La participación de Carmen Borrego en GH Dúo ha vuelto a dejar una
sensación incómoda, esa que se repite cada vez que la colaboradora pisa un
concurso de Telecinco: la del contrato firmado, la exposición
garantizada… y el abandono prematuro como desenlace casi anunciado.
![]() |
| Carmen Borrego, anoche en GH Dúo / Mediaset |
No es la primera vez que Borrego entra en un reality con la promesa de
afrontar el reto y, apenas unos días después, confiesa que no puede más. En
esta edición de GH Dúo, el patrón se ha repetido con una precisión
milimétrica. Tras activar el protocolo de abandono, la concursante ha alegado
que su cuerpo le está pasando factura y que la convivencia se ha vuelto
insoportable. “No puedo estar temblando, no aguanto 48 horas más”, confesaba a Belén
Rodríguez, dejando claro que su estancia en la casa pendía de un hilo.
En el confesionario, Borrego insistía en que su decisión no estaba
premeditada: “Nunca iba a abandonar tan pronto, no estaba en mi mente”. Sin
embargo, lo cierto es que muchos espectadores ya intuían este desenlace. Los
continuos roces con Cristina Porta y Carlos Lozano, sumados al clima enrarecido
generado por John Guts, acabaron formando un cóctel explosivo que Carmen no
supo —o no quiso— gestionar. Entre lágrimas, reconocía su hartazgo: “Si esto
tiene que ser así, yo prefiero marcharme”.
La situación terminó derivando en un episodio de ansiedad que la llevó a
solicitar formalmente el abandono: “Cuanto antes mejor, no he venido a lo que
está pasando en esta casa”. Un mensaje que, más allá de la preocupación
legítima por la salud mental, vuelve a abrir el debate sobre la responsabilidad
de quienes aceptan participar en este tipo de formatos sabiendo de antemano las
reglas del juego.
Por si fuera poco, su concurso tampoco ha estado exento de polémica. Un
comentario captado por las cámaras de la conexión 24 horas sobre un supuesto
móvil desató acusaciones de favoritismo en redes sociales. La organización tuvo
que salir al paso para negar cualquier trato de favor, aunque el daño ya estaba
hecho. Muchos esperaban ver a una Carmen Borrego más fuerte, más curtida tras
años de platós y realities, pero la sensación general ha sido la contraria.
Quizá el problema no sea solo Carmen Borrego, sino el personaje que se ha
construido —o que le han ayudado a construir— dentro del ecosistema televisivo.
Un perfil que acepta contratos suculentos, promete implicación total y acaba
recurriendo al abandono como vía de escape. Un déjà vu que, edición tras
edición, termina desgastando tanto al espectador como al propio formato.
La pregunta final es inevitable: ¿hasta cuándo seguirá funcionando esta fórmula? Porque el drama reiterado deja de ser drama y se convierte en rutina. Y la rutina, en televisión, rara vez engancha.


No hay comentarios:
Publicar un comentario