Las manos de las mujeres almerienses son el motor invisible de nuestra tierra. Manos curtidas en los almacenes de manipulado de frutas y hortalizas, manos de las trabajadoras del servicio de Ayuda a Domicilio y las manos anónimas que cuidan a mayores y dependientes en su propio hogar, a la espera de un apoyo institucional de la Junta de Andalucía y del Ayuntamiento que nunca llega. Sin ellas, Almería se detiene.
No es casual que las primeras citas de María Jesús Montero como candidata socialista a la Presidencia de la Junta en nuestra provincia hayan sido con ellas para conocer de primera mano su dura realidad. Las mujeres del manipulado reclaman condiciones laborales dignas, jornadas que no superen las 40 horas, sueldos por encima del salario mínimo y el fin de los avisos la noche de antes, una práctica abusiva que les impide conciliar.
No deja de sorprender la nula empatía de los dirigentes del PP, empezando por su candidato a la Junta, Moreno Bonilla, hacia una realidad que duele solo de oírla. Y ponerse de perfil no es la solución. Como también sucede con las profesionales de Ayuda a Domicilio, que llevan demasiado tiempo reclamando mejoras laborales.
Y eso, por no hablar de quienes cuidan en casa a sus familiares, la mayoría mujeres, que en muchos casos se ven obligadas a dejar sus trabajos para hacerse cargo de un padre o de una madre enfermos. Es trágico e inhumano que, en demasiadas ocasiones, cuando por fin se concede el recurso, el familiar ya haya fallecido.
En todas estas historias personales atravesadas por la injusticia hay un denominador común: el hecho de ser mujer y el abandono de las políticas sociales desde que el PP de Moreno Bonilla gobierna Andalucía. Frente a ello, el inquebrantable compromiso de María Jesús Montero de apoyarlas en sus reivindicaciones laborales y acabar con las listas de espera de la Dependencia: ya es hora de cuidar a quienes nos cuidan y garantizar que esas “manos de mujer” tengan los derechos que merecen.

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