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La Unión Deportiva Almería y los vendedores de humo


Moisés S. Palmero Aranda
Educador ambiental y escritor

Si las frases hechas se han convertido en clásicos en bocas de presidentes, entrenadores y jugadores, desde alevines hasta séniors, es porque en muy pocas palabras se resume la esencia, la pureza y la verdad del futbol. Así que tiraré de tópicos para dar mi opinión. La victoria tiene cien padres, la derrota es huérfana. Utilizo el primero para aclarar que no aprovecho la derrota del sábado contra la S.D. Huesca, sino que escribo por la amenaza de destitución que se cierne sobre José María Gutiérrez. El jeque, poeta, ministro y visionario del futbol, se comporta como todos cuando los resultados no son los esperados: cargándose al entrenador. Si se confirman los rumores, clásica estrategia de desprestigio de la imagen del decapitado para justificar la ejecución, serán dos en seis meses. A este ritmo, las estadísticas de Jesús Gil serán una mera anécdota.


El partido no es como empieza, sino como termina. Por eso habrá que esperar unos años para ver cómo acaba este negocio de los nuevos dueños del club. Llegaron, cual lechera que lleva el cántaro al mercado, hablando del ascenso, de una academia, de los mejores jugadores y entrenadores corriendo por la banda del Mediterráneo, y todos en la ciudad empezaron a babear. Parabienes, palmaditas en la espalda, alfombras rojas y muchos selfis en las redes sociales para que se les viese al lado del, autoproclamado, nuevo héroe de la ciudad. Para justificarse resaltan sus muchas credenciales intelectuales, pero todos sabemos que esas importan poco, como los derechos humanos en su país de origen, cuando de fajos de billetes hablamos.

Es cierto que la clasificación le avala, y terminará ascendiendo, si no este año, en los próximos, e incluso puede ser que nos clasifique para la Champions. Con dinero todo es más fácil. Pero gracias a Dios, al azar, o al pundonor, la habilidad y el orgullo de los más débiles, en el mundo del fútbol al final el que manda es el resultado. Para bien o para mal, la pelota es la que te convierte en héroe o villano, en ganador o perdedor. Si el destino pone una piedra en su camino, todas sus promesas, sus balances económicos, sus castillos en el aire, desaparecerán, y, como un buen vendedor de humo, él se desvanecerá para siempre, dejando a la U.D. Almería herida de muerte. Son muchos ejemplos los que podríamos citar, pero sin salir de nuestra provincia, y marcando las diferencias, vienen a mi cabeza el Poli Ejido, el Mármol Macael, el Roquetas, para demostrarnos que el dinero puede llevarte a subir a la cima para morir congelado.

Para qué poner la venda antes de la herida, por qué no disfrutar del momento, que nos quiten lo bailado en caso de derrota. Nada podemos hacer en este negocio del futbol los aficionados por mucho que nos intenten hacer creer, salvo darle colorido a las gradas. Las televisiones, los sponsors, las operaciones económicas se bastan para mantener los clubs, para continuar el negocio. Los saudíes no lo hacen por los almerienses, no lo hacen por nuestra ciudad, lo hacen porque el fútbol es una buena manera de hacer dinero, y el suyo lo invierten donde les da la gana y  la ley le permite. Solo tenemos que escuchar a Mohamed el-Assy, mano derecha del dueño, presidente, en las declaraciones que hace, donde además de presumir de sus cualidades y éxitos personales, desarrolla sus planes económicos para la Unión Deportiva. El buen fútbol, si los abonados llenan el estadio para ver el partido o para ver si les toca el coche, es lo de menos. Lo importante es que la pelota entre para ellos multiplicar sus cuentas, y llegado el momento, vender el club como hicieron en Egipto, donde casi, solo casi, consiguieron sus objetivos deportivos.

El fútbol nos da ejemplos cada semana, y en estos días, todos estamos entusiasmados por unas semifinales de Copa del Rey donde el capital no ha mandado, donde el campeón podrá presumir de haber derrotado a Goliat. Aunque sea cada diez años, el fútbol nos ofrece estas pequeñas recompensas. También estamos viviendo como proyectos dopados, de las mismas características que el de la U.D. Almería, por muchos colores con los que quieran vendernos el humo, están haciendo aguas: Málaga, Manchester City, PSG.

Me declaro fan de ese 4% de accionistas que se resistieron a vender y que no aflojaron su cinturón, ni se arrodillaron, como otros han hecho. Ellos son esa pequeña semilla a la que nos agarramos los románticos del fútbol.

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