Una gallardera se ha convertido en referente educativo con la utilización
de la inteligencia artificial (IA) en el ámbito académico. La competitividad
global se está trasformando con esta herramienta que utilizan más de 1.200
millones de personas. Es la tecnología más rápida en la difusión y acapara
todos los ámbitos, según Microsoft. Está en juego ser amigo o aliado, destaca
la doctora en Ciencias de la Educación por la
Universidad de Granada (UGR) María del Carmen Flores Piñero (Los Gallardos,
1994). Subraya que memorizar ya no basta y es necesario hacer frente a los
desafíos que plantea la inteligencia artificial (IA) en su campo. “Me preocupa
la pérdida de creatividad y autonomía. Su uso puede aumentar las desigualdades
llevando a la brecha digital y puede afectar al bienestar digital, docente y
personal”. Flores sabe de dónde viene. Nieta de la centenaria María Josefa Alonso,
hija de transportista de yeso desde Sorbas al puerto de Garrucha y de ama de
casa, de Alfaix, residentes en la calle Molino de Los Gallardos. Su tesis
doctoral se desarrolló bajo el epígrafe El clima motivacional en Educación
Física: conductas psicosociales en adolescentes. Actualmente desarrolla su
trabajo en el Centro de Magisterio la Inmaculada, adscrito a la UGR.
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María del Carmen Torres Piñero / A. Torres
Límites al uso de la IA en el aula y a las vejaciones
digitales, especialmente a las mujeres con ataques a los derechos
fundamentales. “Debe haberlos. Porque al final el alumnado se puede ver tentado
a realizar todas las actividades y trabajo usando estas herramientas y
confiarse en todo lo que dicen”. “Es un error confían cien por cien en la
tecnología sin revisar, sin comentar la información que se les proporciona”.
“Al final tiene que haber competencia exigente, aprender a aprender,
compañerismo, diálogo, trabajo en equipo y también creo que es importante el
esfuerzo y el fracaso. Hay personas cada vez más que están acostumbrados a la
inmediatez, que no saben valorar el esfuerzo ni la constancia. Al final, se
impone la ley del mínimo esfuerzo. Cuando se les exige un poquito más es cuando
nos podemos encontrar con el fracaso o abandono escolar, en el ámbito
universitario”. Lo dice un talento que desde pequeñica le ha gustado siempre la
escuela, los estudios, una joven con método de trabajo. “La vocación por la
educación, la he tenido desde pequeña y eso ha sido gracias a mis maestros,
entre ellas Rosa Flores Alonso en el colegio público de Los Gallardos. De mis
padres aprendí muchas cosas buenas. Me han enseñado valores: constancia,
trabajo, humildad, respeto”, reitera la investigadora científica.
Acecha la pérdida de la autonomía, personalidad y creatividad como docentes
e investigadores. En ese mundo, la ventaja, no
es la tecnología, es la mirada. En 2026, la diferencia se centra en quién sabe
preguntar, quién sabe interpretar, quién sabe decidir. Pensar en profundizar es
una de las claves que ofrecen a este periodista mis amigos de la Máquina de
Ideas. “Uno de los principios de la ética es la perspectiva humanista. Al
final, la última palabra la tiene el ser humano. Es importante revisar lo que
la IA nos ofrece y no perder el sentido crítico que caracteriza al humano.
Tenemos siempre la obligación de revisar todo lo que la IA nos ofrece para que
podamos seguir aportando conocimiento científico de calidad”.
Tenemos que ser transparentes, afirma. “Hay que
especificar el por qué y para qué la utilizamos”. ¿Cómo puede la inteligencia
artificial ayudar a reducir las listas de espera en la sanidad y el abandono
escolar?, le preguntamos a Flores: “Todos los datos están en una base de datos.
Hay distintas herramientas que ayudan a gestionar grandes cantidades de datos.
Lo que se podría es entrenar a una de esas herramientas para trabajar en el
ámbito sanitario. Es importante tener la licencia de esa herramienta para proteger
los datos personales de los pacientes. Con esta herramienta se podría
clasificar a los pacientes según el orden de urgencia que tenga la cita, al
especialista que le atienda, etc. Digamos que la idea sería que la herramienta
vaya clasificando a los pacientes en orden de preferencia, según gravedad y
también según la fecha de derivación. Todo esto aparecería de manera automática
y ahorraría tiempo al administrador y al paciente. Habría un seguimiento y se
evitarían la pérdida de citas”.
“En el ámbito educativo se podría tomar el mismo
ejemplo. Cuando un alumno tiene dos faltas, por ejemplo, podría saltar un aviso
para que el tutor, junto a su equipo, se ponga en contacto con la familia y ver
el motivo de la ausencia. Si el alumno no tiene motivación para ir a clase, en
el ámbito no obligatorio, le podríamos pedir a la IA que nos ofrezca una serie
de actividades o de consejos para incrementar la motivación en el alumnado”.
Flores ha participado en un proyecto innovador celebrado en la Universidad Central de Ecuador. Junto a José Antonio Marín y Pablo Dúo de la UGR y otros referentes de universidades americanas como Óscar Bedoya y el doctor Freddy Rodríguez que fue el promotor del proyecto, junto con el grupo EducatechXXI. “Ha sido una experiencia enriquecedora, tanto a nivel personal como el ámbito profesional. Una oportunidad para seguir formándome y nutrirme de la experiencia del resto de los compañeros del ámbito nacional e internacional. Me ha permitido desarrollar nuevas herramientas y habilidades porque al final me he tenido que adaptar a un ámbito nuevo donde el alumnado eran docentes e investigadores, agentes de calidad”, una experiencia que le sigue abriendo puertas para nuevos proyectos con la IA para la docencia universitaria.

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