esto es examen reposado o prisa e indecisión?

Hay muchos más datos, pero con estos vale para comentar algo que se intuía, que estaba en el aire y que no terminaba de aflorar. El Partido Popular está, a día de hoy, igual que en las últimas elecciones, exactamente igual, ni más ni menos, pero el PSOE recupera aquello que perdió a causa de la crisis y si consigue llegar a donde estaba hace unos años, ni más ni menos, le moja la oreja a la derecha y se come ese millón de votos del centro que todos sueñan con atraer.

España, y lo dice el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), es un país de centro izquierda. Y que nadie se lleve las manos a la cabeza, porque no olvidemos que aunque con sus dificultades, este país era una república hasta que padeció una guerra civil y décadas de dictadura.

Con ello quiero decir que la tradición de la derecha fue algo impuesto y que en sus tiempos existía, pero era algo minoritario. Ese voto se va amortizando a un ritmo muy superior al de la capacidad de recuperación del PP. De hecho, las encuestas dicen que no gana adeptos pese a la que ha caído en estos años.

Un ejemplo claro del porqué se produce ese rechazo puede ser Portugal, donde los votantes apuntan que castigarán a una oposición de derechas que no propone nada, sólo un cambio en las caras del gobierno, y se debe sencillamente a que las medidas que se están tomando son globales, no hay caminos alternativos.

Al final parece que todos nos caemos del guindo y nos damos cuenta de que recuperar y mantener las medidas sociales, aunque sea a menos gas del deseado, es complicado pero que aquí se ha conseguido y con ello la paz social en tiempos revueltos, cuando la alternativa puede ser una recuperación mucho más rápida, pero eliminando ayudas y, sencillamente, mirando hacia otro lado cuando las desigualdades entre clases afloren como antaño.

Las encuestas reflejan que los españoles no aceptan un discurso de tipo Cospedal o González Pons, y creo que la causa principal es que recuerda demasiado al tándem formado por Zaplana y Acebes, con aquellas arengas en las que la verdad era un hecho figurado dedicado a sus electores incondicionales, sin darse cuenta de que ni eran, ni son mayoría y que no se trataba de asegurar lo que tenían, sino de conseguir algo nuevo. Y no, con miedo y presión no se convence a nadie.

A los partidos les cuesta entender que hay casi un 40% de españoles que no votan porque no les atrae nada el panorama electoral. No creen en los líderes actuales y no entienden sus políticas, o igual las entienden pero no son capaces de ponerles la piel de galilla. Ese 40% está en el centro ideológico y si el PP quiere acercarse a ellos se ha equivocado de personajes y de discurso para atraerlos, es más, se los ha puesto en bandeja de plata a los nacionalistas y en último lugar al PSOE.

Y sí, ahí están las encuestas. Ahora que justifique Pons por qué su barco hace aguas cuando estaban tan confiados de tener al PSOE acorralado con los faisanes y los eres, creyendo que nadie se daría cuenta de que en sus bolsillos llevan los Camps y los Gürtel.

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