Edita: Fidio (Foro Indalo de Debate, Ideas y Opinión) / X: @opinionalmeria / Mail: laopiniondealmeria@gmail.com

Tertulianos entre el barro

Ignacio
Ortega

Apuraba el último café de la mañana cuando me sorprendió la voz de un tertuliano en una emisora almeriense. Sentenciaba con gravedad de plomo que España no ha salido jamás de Duelo a garrotazos, aquel cuadro de Francisco de Goya que retrata dos hombres golpeándose de rodillas en el barro.

Cuando terminó su perorata, me quedé con un nudo en la garganta. Para él, cuanto más progreso acumulamos, menos despejado parece estar todo. Como si siguiéramos siendo esos dos hombres golpeándose, de rodillas y enterrados en el barro de la confusión, mientras el paisaje se desmorona alrededor.

Decía el apocalíptico tertuliano, con la convicción de quien ha visto el fin de España en un titular de prensa, que la polarización es nuestro estado natural, una condena de arcilla y sangre que nos impide avanzar.

Ese diagnóstico, que tanto gusta a quienes viven del miedo, quizá no ande falto de razón al describir nuestras sombras, pero pocas veces se mira con la misma atención la luz que aún persiste entre ellas. Y es que el ruido no es un accidente, sino un producto de diseño, una mercancía que se vende en los despachos donde la crispación cotiza al alza.

Sin embargo, al apagar la radio, el silencio se llenó de una luz distinta. La vida, que casi siempre discurre lejos de los tertulianos y de los parlamentos, comenzó a escribir su prosa sobre la mañana. Porque España no es solo ese lienzo oscuro de Goya.

Mientras unos gritan en las plazas públicas -porque el escándalo es su única forma de relevancia- otros hablan en voz baja y avanzan. Investigan en el Hospital Universitario Torrecárdenas, donde se lidera la lucha contra el Síndrome de Wolfram. Son quienes cada mañana levantan hospitales, siembran campos y enseñan en las aulas con la misma obstinación que las olas del Cabo de Gata vuelven siempre a la orilla. No es casualidad que en esta provincia trabajen doce centros especializados en investigación y desarrollo de semillas, pequeñas cápsulas de futuro donde se ensayan las respuestas alimentarias de un planeta que crece.

Quizá por eso conviene recordar que incluso en los tiempos más ásperos, cuando hay gente que parece mirarse en el espejo deformante de Ramón María del Valle-Inclán por pura autoflagelación, la vida sigue abriéndose paso. No somos figurantes de una tragedia goyesca como cree el tertuliano, sino autores de una partitura que aún no ha terminado de sonar.

Es la España silenciosa que escribe otra partitura, lejos del tertuliano gritándonos que el barro nos llega al cuello; aquella que Julio Alfredo Egea imaginó, donde “la luz no es un adorno, sino una insobornable voluntad de ser”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario