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Violencia mediática en prime time

Nuria Torrente
@opinionalmeria

El plató de Telecinco vuelve a convertirse en tribunal sin pruebas ni derecho a réplica. Una vez más, la víctima sale señalada. El pasado viernes 20 de marzo, el programa ¡De Viernes! de Telecinco ofreció a Rosa Benito una tribuna que, lejos de informar, se convirtió en un ejercicio descarnado de violencia mediática contra Rocío Carrasco. La excuñada de Rocío Jurado no acudió a hablar únicamente de su vida sentimental, como se anunció inicialmente. En pocos minutos derivó en un ataque frontal, cargado de afirmaciones graves y de insinuaciones que carecen de cualquier contraste periodístico. “No, no ejercía como madre. Lo estoy diciendo porque lo he vivido”, sentenció Benito. “Rocío no quería a sus hijos, no los crio”. Añadió que quien se ocupaba de los niños era “Claudio”, que los llevaba a casa de Rocío Jurado y los devolvía “cenados y estudiados”. 

Rosa Benito, en De Viernes / Mediaset

Tampoco se quedó ahí: relató que durante la enfermedad de la cantante, Carrasco “no se quedó ni una noche” en el hospital. Y remató con una de las frases más hirientes: “Si hubiera vivido mi cuñada Rocío, yo ni siquiera me hubiera separado, y esta no hubiera tenido ovarios de hacer lo que hizo”. Además, deslegitimó por completo la docuserie Rocío, contar la verdad para seguir viva (2021), a la que tildó de “docu-fake” y aseguró que Carrasco “llevaba pinganillo” dirigido por Anaís Peces, de La Fábrica de la Tele: “Yo creo que llevaba pinganillo porque ella ni hablaba ni habla así. ¿Y cómo se sube la audiencia? Poniendo mal a la familia”.

Ninguna de estas afirmaciones fue contrastada en el plató. No se presentó documento, testimonio independiente ni siquiera la posibilidad de réplica. Se dio por buena la palabra de una familiar directa sin exigirle pruebas. Eso no es periodismo; es linchamiento televisivo. Y no es un hecho aislado. Hace meses que ¡De Viernes! ha iniciado (o mantenido) una campaña sistemática de descrédito contra Rocío Carrasco. Primero fue su hija Rocío Flores quien ocupó el sillón para relatar su versión del juicio por revelación de secretos. Ahora es la tía política. Mañana será otro. El patrón es claro: se ofrece altavoz preferente a quienes cuestionan la versión de Carrasco -quien denunció públicamente un presunto maltrato psicológico prolongado- mientras se silencia o se minimiza su voz. 

El objetivo no parece ser informar, sino generar controversia, audiencia y, sobre todo, rentabilidad emocional a costa del sufrimiento ajeno. En una época en la que se presume defender los derechos de las víctimas de violencia machista y psicológica, este tipo de intervenciones resultan especialmente graves. Acusar a una mujer de “no querer a sus hijos”, de mentir por dinero o de carecer de “ovarios” sin aportar ni un solo elemento verificable no es opinión: es revictimización pública. Es violencia mediática en estado puro, porque genera estigma, odio en redes y daño psicológico real en una persona que ya ha pagado un precio altísimo por contar su verdad.

Los medios tienen responsabilidad ética. Telecinco y ¡De Viernes! no pueden seguir amparándose en el “entretenimiento” para saltarse el más elemental rigor periodístico. Afirmaciones tan graves como las vertidas por Rosa Benito exigen pruebas. Mientras eso no ocurra, seguiremos asistiendo al mismo espectáculo: un plató convertido en picota, una mujer expuesta una y otra vez, y una audiencia manipulada que cree recibir información cuando en realidad está consumiendo puro sensacionalismo. Es hora de exigirlo: basta ya de linchamientos televisados. Rocío Carrasco, como cualquier persona, merece dignidad. Y los medios, rigor.

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