La
compra por Cristiano Ronaldo del 25 por ciento del capital social de
la empresa propietaria del Almería ha situado al club en las portadas de los
grandes medios de comunicación del mundo. El New York Times americano,
El Sun y el Guardian londinense, A Bola de Portugal, el
Bild alemán, el Corriere della Sera italiano, L' Equipe francés,
el Olé argentino o el Record de México, entre otros
centenares de medios, recogieron el jueves en sus ediciones digitales la
noticia. La extraordinaria personalidad del exmadridista supera territorios y
traspasa continentes. Almería y el Almería nunca pudieron imaginar que
aquel fútbol de linimento y melancolía condenado al ostracismo del arrabal de
las bajas divisiones podría un día aparecer en las pantallas de los móviles de
millones de aficionados en todo el mundo. Nada más que por eso la compra
de ese 25 por ciento es ya una buena noticia.
Pero más allá del gran impacto emocional del “fichaje”
accionarial hay que preguntarse por qué Ronaldo ha desembarcado en un club
situado extramuros de las grandes divisiones. O, dicho de otra forma, por qué
una estrella de luminosidad mundial acaba invirtiendo en un club de provincia
periférica.
La primera piedra que mueve esta monumental rueda de la que sabemos el
principio, pero de la que nadie se atreve a escribir cuándo y cómo será el
final -nada hay más imprevisible que el contradictorio universo del futbol-
comenzó el día el que Turki conoció al genio portugués. Aquella mañana de
2022 en Riad comenzó una estrecha amistad en la que también entró en escena
Al-Khereiji, un tipo situado aparentemente en segundo plano, pero que fue clave
en la llegada del portugués al Al-Nassr saudí. Si Ricks y el capitán
Renault comenzaron el principio de una gran amistad en la pista del aeropuerto
de Casablanca, el palacete de Turki en la capital saudí fue el escenario de
otra gran amistad cuya ola ha llegado ahora a las aguas calidad del mediterráneo
almeriense.
La segunda razón de la llegada de Ronaldo a Almería y al Almería tiene en el impulso del entretenimiento su segunda razón. Turki apostó por la imagen de Cristiano para la Riyad Season, quizá el mayor evento celebrado en el país y que incluía todo tipo de actividades sociales, culturales y deportivas, haciendo especial hincapié en el tenis -allí estuvieron Alcaraz y Djokovic- y el boxeo, con Cristiano apareciendo en las grandes veladas junto al ex propietario del Almería. En aquel tiempo de celebraciones multitudinarias y negocios de amplio espectro Ronaldo ya no era amigo solo de Turki. Lo era también de AL-Khereiji. El dueto de afectos y empresas se había convertido en trío.
Tres hombres en busca de negocios -la tercera puerta de la llegada del portugués- han encontrado en Almería una ventana de oportunidad única en el mediterráneo. No hay otra geografía a uno y otro lado de este mar que tenga casi un millón de metros cuadrados donde en el futuro, y tras exigentes procedimientos administrativos, se pueda desarrollar un proyecto residencial del altísimo standing y que tenga como vecinos, a menos de cinco minutos, un aeropuerto y un hospital, esté situado en medio de una bahía en la que el sol pasa el invierno y la inseguridad ciudadana esté a años luz de la que atemoriza a los jeques árabes en otros territorios.
La participación de Cristiano en la arquitectura
empresarial del expresidente y presidente del Almería es una incógnita que el
comunicado del jueves no cierra. En cualquier caso, si el portugués ha
entrado en Almería por esta tercera puerta o solo por las dos anteriores, no
cabe reproche alguno. Está en todo su derecho. La llegada de inversores, desde
el exterior o desde el interior, no tiene más fronteras que la estricta
observancia de la Ley y el cumplimiento de la norma.
Acostumbrados a la maldición de que la actualidad de la provincia navegue por las periferias transnacionales solo cuando la noticia encuentra su espacio en el territorio devastador del suceso truculento o la tragedia colectiva esta semana la “operación Ronaldo” ha sido la excepción que confirma tan desalentadora regla. Desde la boda sangrienta de Níjar al asesinato machista en el escenario del Cervantes, desde el apocalipsis no consumado de las bombas de Palomares a la locura racista de aquel febrero enloquecido del 2000, las noticias en las que Almería ha provocado interés más allá de los Pirineos siempre han tenido en la tragedia de la muerte o la crueldad de la vida su origen. Resignados a aparecer solo en la sección de Sucesos, esta semana el nombre de Almería ha aparecido en los medios de comunicación de medio mundo por un motivo feliz; al menos en el primer tiempo de saludo. Que nadie olvide que en el inconsistente espacio emocional del fútbol las certezas solo duran la brevedad de un instante. Entre la alegría desbordada por la victoria o el dolor abrumador de la derrota a veces hay menos distancia que la del centímetro y la décima de velocidad que determina de forma irremediable que el balón acabe -o no- en la trama de la red tras dar en la parte interior de un poste.
El futbol es una ecuación quimérica entre la economía (el valor, que no el precio de los jugadores), la geometría (el espacio más corto no es siempre el mejor para traspasar la línea de gol) , la sicología (quien no cree en la victoria nunca gana), y el azar. Ahí se encuentra su magia: navegar durante 90 minutos entre el insuperable atractivo por la euforia incontrolable de la victoria y la insoportable cercanía al abismo. Los 90 minutos de un partido son una vida en la que la emoción transita en la desazón de la duda irremediable entre el triunfo y la derrota, entre la gloria de la victoria y el miedo de perder.
¿Cómo acabará la aventura de Cristiano Ronaldo en
Almería y en el Almería? Solo Dios, Alá y el tiempo lo saben. Lo que si está
claro es que la llegada de Ronaldo ha puesto en el mapa del planeta futbol a un
equipo de segunda como el Almería. Y si para los incrédulos las portadas
de las Home de medio mundo no son suficientes, los 700 millones de
seguidores en Instagram del portugués ya son un buen argumento para
entender la dimensión del último fichaje de Almería y del Almeria.
Ah, y no se olviden: detrás de un futbolista de éxito siempre hay un empresario, varios socios y algunos asesores económicos. El futbol no es distinto de la vida.

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