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El abrazo del oso

Rafael M. Martos
Director de Noticias de Almería

Confieso que en mi más temprana juventud sentía admiración por el alcalde de Marinaleda, por Juan Manuel Sánchez Gordillo, a quien conocí cuando lo detuvieron a las puertas del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. Pero es obvio que algo habremos cambiado ambos para que ahora no le tenga la menor simpatía (tal vez fue su apoyo en las elecciones europeas a los proetarras en varias ocasiones, o cuando miró para otro lado mientras cobraba sueldos por duplicado de modo ilegal, o tal vez cuando sistemáticamente oculta sus bienes y patrimonio al pueblo...), si bien hay que reconocer que no es sólo un perro viejo de la política, sino un consumado estratega, y por eso no debe echarse en saco roto su posición de cara a la investidura del próximo presidente de la Junta de Andalucía.

Primero, los datos: El PSOE tiene 47 escaños y necesita ocho votos más para que Pepegriñán (¿volverá a ser José Antonio entonces?) sea investido, e IU tiene 12 parlamentarios. Por el contrario, el PP tiene 50 y le basta con que no haya 51 votos en contra para hacer de Javier Arenas el "campeón".

Mientras Diego Valderas da por hecho el pacto con el PSOE y siente que se sienta de nuevo en el sillón de presidente del Parlamento, y Cayo Lara anda inventando nombres de consejerías, Juan Manuel Sánchez Gordillo lo ha dicho claro, que él no se va a ensuciar la mano levantándola para que Griñán vuelva a gobernar.

Quien dice Gordillo dice los dos parlamentarios por Sevilla, y quien dice estos dos, dice los dos de Córdoba, pues no olvidemos que Griñán personalmente es quien les arrebató a la alcaldesa -Rosa Aguilar, a la que hizo consejera- y la Alcaldía, y quién sabe si hay por ahí alguno más rebotado que podría sumarse. Entre apoyar directamente a "este" PSOE y no apoyar a nadie, la gente de CUT-BAI prefiere "dejar hacer/dejar pasar".

Pero el alcalde de Marinaleda no mira a corto plazo, como le pasa a Valderas. Gordillo es consciente de que si ahora le sacan las castañas del fuego al PSOE, serán los socialistas quienes se apunten todos los tantos, todos, y ellos quedarán subsumidos e invisibles, como ya le pasara a los andalucistas.

Por el contrario, el sevillano sabe que si mandan al "paro" a los socialistas, donde después de 32 años hay una inmensa mayoría que no ha trabajado en otra cosa en su vida que no sea un cargo de libre designación, gente que no tiene los más mínimos estudios, que carece de capacitación profesional, pero que están donde están por su capacidad para intrigar en el partido... si todos esos se encuentran sin nada, la guerra interna se recrudece... y el PSOE entraría en una situación absolutamente crítica, próxima a la catatonia.

Sin el nacionalismo andaluz en el Parlamento, y con un PSOE noqueado, IU tendría su propio espacio para hacerse fuerte. Es más, cuando el PP necesitara aprobar unos presupuestos, IU puede vender a su electorado que gracias a sus votos le dobla el brazo a la derecha y los dota de contenido social, mientras que el PP puede lucir que a pesar de ser derecha puede hacer unos presupuestos sociales. El PSOE se quedaría como algo incómodo, algo inútil.

Hacer lo que dice Gordillo ensanchará y aumentará la base de IU de cara a próximos comicios, lo que quiere Valderas les hundirá. Los ejemplos son infinitos en esta línea. Es más, hasta podría darse la circunstancia de que las presiones de la CUT-BAI podrían propiciar que ellos ocuparan el lugar de IU mientras IU ocupa el del PSOE.

Tampoco olvidemos la cuestión interna, y es que Valderas y Gordillo no pueden ni verse. Valderas tiene una formación ideológica bastante simplona, mientras que Gordillo está más preparado y tiene más fondo, el primero rehuye las polémicas y el segundo las encara, el primero sale por los pelos como diputado por Huelva, y el segundo revienta las urnas en su pueblo y arrasa entre la izquierda andaluza, el primero habla de Andalucía como región y el segundo reclama la soberanía de la nación andaluza... Hasta tal punto llegó la cosa que Valderas apoyó la ley socialista para que los alcaldes no pudieran ser parlamentarios porque quería librarse de Gordillo, pero fue éste y los suyos quienes le ganaron el pulso para que se estableciera un límite que no le afectara a él.

Es probable que todo esto se quede en política ficción, ya que la inmensa mayoría de los políticos son cortoplacistas, y ante la posibilidad de pillar un cargo ahora y la etérea posibilidad de ser el rey del mambo dentro de cuatro años, prefieren lo primero. 

Aunque analizar qué ha pasado en el PP da para otro artículo, sí hay que reseñar que el llamamiento de Javier Arenas a un acuerdo con el PSOE no se entiende, habida cuenta de todo lo que él mismo se ha encargado de difundir sobre su corrupción sistémica, y eso mismo es aplicable a Valderas. Hay que tener mucha hambre para eso. 

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