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"La cuarta pared", de Celso Ortiz, novela-representación almeriense sobre la transición

Miguel Ángel Blanco Martín  
Periodista   

Este artículo es una representación y ustedes son el público. En el mundo del teatro, la cuarta pared es ese muro invisible que envuelve el escenario frente al público. Y a partir de ahí, en la ficción literaria de una novela, la vida es una representación que va desmenuzando pormenores de la Transición, desde la trayectoria de un joven almeriense, Eusebio Manzano, en su proceso de acomodo y rebeldía a la vida que le espera, en la efervescencia del final del franquismo. En realidad, el hilo teatral está presente, como una atracción obsesiva que marca la afición escénica del autor, Celso Ortiz (Alhama de Almería, 1946). Así se explica que el título de su última novela sea La cuarta pared (Editorial Alhulia, 2012), un título muy afortunado y sugerente.

La cuarta pared
En principio, pues, una reflexión es posible, las relaciones entre novela y teatro. Celso Ortiz podía haber escrito una obra teatral con el mismo argumento, pero ha decidido escribir una novela y no hay nada que objetar. Pero el teatro está presente en la estructura de la novela. Los capítulos son actos. La cuarta pared consta de tres capítulos (Primer acto, Segundo acto, Tercer acto) y un epílogo. En este singular proceso narrativo comparecen dos mundos urbanos. Alborán (Almería) y Madrid. Distintos tiempos del personaje y lo que le rodea: adolescencia, juventud universitaria y rebeldía estudiantil, con las vivencias de la Transición; regreso a la ciudad de provincias, donde queda apresado por el modo de vida al que parece estar predestinado; el choque con la realidad provinciana de ‘familia bien’ (burguesía), dominada por el espíritu de Calle Mayor (el Paseo), como referencia a la atmósfera de la película de Juan Antonio Bardem, lo que convierte también a La cuarta pared en una novela sociológica.

El espejismo teatral está presente en la adolescencia, continúa en la juventud, ahora con nuevos rasgos. El personaje descubre en Madrid el teatro independiente (universitario) y el espíritu de la contestación cultural frente al sistema (“porque la cultura en sí misma era pura contestación en aquellos años de franquismo agonizante”).

 La memoria histórica cultural sitúa los nombres teatrales en la novela para un tiempo de cambio: Chejov (Las gaviotas), Bertolt Brecht, Valle Inclán, Duque de Rivas, Jean Genet (Las criadas), Peter Weiss (Marat-Sade), Albert Camus, García Lorca, Martín Recuerda (Las arrecogías de Santa María Egipcíaca), Michel Ghelderode, Slawomur Mrozek. Y juntos  ellos, quienes los representan: Nuria Espert, Adolfo Marsillach, Fernando Fernán Gómez (con su momento de personaje en la novela), María Luisa Ponte, Agustín González, José María Rodero; los mundos del Living Theatre y del TEU. Y el lugar del pensamiento crítico: la revista Primer Acto con su director, José Monleón. También en esta Memoria  comparece el cine: Hitchcock (Los pájaros), Bertolucci (El último tango en París), Eisenstein (con el simbolismo de un film mítico: El acorazado Potemkin). Y como toda época tiene su cancionero. No puede entenderse la protesta de la calle, la rebeldía estudiantil que vive Eusebio Manzano, sin Raimon (Al vent), Serrat, Víctor Jara, Atahualpa Yupanqui, Violeta Parra, Los Calchakis, Bob Dylan, Joan Baez.

Celso Ortiz desmenuza los momentos del personaje, en distintas atmósferas de la realidad, con un fino humor y cierta socarronería, frente a la vida como una representación constante, entre el esperpento, la tragedia (la muerte de El Panocha, por la policía) y la comedia, que se funden y se suceden para forjar el espíritu de La cuarta pared, seguramente la primera novela inspirada al calor de la Transición democrática en Almería, pero que va más allá, tras sumergirse en muchos de los vericuetos de la vida provincial establecida, con un personaje que al final, de la mano del teatro como liberación, hará lo imposible para escapar de la vida mediocre y triunfal, socialmente, a que había sido condenado.

Hay algo, después de todo, que me inquieta personalmente. Y es que no he conseguido ponerle rostro al personaje, a Eusebio Manzano. Tendré que volver a leer la novela, convertir la lectura en otra representación, regresar a la teatralidad narrativa de La cuarta pared y atravesar el muro invisible. Les recomiendo su lectura. Ahora a ustedes les corresponde la representación, con la novela en las manos. A ver si lo consiguen.

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