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Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es  La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es  Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-, Diario de Almería, que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluza:




Las portadas de las cinco revistas semanales

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Ya están en los puntos de venta las revistas semanales. Cuatro de ellas (Lecturas, ¡Hola!, Diez Minutos y Semana) salen los miércoles, mientras la revista Pronto se adelanta sobre sus compañeras y se pone a la venta los lunes. Estas son las portadas de esta semana:





Rafael Hernando y el ruido

Ignacio Ortega
@opinionalmeria 

Hay políticos que dejan leyes, reformas o discursos. Rafael Hernando ha construido durante más de tres décadas un personaje reconocible, sobre todo, por su manera de intervenir en público. Cada micrófono activa el mismo mecanismo: una respuesta rápida, una acusación rotunda y un titular capaz de desplazar el asunto que se debate.

Rafael Hernando, en RNE / RTVE

La memoria histórica fue uno de sus territorios preferidos. En 2013 dejó una frase digna de cualquier antología: “Algunos se han acordado de su padre, parece ser, cuando había subvenciones para encontrarle”. Un año después atribuyó a la República “un millón de muertos” y se preguntó por qué había que “remover las tumbas”. Pero no se limitaba al pasado. Acusó a la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) de “coquetear” con organizaciones próximas al terrorismo, llamó al juez Pedraz “pijo ácrata” y a miembros de Ezquerra Republicana de Catalunya de “energúmenos”. Como portavoz del PP en el Congreso, más que debatir, parecía buscar la frase que acabara ocupándolo todo. Si todos hablaban de él, asunto resuelto: ya nadie hablaba de lo que se discutía. Alguna vez las palabras casi no le bastaron: en julio de 2005, tras el incendio de Guadalajara, se encaró en los pasillos con Rubalcaba y tuvieron que sujetarlo Acebes y Zaplana.

Quizá ahí esté una de las claves de su resistencia en Almería. Desde 1993 ha encadenado siete legislaturas. Treinta y tres años representando a una provincia con la que no tenía vínculos. Fue un político cunero que acabó echando raíces, y lo hizo también con trabajo de corte muy almeriense: el Plan Hidrológico Nacional con el Plan de Agua de Almería, el Plan de Infraestructuras con la autovía a Málaga y el AVE, la moción en el Senado para recuperar el tiempo perdido con la alta velocidad, las iniciativas para declarar zona catastrófica y adelantar ayudas de la DANA. A eso se suma una carrera institucional poco común: portavoz del Grupo Popular en el Congreso, secretario de la Mesa del Senado y presidente del Comité de Derechos y Garantías del PP. El micrófono le daba titulares, pero esa defensa del agua, el AVE y la agricultura y su sitio en la dirección nacional es lo que le hizo necesario en el PP almeriense. Una cosa es hacer ruido y otra sacar partido de él.

No son dos Hernando distintos. Es el mismo, con el mismo atajo: la frase en lugar del argumento. Ante los episodios de violencia de estos días en Ceuta volvió al mecanismo: “Ceuta ni se rinde, ni se vende, y tampoco se merece un Gobierno como este”. La frase estaba servida; explicar qué medidas concretas habrían evitado esa situación era más complicado. El mismo método usó el 18 de agosto en un medio de la provincia al presentar el debilitamiento de las clases medias como consecuencia directa del Gobierno y concluir que la solución es un relevo. Entre una cosa y otra hay inflación, vivienda, salarios, empleo, tipos e intereses internacionales. Todo eso exige ser explicado, pero para Rafael Hernando culpar solo exige una frase.

La crítica es legítima. El problema es convertir una acusación en simplificación: el Gobierno es el causante y, por tanto, cambiarlo lo resolverá. Ese “por tanto” hace todo el trabajo: transforma la acusación en solución y le ahorra lo más difícil, decir qué haría él para arreglarlo, o como ayudar a solucionarlo. Para ejercer la oposición no hacen falta tantos años; para gobernar hacen falta ideas y algo más de imaginación.

Hay políticos que dejan leyes, reformas o discursos. Treinta y tres años dan para ocurrencias, polémicas y titulares. También han dado para iniciativas ligadas a Almería. Treinta y tres años dan para todo. La cuestión es cuánto pesa cada cosa, porque cuando el ruido se acaba, no siempre queda algo que recordar.