Edita: Fidio (Foro Indalo de Debate, Ideas y Opinión / Twitter: @opinionalmeria / Mail: laopiniondealmeria@gmail.com

Rutas del lejano sureste

Patricia Ortega Dolz 
El País Viajero 
 
En el municipio de Tabernas (3.700 habitantes), Almería, a Harrison Ford le llaman “el muchachillo ese”, a Steven Spielberg le dicen “el hombre de barba, ese al que le gusta mucho el melón con jamón”, cuando hablan de Briggite Bardot se refieren a “una chavala escurrida, muy flaca,” y, en general, a los cineastas y artistas que han pasado por estas áridas tierras almerienses –David Lean, Sergio Leone, Clint Eastwood, Orson Welles, Mario Caiano, Alex de la Iglesia, Claudia Cardinale, Peter O’Toole, Richard Burton, Alain Delon, Louis de Funes, Lee Van Cleef, Bud Spencer…- se les conoce comúnmente como “los titiriteros”. No en vano el desierto de Tabernas es una de las localizaciones más filmadas de la historia del cine. Allí arranca la próxima semana el Almería Western Film Festival, y aprovechamos para descubrir las riquezas, historias y leyendas de un rincón aparentemente yermo.
 
 
Poblado de Fort Bravo, a las afueras de Tabernas, en Almería. / Jean-Pierre Degas
 
En los años sesenta, todo el glamour de Hollywood fue a darse de bruces con el salvaje este almeriense, una comarca inhóspita que había domado a sus gentes a base de hacerlas convivir con las miserias de la esterilidad, con la muerte de silicosis horadada a golpe de pico y pala en las minas, con la escasez de agua y bajo el yugo de un sol implacable. Hambre, resignación y rezos poblaban aquel desierto.

En los años sesenta, todo el glamour de Hollywood fue a darse de bruces con el salvaje este almeriense, una comarca inhóspita que había domado a sus gentes a base de hacerlas convivir con las miserias de la esterilidad, con la muerte de silicosis horadada a golpe de pico y pala en las minas, con la escasez de agua y bajo el yugo de un sol implacable. Hambre, resignación y rezos poblaban aquel desierto.

El matrimonio Baker, junto a Manuel Fernández
 Montoya, durante su visita a la era en el que
 se rodó la escena del duelo en
 'La muerte tenía un precio'. / Patricia Ortega Dolz

Hoy, entre las enormes grietas de las mismas montañas yermas se abren paso rutas cinematográficas, recorridos por almazaras donde se fabrican aceites de oliva virgen con acidez cero, plantas de energía solar, perfumes que guardan aromas de las aguerridas hierbas que crecen en la zona y que luego se venden en botes caros con marcas de París, y un festival de cine western (11, 12 y 13 de octubre) que, mientras llega o no llega Quentin Tarantino (le han invitado para el próximo año), está naciendo a pulso con proyecciones, visitas guiadas y actuaciones (este año Nadia Lanfranconi, la novia de Mel Gibson, actor a quien también se espera en el futuro). Esperanza e ilusión, pero también recelos ancestrales pueblan este nuevo desierto.

Se trata de 12.000 hectáreas enmarcadas por cuatro cadenas montañosas que impiden que se cuele una nube (la sierra de Filabres, sierra Nevada, la de Gádor y la de Alamilla). Es el único desierto de Europa y “los del cine”, atraídos por esos paisajes que evocaban el lejano oeste americano, entraron literalmente como elefante en cacharrería.

Miguel Cruz (54 años), propietario del bar Paraíso (en el centro de Tabernas), donde comieron y bebieron durante meses equipos de rodaje enteros, recuerda el desfile de paquidermos que atravesó las calles camino de un plató. Como “la Lola” (Dolores Alcántara, 71 años), la dueña de la fonda Cataluña, donde se hospedaron muchos y donde Briggite Bardot “se ponía ciega con las sopas de picadillo”. De aquellos tiempos todavía queda allí un recuerdo vivo, recluido en una destartalada habitación de a 10 euros la noche con olor a lejía. Es Jesús Laguna (52 años), uno de tantos “especialistas” que nacieron y encontraron un empleo espectacular a los pechos del spaghetti western. Están él y su colección de películas. Sombrero negro de vaquero, cabello y tez pelirrojos, dientes gastados… Su imagen fue, el año pasado, la del cartel de la primera edición del Western Film Festival (www.almeriawestern.es): “Echo de menos aquello, creo que me he quedado un poco estancado”, dice quien es todo un erudito del cine abandonado a su suerte en el lejano este.

Manuel Hernández Montoya,
 junto a una botella de vino con la cara
 de Clint Eastwood en
 'La muerte tenía un precio' / Patricia Ortega Dolz
Del subconsciente de los mayores de 50 años se pueden rescatar los recuerdos para seguir las huellas que dejaron en esta comarca películas como Lawrence de Arabia, de David Lean, que supuso la creación de ese oasis artificial que permanece en la rambla de Tabernas con sus palmeras traídas de Jordania -donde le impidieron seguir el rodaje- y que hoy se han adaptado a estos agrestes terrenos. En el Hotel El Dorado, en Carboneras, que fue propiedad del director de fotografía de la mítica película, se puede hacer un recorrido por aquel rodaje en fotos. La Trilogía del dólar de Sergio Leone (El bueno, el feo y el malo, Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio), pasa por las tres localizaciones que el director italiano creó al efecto, hoy convertidas en tres poblados: el Oasys (una especie de parque temático del Oeste, con zoo incluido pensado para el turismo más familiar), el Fort Bravo (donde se concentran gran parte de los rodajes actualmente) y el Rancho Leone (de menor tamaño y carcomido por una pintoresca decadencia). Cada uno de estos poblados tiene su historia y sus particulares protagonistas: empresarios ambiciosos, especialistas románticos y supervivientes nostálgicos, pero esto por sí solo da para otro western.

Cárcavas en el desierto de
 Tabernas, Almería. / Domingo Leiva
No todas las localizaciones se fabricaron. Leone, perfeccionista y maniático, buscó parajes y poblaciones autóctonas como la de Los Albaricoques (Aguas Calientes en La muerte tenía un precio), una pedanía de Nijar donde Manuel Hernández Montoya (54 años), desde su restaurante-Hostal El Alba y con un corazón de cine, se encarga de mantener viva la memoria y de recibir a los miles de extranjeros que, como el matrimonio Baker el pasado martes, llegan buscando la era de la escena final de la película, con Clint Eastwood (el cazarecompensas), Lee Van Cleef (el coronel) y Gian María Volonte (el indio) batiéndose en duelo. Otros buscan aprovechan y se acercan, de paso, al Cortijo del Fraile, donde ocurrieron los hechos que inspiraron a Lorca para escribir Bodas de Sangre.
 
Como tantos otros, como familias enteras, la de Manuel participó de figurante en aquellas producciones. “Pagaban muy bien, nos arregló la vida”, cuenta quien hoy ha conseguido que las calles de su pueblo lleven nombres como Clint Eastwood o Ennio Morricone, y que los 20 niños del colegio representen cada año una secuencia de las cintas rodadas allí. Ahora pelea por conseguir que sea declarado Bien de Interés Cultural, “para protegerlo del desarrollismo”.

A los habitantes del lejano este no les deslumbraron tanto las estrellas de Hollywood como los dólares que traían. El cine llenó las despensas de muchas de esas casas encaladas con aljibes en la puerta. Y fueron los estómagos saciados los que eclipsaron a los grandes actores y actrices de América, hasta el punto de que las fotografías que los lugareños conservan de aquella época son, en su mayoría, casuales, no buscadas.
Ha sido después, cuando se han rodado películas como Indiana Jones y la última cruzada800 balas, Los hermanos Dalton contra Lucky Luke, Conan el bárbaro… –son ya más de 500 los largometrajes registrados en este plató natural, que lo mismo sirve para ver Australia, que Jordania, que América o África- cuando el cine se ha convertido en un reclamo turístico de primera magnitud. Y ya hay rutas de película de dos horas que, por 25 euros, atraviesan este desierto en el que, si algo ha brillado siempre, son las estrellas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario