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Comerrocas en La Molineta

Daniel Jesús García López
Profesor de Filosofía del Derecho de la UAL

Solicito a las autoridades competentes que envíen algunas excavadoras al Parque Natural de Cabo de Gata, al Cable inglés, a la Alcazaba de Almería, al Mini-Hollywood del desierto de Tabernas y, si es posible, a la Catedral para que derriben y arramblen con todo aquello que pueda tener un atisbo de historia o de riqueza medioambiental. Por favor, háganlo. Y háganlo rápido no vaya a ser que los ciudadanos, indignados como están, decidan montar una nueva acampada junto a estos lugares.
Este ciudadano necesita ver borrado del mapa esas horribles y viejas construcciones para poder, en el mejor de los casos, tener la posibilidad de pedir un préstamo (que será denegado) para comprar una casa en las magníficas urbanizaciones, con sus espléndidas rotondas, que las sustituirán. Por favor, me urge sentir la necesidad de comprar una casa, de consumir, de pasarme horas conduciendo alrededor de las rotondas. ¡Destruyan, destrúyanlo todo! ¡Y, por cierto, no se olviden tampoco del Parque de La Molineta!

Por desgracia, esta ironía que acabo de escribir se está haciendo realidad. Hace unos días pudimos contemplar impotentes cómo una excavadora destrozaba una de las cuevas del parque de La Molineta de Almería, dos días después de que una gran cadena humana de más de 1.000 personas la abrazara en protesta por el constante acoso al que se está viendo sometida y que llevará a la destrucción de un paraje único por su historia, por su valor paisajístico, por las especies animales y vegetales que allí habitan, por las memorias y los recuerdos que muchos nos hemos forjado entre sus árboles, sus caminos, sus balsas o sus cuevas. Pero no solo los que vivimos en Almería hemos podido gozar de esta maravilla. Millones de personas la han disfrutado gracias a las películas que la han tomado como escenario para sus historias (Conan, el Bárbaro; Indiana Jones,  En busca del arca perdida, etc.).

Como bien señaló Mariano Maresca (Las cosas que hemos visto, Ed. Renacimiento, 2011), en Almería ya no es posible construir sin destruir antes; una destrucción que suele hacerse con nocturnidad, al margen de la ley y en medio del silencio. Como nos dice Mariano, “lo más extraño, desde luego, los pocos restos del pasado, que parecen fuera de lugar justo donde antes tenían todo el sentido”.

Lamentablemente las excavadoras que están matando impunemente el paraje de La Molineta carecen de la amabilidad y la ternura del Comerrocas de la Historia Interminable. Quizá va siendo hora de llamar a Conan el bárbaro para que ponga en su lugar a los políticos y empresarios que, cuales Thulsa Doom, quieren acabar con ella.

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