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Crónica de Poemas Bastardos

José Carlos Sánchez Berenguel
Presidente del Comité Provincial de Cruz Roja

No hubo nada bastardo en El Morato. Veintiocho de diciembre de dos mil once, día de los Santos Inocentes, asomando el fin de año, con el sabor de los turrones, el olor del anís y el soniquete de los villancicos, más de cien personas, hombres, mujeres y algunos niños se agolparon en la casa cueva dispuestos a sentir, ¡y vaya si sintieron! Sintieron la emoción del artista, sintieron cómo sus nervios se diluían con el calor de los suyos, sintieron el orgullo de ser hermanos, sobrinos, primos, amigos o solo conocidos cibernéticos de Anibal García, legítimo autor de Poemas Bastardos.
Legítimos fueron sus poemas, legítimo el calor de su familia de artistas, herederos de artistas que ayer echamos de menos los que pudimos conocerlos, agradecidos por el legado que nos han dejado. ¡Qué orgullo sentirían desde su atalaya! Se conjuraron la guitarra y el violín para darle al autor la profundidad, el tono y arte de las ocasiones solemnes. La voz profunda y auténtica de Antonio, El Niño de las Cuevas, rasgaba el sentimiento que su hermano poeta y Luís Terry  habían puesto a flor de piel. Música y poesía llenaban el escaso espacio libre que quedaba en El Morato y se iban adueñando de los sentidos de quienes allí estábamos. Lágrimas en los ojos, emoción contenida que explota al coger el poeta, por sorpresa, la guitarra y cantar su poema. Arte sobre arte, culto al buen gusto, atrevimiento y éxito, ¡qué fórmula más autentica para convencer en un escenario!
Se vivieron las sensaciones en El Morato. Hicieron nido en el corazón de los que queremos a este poeta porque es noble y leal como tienen que ser los artistas. Todos juntos nos unimos a la familia García para ser más familia. Admiramos su arte, su amor por lo nuestro, su innovación en el Flamenco haciéndolo más autentico, más vivo. Violín, guitarra, percusión y voz se unieron al baile con embrujo y hechizaron a la Peña. Ayer no hubo nada bastardo en El Morato, todo fue legítimo, todo fue real, no fue un sueño, aunque lo pareció.

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