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Ibn Luyún y la megalomanía de Pedro Molina

Jorge Lirola Delgado
Profesor de Estudios Árabes e Islámicos. Universidad de Almería

Pedro Molina, Rector de la Universidad de Almería, acaba de prologar lo que él considera una “segunda edición” del Tratado de Agricultura del almeriense del siglo XIV Ibn Luyún, traducido por Joaquina Eguaras, y lo ha hecho a lo grande, con errores numerosos e importantes y con un abuso de los recursos públicos, tratando, sin duda, de ponerse una medalla a sí mismo de mala manera.

Por lo pronto, no se trata de una “segunda edición” ni por lo de segunda ni por lo de edición, sino que lo que ha publicado la Universidad de Almería es, en realidad, una reimpresión (por tercera vez se imprime el mismo texto árabe y su traducción), añadiendo ahora un prólogo de una persona que no es especialista en el tema, Pedro Molina, como contribución, dice éste, a la celebración del Milenio del Reino de Almería y como “un regalo para bibliófilos y también para los amantes de la agricultura.

Edición de 1988
Con él nos gustaría emular –continúa-, si cabe, el regalo que en su día ofreció una embajada del Basileus –rey- de Bizancio al califa del Córdoba Abd-al-Rahmàn (921-961): un manuscrito del famoso médico Dioscórides”. El error de la fecha del comienzo del gobierno como emir de Abd al-Rahman III, 912, proclamado califa en el 929, como es bien sabido, es puramente anecdótica, pues los errores de fondo y de forma por parte de Pedro Molina son de más calado. De ellos me ocuparé con detenimiento en una reseña científica que se publicará próximamente.

La primera cuestión que debemos hacernos es: ¿era necesario reimprimir el libro? Sin duda, no, sino que lo que se hacía preciso es volver a editarlo, ya no tanto porque se cuente con otros cuatro nuevos manuscritos, que no superan en interés al compuesto en vida de su autor siendo terminado el 18 de julio de 1348 (en el libro no se convierte la fecha de la hégira que aparece en el manuscrito), poco más de un año antes de su muerte en plena epidemia de peste negra el 29 de agosto de 1349, sino porque la edición y la traducción de Joaquina Eguaras tienen deficiencias importantes, además de que no se incluyeron las más de 350 anotaciones marginales.

¿Es que resulta imposible incluir estas? Sencillamente, sí en el caso de Pedro Molina por no ser especialista, pero me consta que un compañero de estudios árabes las tiene preparadas. No obstante, la intención de Pedro Molina parece ser clara: lo que le interesa no es que nuestro conocimiento avance sino tomar él protagonismo a toda costa, aunque sea de forma burda.

Para evitar gran parte de los errores que ha cometido Pedro Molina le hubiera bastado acudir a los propios fondos bibliográficos de la Universidad de Almería y haber consultado la entrada de Ibn Luyún que realicé yo mismo con E. García Sánchez, otra arabista especialista en agronomía, en la obra “Biblioteca de al-Andalus”.

Así quizás no hubiera considerado a Ibn Luyún un “auténtico científico”, “original”, “relevante pensador renacentista” y “adelantado pensador preilustrado”; no se hubiera referido a “sus viajes por África y Oriente” cuando no salió de Almería...; aunque quizás ni con la consulta de bibliografía actualizada por su parte hubiera evitado burradas como decir que “en el texto de Ibn Luyun cada hemistiquio de un mismo verso está escrito consecutivamente y en dos líneas contiguas, una más alta que la otra, con lo que la representación escalonada”, debidas, sin duda, a que no domina la materia de la que habla pues solo aparece así en la edición que no en el manuscrito.

La declarada intención por parte de Pedro Molina de hacernos un regalo es literal, pues en la presentación se repartieron 300 ejemplares (de ello se vanaglorió él mismo) y, según me comentan compañeros de otras universidades, los rectores han recibido gratuitamente una caja llena de ejemplares. ¿Se hace así con todos los libros que publica la Universidad de Almería o solo con los de su rector, por decisión de éste, cual megalómano gestionando el dinero público?

¿Cuánto nos habrá costado el libro a los ciudadanos pues se ha pagado con fondos públicos y ha debido de ser caro? A ver si al menos esta fácil cuestión la contesta con profesionalidad Pedro Molina. Si no conoce el dato, se lo puede pedir al Director del Servicio de Publicaciones.