No corren buenos tiempos para Mediaset España. El grupo audiovisual de Fuencarral, antaño máquina imbatible de fabricar audiencia y rentabilidad, atraviesa una tormenta perfecta en la que se mezclan el desgaste de su modelo televisivo, la caída de Telecinco y una sentencia judicial que puede marcar un antes y un después en la historia reciente de la televisión privada en España.
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| Mediaset España |
La crisis de audiencia de Telecinco ya no admite maquillaje. La cadena principal del grupo lleva años perdiendo terreno frente a Antena 3 y, más recientemente, frente a una TVE revitalizada por sus apuestas de entretenimiento y retransmisiones deportivas. Lo más preocupante para Mediaset no es solo el descenso puntual de espectadores, sino la sensación de agotamiento estructural de una fórmula que durante décadas convirtió a Telecinco en líder indiscutible de la televisión comercial.
Los datos son elocuentes. Telecinco cerró mayo de 2025 con un 9,8% de cuota de pantalla, muy lejos de los registros de dos dígitos holgados que durante años sostuvo la cadena. Incluso en sus propias comunicaciones corporativas, Mediaset se ve obligada a vender como un éxito porcentajes que hace apenas una década habrían sido considerados un fracaso.
La situación no mejora si se observan las cuentas del negocio televisivo tradicional. La fragmentación de las audiencias, el auge de las plataformas y la fuga de inversión publicitaria hacia el entorno digital están erosionando el modelo económico de las cadenas generalistas. Distintos análisis del sector apuntan ya a una caída de ingresos publicitarios más acusada en Mediaset que en sus principales competidores.
Por si fuera poco, la compañía acaba de recibir otro golpe monumental en los tribunales. La Audiencia Provincial de Madrid ha condenado a Mediaset a pagar 73,2 millones de euros por emitir Pasapalabra sin autorización entre 2012 y 2019. Se trata de una de las mayores indemnizaciones dictadas en España en materia de propiedad intelectual audiovisual. El tribunal considera acreditado el beneficio ilícito obtenido por el grupo gracias no solo a la explotación del concurso, sino también al llamado “efecto arrastre” que generaba sobre los programas posteriores y los ingresos publicitarios asociados.
La paradoja es que, entre tanta noticia negativa, Mediaset encontró recientemente un pequeño balón de oxígeno. Alessandro Salem, consejero delegado del grupo, se aseguró hace algo más de año y medio los derechos de explotación de El Rosco, la prueba más icónica de Pasapalabra. La operación, eso sí, estaba condicionada a una resolución favorable de los tribunales en la batalla judicial por los derechos del formato. Y esa resolución acabó llegando.
Sin embargo, la victoria podría tener más valor simbólico que práctico. Según el portal especializado VerTele, en Telecinco “no se está preparando ningún formato, de momento, para incluir El Rosco”. La frase retrata perfectamente el desconcierto estratégico que parece vivir actualmente la cadena: tiene la llave de uno de los mecanismos televisivos más populares de la televisión española… pero no sabe todavía dónde colocarla.
“El futuro será determinante para conocer de qué manera se explota esta mecánica tan conocida y tan respaldada entre los espectadores”, añaden desde el citado portal. Y probablemente tengan razón. Porque la cuestión ya no es únicamente recuperar El Rosco, sino recuperar la conexión con un público que hace tiempo empezó a cambiar de canal… y de hábitos.
A Mediaset, definitivamente, le crecen los enanos.


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