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Feliz Navidad

Antonio Medina Guevara
Escritor

Llega el tiempo más tierno para los niños y más mercantilista para los mayores. ¡Llega la Navidad! Para algunos que ya somos mayores, pero que aún pensamos que la infancia bien vale lo que vale un juguete, también pensamos en los millones de niños que no solo no tendrán juguetes, sino que en caso de llegar a adultos, no habrán tenido infancia. Pero a la vez me pongo a pensar si, tal vez, los niños retienen en su mente algunos juguetes. Si retendrán en la suya, los que ahora son niños, el primer videojuego que recibirán. Si lo harán con la “PlayStation” o similares… Creo que no. No puedo afirmarlo, claro, seguramente porque en mi infancia no había estos artilugios que yo no sé si valen para activar las jóvenes neuronas o para adormecerlas. No lo sé.

Lo que sí estoy seguro que recordarán serán sus momentos felices; sus navidades de infancia que son el propio motivo de la celebración. No olvidemos que se celebra el nacimiento de un niño que llegó a ser el más importante de la humanidad, y que su juguetes, como cualquier niño de su época, debieron ser cosas a las que hoy no les haríamos el menor caso: una caja de madera convertida en una impresionante cuadriga; un palo que, en las manos apropiadas, sería un espada justiciera; un trapo atado al cuello de un niño que lo convierte en invisible…

Eso es lo que se recuerda cuando pasan los años. No es un artilugio que les dice lo que tienen que hacer, una “estupidez” electrónica que dicen es una mascota. ¡Que imbecilidad! Una mascota es un ser con vida: un perro que se convertirá en su mejor amigo, cualquier “bicho” que necesite ser cuidado, querido, y que convierta al niño en su protector y amigo…

Pero eso no está de moda. No está de moda pensar en que los que regalan los juguetes, piensen en que ellos fueron una vez niños y en sus mentes aún están las cosas que les hicieron felices en su infancia… Se nos olvida que un niño aprende jugando a ser un día un hombre o una mujer de provecho y que lo que está de moda cambiará, que no se puede aprovechar en la mayoría de los casos en formar la mente de un niño para cuando le corresponda ser adulto.

Eso creo yo. Eso cree mucha gente; pero parece que es más fácil seguir modismos y consumismos que pensar en la mente de los niños. Es lo que me parece a mí. Y si de algo puede valer mi reflexión, espero que sea para cambiar nuestros hábitos y modas; que pensemos que en la base de la Navidad está un niño, pobre, pero que seguramente fue feliz. Si no, ¿cómo pudo ser tan grande cuando llegó a mayor?

Feliz navidad a todos y en especial a los niños, los verdaderos actores de la Navidad.

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