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El drama estival de los televidentes que no consumen streaming

Marian Lozano
@marian65x 

Las redes sociales y los influyentes se empeñan en estos días en proyectar imágenes idílicas de maletas, aeropuertos, barcos, cócteles coloridos con pajitas y playas paradisíacas de arena blanca. Parece que, en julio y agosto, todo quisqui se va de vacaciones. Pero la realidad a pie de calle es muy distinta. Para gran parte de la clase trabajadora y jubilados, el verano no se vive en un resort de lujo ni en un apartamento en la costa, ni tan siquiera en el pueblo de los abuelos sustituido en estos tiempos por la casa rural. El verano, para muchos más de los que se piensa, se pasa en el piso de siempre y luchando contra el termómetro. 

Con este calor asfixiante y las carteras tiesas por los salarios estancados y las pensiones que aunque algunos las vendan como un privilegio, no dan más de sí, incluso la opción de salir a disfrutar de terrazas o locales de ocio en la ciudad se convierte en un lujo inalcanzable. Para muchos, el único refugio es el fresquito del salón de casa, y buscando en la televisión una ventana de desconexión en el duro día a día. 

El problema es que la industria televisiva sí se va de vacaciones. El negocio es consciente de que las audiencias caen en verano, y la respuesta de las cadenas se repite año a año. Los programas estrella y las series con tirón hacen un parón forzoso hasta el mes de octubre, y las grandes figuras de la pantalla se despiden hasta el nuevo curso. El resultado es una programación de refritos, reposiciones y contenidos de relleno de muy bajo presupuesto. 

Esta desconexión o pobreza de contenidos estival de las cadenas generalistas es una injusticia para quienes no consumen streaming, bien sea por falta de recursos económicos para pagar una, tres o cuatro plataformas digitales, o porque la tecnología les ha llegado tarde, la inevitable brecha digital. Miles de espectadores se ven en verano atrapados en un apagón de entretenimiento. Justo cuando más necesitan la compañía de la pequeña pantalla, la televisión de siempre les da la espalda, recordándoles que, hasta para disfrutar de una buena película o una buena serie, la guita es quien manda.

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