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Alicia Fernández, la almeriense que más sabe del Valle de los Caídos


Manuel León
Periodista

➤ Todas la mañanas -con su acento almeriense reverberando en el granito mitológico- Alicia Fernández Guerrero (Almería, 1982) explica una y mil veces, a turistas de mochila y a jubilados con buenas piernas, la historia del monumento. La primera vez que fue allí, a ese valle de lágrimas, lo hizo como espectadora, para aprender y poder contestar sin complejos a las preguntas de trivial de cualquier visitante japonés o a curiosos pensionistas alicantinos. Alicia -nacida en la calle Pablo Iglesias de la capital e hija de un pintor de brocha gorda- es una de las guías más enjundiosas de esa monumental obra de Cuelgamuros, tan en el ojo del huracán ahora por el polémico proyecto de exhumación de los restos de Franco.

Alicia Fernández

“Para mí, venir hasta aquí forma parte de mi trabajo, explico las cosas con naturalidad, sin apasionamientos, aunque hay exaltados, pero ya estoy acostumbrada”, asegura Alicia, que estudió en el Instituto Al Andalus, de donde guarda gratos recuerdos de profesores como Mari Carmen Mena, Pilar Carmona y Jesús Quereda.

“La primera vez que lo visité me infundió mucho respecto, incluso miedo, y una gran sensación de vacío, pero ya me he ido acostumbrando”
Suma ya cuatro años como guía del mayor mausoleo de España, edificado por Pedro Muguruza para gloria del dictador, coronado con la mayor cruz del mundo que mide 150 metros. “La primera vez que lo visité me infundió mucho respecto, incluso miedo, y una gran sensación de vacío, pero ya me he ido acostumbrando”, matiza.

Alicia, nacida cuando ya estaba dándose carpetazo a la Transición, se licenció en Historia del Arte y tras residir cuatro años en Londres como asistente en galerías y museos e intentar sacar unas oposiciones a Secundaria, consiguió graduarse como oficial de Turismo. “Trabajo para una empresa que organiza tours turísticos que se llama Viajes para todos y estoy muy satisfecha”. Sus garbeos habituales discurren -además de por el Valle- por el Escorial, Aranjuez, el Centro de Madrid y también se aventura por Toledo, Avila y Segovia, como lazarillo de turistas que llenan autobuses y que abren los ojos como platos cuando llegan a la tumba de Franco y José Antonio, en el altar mayor de la basílica.

El pasado año 283.277 personas visitaron el Valle, según los datos de Patrimonio y este año todo apunta a que se va a disparar el número después de la aprobación del Decreto de la exhumación de los restos de Franco. Tras varios años de visitas neutras, Alicia va advirtiendo como los ánimos se están exacerbando últimamente: “Hay gente que solo viene a pisotear la tumba del dictador y también tengo la anécdota de una señora con abrigo de visón que cuando me encontraba explicando que se había anunciado el traslado de los restos del dictador, empezó a gritarme ‘eso nunca va a pasar, nunca van a sacar al Caudillo de aquí’. La verdad es que me asusté, yo intento transmitir que el monumento debe ser un símbolo de paz”.

El Valle es visitado a diario por gentes de los cinco continentes, por europeos, asiáticos, latinoamericanos, “almerienses la verdad es que no me encuentro muchos”
“Quienes vienen con otra mirada, con los ojos limpios - asegura- son los escolares, son menos apasionados, las nuevas generaciones contribuirán a normalizar la situación del monumento”. El Valle es visitado a diario por gentes de los cinco continentes, por europeos, asiáticos, latinoamericanos, “almerienses la verdad es que no me encuentro muchos”. Todos ellos rompen ese silencio monacal de la basílica habitada por monjes benedictinos en una hospedería que tienen una escolanía para niños a los que enseñan canto gregoriano.

“La tumba de Franco siempre tiene flores, siempre, yo creo que muchas se las ponen los propios monjes que hacen misa todos los domingos del año”, apunta Alicia, quien reconoce que le gusta Madrid pero echa de menos Almería. Sobre si cree que sacarán finalmente los huesos, la almeriense está convencida de que sí, “aunque yo nunca entro a opinar sobre el hecho en sí delante de los visitantes, eso me lo reservo para mi intimidad, por encima de todo tiene que existir respeto a todos los pareceres y tener en cuenta que están en vigor en el Valle las multas por vejación”.

Todo apunta a que Alicia, la almeriense que más veces ha estado en el Valle, la que conoce todos sus rincones, va a tener trabajo de sobra en los próximos meses.