La llegada de La Revuelta a La 1 ha supuesto mucho más que el estreno de un
nuevo programa de entretenimiento: ha sido un auténtico punto de inflexión en
una franja históricamente complicada para la televisión pública. El access
prime time, ese espacio entre el informativo nocturno y los grandes
estrenos de la noche, llevaba años funcionando como un lastre para La 1,
incapaz de generar una audiencia sólida que sirviera de trampolín al prime
time. Con David Broncano al frente, la situación ha dado un giro
inesperado.
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| David Broncano / La 1 |
Los datos avalan el fenómeno. La Revuelta reúne habitualmente cuatro millones de espectadores únicos, con una cuota de pantalla que se
mueve entre el 11 % y el 15 %, y una audiencia media que oscila entre 1,5 y 2
millones de personas. Cifras especialmente relevantes si se tiene en cuenta el
horario de emisión —aproximadamente entre las 21:45 y las 23:15—, una franja
que durante años ha estado claramente dominada por El Hormiguero, el formato
estrella de Antena 3.
Que La 1 haya conseguido “hacerle sombra” algunos días a un programa tan
consolidado no es un detalle menor. De hecho, la propia cadena pública ha
comenzado a anunciar sus estrenos de prime time como aquellos que llegan
“después de La Revuelta”, un síntoma claro de que el programa no solo
funciona por sí mismo, sino que arrastra audiencia y mejora el rendimiento de
la parrilla posterior. Algo impensable hasta hace poco en la televisión
pública.
Más allá de los números, el éxito del formato tiene una lectura
estratégica. La incorporación de Broncano ha sido interpretada como un soplo de
aire fresco y un intento decidido por parte de RTVE de rejuvenecer su oferta y
reconectar con un público que había abandonado progresivamente La 1 en favor de
las cadenas privadas y las plataformas digitales. El humor irreverente, el
ritmo ágil, la naturalidad del presentador y la complicidad con una audiencia
joven y digital han demostrado que la televisión pública también puede competir
en terrenos tradicionalmente ajenos.
La Revuelta no es solo un
programa de entretenimiento; es una declaración de intenciones. Supone asumir
riesgos, romper inercias y entender que el servicio público no está reñido con
formatos actuales, desenfadados y cercanos. Al contrario: conectar con nuevas
generaciones también es una forma de cumplir con ese servicio público,
adaptándolo a los tiempos y a los hábitos de consumo audiovisual.
El verdadero reto ahora será la continuidad. Mantener la frescura, evitar el desgaste y consolidar esta nueva identidad en el access prime time será clave para que el éxito no se quede en un fenómeno pasajero. Pero, por el momento, La Revuelta ya ha logrado algo fundamental: demostrar que La 1 puede volver a ser relevante, competitiva y conversación diaria. Y eso, en el panorama televisivo actual, no es poca cosa.


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