Paqui Fuentes vive en La
Chanca y en septiembre empezará Biotecnología en la Universidad de Almería.
Entre su casa y el Paseo apenas hay unos minutos a pie. Sin embargo, durante
demasiado tiempo esa distancia ha medido mucho más. Ha medido las oportunidades.
Por eso su historia merece
celebrarse. Como la de otros jóvenes de La Chanca, El Puche,
Fuentecica-Quemadero y Los Almendros que este año han superado la PAU y han
llenado sus casas de abrazos. Lo extraordinario no es su talento, sino haber
conseguido abrirse camino en barrios donde llegar a la universidad sigue siendo
poco habitual.
Basta cruzar el Paseo para
comprobarlo. En apenas diez minutos cambian las fachadas, desaparecen las
franquicias y son otras las conversaciones y las expectativas. Historias como
la de Paqui siguen siendo menos frecuentes de lo que deberían. No porque falte
capacidad ni esfuerzo en las casas, sino porque durante demasiado tiempo las
oportunidades no han llegado con la misma facilidad que al otro lado del Paseo.
En ese arco de barrios vive
casi una de cada seis personas de Almería. Es una parte esencial de la ciudad
que, sin embargo, seguimos mirando desde lejos, aceptando la desigualdad como
parte del paisaje mientras debatimos el mármol del Paseo, el diseño de una
rotonda o la siguiente gran obra.
El Ayuntamiento desarrolla
desde 2024 un Plan Local de Intervención para estos barrios. Habrá tiempo de
medir sus resultados. Su éxito dependerá de que los vecinos no sean simples
destinatarios, sino protagonistas del cambio. Lo importante es no confundir la
transformación de esos barrios con la de sus calles. Una ciudad no cambia
cuando estrena pavimento. Cambia cuando el barrio en el que nace un niño deja
de condicionar el resto de su vida y sus oportunidades.
En septiembre, Paqui recorrerá esas mismas calles para empezar Biotecnología. Llevará en la mochila mucho más que libros. Llevará la prueba de que el talento no entiende de códigos postales. El día que esa imagen deje de parecernos excepcional y se convierta en costumbre, Almería habrá dejado de tener, al otro lado del Paseo, una frontera y se parecerá un poco más a la ciudad que presume de ser.

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