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La iglesia de Las Salinas

Luis Rogelio Rodríguez-Comendador
Alcalde de Almería
 
Todos los almerienses y visitantes que estos días se acercan a las magníficas playas de Cabo de Gata están apreciando la restauración de la emblemática iglesia de Las Salinas que está ultimando el Obispado en colaboración con el Ayuntamiento. La vieja iglesia, que el pasado verano presentaba un aspecto fruto de muchos años de falta de cuidado y abandono, luce ahora espléndida, remozada y preparada para volver a ser usada por los fieles en pocas semanas, además de seguir siendo parte habitual del horizonte y escenario clásico del Parque Natural de Cabo de Gata. El Ayuntamiento ha apostado decididamente por esta restauración, colaborando y alcanzando un acuerdo que nos permita disponer de una sala anexa al tempo que sirva como punto de información y difusión de la variada oferta turística de la zona. Es un ejemplo de colaboración y de perspectiva de futuro que explica bien las ventajas de un mantenimiento activo de los elementos culturales y arquitectónicos que, formando parte de nuestra historia, configuran de algún modo nuestra carta de presentación en el exterior.
 
La iglesia de Las Salinas antes de su
restauración
A partir de este verano, los miles de visitantes de la costa en esa zona de Almería tendrán un referente visual más digno y mejor acondicionado que hace unos años. Y eso es bueno para todos. Lamentablemente, nuestro patrimonio histórico no está recibiendo el mismo tratamiento en nuestra provincia. Soy consciente de que en muchos casos estas actuaciones son caras y que tienen una escasa trascendencia a corto plazo en la opinión pública. Pero son imprescindibles y necesarias, porque no basta con enarbolar los discursos más sólidos en cuanto a la protección y el compromiso patrimonial; hay que acompañar las palabras con hechos. Y ahí está, lamentablemente condenado a un inexorable abandono, otro de los edificios más simbólicos de todo el Parque Natural, como es el Cortijo del Fraile.
 
La iglesia de Las Salinas después de su
restauración
Me gustaría desde estas líneas animar a los responsables de la Junta de Andalucía a que busquen con franqueza y buen ánimo el espíritu de colaboración necesario para evitar que el día menos pensado el viejo edificio se colapse irremediablemente. Me consta que la administración autonómica es sensible en este caso concreto, al igual que también es sensible con el estado, por ejemplo, de la Alcazaba, pero cuando el turno de las palabras se ha agotado, debe comenzar el turno de las inversiones. Y ahí está el verdadero problema. La pésima gestión económica de la Junta de Andalucía imposibilita la existencia de fondos suficientes para afrontar la recuperación de estas dos referencias básicas en la relación patrimonial y cultural de Almería. Y es que una administración no sólo está para aportar buenas palabras y hermosas intenciones; hay que poner sobre la mesa los recursos que hagan posible proteger nuestro patrimonio de palabra… y de obra.

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