Almería es una ciudad que se levanta cada mañana con la misma sencilla esperanza: que lo que se paga vuelva en forma de calles limpias, parques bien cuidados, barrios conectados y servicios que funcionen. Por eso la liquidación del presupuesto municipal de 2025 deja una sensación difícil de explicar: el dinero estaba, pero la ciudad no lo ha visto. Entre el Ayuntamiento y sus organismos autónomos la Sra. Vázquez había previsto 57,2 millones de euros para inversiones. Sin embargo, solo ha ejecutado 17,5 millones. Es decir, ha dejado sin hacer casi el 70% de lo prometido. Y cuando una ciudad deja de invertir, no “ahorra”: se para. Se retrasa.
Lo más preocupante es que se trata de un patrón: más de 50 partidas destinadas a proyectos concretos han tenido ejecución cero. Nada. Y, al mismo tiempo, el gasto en comunicación institucional ha doblado lo previsto. No es una cuestión de “quién tiene mejor eslogan”, sino de prioridades: para anunciar, siempre hay recursos; para ejecutar, faltan. Almería no necesita más pose; necesita gestión. A esa falta de ejecución se suma otro golpe: más de dos millones de euros devueltos en subvenciones de otras administraciones. Dinero que venía de fuera para mejorar Almería y que se pierde por retrasos o incapacidad de tramitar a tiempo.
El caso del mercado de Los Ángeles es especialmente revelador: más de un millón de euros de fondos europeos devueltos, y una obra que finalmente se paga con dinero municipal. La pregunta es inevitable: ¿cuántas mejoras en nuestros barrios se podrían haber hecho con ese millón? Y mientras tanto, la recaudación ha batido récords gracias al bolsillo de los almerienses que la alcaldesa, María Vázquez, está exprimiendo al máximo. Es decir, el dinero entra. Gobernar no es estar en la foto, y Almería merece un Ayuntamiento que cobre con responsabilidad, sí, pero que devuelva con hechos. Porque la confianza de una ciudad no se gana anunciando: se gana cumpliendo.

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