Hay un momento en el tercer capítulo de La Más Grande en el que el documental deja de contar la vida de Rocío Jurado para mostrar el precio de ser Rocío Jurado. Es, probablemente, el episodio más íntimo de los tres estrenados hasta ahora y también el que mejor explica la contradicción que marcó la última gran etapa de la artista: mientras su carrera seguía alcanzando cotas extraordinarias, su vida privada se convertía en un territorio cada vez más expuesto.
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| Rocío Jurado /Movistar Plus |
Este tercer acto recorre el periodo comprendido entre el divorcio de Pedro Carrasco y el descubrimiento del cáncer que cambiaría para siempre el rumbo de su historia, una enfermedad detectada cuando se disponía a actuar en las Fiestas Colombinas de Huelva. Son años de plenitud profesional, pero también de profundas sacudidas personales.
El documental dedica buena parte de su metraje al nacimiento de su relación con José Ortega Cano y a una boda que España vivió casi como un acontecimiento de Estado. Frente a la imagen festiva que permaneció en la memoria colectiva, la serie incorpora los episodios más dolorosos que rodearon aquel matrimonio, como el aborto que sufrió poco después de casarse. También aborda la llegada de Gloria Camila y José Fernando, cuya adopción supuso para Rocío Jurado la realización de uno de sus grandes deseos: volver a ser madre.
Uno de los mayores aciertos del capítulo es mostrar cómo, paralelamente, estaba cambiando el ecosistema mediático español. La prensa del corazón dejaba atrás una etapa de cierta complicidad para abrazar un modelo mucho más agresivo, basado en la confrontación permanente. Rocío Jurado nunca terminó de comprender esa transformación. Ella, acostumbrada a atender con educación y cercanía a los periodistas durante toda su carrera, no entendía por qué aquellos mismos medios convertían ahora cualquier gesto en motivo de polémica. El documental retrata bien esa sensación de desconcierto de una mujer que había hecho de la naturalidad una forma de relacionarse con la prensa y que acabó sintiéndose permanentemente cuestionada.
En medio de esa inestabilidad apareció Yerbabuena como refugio. La finca de José Ortega Cano terminó convirtiéndose también en el proyecto personal de Rocío Jurado. Invirtió en ella importantes cantidades de dinero, la transformó a su gusto e impulsó incluso la construcción de la ermita donde ambos contrajeron matrimonio. Más que una residencia, Yerbabuena simbolizaba la búsqueda de la tranquilidad que la artista ya apenas encontraba fuera de sus muros.
La otra vía de escape fue América. Especialmente Hispanoamérica, donde seguía siendo recibida con una admiración casi reverencial. Mientras en España cada movimiento suyo alimentaba titulares, al otro lado del Atlántico continuaba siendo, simplemente, una cantante inmensa. El documental recuerda esa dualidad con imágenes de actuaciones que evidencian que, lejos del ruido mediático, Rocío Jurado seguía siendo una de las voces más admiradas del mundo hispano.
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| El capítulo III otorga un protagonismo especial a José Ortega Cano / Movistar Plus |
Resulta especialmente significativo que el relato otorgue un peso importante a dos figuras fundamentales de aquella etapa: José Ortega Cano y Amador Mohedano. Ambos aparecen como piezas imprescindibles para comprender esos años, aunque ninguno haya querido participar en la producción al conocer que detrás del proyecto se encontraba Rocío Carrasco. La serie resuelve esa ausencia recurriendo a abundante material de archivo, entrevistas históricas y testimonios ya conocidos, demostrando que, cuando existe un sólido trabajo de documentación, los silencios también pueden formar parte del relato.
Este tercer capítulo confirma además cuál parece ser la principal virtud de La Más Grande: no pretende construir un ajuste de cuentas ni un homenaje complaciente. Busca contextualizar a un personaje irrepetible dentro de una España que también estaba cambiando. La evolución de la televisión, la transformación de la prensa del corazón y el creciente interés por convertir la intimidad de los famosos en un espectáculo aparecen aquí como elementos inseparables de la propia biografía de Rocío Jurado.
Cuando el episodio concluye con el diagnóstico que precede a su actuación en Huelva, el espectador sabe que el documental entra ya en su tramo más difícil. Porque la historia de la artista continúa, pero también comienza el relato de su despedida. Y pocas despedidas han sido tan públicas, tan compartidas y tan profundamente sentidas como la de quien, con toda justicia, sigue siendo La Más Grande.



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