Edita: FIDIO (Foro Indalo de Debate, Ideas y Opinión) C. I. F.: G04253035 Presidente del Consejo Editorial: Emilio Ruiz

Última oportunidad para compradores en promociones fallidas


Gerardo M. Vazquez
Abogado Portavoz de AUAN

⏩⏩⏩ Ante la losa que nos ha caído encima por la crisis del Coronavirus, es agradable pensar en aquellos maravillosos años a principios del nuevo siglo, cuando parecía que todos éramos ricos, y que el dinero fluía como agua. Había un boom en la construcción y poco parecía importar que lo que se construyese tuviese licencia a no. “No pasa nada”, decían algunos; otros, “el alcalde ha dicho que construyamos y ya se legalizará”y otros, “¿ilegal? aquí nunca se ha tirado nada”. Es decir, ¡que fluya la alegría y la despreocupación!

Foto de 2007 - Urbanización en la provincia de Almería (Fotógrafo: Richard Torné)

Pero pronto fue evidente que no es oro todo lo que reluce, y poco a poco se empezaron a paralizar urbanizaciones. Unas, por los juzgados al carecer de permisos, y otros porque vino la crisis sub-prime y los promotores se quedaron sin dinero. Resultado de ello son los múltiples esqueletos de urbanizaciones que pueblan nuestra nación, donde yacen muchos sueños rotos y mucha angustia. La gente había invertido sus ahorros en una casa que nunca se construiría, y donde la promotora eventualmente entraba en quiebra. 

No era la primera vez que algo así ocurría. Algo parecido había ocurrido durante el boom constructivo de los años 60, y por eso, con buen criterio se había llegado a promulgar la Ley 57 de 1968, sobre el percibo de cantidades anticipadas en la construcción y venta de viviendas. Dicha Ley obligaba a garantizar la devolución de las cantidades entregadas más intereses, mediante aval solidario (o póliza de seguro) prestado por entidad inscrita en el Registro de Bancos y Banqueros o Caja de Ahorros, para el caso de que la construcción no se iniciase o no llegase a buen fin por cualquier causa en el plazo convenido.

Los abogados, con buen criterio, pronto desempolvaron esa ley de época franquista y las reclamaciones empezaron a llover a los bancos. El que tenía un aval generalmente recuperó su dinero. Pero no siempre se daban avales. Como los avales costaban dinero, no era el primer promotor que decía: “Vale, te doy un aval, pero me tienes que pagar su coste”. Además, se entendía que para poder reclamar había varios requisitos que los avales tenían que cumplir, y estos requisitos no siempre se cumplían. La jurisprudencia existente se mostraba estricta.

Pero a raíz del rescate bancario las cosas cambiaron. Los jueces son personas y viven en la sociedad como todos nosotros, y lo más importante, leen la prensa. A raíz de la crisis, la opinión pública no era en esos momentos precisamente favorable a los bancos y cajas, pues era evidente que había existido mala praxis en algunos casos. Con ello, en los años 2018 y 2019 empezaron a salir una serie de sentencias del Tribunal Supremo favorables al consumidor que había entregado dinero a cuenta para la compra de una vivienda en una promoción fallida, aunque no tuviese aval.

En estos momentos, tal y como están las cosas, si un consumidor de una vivienda no entregada en el plazo convenido puede probar la entrega de dinero a un banco o caja, merece mucho la pena pensar reclamar al banco o caja, aunque la entrega a cuenta no esté avalada.

Esa es la buena noticia. La mala es que hay que actuar lo antes posible, pues como muchos sabemos los plazos de prescripción cambiaron en el año 2015 de 15 años a 5 para estos casos, respetándose el plazo anterior pero sólo hasta el 7 de octubre 2020. Este plazo puede que sea un poco más largo como resultado del Real Decreto de Estado de Alarma por el Coronavirus, dado que los plazos han quedado en suspenso –algo curioso, por otro lado, para un plazo de prescripción y que habrá que ver cómo funciona en la práctica-.

En resumidas cuentas, es aconsejable que los que hayan invertido en estas urbanizaciones fallidas se asesoren por un abogado especialista.  Poco tienen que perder y mucho que ganar, y hay abogados que están dispuestos a llevar estos temas en términos muy favorables para el reclamante. Asesórense antes de que se cierre la puerta para siempre.

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