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"Así jugaban los niños de Almería"

Evaristo Martínez
Periodista

Antes, muchísimo antes, de las consolas, de los juegos en red y de las últimas virguerías para los móviles existían otras formas de diversión infantil, ligadas a la calle y al grupo, como el marro, la olla de miel, el triquitrán o la rayuela, nombres que hoy activan las neuronas de la nostalgia apenas suenan. Para rescatar del olvido aquellas tradiciones, y acercarlas además a las nuevas generaciones, Francisco Javier Martínez Maldonado (Almería, 1967) acaba de publicar Así jugaban los niños de Almería (Castellana Ediciones), un exhaustivo trabajo de investigación que recoge alrededor de quinientos juegos y canciones de tradición. “El patio de la escuela es uno de los últimos espacios en el que los niños continúan jugando; de cualquier manera, muchos juegos, populares en otro tiempo y de tradición en nuestra historia y cultura ya no están entre el repertorio que se puede ver y oír en nuestros recreos”, escribe el autor, maestro de Educación Física en Murcia, en la introducción de la obra.

El libro, de gran formato (365 páginas en tamaño 240x297 mm.), incluye además unas trescientas figuras entre grabados, fotografías, gráficos y dibujos, y cerca de cien partituras musicales. Asimismo, cada uno de los veinte capítulos de los que consta está presentado con un dibujo de Carmen de Perceval.

“Era consciente de que había mucha riqueza dispersa en la memoria de los padres y de los abuelos de aquellos niños, y que gestionar su recuperación para devolvérsela a quien corresponde, desde mi perspectiva de maestro, era un propósito que merecía la pena”, cuenta Martínez Maldonado, que ha dedicado al estudio del juego tradicional infantil más de una década de su vida.

Según el autor, en este trabajo queda constancia de que “nuestros padres y abuelos han jugado prácticamente de la misma manera que los niños del siglo XVII”, divertimentos que casi siempre tenían su reflejo en el mundo clásico.

El proceso de documentación ha sido intenso y “apasionante, un juego en sí mismo”. “Se ha realizado básicamente a partir de una serie de memorias de campo, de entrevistas personales, de encuentros, de animadas conversaciones, de intercambios, de recuerdos, de idas y venidas, de paseos inolvidables por la provincia que se prolongaron por espacio de más de dos años, desde 1998 hasta el 2000”, explica.

Para todos los públicos
Entre los cerca de quinientos juegos y canciones recopiladas existen opciones para todos los gustos. “Hay juegos entrañables, divertidos, muy animados, festivos, mágicos, de suspense, de misterio, de azar, enérgicos, livianos, musicales… Juegos de carrera, de búsquedas, de saltos, de lanzamientos, de cuerda, de corro, de filas, escénicos, de lenguaje…”, enumera.

Entre ellos, Francisco Javier Martínez Maldonado confiesa que “nunca privaría a un niño” de conocer el triquitrán, el cascaramuza, la mona, el nache, el marro, la olla de miel, la bandera, la esquinita o la rayuela, por citar algunos. Y entre las curiosidades con las que se ha topado destaca el ‘boliche’ de Turre. “Sobre él me puso en aviso un vendedor de lotería de Cuevas del Almanzora, que me dijo que lo jugaban en Navidad y que nunca lo había visto en otro lugar en los cuarenta años que llevaba recorriendo la zona. Yo tampoco he encontrado en toda la provincia nada igual, pero Rodrigo Caro en el siglo XVII ya describe un juego llamado ‘clo’ de dinámica muy parecida”.

Además de los juegos, el docente también ha recuperado un centenar de partituras musicales de canciones populares. “He de agradecer a Ana Onsalo Zayas, maestra de música, su colaboración. Muchas partituras responden casi exactamente a las versiones más popularizadas de algunas canciones. Sin embargo hay también un buen número que fueron grabadas y transcritas tal y como se recordaban. Muchas de estas últimas son versiones diferentes y algunas casi desconocidas fuera de su ámbito geográfico”.

Para Francisco Javier Martínez Maldonado, ‘Así jugaban los niños de Almería’ es “una magnífica oportunidad para que los niños aprendan a jugar de verdad, como lo hacían sus padres y abuelos”. A ellos, y a la comunidad educativa, pide también su complicidad. “Hasta que no formen parte de su vida, los juegos seguirán en un lugar inadecuado, antes en la memoria colectiva, ahora en las páginas de un libro. Así que no me queda nada más que animar a los padres y a los maestros para que se pongan en marcha”, concluye.
(La Voz de Almería)

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