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Las trabas de 'El Mundo' para rectificar un bulo sobre Silvia Intxaurrondo

Tania Artajo
@opinionalmeria
Existe en la prensa española una preocupante asimetría entre la velocidad con la que se dispara un bulo y la lentitud exasperante con la que se restaura la verdad. Publicar una falsedad es un proceso ágil, a menudo premiado con clics y ruido en redes sociales; sin embargo, rectificar es un camino tortuoso, lleno de obstáculos procesales y resistencias editoriales. El caso de la periodista Silvia Intxaurrondo frente al diario El Mundo es, a día de hoy, el paradigma de esta anomalía democrática.
Tuit de la periodista
Todo comenzó el 4 de marzo de 2024. El diario dirigido por Joaquín Manso lanzó un titular lapidario: "RTVE renovó a Silvia Intxaurrondo por 537.000 euros el mismo día de su dura entrevista a Alberto Núñez Feijóo". La intencionalidad era clara: vincular una supuesta gratificación económica inmediata con aquel momento viral en el que la presentadora de La Hora de la 1 corrigió al líder del PP sobre la revalorización de las pensiones. La noticia afirmaba que el contrato se "cerró" aquel 17 de julio de 2023, sugiriendo un premio por su "beligerancia" política.
Sin embargo, la realidad de los hechos era otra, y la periodista inició una batalla legal para defender su integridad profesional. Tras un primer revés en el Juzgado de Instancia número 10 de Madrid —que desestimó la demanda inicialmente—, la Audiencia Provincial de Madrid terminó por imponer el sentido común y el derecho a la información veraz. La sentencia fue contundente: condenó a El Mundo y a su director a publicar una rectificación y a pagar las costas de ambos juicios.
Lo que debería haber sido el final de un error periodístico se convirtió en un ejercicio de resistencia. El periódico se ha mostrado remiso a cumplir el mandato judicial de forma voluntaria, lo que ha obligado al Juzgado a intervenir de nuevo, concediendo un segundo plazo de tres días bajo advertencia legal. Como bien ha señalado la propia Intxaurrondo al anunciar este "nuevo varapalo judicial", ya van cuatro los pronunciamientos que obligan al medio a retractarse.
Este episodio pone de relieve un mal endémico: el uso de la justicia como un mecanismo de "compra de tiempo". Muchos medios prefieren dilatar el cumplimiento de las sentencias, esperando que el olvido social diluya el efecto de la rectificación. Para cuando la verdad llega al papel, el daño reputacional ya está hecho y el bulo ha cumplido su función de desgaste.
La resistencia de El Mundo no es solo una afrenta a Silvia Intxaurrondo; es un desafío a la autoridad judicial y, sobre todo, una falta de respeto a sus propios lectores. En un ecosistema informativo saturado de desinformación, la credibilidad de una cabecera no se mide por su capacidad de ataque, sino por su humildad y celeridad a la hora de corregir cuando se falta a la verdad. Que la Justicia tenga que obligar reiteradamente a un medio a cumplir la ley es la prueba más evidente de que algo falla en el corazón del periodismo español.

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