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Rosario Fernández, ante el juez por una vulgaridad

Agustín de J. Muñoz Soler
Comentarista político

Es posible que no sea la edil carbonera Rosario Fernández la última quien deba visitar una sede judicial por haber prometido presuntamente un puesto de trabajo en el Ayuntamiento a cambio de que se le vote. No dice la reseña informativa si solo la persona que aceptó o en el paquete iba toda la familia.

No sabía que estuviera tipificado como delito el voto a cambio de trabajo porque desde que la primera Legislatura Municipal, 1979-1983, llevo escuchando ensordecidamente que los candidatos a las alcaldías hacen sus campañas electorales con esta promesa a ingente número de electores que aglutinan un cierto número de votos, y ciertamente no resulta difícil encontrarse en las ciudades y pueblos de España y particularmente de Almería con personas a las que se les ha prometido la  piel  del oso antes de ser cazado.

Por  tanto, no debe sorprender  que la edil socialista tenga que comparecer en el Juzgado por haber prometido presuntamente un puesto de trabajo en el Ayuntamiento con tal de que le vote esa persona, sino que la sorpresa radica en que tenga que acudir ante el Juez por algo que se practica en todos pueblos de España y de Almería en particular. Pese a la gravedad que para un personaje político tiene esa denuncia, la edil Rosario Fernández debe sentirse honrada y satisfecha de acudir al Juzgado por una mera y estricta vulgaridad.

Digo que Rosario Fernández debe encontrarse honrada de acudir al Juzgado por una  somera vulgaridad, porque tal y como está el ambiente político en España no lo es  para menos que lo haga por esta causa que es practicada comúnmente y no por alguna otra razón extraordinaria.

Pero, como muy bien sabe el amable lector que distrae su tiempo en este espacio periodístico, yo soy de los que sostienen -hasta ahora casi en solitario- que las casualidades no existen en la actividad política, por lo que además de honrada la edil socialista debe hallarse altamente satisfecha de que su dilatada actividad pública solo haya encontrado este punto de atención por quien, tengo la seguridad, la sigue y la persigue con el afán desmedido y nada oculto de hacerse con una suculenta alcaldía que no alcanzaron a mantener durante el tiempo que la consiguieron.

Así, pues, me atrevo a asegurar que la edil socialista Rosario Fernández pasará a ser víctima de una desafortunada estrategia política como lo fue Andrés Segura Soler en Garrucha y como lo está empezando a ser su sucesora  Mari Toñi López Cervantes y el alcalde de Albox, José García, así como todos los  cargos públicos socialistas objetos de ir suplidos por el inescrupuloso adversario político. De ahí la suerte que vengo a atribuirle a la edil socialista carbonera, que, como digo, no es la única porque no ha sido la primera ni será la última porque sus compañeros se encuentran en el mismo punto de mira.

Mención aparte merece el exalcalde de Garrucha Andrés Segura Soler pero que a modo de reseña indicaré que fue objeto de la mayor campaña de descrédito personal que jamás haya padecido un alcalde en la provincia de Almería y que una vez perdida la Alcaldía como era el propósito ha resurgido como una figura política de dimensión autonómica que se ha evidenciado en la última operación político-financiera acaecida en este municipio. A Andrés le atribuyeron un sobreprecio en el pago de unos bocadillos y se vio en la obligación de aclarar en el Juzgado que no había sido el número que reflejaba la denuncia sino multiplicado y ahora le atribuyen haber pretendido dar el pelotazo que otros han dado. No han pasado cuatro años para que la potencia de los hechos incuestionables revelen que las tropelías cometidas por los principales adversario políticos del Alcalde socialista obedecía a una estrategia política perfectamente diseñada para conseguir la Alcaldía.
(Publicado en lagacetadealmeria.com)

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