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Emborronar el periodismo

Carlos Rosado
Periodista

Esta ciudad, Andalucía en general, ha dado al periodismo grandes plumas. Siempre he pensado que lo más difícil es escribir una buena crónica pero el columnismo es el que se suele llevar los honores de la profesión. Y hay artículos en la historia de la prensa que han sido cincelados con los materiales nobles de la inteligencia y la grandeza. Como hay otros muchos a los que el olvido arrumba en ese archivo de piezas defectuosas del pensamiento.

Lo efímero de su existencia limita normalmente el alcance de los que usan la columna como un obús cebado contra la línea de flotación de los destinatarios. Y en esto pasa como pasó en el Cádiz del asedio. Que caían bombas en la ciudad pero por razones de potencia no estallaban. Y sus esquirlas pasaban a convertirse en abalorios para el pelo de las gaditanas. Puestos a seguir con el símil, es preferible un buen artículo a una pieza dialéctica sin calidad de las que abundan en la misma prensa, perpetradas por combatientes de segunda.

Algunos articulistas deberían saber cuándo retirarse para no emborronar su pasado. Así nos habríamos ahorrado el bochorno de leer, en mi caso por encima, un reciente artículo del columnista del gato, infamante hacia una mujer de la política española que le convierte en una pluma indeseable y, quien sabe, si enferma de la prensa española.

Ese sujeto es un gracioso faltón y trastabillante que se permite jueguecitos de palabras obscenas para que sus adeptos se rían mientras desayunan en los bares, un tipo estomagante. No me gusta ni cuando la emprende con gente que no aprecio porque siempre abusa de su ingenio fangoso para emborronar biografías nobles.

Escribir desde un periódico no debiera estar al alcance de gente caquéctica mental y onanista. La edad mal llevada acrecienta los vicios de origen e inhabilita para el noble ejercicio de la escritura.

Por el artículo de referencia doy de baja de mi nómina de articulistas ilustres (si alguna vez estuvo en ella) a este individuo que no resiste ni la comparación consigo mismo.

Y al borrarlo se ennoblece la nómina de los que siguen siendo referencias morales y literarias de esta muy noble, muy diversa y muy respetable profesión.

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