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Semana Santa: el latido vivo de Almería

María del Mar Vázquez
Alcaldesa de Almería

Hace apenas una semana que iniciábamos el año 2026 caminando en Torregarcía junto a nuestra patrona, la Virgen del Mar. Llevábamos a hombros no solo una imagen querida por muchas generaciones de almerienses, sino el propósito de un año de trabajo y esfuerzo por Almería bajo su protección. Ese acto, íntimo y a la vez masivo, era el preludio de otro de esos momentos que, sin duda, van a marcar el carácter del año en Almería: la presentación del Cartel Oficial de la Semana Santa, que tiene lugar hoy domingo. Y no es un mero trámite administrativo o cultural; es el primer aldabonazo en el corazón de la ciudad, el anuncio de que se avecina el tiempo más hondo de nuestra identidad colectiva. 

Este cartel, un excelente trabajo del artista Rafael Muñoz Granados es, en sí mismo, una declaración de intenciones y un reflejo de la pasión de los almerienses por su ciudad. Anuncia la llegada de esos días únicos en los que las calles se transformarán en un escenario de silencios elocuentes, música vibrante, olores de cera e incienso, y una emoción que se palpa en el aire. 

En apenas dos meses, la ciudad cambiará su ritmo para abrazar una tradición que la identifica. Para el Ayuntamiento, estar al lado de las mujeres y hombres que la hacen posible a través de las diferentes Hermandades y Cofradías es una apuesta clara por el futuro. Porque son colectivos que no se limitan a organizar procesiones; tejen redes de solidaridad, establecen alianzas vecinales, construyen comunidad día a día y, en definitiva, hacen ciudad. Apoyarlas es invertir en el capital social más valioso de Almería. 

Estar con la Semana Santa es, además, respaldar una cultura popular que desafía al tiempo. En un mundo donde todo parece provisional, la Semana Santa es un símbolo de permanencia, compromiso e identidad. Y no sólo hablamos de fe o de belleza artística. Hablamos también de una resiliencia que ha sabido sortear dificultades. Pero reducir la Semana Santa a sus momentos más solemnes y multitudinarios sería perder su esencia más íntima. Su verdadera grandeza reside en una constelación de pequeños instantes que, sumados, componen un mosaico emocional irrepetible: la mirada que se cruza con la de tu virgen al pasar; el sonido lejano de una banda de cornetas; el silencio cargado de emoción que precede a una saeta; los bares rebosantes de vida y conversación; el aroma a incienso; el chirrido característico del tráfico sobre la cera de las calles; el gesto de sacar del armario el vestido y la mantilla; la curiosidad de los turistas en las tiendas, o en los museos por la mañana. Y de manera especialmente conmovedora, la mirada de una niña que, al ver pasar una cuadrilla de costaleras, decide que ella también lo será algún día. A todas esas mujeres que dan vida a la Semana Santa con su implicación, como las de la Hermandad de la Coronación, mi reconocimiento más sincero. 

Pero la Semana Santa almeriense trasciende lo religioso y lo cultural para ser la expresión máxima de una identidad compartida. Es un hilo que une pasado, presente y futuro. Por ello, el compromiso municipal es firme. Prueba de ello es la cesión del edificio del Rincón de Espronceda a la Agrupación. Proporcionar una sede céntrica y digna es garantizar que este motor social y cultural pueda seguir prestando su servicio inestimable a la ciudad. En definitiva, honrar nuestra Semana Santa es honrar a quienes nos precedieron, acompañar a quienes hoy la mantienen viva y, sobre todo, garantizar que las futuras generaciones sigan sintiendo la emoción de ver desfilar, cada primavera, la historia viva de su ciudad. Es asegurar que el latido de Almería, ese que suena a tambores, cornetas y silencio, no se detenga nunca. Seguimos trabajando.

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