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Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es  La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es  Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-, Diario de Almería, que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluzas:




La gran huella y el comercio de Francisca Mañas en Nueva Jersey

Antonio Torres
Periodista

Una familia con raíces en Sorbas y Turre emigró de forma precaria a Estados Unidos. Representa una historia de triunfo en los negocios neoyorquinos. Rescatamos una historia digna de admiración. Como decenas de miles de españoles buscaron fortuna y la encontraron, tras muchas peripecias y rupturas dramáticas con las familias. Su clave es que comenzó con un pequeño comercio y se hizo grande por “fiar” a familias emigrantes como ella de habla hispana. Su fama corrió como la pólvora y fortaleció una clientela sólida. Joaquina Cánovas Mañas (Turre, 1947) nos recibe en su chalet de Mojácar, situado en las inmediaciones de la desembocadura del río Aguas, vecina del añorado médico y escritor mojaquero Miguel Sáez, quien le presentó al juez Baltasar Garzón en su etapa norteamericana. Persona muy reconocida y admirada por todas las personas que le conocieron. Su casa era la de todos sus paisanos que trabajaron allí como Pedro Morales Piñero e Isabel Rosa Ramírez Molina o la familia de Luis Ros.

Francisca Mañas, en su comercio / Foto: Joaquina Cánovas

Joaquina pudo estudiar Filosofía y Letras en la Universidad de Granada, gracias al esfuerzo de su madre. Hija de Francisco y de Francisca Mañas Jerez (West Virginia, Estados Unidos, 1929), conocida popularmente por “la Francis o Jackie”, fallecida por culpa de la COVID. Mañas es la gran protagonista de esta historia y un referente desde Nueva York, la ciudad que nunca duerme. Volvieron a España en 1932 debido a la Gran Depresión de 1929 (burbuja especulativa, endeudamiento y quiebras bancarias). Pasaron mucha necesidad y ella sola se fue a América.

En Nueva Jersey, Turre, Mojácar, Los Gallardos, Sorbas, Bédar, Los Giles, La Huelga preguntas a sus mayores y todos conocen la personalidad de una mujer que salió sin dinero de Almería y se labró una carrera impresionante, un ejemplo de la gran migración. Valiente, emprendedora, carismática con un carácter envidiable, solidario. “Mi madre regresó con apenas tres años, junto a sus padres y abuelos, almerienses de Bédar y Sorbas. “Se asentaron en New Jersey sin problemas dado que mi madre era ciudadana americana. Llegó sola a Nueva York con apenas 20 años, en barco desde Algeciras, y gracias que llevaba su billete de la agencia Valentín Aguirre la policía la llevó a esta agencia para que informara a la familia de que había llegado”. Emigrantes almerienses como la amplia colonia de Alhama de Almería tenían el consuelo de la empresa del vizcaíno Valentín Aguirre. Cuando los agentes preguntaban por el primer domicilio, siempre los emigrantes respondían Casa Aguirre. La pequeña España, little Spain en las inmediaciones de Manhattan, calle 14, estaba dominada por los emigrantes españoles. María Dueñas explica en Las hijas del Capitán las dificultades de las familias al establecerse en América.  El mérito de la Francis es que llegó sin saber leer ni escribir. “Al poco tiempo dominó el inglés, se manejaba sola sin recurrir a nadie porque su marido estaba en otra tarea como una empresa textil y ella fue una autodidacta muy inteligente y valiente para afrontar cualquier barrera. Abrió muchas puertas a paisanos que llegaron después”. “Antes de establecerse en un local, se consolidó como vendedora de todo lo que le pidieras porque tenía un amplio catálogo para dar respuesta a sus clientes americanos y latinos en un tiempo donde hubo mucha emigración hispana”, a mediados de los años sesenta”. En el comercio se organizaban fiestas de promoción de España. Fue una gran embajadora de los productos de su tierra. Participó en exposiciones hasta de turrones y mantillas, bajo el epígrafe de la española”. Joaquina reitera que promocionó todo lo que pudo el aceite y el jamón serrano. “No ejercí la carrera”, subraya Joaquina, me trasladé a los Estados Unidos, me casé y con mi marido Andrés, gallego, nos asociamos con mi madre para que el negocio fuera referente en New Jersey con clientes diversos y referente del Consulado y surtíamos a los empleados del Banco Santander, incluso con las cestas de Navidad”. “Mi madre, nunca le negó a nadie una ayuda para superar algún problema de enfermedad o hasta para emprender un negocio. Una de sus frases más enrevesadas era: no sé si he hecho buen negocio, pero ahí lo lleva”.

Francisca Mañas se casó con el turrero Francisco Cánovas, representante de vinos de Jumilla en la comarca, y se conocieron en La Herrería (Sorbas) y poco después se casaron y nació Joaquina. Cánovas era hermano de Juan que tuvo un prestigioso bar en Los Gallardos y Turre, y hermano del citado Francisco, José (sacerdote de varias poblaciones, fallecido en Turre), Antonia, Rosario y Teresa, datos facilitados por Juan Ángel Guerrero Cánovas, hijo del añorado matrimonio formado por Jacinto y Angelita Cánovas con familia en Los Gallardos y que reitera la facilidad natural para los negocios de la hermana de nuestro protagonista.

El editor y profesor Juan Grima Cervantes (Turre, 1962) rememora: “La Francis venía mucho al Hotel Grice de mis padres. Conducía un coche Citroën dos caballos y en la familia se comentó que hicieron dinero llevando aceite de Sorbas y de la zona a América con un precio imbatible y que la familia invirtió en pisos allí como en España”. Grima recuerda los bares de su infancia: “Cuando mi padre regresaba de Málaga, que allí estaba cortando palma para exportación, los domingos eran más festivos todavía. Toda la familia, perfectamente vestida. Después de asistir a misa, íbamos de bares a tomar unas raciones. Al de Frasquito Baraza, al de Juan Cánovas, al Triunfo de Frasquito, al de Juan Diego, al del Jarras o al de Felipe Gómez”. Francis buscó esos establecimientos cuando acudía a su cita estival de Turre y Mojácar. Los docentes Maribel Cervantes Llorente y Pedro Baraza Gómez, de Turre, ha compartido conversaciones con Francisca Mañas: “Es digna de admiración, mujer adelantada para la época”. El director de la revista El Afa de Sorbas, Andrés Pérez, conoce la relación familiar de la Francis con Ana María Mañas Clemente, conocida popularmente en la barriada de La Huelga como la Rabota “que tenía una tienda mejor y más moderna que las de muchas capitales. Curiosamente, una nieta de la Rabota lleva el mismo nombre que su abuela. Es Ana María Castellón Fernández que fue concejala en Sorbas y la que peleó por la construcción del puente que comunica Los Giles con La Huelga”.

Los bisnietos de Francisca Mañas, la Francis, son Carmen, Mathías y Olivia, presente en la entrevista. Les lanzo el reto de profundizar con un documental o una novela en la historia de Jackie. Gran historia de superación e imaginación para recuperar las huellas de una gran mujer.

Fernando Clavijo, sostenella y no enmendalla

Juan Folío
@opinionalmeria

Hay dirigentes políticos que, en los momentos difíciles, crecen institucionalmente. Y hay otros que, atrapados en el tacticismo y en la política de corto alcance, desperdician una oportunidad histórica para estar a la altura de las circunstancias. Fernando Clavijo, presidente de Canarias, ha elegido claramente el segundo camino.

Fernando Clavijo, en Cuatro

Durante toda esta crisis, el presidente de Canarias ha protagonizado una interminable gira mediática en la que ha preferido la confrontación, el reproche y la teatralización política antes que la colaboración leal entre Administraciones. En lugar de contribuir a transmitir serenidad, coordinación y sentido de Estado, ha optado por alimentar un discurso victimista y defensivo que poco ayuda cuando un país afronta un reto de enorme magnitud.

Resulta sorprendente que, ante una situación que exigía cooperación institucional y altura de miras, Clavijo haya insistido una y otra vez en instalarse en el “sostenella y no enmendalla”, incluso cuando sus contradicciones, errores de gestión y afirmaciones discutibles eran ya evidentes. Lejos de rectificar o modular su posición, ha perseverado en una estrategia de desgaste político impropia de quien representa a una comunidad autónoma que forma parte esencial del Estado.

Porque conviene recordar algo elemental: en los grandes momentos de un país, todas las Administraciones son Estado. Los ayuntamientos, las comunidades autónomas y el Gobierno de España no pueden actuar como compartimentos estancos ni como trincheras partidistas. Cuando se afrontan crisis sanitarias, humanitarias o de cualquier otra naturaleza que afectan al conjunto de la nación y proyectan además una dimensión internacional, lo que se espera de un presidente autonómico es responsabilidad institucional, no cálculo político inmediato.

Fernando Clavijo ha perdido una extraordinaria oportunidad para ser considerado un verdadero estadista. La percepción pública sobre su papel habría sido radicalmente distinta si, desde el primer día, hubiera comparecido ante los ciudadanos con un mensaje claro y constructivo. Bastaba algo tan sencillo como afirmar: “La sanidad de Canarias está entre las más avanzadas del mundo y nos ponemos a disposición de la OMS, de la Unión Europea y del Gobierno de España para afrontar conjuntamente este desafío”. Ese mensaje habría proyectado confianza, madurez política y orgullo institucional. Habría situado a Canarias como ejemplo de cooperación y no como escenario permanente de confrontación.

Sin embargo, se eligió otro camino: el del ruido, el del agravio y el de la utilización política de una situación extraordinaria. Y eso tiene consecuencias. No solo deteriora la confianza ciudadana, sino que debilita la imagen de las propias instituciones canarias ante España y ante Europa.

Afortunadamente, la actitud de buena parte de la sociedad canaria ha estado muy por encima de la de su presidente. El pueblo de Canarias ha demostrado, una vez más, responsabilidad, solidaridad y sentido cívico. También lo han hecho los funcionarios públicos, profesionales sanitarios, cuerpos de seguridad y trabajadores de múltiples servicios esenciales que, lejos de entrar en polémicas políticas, han colaborado desde el primer momento con el dispositivo desplegado para afrontar esta situación.

Ellos sí han entendido cuál era su obligación. Ellos sí han actuado con vocación de servicio público y con sentido de Estado. Y precisamente por eso merecen ser distinguidos de quienes han preferido convertir una crisis en una plataforma de confrontación partidista.

La historia política suele ser generosa con quienes saben estar a la altura en los momentos decisivos. Y también suele ser implacable con quienes confunden liderazgo con agitación permanente. Fernando Clavijo todavía está a tiempo de comprenderlo, aunque quizá ya haya dejado pasar la gran oportunidad de su trayectoria política.

La placa de Lanjarón que homenajea a un asesino machista

Elena Ortuño
Periodista

Hace justo un siglo, en el verano de 1926, la música se detuvo en la terraza del antiguo Casino de Almería. Dos disparos a quemarropa le arrebataron la vida a Adriana García Pérez, una joven almeriense de apenas 18 años que había acudido a aquella fiesta acompañada por su familia y sus amigas. Tras el tiroteo, que hirió también al padre de la joven, estaba la expareja de la chica, quien, incapaz de aceptar la ruptura, decidió convertir la velada festiva en una ejecución pública frente a decenas de testigos.

La placa de la vergüenza / Ortuño

Durante décadas, aquel episodio quedó atrapado bajo el eufemismo de los viejos titulares, reducido a un supuesto "arrebato pasional". No fue hasta el pasado 25 de noviembre, coincidiendo con el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, cuando la Junta de Andalucía reconoció oficinalmente el caso como lo que siempre fue: violencia de género.

Ese reconocimiento institucional, tanto tiempo después, ha empujado a sus descendientes a dar hoy un paso más. La familia reclama la retirada de la placa dedicada al asesino, Emigdio Nieto y Gómez de Salazar, instalada en una calle de Lanjarón, el municipio granadino donde se instaló tras abandonar la cárcel y donde ejerció como médico durante buena parte de su vida. 

La solicitud, remitida oficialmente al Ayuntamiento y firmada por Adriana Amate García, sobrina de la víctima, denuncia el dolor que sigue provocando ver homenajeado en un espacio público a quien mató a tiros a una joven de 18 años: "Resulta inadmisible para mi familia y para la sociedad civil en general", destaca Amate, quien añade que, según el monumento, "toda la Alpujarra ve que era un señor ejemplar".

La prensa de la época

Una placa por ser "vecino ejemplar"

La placa, situada en la Avenida de la Alpujarra de Lanjarón y colgada en la fachada de la vivienda del conocido médico, dice así: 

Aquí vivió el Dr. Dn. Emigdio Nieto y Gómez de Salazar. 

Médico y vecino ejemplar. 

Amor y honor de la Alpujarra.

Precisamente en esas dos últimas sentencias reside la indignación de la familia: "No niego que fuera un buen médico, pero ¿vecino ejemplar? Es autor de un asesinato machista", denuncia la sobrina de la víctima. Con ese mismo enfado lo plasma en el escrito enviado al consistorio, al que ha tenido acceso este diario: "

"El mantenimiento de dicha placa supone una exaltación incompatible con los valores constitucionales de igualdad y dignidad de las víctimas", sostiene la familia en el escrito remitido al Ayuntamiento. 

Cabe mencionar que La Voz contactó con el equipo de gobierno de Lanjarón para preguntar por el homenaje dedicado a Nieto. La respuesta obtenida por este periódico fue que no tenían constancia de la existencia de ninguna inscripción conmemorativa, pese a que el presente diario le facilitó su ubicación exacta, situada en una de las principales avenidas del municipio. 

La base legal

Más allá de lo sentimental, la denuncia sostiene que la permanencia de la placa vulnera tanto la legislación sobre violencia machista como las leyes estatal y andaluza de memoria democrática. El escrito cita expresamente las siguientes normativas: 

Ley Orgánica 1/2004 de Violencia de Género, que establece como principio la sensibilización social y la erradicación de esta violencia.

Ley 20/2022 de Memoria Democrática, que obliga a las administraciones a retirar placas, menciones o elementos situados en espacios públicos que supongan exaltación personal o colectiva contraria a los valores democráticos.

Ley andaluza 2/2017 de Memoria Histórica y Democrática, que establece igualmente la retirada de símbolos o elementos contrarios a la memoria democrática y a los valores constitucionales.

Según la familia, mantener un reconocimiento público al asesino supone una forma de exaltación incompatible con los derechos humanos y con el deber institucional de proteger la dignidad de las víctimas. "La permanencia del monumento no solo resulta jurídicamente improcedente, sino también socialmente inadmisible", sentencia.

Una herida abierta

Más allá de la dimensión jurídica, la familia incide en la huella emocional que el crimen dejó en varias generaciones. Emigdio Nieto apenas cumplió cuatro años de cárcel. Con la llegada de la Segunda República, llegó también la amnistía: las penas de cientos de presos fueron indultadas o conmutadas (como fue el caso del susodicho). Tras su puesta en libertad, terminó los estudios de Medicina y acabó ejerciendo en Lanjarón, un pueblo al que se dedicó hasta el fin de sus días.

Y ante esto, la familia García Pérez nunca volvió a ser la misma: una madre consumida por la enfermedad tras perder a su hija, hermanos destrozados y décadas de silencio alrededor de una tragedia que apenas se pronunciaba en voz alta. "Yo me crie con mi abuela, la madre de mi tía Adriana. Que la tristeza la consumía era algo que siempre pude ver, aunque nadie me contaba por qué", confiesa Amate.

Ese silencio, heredado de padres a hijos, empezó a romperse recientemente, cuando los descendientes comenzaron a reconstruir la historia familiar y a reclamar justicia: "Yo me llamo Adriana en recuerdo de mi tía asesinada. He convivido toda mi vida con el peso de aquella historia, aunque apenas me hablaban de ella. Me llegaron a prohibir que me acercara al antiguo casino. Yo tenía el miedo metido en el cuerpo", recuerda.

La muerte de Adriana no solo marcó a la familia: Almería estaba conmocionada. Se trató de uno de los primeros asesinatos machistas documentados en España, con gran repercusión social debido a la brutalidad del crimen y a la notoriedad de la familia -el padre de la chica era concejal del Ayuntamiento de Almería-. 

Lo que pide la familia

La misiva dirigida al Ayuntamiento de Lanjarón consta de tres peticiones: la retirada inmediata de la placa dedicada a Emigdio Nieto y Gómez de Salazar; la revisión de posibles símbolos contrarios a la memoria democrática existentes en el municipio y la notificación oficial de la resolución que adopte el consistorio.

Queda en manos del Ayuntamiento mover la siguiente pieza en el tablero. "Es un tema que me obsesiona y hasta ahora el alcalde no nos ha dado ninguna solución. No hay derecho a que todos sigamos sufriendo por la existencia de esa placa", concluye Adriana.

El futuro de Andalucía en tu mano

María del Mar Vázquez
Alcaldesa de Almería

Hoy domingo, los almerienses tenemos una cita ineludible con las urnas. Esta no es solo una jornada electoral, sino la oportunidad para que cada uno de nosotros haga valer su voz y sus ideas sobre el futuro de Andalucía. La democracia no debe ser vista como un fin en sí mismo, sino como un medio para perfeccionar nuestra sociedad. Y este perfeccionamiento exige, ante todo, nuestra participación activa. Las elecciones autonómicas son un reflejo de nuestro compromiso cívico. Cada voto que emitimos es una declaración de nuestros deseos y expectativas para el futuro. En este sentido, el acto de votar se convierte en la raíz y la fuerza de nuestra democracia. Y no se trata solo de elegir a quienes nos representarán en la Junta de Andalucía, sino de definir el tipo de gobierno que afrontará los retos que nos esperan. 

Desde la creación de empleo hasta la promoción de la estabilidad social, todo depende de las decisiones que tomemos hoy. La abstención, el cansancio, la desconfianza en el sistema o el exceso de pronósticos y encuestas son los verdaderos enemigos a los que debemos enfrentarnos. Estos son los obstáculos que amenazan nuestra capacidad de avanzar y prosperar como sociedad. Por eso, es fundamental que cada uno de nosotros asuma la responsabilidad de acudir a las urnas. Sin nuestro voto, no hay democracia, y sin democracia, no hay posibilidad de construir un futuro próspero para Almería, Andalucía y España. Quiero dar las gracias a todos los almerienses que, con su dedicación y esfuerzo, garantizan que esta jornada electoral transcurra con normalidad. Los miembros de las mesas en los diferentes colegios electorales desempeñan un papel crucial en el funcionamiento de nuestra democracia. Su labor es un testimonio de compromiso y responsabilidad cívica que merece ser reconocido. 

El domingo es muy largo y solo se necesitan unos minutos para ejercer nuestro derecho al voto. Tómate el tiempo necesario para acercarte a tu colegio electoral y hacer valer tu condición de ciudadano libre y responsable. Recuerda que su voto no es solo una elección personal; es una contribución al bienestar de todos los almerienses. Y te animo a que, si tienes hijos, los lleves contigo a esta cita. Es esencial que desde pequeños comprendan la importancia de su participación en la democracia, convirtiéndose así en ciudadanos activos y comprometidos. Hoy, más que nunca, es crucial que los almerienses demostremos nuestra madurez y compromiso democrático. 

Tenemos la oportunidad de dar un ejemplo de civismo y responsabilidad, y estoy segura de que una vez más estaremos a la altura de este desafío. La situación actual de nuestra sociedad y los retos que enfrentamos requieren de una ciudadanía activa que se involucre en las decisiones que afectan su vida diaria. Y es que hay mucho en juego. El futuro de Andalucía en los próximos cuatro años depende de nuestras decisiones. Así que, por favor, no subestimes el poder de tu voto. Tu participación es esencial para construir un futuro en el que todos podamos vivir con dignidad y esperanza. Este domingo, votemos por la opción que mejor represente nuestros puntos de vista y que ofrezca las soluciones que queremos para convertir los problemas en oportunidades de futuro. No olvides que cada voto cuenta, que tu voto es muy importante y que juntos podemos marcar la diferencia. Este es un momento decisivo para Almería, para Andalucía y para España. No faltemos a esta cita con nuestro futuro. ¡Vota!

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

José María Martín
Subdelegado del Gobierno en Almería
Secretario General del PSOE de Almería

Hay una pregunta que he escuchado muchas veces durante esta campaña electoral: “¿Cómo hemos llegado hasta aquí?”. Y casi siempre aparecía después de una conversación sobre la sanidad pública. Porque la realidad ya no puede maquillarse con propaganda. En Andalucía se está produciendo un deterioro evidente de los servicios públicos y en Almería ese deterioro tiene nombres y apellidos muy concretos. 

Lo vemos en el Hospital de La Inmaculada o en el Hospital Universitario Poniente, convertidos en tristes ejemplos de la falta de planificación sanitaria del Gobierno andaluz. Lo vemos en las dificultades para cubrir plazas médicas, en las inacabables listas de espera, en la saturación de la Atención Primaria y en la desaparición de servicios que llegaron a ser un orgullo para esta provincia. Y lo más preocupante es que todo esto no ocurre de manera aislada. Responde a una forma de gobernar que ha ido debilitando progresivamente aquello que garantizaba la igualdad entre ciudadanos. 

Porque cuando los servicios públicos pierden calidad, la desigualdad avanza silenciosamente que es, precisamente, lo que lleva ocurriendo desde que el PP gobierna la Junta de Andalucía. Quien tiene recursos encuentra alternativas. Quien puede pagar un seguro privado intenta escapar del colapso. Pero quien no puede hacerlo queda atrapado en la incertidumbre, esperando durante meses una llamada para una consulta o para una intervención que condiciona su vida. 

Por eso el debate sobre la sanidad pública no es un debate técnico ni administrativo. Es un debate que afecta, directamente, a las personas. Durante años, con el PSOE, Andalucía construyó un modelo de servicios públicos que fue motivo de orgullo colectivo. Costó décadas levantarlo. Costó esfuerzo, recursos y compromiso social. Y, precisamente por eso, duele comprobar cómo se deteriora mientras Moreno Bonilla parece más preocupado por las campañas de imagen que por resolver los problemas reales de la ciudadanía. 

Una tierra no se mide solo por sus datos económicos o por sus grandes titulares. Una tierra se mide por cómo cuida a su gente, por la seguridad que ofrece a quien enferma, por las oportunidades que garantiza a quien no tiene privilegios y por la fortaleza de aquello que nos iguala. Y ahí es donde Andalucía, donde Almería, no puede permitirse seguir retrocediendo.

El Almería decepciona ante Las Palmas (1-2)

Juan  Folío
@opinionalmeria

El Almería sufrió una dolorosa derrota ante Las Palmas (1-2) en el UD Almería Stadium en un encuentro que tenía encarrilado y que terminó escapándose en apenas unos minutos de desconexión. El conjunto rojiblanco dejó pasar una oportunidad clave en la lucha por el ascenso directo y acabó generando más dudas que certezas en una de las citas más importantes del curso.

1-2 / UD Almería

El equipo de Rubi firmó una primera mitad correcta, con más iniciativa y control del balón, aunque sin demasiada profundidad en los metros finales. Las Palmas, bien organizada atrás, resistió el dominio local y esperó su momento para golpear. El partido avanzaba con tensión y equilibrio, consciente ambos equipos de lo mucho que había en juego.

Tras el descanso llegó el mejor momento del Almería. Embarba adelantó a los rojiblancos en el minuto 61 y encendió la ilusión en las gradas. El tanto parecía acercar una victoria fundamental para seguir soñando con las dos primeras plazas y el equipo transmitía sensación de seguridad.

Pero todo cambió en el tramo final. Cuando el encuentro parecía controlado, el Almería se desmoronó en apenas dos acciones consecutivas. Las Palmas encontró el empate en el minuto 79 por medio de Clemente y, prácticamente sin tiempo para reaccionar, Pejiño culminó la remontada apenas un minuto después. El golpe dejó completamente tocado al cuadro almeriense y silenció al estadio.

La derrota supone un duro revés para un Almería que volvió a mostrar fragilidad defensiva en el peor momento posible. El equipo pasó de acariciar tres puntos fundamentales a salir del campo entre la frustración y la decepción, consciente de que el ascenso directo se complica seriamente.

Ahora, los rojiblancos están obligados a reaccionar con rapidez para no dejarse arrastrar por el golpe anímico. La promoción de ascenso aparece cada vez más como el camino más probable hacia Primera División, aunque el equipo todavía mantiene opciones matemáticas de pelear hasta el final.

Las Palmas, por su parte, demostró personalidad y eficacia para llevarse un triunfo de enorme valor en un escenario complicado, aprovechando al máximo los errores del conjunto local en los minutos decisivos.

Otra vez el agua

Ignacio Ortega
@opinionalmeria

Feijóo llegó a Almería como llegan los discursos cuando todavía no se sabe si pueden cumplirse: con la luz seca del fin de una campaña electoral y una promesa en la garganta. En el mitin de cierre de campaña en La Rambla habló de un “plan nacional hídrico”, y durante unos segundos la palabra agua sonó como algo antiguo, casi olvidado, como si hubiera sido enterrada bajo años de sequía política. Aquí, tarde o temprano, todos los políticos acaban pronunciando la misma palabra, incluso quienes todavía no saben qué hacer con ella.

En la plaza, la gente escuchaba como se escucha el viento cuando levanta polvo sin dirección. El nombre de Aznar apareció en la memoria de algunos sin ser nombrado del todo, como esas cosas que se reconocen antes de entenderlas. Y sin embargo, nadie parecía del todo seguro de si lo que se decía era anuncio, promesa o eco.

Porque las palabras en campaña tienen una forma extraña de existir: duran lo que dura aquí el poniente o el levante. Después se disuelven, o se desvían hacia territorios donde ya nadie puede sentirlos. El agua, en cambio, no tiene esa paciencia. En Almería se aprende pronto que todo lo que falta acaba convirtiéndose en política, hasta la geografía.

Hubo un tiempo en que los grandes planes llevaban nombres largos, casi solemnes. Después dejaron de pronunciarse. Y lo que antes era proyecto pasó a ser sospecha, como si cualquier intento de ordenar el agua fuera una forma de intervenir en algo sagrado o prohibido.

Desde entonces, cada vez que alguien dice en Almería “plan nacional”, la frase suena menos a programa y más a recuerdo. Como si perteneciera a un idioma que se hubiera ido perdiendo por falta de uso.

Mientras, en la ciudad, entre carteles y megafonía, la campaña cerraba con normalidad. Pero bajo esa normalidad había otra capa más antigua: la de una tierra que lleva siglos discutiendo con su propia sed, y mientras las palabras vuelven con las mismas promesas, el agua nos recuerda que nunca ha sido del todo nuestra. Cuando Feijóo terminó salí con la extraña sensación de que hay palabras que vuelven una y otra vez porque nunca terminan de resolverse.

Al final, mientras los altavoces apagaban su música y las últimas banderas abandonaban la Rambla, pensé que tal vez nadie le había advertido antes a Feijóo, ni siquiera su telonero don Ramón Fernández-Pacheco, que aquí el agua no es ni un recurso ni una promesa, sino una forma de conflicto, memoria y herida. Y este es un territorio donde la política no empieza en las ideologías, sino en la sed.

Alejandra Rubio se hace escritora

Emilio Ruiz
@opinionalmeria

Vaya por delante una afirmación: No he comprado ni he leído ni voy a comprar ni voy a leer el libro de Alejandra Rubio. Pero eso no obsta para que piense como pienso. En un mundo en el que cualquiera puede publicar un libro con solo pulsar un botón, sigue sorprendiéndonos que, cuando lo hace una persona conocida, se levante tal polvareda. Alejandra Rubio, colaboradora televisiva y miembro de una de las sagas familiares más mediáticas de nuestro país, acaba de publicar su primera novela, Si decido arriesgarme. Y, como era previsible, las críticas no se han hecho esperar.

Alejandra Rubio habla sobre su libro en Telecinco / Mediaset

Pero conviene poner las cosas en su sitio. Nadie necesita un carné de “escritor reputado” para sentarse delante de un ordenador y contar una historia. La literatura no es un club privado con porteros que examinan credenciales. Es un territorio libre donde cualquiera que tenga algo que decir -o simplemente ganas de intentarlo- tiene derecho a hacerlo. Que luego el resultado sea bueno, regular o mejorable es otra cuestión, pero esa valoración corresponde, en primer lugar, a los lectores que decidan gastar su dinero y su tiempo en el libro.

Y aquí está la clave: el mercado es el que debe juzgar. El comprador es soberano. Si el libro le gusta, lo recomendará. Si no, lo dejará en la estantería o lo regalará. Nadie obliga a nadie a leerlo. La libertad de escribir y la libertad de comprar (o no comprar) son las dos caras de la misma moneda.

Alejandra Rubio no es la primera ni será la última persona que, viniendo de otro ámbito profesional, se atreve a publicar. La historia de la literatura está llena de debutantes inesperados que sorprendieron gratamente. Autores que no tenían trayectoria previa en el mundo de las letras y que entregaron obras dignas de ser leídas. También hay casos contrarios, por supuesto, pero eso forma parte del riesgo natural de cualquier creación.

Criticar a priori la capacidad de alguien por su procedencia televisiva o por su apellido es, cuanto menos, un prejuicio. ¿Acaso un médico no puede escribir una buena novela negra? ¿Un ingeniero no puede crear un thriller tecnológico creíble? ¿Una persona conocida por su imagen pública no puede tener una sensibilidad literaria? Reducir el valor de una obra a la biografía de su autor es un atajo cómodo que evita el esfuerzo real: abrir el libro y leerlo.

En España, además, tenemos una larga tradición de “famosos” que se lanzan a la escritura. Algunos con más fortuna que otros. Pero en todos los casos el veredicto final lo han dado los lectores, no los guardianes autoproclamados del buen gusto literario. Y así debe seguir siendo.

Alejandra Rubio ha cumplido un sueño. Ha escrito durante años, con parones y dificultades, una novela que ahora ve la luz. Merece, como cualquier otro autor novel, el respeto mínimo de ser juzgada por su trabajo y no por su currículum mediático. Quien tenga curiosidad, que lo compre. Quien no, que pase de largo. Pero que nadie pretenda erigirse en censor previo de lo que otros pueden o no pueden escribir.

Porque la literatura, en el fondo, se alimenta de valentía. De esas personas que, aunque no tengan un Nobel en el horizonte, se atreven a contar historias. Y de lectores libres que deciden, con su cartera y su criterio, qué historias merecen la pena. Bienvenida al mundo de las letras, Alejandra. Ahora, que hablen los libros… y los lectores.

Almería acoge una deslumbrante 'Bohème' desde la Arena di Verona

Juan Folío
@opinionalmeria

Después de una ausencia de 13 años, la ópera La Bohème regresó al emblemático anfiteatro romano al aire libre de la Arena di Verona con una nueva puesta en escena dirigida por Alfonso Signorini. El jueves, 21 de mayo, se podrá disfrutar en Almería, en la sala Kinepolis Almería Mediterráneo. También se emitirá en una selección de 53 salas de 50 localidades de España. 

Signorini traslada el universo bohemio del París del siglo XIX a una dimensión de gran formato, combinando una estética fiel a la tradición con un tratamiento dinámico y contemporáneo de los personajes. Una propuesta para la obra de Giacomo Puccini  que se beneficia de la filmación multicámara y ofrece multitud de detalles al espectador. 

La escenografía, diseñada por Guillermo Nova, utiliza materiales transparentes que permiten observar simultáneamente diversas escenas, enriqueciendo la narrativa y aportando una dimensión adicional al drama. 

La historia de amor entre Mimì y Rodolfo se despliega con una intensidad íntima que contrasta eficazmente con la espectacularidad del conjunto. La producción, pensada para su exhibición en pantalla grande, ofrece una lectura profundamente emocional y visualmente envolvente de la obra maestra de Giacomo Puccini, concebida para impactar tanto al público habitual como a nuevos espectadores. 

Espectacular riqueza visual e innovación escénica 

Destaca especialmente su riqueza visual: escenografías detalladas, vestuario cuidado y una puesta en escena que potencia el movimiento coral y los grandes cuadros colectivos, especialmente en el segundo acto. 

La crítica destacó la combinación de una dirección escénica innovadora con interpretaciones vocales de alto nivel. La producción cuenta con la participación estelar de figuras destacadas del repertorio pucciniano: Juliana Grigoryan (Mimì), Vittorio Grigòlo (Rodolfo), Luca Micheletti (Marcello) y Eleonora Bellocci (Musetta). La dirección musical de Oren fue particularmente alabada por su capacidad para realzar la narrativa y la emoción inherente a la obra. 

Esta Bohème ofrece 123 minutos accesibles, emocionantes y de alto impacto sensorial, ideal para su disfrute en cines. Cantada en italiano, con subtítulos en castellano, en formato Event Cinema llevando los detalles de la puesta en escena hasta los espectadores. Forma parte de una serie de títulos de óperas grabadas en los teatros europeos más prestigiosos, seleccionados por la distribuidora Versión Digital para su programación en cines en España.  Los próximos títulos de la temporada son: el 4 de junio, Madama Butterfly desde el Macerata Opera Festival, y el 18 de junio, Rigoletto desde St. Margarethen Open Air. 

Sinopsis

París, siglo XIX. Entre la precariedad y los sueños, un grupo de jóvenes bohemios vive al límite, siendo testigo del amor que surge, como una llamarada entre Rodolfo y Mimì… Pero, lo que comenzó como un destello de felicidad, se convierte en una despedida inevitable. 

Ficha técnica

Título: La Bohème (Giacomo Puccini)

Producción: Arena di Verona

Duración: 123 minutos

Idioma: Italiano (subtítulos en castellano)

Año de grabación: 2024

Dirección de escena: Alfonso Signorini

Escenografía: Juan Guillermo Nova

Vestuario: Silvia Bonetti

Dirección musical: Daniel Oren

Orquesta, coro y ballet: Fondazione Arena di Verona

Distribuidora cines en España: Versión Digital. 

Reparto

Juliana Grigoryan (Mimì)

Vittorio Grigòlo (Rodolfo)

Luca Micheletti (Marcello)

Eleonora Bellocci (Musetta)

Jan Antem (Schaunard)

Alexander Vinogradov (Colline)

Nicolò Ceriani (Benoît)

Salvatore Salvaggio (Alcindoro)

Moreno, el funambulista andaluz

Ignacio Ortega
@opinionalmeria

En el tablero de la política, las palabras son herramientas que esculpen la realidad y, a menudo, trampas que la condicionan. Arraigo, normalización y prioridad son las tres palabras que le marcan el pulso a Juanma Moreno en esta batalla electoral. La cuestión no es si están en juego, sino cuál de ellas terminará por habitar su perfil.

Moreno ha hecho de la moderación su método y de la “normalización” su gran activo: el fin de la hegemonía socialista como un trámite administrativo, un cambio sin estridencias que se mimetiza con la continuidad. Pero la política no es estática y el terreno se estrecha. Entre la presión de Vox y el endurecimiento de su propio partido, la moderación ha dejado de ser un refugio para convertirse en una elección incómoda.

El arraigo es su zona de confort, pero la mística del “milagro andaluz” empieza a agrietarse bajo el peso de lo cotidiano. El equilibrio se vuelve más frágil cuando la red —la sanidad y la educación pública— muestra jirones evidentes. No son solo cifras: son las listas de espera que ya no se miden en días, sino en angustia, o el malestar en las aulas que la propaganda institucional no logra silenciar.

Y luego está la “prioridad nacional”, asociada al discurso de Vox. Un concepto más duro y jerárquico, que introduce exclusión. No es nuevo ni exclusivo de España: remite a la “préférence nationale” que Jean-Marie Le Pen impulsó en Francia hace más de veinte años.

Ahí reside el dilema real: no es una cuestión de palabras, sino de rumbo. Cada concepto implica una forma de gobernar. El “arraigo” construye, la “normalización” estabiliza, pero la “prioridad” confronta. Moreno intenta mantener esa estabilidad como cimiento, el arraigo como bandera y la prioridad nacional como un guiño en la penumbra. A veces parece gobernar como quien cruza una plaza llena de charcos: mirando más al siguiente paso que al horizonte. Actúa como un funambulista del poder: más que resolver tensiones, busca administrarlas sin romper del todo el equilibrio.

El 17 de mayo aún no ha llegado, pero, si gana, Moreno seguirá instalado en ese equilibrio donde aún es posible contentar a todos sin terminar de definirse. El riesgo de pasar tanto tiempo mirando al cable para no caerse es que, al llegar al otro extremo, descubra que no ha llegado a ninguna parte. Entonces, tarde o temprano, los ciudadanos preguntarán hacia dónde se dirigía el cable que estaba cruzando. Y lo peor es que estamos avisados.

Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es  La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es  Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-, Diario de Almería, que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluzas:




Convertir un programa electoral en discurso de odio

José Francisco Cano de la Vega
Coordinador de Movimiento Sumar 

Los carteles presentados por Vox al inicio de la campaña electoral en El Ejido no son simples mensajes de propaganda política: constituyen una apelación directa a la discriminación y un evidente discurso de odio. Cada cartel plantea preguntas aparentemente legítimas y con clara carga social: “¿Te da miedo volver sola a casa de noche?”, “¿No tienes plaza en la guardería pública?”, “¿Cita sanitaria en seis meses?”, “¿Ya no reconoces tu barrio?”. Pero todas concluyen con la misma respuesta: “La inmigración masiva tiene consecuencias”.

El mensaje implícito es inequívoco: los inmigrantes son responsables de la inseguridad, del deterioro de los servicios públicos, de la precariedad laboral o de la degradación de los barrios. Se construye así un relato basado en el señalamiento colectivo, en el miedo y en la búsqueda de un chivo expiatorio sobre el que descargar problemas complejos que tienen causas económicas, políticas y sociales mucho más profundas. 

La historia europea ya conoce demasiado bien las consecuencias de este tipo de estrategias. En los años treinta, el odio también se disfrazó de mensajes simples, emocionales y aparentemente dirigidos a “proteger” a la “población nacional”. Cambian los colectivos señalados, pero el mecanismo es el mismo: convertir a un colectivo social en el culpable de todos los problemas de nuestra sociedad. 

Lo más preocupante quizá no sea únicamente la campaña de Vox, sino el escaso rechazo político, social y mediático que ha generado. Parece que una parte de la sociedad empieza a asumir estos mensajes como una propuesta electoral más, normalizando discursos que hace apenas unos años habrían provocado una respuesta democrática mucho más contundente. Hasta el momento, solo el Ministerio de Igualdad ha trasladado una denuncia a la Fiscalía para estudiar si estos mensajes pudieran vulnerar la legislación vigente. 

Del discurso al delito de odio

Y no se trata de un debate menor. El discurso de odio no consiste únicamente en insultos o amenazas explícitas. También incluye mensajes que promueven prejuicios, estigmatizan colectivos o los presentan como peligrosos y responsables de problemas sociales por razón de su origen, religión o condición. Su finalidad es generar miedo, rechazo y hostilidad. 

La libertad de expresión ampara el debate político y la crítica ideológica, pero no protege la incitación a la discriminación, ni los ataques a la dignidad de las personas. Por eso, tanto las instituciones democráticas como los organismos internacionales consideran el discurso de odio una amenaza para la convivencia y la cohesión social, además de la antesala de muchos delitos de odio. 

El Código Penal español castiga a quienes fomenten o inciten públicamente al odio, la discriminación o la violencia contra colectivos por motivos racistas, xenófobos o discriminatorios. Por ello, corresponde a la Fiscalía y a los tribunales determinar si los mensajes difundidos por Vox pueden encajar en ese marco penal. Pero, más allá de la valoración jurídica, existe una responsabilidad política y democrática evidente. 

Los discursos xenófobos y racistas no deberían encontrar acomodo en una sociedad democrática avanzada. Minimizar o tolerar estos mensajes supone normalizar la discriminación, alimentar la polarización y debilitar los principios básicos de convivencia. Cuando se señala constantemente a colectivos vulnerables como responsables de los problemas sociales, el odio deja de ser únicamente un mensaje y empieza a convertirse en un clima social que abre la puerta al acoso, la exclusión e incluso la violencia. 

Por eso resulta imprescindible que la respuesta democrática sea firme y colectiva, porque este no debería ser un problema de izquierdas o derechas.  No basta con condenar las agresiones cuando ya se producen; hay que combatir también los discursos que las alimentan. Defender la convivencia no es censurar opiniones, sino proteger la dignidad humana y los valores constitucionales frente a quienes pretenden enfrentar a la sociedad utilizando el miedo y la desinformación como herramienta política.

Las portadas de las cinco revistas semanales

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Ya están en los puntos de venta las revistas semanales. Cuatro de ellas (Lecturas, ¡Hola!, Diez Minutos y Semana) salen los miércoles, mientras la revista Pronto se adelanta sobre sus compañeras y se pone a la venta los lunes. Estas son las portadas de esta semana:






La disputa de Alba Carrillo con TVE

Tania Artajo
@opinionalmeria

La colaboradora de televisión Alba Carrillo ha vuelto a poner a TVE en el punto de mira. En su espacio de Ten ha criticado con dureza la participación en MasterChef Celebrity Legends de personajes como Paz Vega, que arrastra deudas conocidas con Hacienda, o Ofelia Hentschel, quien desde Dubái ha defendido públicamente posturas contrarias al pago de impuestos en España. “Los impuestos no son para que quien quiera haga programas de televisión con sus amigos”, ha sentenciado. Poco después, ha asegurado haber recibido una “llamada al orden” por parte de la cadena y, en un vídeo que se hizo viral, anunció que no acudiría al programa D Corazón. “A mí no me amordazan por cuatro perras”, remató.

Alba Carrillo, en una captura de su programa en Ten

No es la primera vez que ocurre. Hace unos meses, tras su participación en Hasta el fin del mundo junto a Cristina Cifuentes, ya se mostró públicamente crítica con la edición del programa que ella misma protagonizaba, alegando que Producción no había recogido los momentos adecuados. Aquel episodio pasó sin mayor repercusión. Este, sin embargo, ha encendido todas las alarmas.

Es necesario separar dos planos bien distintos. En el fondo, Alba tiene razón. Como autónoma que cumple rigurosamente con sus obligaciones tributarias, tiene todo el derecho -y hasta el deber cívico- de cuestionar adónde va el dinero de todos los contribuyentes. Resulta difícil de explicar al ciudadano de a pie, que paga puntualmente su IRPF y su IVA, que sus impuestos sirvan para poner en prime time a quien debe a Hacienda o a quien ha sugerido que tributar en España no merece la pena. En este punto, el respaldo mayoritario que está recibiendo en redes sociales es comprensible y razonable. Exigir coherencia en el uso del dinero público no es demagogia: es elemental sentido de justicia.

Pero la forma elegida es discutible. Alba es colaboradora habitual de TVE. Cobra de la cadena pública. Y, en lugar de canalizar su queja a través de los mecanismos internos que toda relación contractual permite -una reunión con producción, un correo formal, una conversación discreta con los responsables-, ha optado por la vía más pública y estruendosa: el plató ajeno y las redes sociales. El resultado era previsible: tensión, amonestación y, finalmente, la ruptura visible.

Nadie discute su derecho a la libertad de expresión. Pero ese derecho no es absoluto cuando se ejerce desde dentro de una casa que te paga. Crear polémicas continuas con quien te contrata genera inestabilidad, erosiona la confianza mutua y, a la larga, acaba cerrando puertas que luego resulta doloroso volver a abrir. Existen formas más discretas y, probablemente, más efectivas de defender las mismas ideas sin quemar puentes.

La lealtad institucional no significa convertirse en un mero altavoz complaciente. Significa entender que la discrepancia puede -y debe- convivir con la profesionalidad. Criticar con dureza es legítimo; hacerlo de manera que parezca que se muerde la mano que te da de comer genera un espectáculo que, más que iluminar el problema fiscal, lo convierte en ruido mediático.

Al final, este episodio trasciende a Alba Carrillo y a TVE. Es un reflejo de cómo gestionamos hoy las diferencias: o todo se ventila en público y a volumen máximo, o parece que no cuenta. Quizá valga la pena recordar que la defensa más sólida de los principios -en este caso, el respeto al dinero de los contribuyentes- no siempre pasa por el enfrentamiento frontal, sino por argumentos consistentes transmitidos con inteligencia y cintura.

Alba tiene derecho a no callarse. TVE tiene derecho a esperar de sus colaboradores un mínimo de lealtad contractual. Entre ambos extremos debería haber espacio para una crítica valiente, pero también elegante y constructiva.