El Paseo de Almería es mucho más que una calle. Es el corazón de nuestra ciudad. Por eso, cuando se anunció su remodelación, todos confiamos en que sería una obra de la que nos sentiríamos orgullosos. Lamentablemente, la realidad nos ha devuelto una imagen muy distinta pues, lejos de mejorar la ciudad, se ha convertido en un ejemplo de mala gestión y falta de planificación.
Desde el inicio, los problemas han sido una constante. La elección de materiales inadecuados, que se deterioran con rapidez, ha supuesto retrasos y sobrecostes que están afectando a comerciantes, hosteleros y vecinos. Lo que debería haber sido una obra para revitalizar nuestro centro se ha transformado en una fuente de molestias y frustración para quienes viven y trabajan ahí.
Pero lo más preocupante no es solo el coste económico, que ya supera los 11 millones, más 750.000 euros para una máquina especial de limpieza y para la aplicación de un tratamiento a la piedra, sino la absoluta falta de responsabilidad política. Nadie ha asumido los fallos de un proyecto que se ha convertido en un cúmulo de despropósitos. Por si fuera poco, los parterres, que nos presentaron como elementos “modernos y funcionales”, ahora resulta que son un obstáculo para la celebración de cualquier evento. Así que, incluso antes de acabar los trabajos, asistimos perplejos a una remodelación de la obra que, como es de imaginar, supondrá un aumento de su importe, cuya cuantía desconocemos.
¿De verdad nadie previó esto cuando se diseñó la obra? ¿Cómo es posible que no hayan sido capaces de planificar algo tan básico? Tampoco sabemos cuándo terminará la obra. La alcaldesa ha dado 4 meses de prórroga, pero eso no garantiza que estará terminado para esa fecha. También en esto se aprecia el sello de su mandato: ocultar información a los ciudadanos. Ya es hora de que alguien dé explicaciones claras, asuma responsabilidades y, sobre todo, empiece a trabajar con seriedad.

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