Los perros y gatos forman
parte de nuestra vida cotidiana. Perros que acompañan a personas mayores,
familias que conviven con animales adoptados, visitantes que viajan con sus
mascotas y una ciudadanía cada vez más concienciada con el bienestar animal. Sin
embargo, esta realidad social sigue chocando con normas y prácticas
administrativas obsoletas que dificultan la convivencia y penalizan a quienes
deciden compartir su vida con un animal.
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| Imagen creada con IA |
Permitir el acceso responsable de mascotas a edificios públicos, comercios, establecimientos hoteleros y de hostelería no es una extravagancia ni una concesión ideológica: es una medida de convivencia moderna, alineada con lo que ya ocurre en muchas ciudades europeas y en cada vez más municipios españoles.
Las administraciones públicas
de nuestra provincia no pueden seguir ignorando que los animales de compañía
son hoy miembros del núcleo familiar para miles de hogares almerienses. Negar
sistemáticamente su acceso a dependencias municipales, oficinas administrativas
o espacios culturales obliga a muchas personas a renunciar a trámites básicos,
a dejar a sus animales solos durante horas o a depender de terceros.
Permitir el acceso, con normas
claras —correa, bozal cuando sea necesario, responsabilidad del tutor, zonas
delimitadas— no genera caos ni conflictos. Al contrario: normaliza la
convivencia, reduce el abandono y fomenta la tenencia responsable. Ya existen
ejemplos en otros territorios donde bibliotecas, centros cívicos, oficinas
municipales o museos han abierto sus puertas a mascotas sin incidentes
reseñables.
En el ámbito privado, cada vez
más comercios y locales de hostelería desean ser pet friendly, pero se
encuentran con vacíos normativos, inseguridad jurídica o falta de respaldo
institucional. Las administraciones pueden y deben liderar este cambio, ofreciendo
ordenanzas claras, campañas informativas y distintivos que reconozcan a los
establecimientos que apuestan por la convivencia.
Turismo, economía y bienestar
animal: una oportunidad para Almería
Almería es una provincia
turística. Y el turismo con mascotas es una realidad en crecimiento. Cada vez
más personas eligen destino en función de si pueden viajar con sus animales.
Facilitar el acceso a hoteles, alojamientos rurales, bares o comercios no solo
es una medida ética, sino también una oportunidad económica para el territorio.
La hospitalidad no debería
terminar en la puerta cuando se cruza con un perro educado y socializado.
Apostar por un modelo inclusivo mejora la imagen de la provincia, la hace más
atractiva y la sitúa en una línea coherente con los valores de sostenibilidad y
bienestar que muchas instituciones dicen defender.
Más playas caninas: una
demanda social avalada por la experiencia
Si hay un ámbito donde Almería
ha demostrado que sí es posible avanzar, es en el de las playas caninas. Las
zonas habilitadas en municipios como Almería capital o Cuevas del Almanzora han
demostrado que la convivencia entre usuarios, animales y entorno natural es
perfectamente viable cuando existe regulación, señalización y civismo.
Lejos de generar problemas,
estas playas han tenido una alta aceptación social, han reducido conflictos en
otras zonas del litoral y han atraído a visitantes que antes no encontraban
espacios adecuados para disfrutar del mar con sus animales. La experiencia
demuestra que las playas caninas no degradan el entorno, no generan más
suciedad que otras zonas y pueden gestionarse con éxito.
Por eso resulta incomprensible
que, con más de 200 kilómetros de costa, la provincia no cuente con una red más
amplia y equilibrada de playas para perros, repartidas por el Levante, el
Poniente y la capital. Solo se trata de diversificar usos y dar respuesta a una
demanda real.
¿Qué proponemos?
Desde una perspectiva
comprometida con la protección animal y la convivencia ciudadana, creemos que
las administraciones públicas de nuestra provincia deberían asumir compromisos
claros, como son los siguientes:
• Aprobar ordenanzas municipales que permitan el acceso
responsable de mascotas a edificios públicos y espacios administrativos.
• Facilitar y regular el modelo pet friendly en comercios,
hostelería y alojamientos turísticos.
• Impulsar campañas de educación y tenencia responsable, en
lugar de prohibiciones genéricas.
• Ampliar el número de playas caninas en la provincia,
garantizando su correcta señalización y mantenimiento.
• Escuchar a asociaciones animalistas, profesionales
veterinarios y ciudadanía a la hora de diseñar estas políticas.
Permitir que las mascotas
formen parte de la vida pública no resta derechos a nadie; suma convivencia,
bienestar y modernidad. Almería tiene la oportunidad de situarse a la
vanguardia de una forma de entender el espacio público más inclusiva, más
respetuosa y más acorde con la realidad social actual.
Las políticas públicas también se miden por cómo tratan a quienes no tienen voz. Y en ese camino, abrir puertas —y playas— a los animales de compañía es una decisión justa, sensata y necesaria.


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