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Un ciego que no quiere ver

Javier Salvador
Periodista / Teleprensa

Uno de los principales problemas que tienen los políticos españoles es su obstinación a la hora de pedir perdón y reconocer sus errores. Por mucho que se quiera ocultar la verdad, cuando es evidente, la negación lo único que demuestra es prepotencia y menosprecio del prójimo. Hay un caso muy concreto en Almería que se ha producido en las últimas horas con la valoración de la Feria y Fiestas de la ciudad. Vamos, un éxito rotundo en la mente de la concejala que tenía la responsabilidad de su organización, pero un jodido desastre para la cualquier persona de la calle.

Para la concejala Lola de Haro la Feria
ha sido un éxito pese al recorte presupuestario
Pero es tal la ineptitud política de quien quiere justificar lo injustificable que utiliza cifras como argumentos. Claro, cifras como que 550 personas han participado en las actividades desarrolladas durante ocho días en una ciudad de más de casi 200.000 habitantes. Pero hay otro dato mucho más apabullante, y es el que se refiere a las visitas a la caseta municipal, la más grande, gratis y mejor situada de las únicas nueve que había en la avenida principal. El número no sé si escribirlo en número o en letra, pero bueno, ahí va, según el Ayuntamiento fueron 8.000. Y ahí está lo bueno, que hasta para meter trolas son torpes, porque por mucho que quieran nunca van a poder dar una cifra real de una caseta en la no se cobra entrada ni se tiene control de acceso. Y lo bueno es que si seguimos la regla de tres que aplican los políticos cuando dan números, tenemos que quitarle la mitad y un poco más salvo si es para contar los asistentes a una manifestación en su contra, en cuyo caso hay que multiplicar por tres, es decir, que si en el mejor de sus sueños sólo fueron capaces de atraer a 8.000 personas a esa caseta, que es en la que ellos pueden hacer campaña, la realidad debe andar por los 4.000, y supongo que sumando el convite que le ofrecieron a la tercera edad, que es como si te pones a repartir gominolas en la puerta de un colegio.

Esto me lleva a recordar aquellos días en los que Zapatero decía que no había crisis o cuando Rajoy garantizaba que si presidía el Gobierno de España no subiría impuestos, ni haría recortes en sanidad, educación y tantas cosas que prometió no hacer. Pero bueno, no es difícil llevarle la cuenta, porque vale con sumar los decretos aprobados en los últimos ocho meses para obtener la cifra de todos los incumplimientos de su programa electoral. Pero bueno, la culpa sigue siendo de Zapatero. Ya me entienden.

Lo cierto es que cansa que esta manada de insensatos dedicados a la política por el mero hecho de que nadie en su sano juicio les pagaría un sueldo por hacer otra cosa, no se den cuenta de que el ciudadano ya está cansado de la mentira, el engaño y las volteretas para esconder la verdad. Si hay errores se asumen y si se es incapaz de llevar a cabo un cometido que previamente han aceptado, lo único que se espera de esa perdona es que se marche sin hacer ruido, asumiendo sus limitaciones e intentado que alguien tenga en cuenta los servicios prestados a la comunidad, si alguna vez los prestó con eficacia.

Una pegunta al aire: ¿Imaginan cuántos políticos aceptarían ser sometidos a severas inspecciones de hacienda al inicio, en medio y al final de su paso por lo público? Porque si no son operativos y encima se enriquecen en un país de tiesos como el nuestro, ¿de dónde creemos que sacan el dinero?

Muchas veces pienso que el ciego que no quiere ver no es el político que nunca acepta sus fracasos, sino el ciudadano que calla, otorga y cree que no hay otra salida que mostrar su trasero como diana de esta nueva nobleza salida del sufragio universal. Y por todo ello, porque creo que la gente ya está cansada, y porque han pasado demasiadas cosas en muy poco tiempo, sigo creyendo que esta situación sólo la aclara unas elecciones generales anticipadas.

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