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El Huffington Post: con él llegó la polémica

Emilio Ruiz

Desde la pasada semana, el infinito kiosco de la red tiene un nuevo medio de comunicación: El Huffington Post, versión española del homónimo norteamericano. El nuevo medio ha salido a la luz rompiendo moldes en muchos aspectos, alguno de ellos propicio para la polémica. Tal es el caso de anunciar que los blogueros que deseen colaborar en el medio no percibirán por ello retribución alguna. Su directora, Montserrat Domínguez, una periodista progresista, procedente de la cadena Ser, donde conducía el exitoso programa A vivir que son dos días, incluso ha dado a entender que llegar a publicar un artículo en su periódico supone mayor premio que cualquier retribución económica. Tanta "cara" de El Huffington Post ha soliviantado a los profesionales del periodismo, que ven cómo acuden por cientos cada mes a engrosar las listas del paro. Una cosa es no retribuir un trabajo y otra bien distinta es considerar como una buena retribución el solo hecho de ver aparecer tu firma en el medio.

En honor a la realidad de la situación, conviene precisar que un grupo de blogueros colaboradores de The Huffington Post han llevado su situación a los tribunales, y éstos han fallado a favor de la empresa editora; es decir, que, en las circunstancias que desarrollan sus trabajos, no tienen derecho a retribución alguna. La legislación española es distinta de la norteamericana, y, en iguales circunstancias, una sentencia puede dictarse en sentido contrario.

Muchas asociaciones de periodistas y muchos periodistas, de forma imdividual, han criticado esta nueva forma de hacer periodismo. El debate aún colea. Para ilustrar al lector sobre la intensidad de la polémica, creo que es conveniente que que lea los artículos que al respecto han escrito Javier Pérez Albéniz, director del periódico digital Cuarto Poder -un medio que, según dice el propio Albéniz, sí paga a sus blogueros-, la respuesta dada por Montserrat Domínguez y la contestación de Pérez Albéniz a dicha respuesta. Interesante polémica para quienes sientan interés por el futuro que se abre a los profesionales del periodismo. 

El Huffington Post

Javier Pérez Albéniz
Director de Cuarto Poder

Para buena parte de periodistas y teóricos de la información, la profesión comenzó a morir cuando los contenidos pasaron a ser gratuitos. Gratuitos para el consumidor. El Huffington Post, la web del grupo Prisa que se inauguró el pasado jueves, pretende cerrar el siniestro círculo con una vuelta de tuerca al concepto “free”: esos contenidos gratuitos para el consumidor… a partir de ahora también deben serlo para la empresa. Un nuevo y sofisticado modelo de negocio. Y un programa de exterminio de periodistas, puesto que coloca a los verdaderos profesionales de la información en el interior de un cepo de dos mandíbulas, medios y consumidores, que no pagan su trabajo.

Arianna Huffington, la avispada creadora del invento, asegura en su primer post en castellano que el nuevo medio es “una entidad periodística”, y que nace para “aunar la mezcla de noticias, blogs, comunidad y participación social”. Montserrat Domínguez, directora de la edición española, insiste en que son “un medio progresista”, que no piensa pagar a los blogueros, que no dudan “en agregar contenidos de otros medios”, y que “para mucha gente publicar en el Huff es una oportunidad única”.

El Huffington Post es un medio de comunicación tan ambicioso como austero, puesto que cuenta con solo un editor, tres redactores y cuatro jefes. Con una plantilla así, ajustada hasta límites insospechados ¿quién genera los contenidos, la información necesaria para “rellenar” esa “entidad periodística”? Ya lo advertía Domínguez: otros medios, que son pirateados (enlazados, perdón), y blogueros, que trabajan gratis (a cambio de “visibilidad”, perdón). Periodismo de bajo coste. Los profesionales hasta hace poco más valiosos, aquellos que alimentaban con noticias las redacciones, son antiguallas que no tienen hueco en este innovador, sofisticado y divertido medio de comunicación para el siglo XXI. La directora asegura “ofrecer reporterismo propio” e “investigación propia”, pero en un futuro. De momento, enlace y opinión. ¡Gratis total, beneficio brutal!

En este mundo de gratuidad y austeridad sorprende que Juan Luis Cebrían, consejero delegado de Prisa e impulsor de la versión española del Huff Post, pretenda seguir cobrando por su trabajo. En 2011, sin ir más lejos, el empresario progresista ganó 8,2 millones de euros, una cifra capitalista con la que podría poner en marcha y mantener durante un año (siguiendo el convenio de El País) 43 plantillas como las de su nuevo juguete. Pero no será necesario semejante sacrificio…

Ya hemos visto que el Huff Post no genera noticias. Algún periodista obsoleto, carne de ERE, pensará que es posible el periodismo sin papel, pero no sin noticias. Y que por tanto aquellos que dicen que El Huff Post es periodismo mienten como bellacos. El Huff Post es lo peor que le podría pasar al periodismo. No olvidemos que las “noticias” que publica este nuevo portal llegan por dos caminos: tras ser robadas a periodistas de verdad, que trabajan en otros medios y no cobran del Huff, y de lo que antes se consideraban fuentes poco fiables: políticos en constante campaña de promoción. Rubalcaba, Esteban González Pons, Antonio Basagoiti, Juan Fernando López Aguilar, Patxi López…Con esta nómina de blogueros defendiendo sus intereses, ¿quién necesita periodistas? Con secciones como “Fotos de animales de la semana”, ¿quién necesita un espacio dedicado a la ciencia? Con Boris Izaguirre en una sección como Tendencias, ¿quién necesita Cultura?

Pero bueno, vayamos al grano. El producto. ¿Cómo es el Huff Post? El viejo resumen de prensa convertido en basura sensacionalista. La portada con que arrancaron, un burdo montaje que haría ruborizarse al staff de La Razón, fue una declaración de intenciones. Recorta por aquí y pega por allí, enseña unas tetas por abajo y sube hasta aquí el blog de Alberto Ruíz Gallardón. Algo de desparpajo, mucha jeta y tijeras digitales es cuanto se necesita para crear el portal más cool del mundo, el producto que engrandecerá tu Iphone, el medio de comunicación que anulará tu sentido crítico justo cuando más lo necesitas.

Dice la directora que publicar en el Huff es una oportunidad única. Quizá para blogueros esquiroles que solo exigen una palmadita en la espalda y la promesa de futuras oportunidades. Es difícil pensar en la “visibilidad” como moneda de cambio, o en disfrutar de una “oportunidad única”, cuando tu texto aparece entre burdos fotomontajes, anuncios de coches, fotos de gatitos y vídeos de Youtube con Madonna “sacándose un pecho en mitad de un concierto”.

El Huff es solo el negocio perfecto. Una inversión mínima, unos gastos insignificantes, un descaro sin parangón y el trabajo de otros. Este engendro no tiene la culpa de la decadencia del periodismo, evidentemente. Pero pone su grano de arena para que la profesión se hunda para siempre. Y lo hace en nombre de la progresía y la democracia ciudadana, y con la complicidad de “prestigiosos” periodistas que miran para otro lado y callan.

Les deseo lo peor, que será lo mejor para el periodismo.

Carta a Pérez Albeniz

Montserrat Domínguez
Directora de El Huffington Post

Estimado Javier:

No puedo dejar de responder a tu último artículo en cuartopoder.es porque en él viertes tantos insultos y descalificaciones, y demuestras tan poco conocimiento del medio en el que llevas tiempo ganándote la vida, que a mí, que soy una recién llegada, no me dejas otra opción que señalar la cantidad de incoherencias que destilas en él.

Nos llamas “basura sensacionalista”, “burdo montaje”, nos acusas de  contribuir al hundimiento de la profesión, de “robar noticias a periodistas de verdad” y de anular el sentido crítico de los lectores, además de llamar “obsoletos” a los periodistas que creen que es posible el periodismo sin papel. Dices que El Huffpost es lo peor que le podría pasar al periodismo. Y además, dices algo que me cabrea especialmente: llamas “esquiroles” a los blogueros que escriben en el Huffpost, porque no cobran como tú.

Nosotros no robamos noticias. Al igual que tú -que en el blog enlazas en siete ocasiones a El Huffington Post y una a El Confidencial- enlazamos a las noticias, entrevistas, videos o artículos de opinión que nos parecen más interesantes de la web, y por tanto invitamos a los lectores a que entren en otros medios. Los especialistas en audiencias nos dicen que no es una buena idea, porque transfieres tus lectores a otros medios de la competencia, pero nos parece una manera transparente y elegante de reconocer el trabajo que hacen otros colegas y otros medios. En vez de fusilar y apropiarnos de lo que dicen, les invitamos a conocer la fuente original, y a entrar en cuartopoder, en El Mundo, en El País o en Vanity Fair, por citar sólo algunos de los medios en los que colaboras o has colaborado. Quienes allí escriben no sienten que les estamos robando, porque ya conocen algo que tú pareces ignorar, que es la fuerza de la nueva economía en red, la de los enlaces.

La gratuidad de los medios -como en el que tú escribes- y su impacto sobre el negocio tradicional que sustenta el periodismo es un gran debate ahora mismo. Pero sentenciar la muerte del periodismo por la irrupción de internet es pretencioso, y además falso. Nuestra profesión pasa por momentos muy complicados porque tiene que adaptarse a una revolución tecnológica sin precedentes, pero los que exploran nuevas fórmulas acabarán por encontrar el camino. Otros prefieren llorar como plañideras por lo que fue y ya no es, mientras esperan con fruición la hora del entierro para poder decir: “¿Lo ves? ¡Si ya te lo decía yo!”.

Y si te resulta preocupante la gratuidad, ¿qué problema tienes entonces con la publicidad? Me resulta chocante que desprecies a nuestros blogueros porque su texto aparezca entre anuncios de coches, cuando a ti no parece molestarte que tu blog aparezca entre anuncios de entidades bancarias y grandes eléctricas. Aclárate, Javier.

Veo que has prestado una atención especial a las noticias sobre Madonna y su pecho al aire, las de los gatitos y animales, el post de Boris Izaguirre y los blogs de los políticos que defienden sus ideas en El Huffington Post. Otros lectores han leído, además, el blog de Tipos Infames sobre el libro inédito de Juan Marsé; los de científicos como María Blasco o Carlos Duarte, el del antropólogo Ignacio Martínez Mendizábal; el del pediatra Jesús Martínez o el delicioso post de Carlos Moreno y su cóctel dedicado a Casillas; el poeta Luis García Montero está escribiendo, tan bien como él sabe, sobre fútbol. Tus insultos hacia ellos están fuera de lugar. No sólo los periodistas escribimos, ni todo lo que escribimos es periodismo;  no sólo los periodistas tenemos derecho a tener blogs, ni todos los que escriben blogs quieren cobrar. También hay periodistas que bloguean en El Huffpost, y tienen sus razones. Su caso no es tu caso, así que ahórrate darles lecciones. Son mayorcitos para decidir si quieren escribir, sobre qué, y dónde.

Cada uno lee lo que quiere, y en El Huffington Post tratamos de cubrir el mayor número posible de temas, sabiendo las limitaciones de una redacción muy pequeña, de sólo ocho personas. Pero los ocho periodistas que estamos allí aportamos lo mejor de nuestro criterio, conocimiento y profesionalidad para hacer el mejor medio posible. Estoy segura de que pronto creceremos,  como lo ha hecho The Huffington Post, que tiene en estos momentos más de 200 periodistas en plantilla, además de otros tantos profesionales que son imprescindibles en un medio digital. Este año han conseguido su primer premio Pulitzer. Ya ves; comenzaron siendo pocos, y han acabado por construir lo que muchos agoreros como tú decían que era imposible.

Y una cosa más. Dices que anulamos el sentido crítico. Te invito a que leas los comentarios de los lectores del Huffpost a las noticias y los blogs que publicamos. Ese es el gran hallazgo, la gran revolución de los medios online: todos están invitados a participar, muchos lo hacen, y a través de esa capacidad crítica enriquecen, avivan y amplifican el debate. Tampoco cobran. Lo hacen porque la comunicación ha entrado en una fase nueva y apasionante. El periodismo también.

Yo no te deseo lo peor, como tú a nosotros, sino larga vida a cuartopoder.es, especialmente mientras esté bajo la dirección de un periodista al que admiro tanto como Paco Frechoso, con firmas tan valiosas como las de Luis Díez o Esther Jaén. Hay muchas fórmulas de explorar las nuevas oportunidades que se abren al periodismo y a la comunicación en la era digital. cuartopoder es una de ellas, y El Huffington Post es otra.

Que tengas un buen día.

Carta a Montserrat Domínguez

Javier Pérez Albéniz
Director de Cuarto Poder

Estimada Montserrat:

Siento haberte molestado por lo que sinceramente considero una descripción ajustada a la realidad, y por momentos incluso piadosa, de El Huffington Post, medio que diriges.

La verdad es que al comenzar a leer tu carta me estremecí. Al verte tan alterada, pensé que pudiera haberme equivocado al transcribir la cifra ganada por Juan Luis Cebrián el pasado año. Un dato que podría afectar anímicamente a los trabajadores implicados en los ERE que tiene en marcha Prisa, grupo que cerró el pasado ejercicio con unas pérdidas de 451 millones de euros. Me tranquiliza saber que 8,2 millones de euros es la cifra correcta obtenida por Cebrián en 2011, y que por tanto las diferencias entre nosotros son solo cuestión de matices, de apreciaciones, de detalles. Minucias. Comenzaré por el final…

Cuando digo que os deseo lo peor me refiero, obviamente, al medio, no a los ocho periodistas que formáis la plantilla. Alguno es incluso ex compañero y amigo. Os deseo lo mejor, de verdad, en cuanto a salud, dinero y amor… pero si fuera posible en otro modelo de negocio, mucho mejor.

Siento no haberme explicado en ocasiones con la claridad necesaria, debido sin duda a mi fea costumbre de ironizar sin estar dotado del talento suficiente como para que resulte inconfundible el tono sarcástico. Por ejemplo, cuando digo que “Algún periodista obsoleto, carne de ERE, pensará que es posible el periodismo sin papel, pero no sin noticias”, estoy ironizando. Yo mismo me considero ese “periodista obsoleto”.

“Sentenciar la muerte del periodismo por la irrupción de internet es pretencioso, y además falso”, dices, con toda la razón del mundo. Internet no tiene la culpa de nada. Es la irrupción de medios de comunicación tan modernos y soberbios como para prescindir de periodistas, y vivir de las noticias ajenas, lo que puede sentenciar la profesión. “¿Qué problema tienes con la publicidad?”, preguntas. Ninguno, te respondo, siempre que el dinero de la misma repercuta entre todos los que trabajan en el medio en cuestión.

En el Huff Post no ponéis a nadie una pistola en el pecho para que escriba un blog, y eso, en estos tiempos duros que vivimos, os honra. Lamentablemente, no puedo evitar desconfiar de la gente que renuncia a una remuneración por su trabajo. Y hasta donde yo sé el Huff Post, medio de un gran grupo mediático, no es una ONG. Trabajar gratis para Prisa es tan sospechoso como que Rodrigo Rato renuncie a cobrar una indemnización de 1,2 millones de euros.

Aseguras que el Huff Post no roba noticias. Las enlaza, dices, al igual que hago yo en mis blogs. Y sentencias, en un tono que me recuerda al Marhuenda de “los españoles sabemos…”, con esta frase: “Quienes allí escriben no sienten que les estamos robando, porque ya conocen algo que tú pareces ignorar, que es la fuerza de la nueva economía en red, la de los enlaces”. ¿La fuerza de la nueva economía en red? Acabáramos. Ahí sí que me pillas. Yo soy de la vieja escuela, la de los trabajadores con contrato, pagas extra, vacaciones y jubilación. El medio puede ser gratuito, como los diarios digitales o la televisión, pero el trabajo de los que levantan cada día esos medios no debería serlo jamás. En cualquier caso, me alegra saber que os ponéis en contacto con todos los periodistas de los que enlazáis noticias, y les preguntáis si están de acuerdo o piensan que les estáis robando. Y me congratulo de las buenas relaciones que mantenéis con políticos, una práctica habitual en estos momentos “catárticos” que, según Cameron, vive la prensa.

También me alegro de lo rápido que, después de tantos años en la radio, te has integrado en el mundo de internet. Tus análisis sobre la gratuidad y su impacto sobre el negocio tradicional, o sobre la economía del enlace, son dignas de los más prestigiosos y veteranos gurús digitales.

Modestamente creo que enlazar con otros medios en una noticia o un blog es el mejor sistema para mostrar al lector la fuente original, y facilitarle la posibilidad de ampliar la información. Una cita con la que, como valor añadido, pasas tráfico a los responsables de esa información. Miel sobre hojuelas. Otra cosa es que la noticia enlazada sea “la noticia” en sí misma, sin más valor añadido, sin un mínimo trabajo por parte del medio “enlazador”. Ayer mismo en la portada del Huff Post se podía leer un titular, “Si fabricas ropa en Argentina, probablemente seas un esclavo”, que venía acompañado por una fotografía extraída de un vídeo de Youtube. Cuando pinchabas, te enviaba directamente a la notica de Elmundo.es. Eso no es enlazar, eso es… sisar. A no ser que Nazaret Castro, periodista que firmaba la noticia en El Mundo, os haya dado permiso para publicarla. ¿Visibilidad? Igual Nazaret prefiere 100 euros.

Dinero, dinero, dinero… No me gustaría parecer un pesetero, uno de esos empresarios forrados que montan negocios de bajo coste tras gestionar de manera nefasta empresas en las que los trabajadores son despedidos con expedientes de regulación de empleo. Creo que se puede escribir gratis, por supuesto. Para la revista de Amnistía Internacional o para Nature. Sin embargo, no creo que se deba escribir gratis para el negocio de una multinacional comandada por un ejecutivo que gana 8,2 millones de euros al año.

Creo sinceramente que el Huff Post español no es periodismo. Quizá lo sea en un futuro, y ganéis una docena de premios Pulitzer (me ha dicho un pajarito que el año próximo igual os cae algún Ortega y Gasset), pero de momento solo me parece un agregador de contenidos ajenos con blogs en la columna de la izquierda. Has llegado a decir que se trata de una “plataforma de distribución”, pero yo creo que “tribuna de refritos” es una definición más precisa del producto.

Me aconsejas muy acertadamente que me ahorre las lecciones, así que considera esta última reflexión como un pensamiento en voz alta. Los responsables del Huff tenéis un problema, que es el mismo que tienen los responsables de la telebasura: queréis la pasta que se gana con estos productos, de baja calidad y alta rentabilidad, pero sin renunciar al prestigio. Y eso es imposible. No se puede presentar La Noria, cobrando como se merece un reality de semejante calaña y audiencia, y esperar que la gente se dirija a ti como si fueras el guionista de Los Soprano. La vida es elegir, y a veces se elige muerte.

Para terminar, te diré que estas pequeñas y amistosas trifulcas vienen muy bien para el tráfico de medios como los nuestros, modestos pero honrados. Por tanto, estoy dispuesto a mantener tan excéntrica correspondencia hasta que descienda el tráfico. Nos debemos a la fuerza de la nueva economía en red, ¿recuerdas?

Que tengas un buen día, y que recibas fotos de gatitos muy bonitas para tu sección “Fotos de animales de la semana”.

Javier

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