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‘El País’ se ocupa del papel de Almería en Andalucía

Lourdes Lucio
Marta Soler
El País

El diario El País dedica hoy toda la portada del suplemento Andalucía domingo a la ‘marginación’ de Almería para la Junta de Andalucía. Reproducimos a continuación las páginas 2 y 3 de dicho suplemento.

La chispa ha saltado y aún no se sabe si hay o no fuego, pero la formación del nuevo Gobierno andaluz ha generado por primera vez una reacción institucional en contra sin precedentes en Almería. El día que la presidenta de la Junta, la socialista Susana Díaz, dio a conocer los nombres de los nuevos consejeros se volvió a repetir la historia. Ninguno de Almería. Ha ocurrido siempre así o, mejor dicho, casi, casi siempre, pero en esta ocasión, además, es que era la única provincia que no tiene alguno. La sensación de esquina de los almerienses ha pasado a ser ya un síndrome.

El País del domingo, 29-09-13
“No sé si será cateto, pero esta cuestión va más allá de eso”, aprecia sin desdeñar el dato un alto ejecutivo bancario buen conocedor de la zona, que se pregunta por qué tampoco hay viceconsejeros almerienses. La Confederación Empresarial de Almería (Asempal), a la que están suscritas un centenar de empresas y asociaciones, y la Cámara de Comercio han decidido no acudir a ninguno de los actos oficiales convocados por la Junta de Andalucía, una decisión refrendada por sus órganos ejecutivos. Mantendrán esta actitud hasta que desde la presidencia de la Junta les respondan a una carta remitida la semana pasada en la que señalan sus prioridades de inversión para la zona.

Díaz, que tiene algo de indio apache para oler a distancia el humo, eligió esta provincia para su primera visita oficial. “Vengo a escucharos”, les dijo a los representantes de una decena de organizaciones agrarias. Entre ellos estaba Juan Colomina, gerente de la Asociación de Organizaciones de Productores de Frutas y Hortalizas de Almería (Coexpahl), que agrupa a 60 empresas que suponen el 65% de la exportación. “No tenemos ningún derecho a exigir una cuota territorial. El hecho destacable no es que no haya un consejero en este Gobierno. Pero la estadística está ahí: en 31 años de autonomía ha habido cerca de 200 consejeros y solo cuatro de Almería y dos de ellos no nacidos aquí. Esto es ilustrativo de una relación lejana. Almería no está insertada en Andalucía”, señala.

Tanto Colomina como otros representantes empresariales y políticos saben de memoria lo que se tarda en cubrir las distancias en cualquier medio de transporte desde Almería a Madrid, Sevilla, Murcia o Bruselas. “Una barbaridad”, resumen, lo que agrava el “sentimiento” -una palabra que repiten mucho los que han hablado con este periódico- de aislamiento respecto al resto de la comunidad. “Estamos muy lejos y eso nos hace pensar que tenemos un problema grave, pero Andalucía también lo tiene”, señala el gerente de Coexphal.

Almería fue la única provincia donde no prosperó el referéndum del 28 de Febrero de 1980 por el que Andalucía accedió a su autogobierno, un hecho que conviene tener presente porque indica que su sentimiento identitario es distinto. Esta provincia siempre ha mirado más al levante, con el que ha estado mejor comunicada. Pero este dato no es más relevante que otros, como su particularidad productiva. Tiene la economía menos tradicional de toda Andalucía. Una agricultura intensiva bajo plástico moderna y puntera, nada que ver con la de la remolacha, el arroz, el cereal o el olivar, y que ha convertido en pequeños y medianos empresarios a miles de agricultores muy poco dependientes de las subvenciones públicas. En esta provincia no existe el PER, pero hay miles de inmigrantes de múltiples nacionalidades. Tampoco ha llegado la salpicadura del caso de los ERE y no es porque no haya habido empresas en crisis como en Cádiz, Sevilla y Jaén, provincias con mucho peso político en los diferentes Ejecutivos.

El otro pilar está en la piedra natural, aunque la comarca del Almanzora lleva más de 10 años esperando estrenar la llamada autovía del Mármol que evite el embotellamiento de camiones. Las energías renovables y un turismo también distinto, gracias al parque de Cabo de Gata, completan el retrato a vista de pájaro de la actividad económica.

“Vamos con mucho retraso con respecto a otras provincias. La autovía del Mármol es una tomadura de pelo. Es una demanda histórica y una necesidad. Nosotros queremos seguir contribuyendo al bienestar de Andalucía y nos lo están poniendo muy difícil. Aportamos más de lo que nos dan. Tenemos que competir con otros países y las comunicaciones son primordiales”, afirma el presidente de la Asociación de Empresarios del Mármol de Almería (AEMA), Antonio Martínez. Sobre la ausencia de un consejero señala: “Lo importante es que funcionen los que están. Nos encantaría que hubiera un almeriense, pero lo más importante no es de dónde es, sino el trabajo que realice. Sí es sospechoso que en Almería hay mucha gente válida y que no se haya contado con nadie. La sociedad se cansa de ver siempre a consejeros de los mismos sitios, de todos, menos de Almería”.

Dirigentes políticos de PSOE y PP que han hablado con este periódico y que prefieren no dar su nombre coinciden en que la Junta de Andalucía tiene que tener “extremadamente presente” estas circunstancias y no creer que el malestar se ciñe a que no haya un consejero de la zona. “Ese no es el problema, sino que nunca ha habido una estrategia de prioridades del Gobierno andaluz por Almería, como sí la hubo por Málaga o por Jaén”, afirma un socialista. “Ha habido muy poca sensibilidad con Almería por parte de la Junta. Con Fuensanta Coves y Martín Soler [exconsejeros] se lo tomaron en serio. El éxito electoral del PP coincide con que se produce un mayor desapego con la Junta y a que nosotros presentamos a Javier Arenas como candidato a la presidencia por esta provincia”, afirma un dirigente popular, que destaca que es la “primera vez” que se produce una reacción de esta intensidad. “Es el primer basta ya de Almería y si por parte del PSOE y la Junta hay una estrategia de realidades, a lo mejor hay terapia, pero si es solo de promesas esto va a ir más allá”, vaticina.

Javier Torres Vela, politólogo, socialista y expresidente del Parlamento andaluz, coincide con parte de este análisis. “El PSOE lleva gobernando 31 años y su identificación con el poder regional es absoluta. En la medida en que crece el descontento con la Junta es más difícil para el PSOE”.

El presidente de la Cámara de Comercio de Almería, Diego Martínez Cano, también esgrime como “ilógico” el dato de que en 31 años de Gobierno andaluz solo haya habido cuatro consejeros de esta provincia. “La presidenta promete un nuevo tiempo, pero esperamos que también para Almería. Que se nos tenga en cuenta. Estamos acostumbrados a no tener nada, pero queremos un compromiso político de que se terminen las infraestructuras”.

La posición de la Cámara de Comercio la comparte al 100%, la Confederación de Empresarios, cuyo presidente, José Cano, rehusó hablar con este periódico. Los órganos directivos de Asempal celebrarán la próxima semana una reunión en la que volverán a ratificar la posición de su ejecutivo de que “ha llegado el momento de defender que Almería reciba lo mismo que da”, según aseguró un portavoz de esta institución.

Las reivindicaciones de los empresarios almerienses no son muy tenidas en cuenta desde la sede sevillana de la patronal andaluza. Y desde el mundo financiero no se cree que la situación vaya a más. “Los almerienses son muy pragmáticos, aunque pueden tener la tentación de hacer una traslación catalana de peticiones de inversiones y ayudas”.

A la pregunta de si se podría plantear una Almería no andaluza, el representante de la Cámara de Comercio responde: “No. En ningún momento hemos pensado que no estemos en Andalucía, pero Sevilla tiene que acercarse más a Almería”. Desde Coexphal su presidente aboga por encontrar “cauces razonables” de entendimiento para lograr “el encaje de Almería en Andalucía, aunque a lo mejor se ve que no hay encaje posible”. Y antes de responder a la pregunta, ambos recuerdan que Almería “no votó a la autonomía”. “Hay un problema”, subrayan representantes sociales de una esquina que se rebela y en la que por suerte para los partidos no ha habido hasta la fecha nadie con credibilidad para poner cara a un proyecto político autóctono.

La Junta se muestra “atenta” y el PSOE “nada preocupado”

PSOE. Desde el PSOE se cree que el debate sobre el encaje de Almería en Andalucía está alentado por el Partido Popular y no cree que se pueda hablar de la existencia de un problema. El secretario general del PSOE de Almería, José Luis Sánchez Teruel, sostiene que el PP trata de sacar “tajada de un planteamiento equivocado” y asegura que la situación de Almería no es diferente de la de otras provincias. “Aquí hay una Ciudad de la Justicia cuando en otras provincias no existe y el sistema público sanitario es tan potente con el resto. Lo que hay detrás es la reivindicación lógica de obra pública. No he visto a los empresarios pedir que no haya una merma de partidas para la dependencia. ¿Será porque no tienen ahí intereses?”. Este dirigente, que “para nada está preocupado con este envite”, niega la debilidad crónica del PSOE de Almería, que arrastra desde hace años, y opina que su partido está en disposición de igualar o superar al PP en esta provincia. En las elecciones pasadas los populares obtuvieron siete escaños frente a cuatro del PSOE.

PP. Rosario Soto, diputada por Almería y senadora por la comunidad autónoma, destaca que “desde Sevilla no se entiende” a Almería. “Estamos en la otra punta y ha que vertebrar, no aislar”. En su opinión, históricamente la Junta “le ha dado la espalda” a su provincia donde hay un “sentimiento de agravio” muy acusado. Opina que “las luchas internas en el PSOE” afectan a Almería de manera negativa.

La Junta. El consejero de la Presidencia, Manuel Jiménez Barrios, asegura que el Gobierno “pondrá todo el empeño en resolver” los problemas de Almería. “Estamos atentos al sentimiento, con razón o sin ella, de la calle. Hay que oír y tener sensibilidad”. Asegura que se han dado instrucciones a todas las delegaciones de la Junta en Almería para que “intensifiquen” el trabajo y resuelvan las dificultades

“Desde todos los ámbitos, es una provincia maltratada”

Alfredo Martínez Almécija (Almería, 1946) fue rector de la Universidad de Almería durante una década años (1997-2007), coincidiendo con el despegue de esta institución que comenzó a caminar en 1993.

Pregunta. ¿Cree que Almería es una provincia maltratada o minusvalorada en el resto de Andalucía?
Respuesta. Sí, desde todos los ámbitos, incluso dentro de la agricultura, teniendo en cuenta que es la provincia que más produce y exporta.

P. ¿Las carencias en infraestructuras son lo que más molestan en la provincia?
R. Salta a la vista. Solo hay que ver el estado en el que se encuentran las obras que dependen de la Junta. En general, creo que desde cualquier perspectiva, Almería siempre ha estado minusvalorada por parte de la Administración autonómica. Aquí las comunicaciones han llegado tarde y mal, siempre. Almería ha avanzado por esfuerzo propio.

P. Algunos empresarios defienden que se reduzcan los impuestos en Almería dado que, al igual que ocurre en las islas, es más difícil llegar.
R. Hay cuestiones, como los vuelos, que sí deberían estar subvencionados. El de Madrid, por ejemplo.

P. Ha dicho que Almería se maltrata desde todos los ámbitos, lo que incluye al universitario. Fue diez años rector. ¿Puede poner algún ejemplo?
R. La oferta académica no ha sido la misma aquí que en otras provincias. Actualmente, tenemos el ejemplo de Medicina que parece que será Jaén quien la consiga. Granada ha conseguido muchos millones para su Parque Tecnológico de la Salud y Universidad. Siempre ha costado más trabajar aquí por algo.

P. Almería no aprobó el acceso al autogobierno andaluz en el referéndum del 28 de febrero. ¿Cree que la desventaja con el resto de provincias se debe a esa circunstancia?
R. No lo enfoco a eso. Creo que, simplemente es una cuestión de votos. Es lo que miran los políticos. El número de diputados es menor aquí que en otras provincias y tenemos menos peso político en ese sentido.

P. Pero eso seguirá siendo así.
R. Sí. Es lo único por lo que me explico la situación. No debe ser por el peso económico porque, en esa línea, el consejero de Agricultura debería ser de Almería.

P. Ya hubo uno, Martín Soler. Además de él, otros consejeros han nacido en Almería. ¿Fue diferente entonces?
R. Los consejeros almerienses, hasta ahora, tampoco hicieron tanto por defender los intereses de esta provincia.

P. ¿Y no perjudica más aún que ningún consejero sea almeriense?
R. No me siendo más perjudicado que otras veces porque no haya un consejero almeriense. Me siento perjudicado porque los que han sido nombrados por la Junta no se preocupen de esta tierra.

Almería merece menos hipocresía, señor Arenas

José Luis Sánchez Teruel
Secretario General del PSOE de Almería

Leo con asombro el artículo publicado en este mismo periódico por Javier Arenas (http://www.laopiniondealmeria.com/2013/09/andalucia-merece-mas-almeria.html) firmado como diputado por Almería, en el que se vanagloria de haberse presentado a las elecciones autonómicas por la provincia como un gesto hacia esta tierra, cuando la verdad es que era todo lo contrario: vino a aprovecharse de ello, a sacar tajada electoral porque no quería presentarse por Sevilla, donde vive.

Obras del AVE en Almería,
ahora paralizadas
Comparto con Arenas el análisis que realiza sobre los sectores productivos de nuestra provincia y la capacidad que han demostrado los almerienses para lograr un indiscutible liderazgo en materias como la agricultura, la piedra natural o el turismo sostenible. En eso estamos de acuerdo. Pero solo en eso.

Me parece insultante que una persona que no ha movido ni un solo dedo por esta tierra, que es incapaz de luchar por ella, de ser crítico con las injustas decisiones del Gobierno de Rajoy que no reconoce las inversiones que nos corresponden en virtud de lo que aparece en nuestro Estatuto de Autonomía –que él mismo votó a favor– y que supone que Andalucía deje de recibir en torno a 2.000 millones de euros, se rasgue las vestiduras por la cuota territorial en la composición del Gobierno andaluz, cuando no ha hecho nada para situar a alguien de Almería en Madrid, en el Gobierno del PP.

Al parlamentario andaluz Arenas, también senador, tampoco le hemos escuchado pronunciarse sobre las infraestructuras que ha paralizado el Gobierno de Rajoy en nuestra provincia, como las obras del AVE; el soterramiento del ferrocarril; la conexión con el Puerto; la desaladora del Campo de Dalías; el túnel de la Balsa del Sapo… y tantas otras cuestiones que, de impulsarse, a buen seguro redundarían en un beneficio directo paraAlmería

También sería deseable que nos dijera qué piensa de las medidas que Rajoy va a poner en marcha contra las personas que padecen una grave enfermedad y que, a partir del 1 de octubre, tendrán que pagar parte de sus tratamientos o qué opina de la reducción de las pensiones que plantea el Ejecutivo y que reducirán de manera notable el poder adquisitivo de la mayoría de los pensionistas almerienses.

Pero, ¿en qué está Javier Arenas realmente si no se ocupa de estas cuestiones? Imagino que intentando que su relación con Bárcenas le salpique lo menos posible y que la presunta financiación ilegal del Partido Popular o los sobresueldos que manejaban, no terminen de llevárselo por delante.

Así, y en vista de su poca implicación con esta tierra, bien haría en dejar su sitio a otra persona que sí es de Almería para que realmente defienda los intereses y las necesidades de esta tierra. el desarrollo de la provincia.

Poder sevillano y Almería: voces en medio de la tormenta

Pedro M. de la Cruz
Director de La Voz de Almería

“Es indignante. Nosotros queremos ser andaluces, pero da la impresión de que el poder sevillano lleva treinta años intentando que no lo seamos; habrá que planteárselo”. Con esta frase de un importante empresario (que no solicitó el anonimato -la queja ya se lo había manifestado él a un ex presidente y a algunos consejeros-, pero ese día sólo aparecieron los nombres de representantes institucionales o sectoriales) comenzaba la subdirectora de este periódico una información excelente sobre las causas que han hecho estallar esta semana el malestar latente de muchos almerienses por el trato negativo con que Sevilla ha distinguido siempre a Almería.

Edición de hoy de
La Voz de Almería
En apenas tres horas tuvo más de cuatro mil entradas en la red. Pocas veces tan pocas palabras –exactamente 26- resumían tan certeramente treinta años de relación entre el poder sevillano y Almería.

Es curioso, pero la misma semana que los almerienses dejaron oír su voz de descontento, decepción y hartazgo, la presidenta y el vicepresidente viajaron hasta Almería. Nunca sabremos si fue casualidad o hubo una relación de causalidad. Pero el hecho -las dos visitas en menos de cuarenta horas- es oportuno e interesante. ¿Por qué? Vayamos a ello.

La política española se ha convertido en los últimos años en un permanente ejercicio de escapismo, en una persistente fuga a ninguna parte. Al huracán de voces que demandan medidas que atajen la espiral perversa de descrédito en que ha caído la política, los políticos responden con el silencio, el cinismo o la demagogia, tres comportamientos distintos y un solo objetivo verdadero: engañar a los ciudadanos.

Susana Díaz y Diego Valderas no han cometido esta vez el primer pecado democrático y han dado la cara. Como tituló El País el miércoles -“Díaz intenta acallar las quejas por la falta de un consejero almeriense”- o como tituló El Mundo el jueves -“La presidenta busca el desagravio con Almería tras las críticas a la composición del Gobierno”-, los dos, juntos pero por separado, han venido a dar sus argumentos. Argumentos, muchos de ellos, que no comparto: hoy como ayer la marginación de Almería es una enfermedad crónica a la que hay que poner remedio o nos obligarán a buscar otras terapias que puedan curar el mal de desdén y agravio que padecemos.

Para rebatir una posición no hay manera mejor que el respeto y la atención. Aprender a escuchar, esa es la clave, cuando se tienen intenciones de avanzar. Es desde esa atención y desde ese respeto desde el que puede preguntársele a Valderas cómo puede sostener que Almería es objeto prioritario por parte del gobierno cuando la consejería de Fomento -ocupada ahora por IU- lleva años sin poner un solo euro para que avancen las obras de la variante de Roquetas o la autovía del Almanzora. Una pregunta que podría ampliarse con otra en la que los interrogantes estuvieran puestos en ¿por qué se equivocan los empresarios manifestando con contundencia sus críticas y planteando opciones que imposibiliten el colonialismo autonómico hasta ahora padecido? ¿Qué es lo que deben hacer? ¿Callar?

Quien no ha callado su opinión sobre las quejas almerienses ha sido Susana Díaz. La presidenta, en un gesto de sinceridad inusual en la política, reconoció el jueves que “comprende” la polémica y la considera “lógica, legítima y natural”. No está de acuerdo con los argumentos de quienes critican- criticamos- la decisión (por lo que desvela de desdén, no por nominalismos), pero su reconocimiento público de comprender la crítica supone aceptar que quienes la hacen están asistidos, al menos, de una parte de razón.

En su obsesión por defender siempre las decisiones de que quien manda –quien da los cargos, vamos- nunca se equivoca, los defensores de guardia del poder que consideraban incompresibles las críticas se habrán visto defraudados. Susana no sólo comprende las críticas sino que las ve razonadas y razonables. No hay nada peor que empeñarse en ser más susanista que Susana; al final siempre caes en la evidencia del ridículo.

Los trabajadores y los empresarios son los que han llevado esta provincia desde aquel mar de miseria y emigración a esta playa de progreso. Con crisis, claro; con aciertos y errores, por supuesto. Pero ha sido su esfuerzo compartido el que la ha levantado. Por eso tienen no sólo el derecho, sino la obligación de decir lo que piensan. Es lo que han hecho y no hay que agradecérselo. Han cumplido con su obligación. Sabiendo además que no iban a satisfacer ni a uno ni a otro lado de la trinchera. A los de la orilla izquierda porque el silencio nunca perturba y ellos, con su críticas, lo han roto; a los de la derecha porque la estridencia (contra el contrario, claro) siempre parece poca.

Olvidan los dos bandos que el silencio monacal sólo trae pasividad y la trinchera humo y que ninguno de los dos escenarios han procurado nunca ningún beneficio colectivo.

La presidenta no ha respondido con el silencio. Ha venido y ha dado su opinión. Esta semana ha sido el tiempo de las palabras. Ahora llega el momento de los hechos. Y de ellos y de sus aciertos en las decisiones que están por venir depende que la llama encendida por la chispa de un agravio irrazonado por irrazonable no acabe incendiando el bosque de una relación entre Sevilla y Almería marcada por la incomodidad compartida.

La respuesta de la Junta a las propuestas que le llegarán desde Almería (desde su partido hasta Asempal, la Cámara y otros colectivos y personas) supondrá un punto de partida hacia el encuentro o un punto y seguido (otro más) en la pendiente del desencuentro.

Señora presidenta, usted prometió “nuevos tiempos” para Andalucía y para Almería. Cúmplalo. Y no olvide que para esa travesía la crítica razonante es siempre mejor acompañante que el halago interesado.
(Publicado en la edición de papel de La Voz de Almería. Autorizada su reproducción para La Opinión de Almería. Derechos reservados).

Andalucía merece más Almería

Javier Arenas
Diputado por Almería en el Parlamento de Andalucía

No se puede concebir el futuro de Andalucía sin Almería. Ser almeriense es una forma especial de ser andaluz tan en positivo que constituye una marca muy representativa del porvenir que queremos: el del esfuerzo, el ánimo emprendedor, la creatividad y el dinamismo.

No se merece Andalucía que esa identidad sea menospreciada políticamente ni se merece Almería que esa aportación al ser andaluz no tenga rango institucional en el gobierno de nuestra autonomía. Andalucía merece más Almería y Almería merece mejor Junta de Andalucía.

Arenas, con los 'populares'
de Almería
Andalucía no sólo es la comunidad española más importante en cuanto a población, sino también en cuanto a coraje e iniciativa. Andalucía es sobre todo talento. Hasta ahora esa virtud no ha ofrecido el mismo fruto en todo su territorio. Ha sido letal no trasladar el concepto de que el futuro depende de nosotros mismos, alejado de cualquier victimismo o antiguos paternalismos públicos.

Si en Andalucía hay una provincia que tiene como seña de identidad la capacidad de crecer y desarrollarse a partir del trabajo duro y del esfuerzo de sus mujeres y hombres, es Almería. Antaño tierra de emigración y hoy símbolo de las oportunidades, ciudadanos originarios de más de cien naciones del mundo trabajan todos los días en Almería.

En las últimas décadas Almería ha supuesto un ejemplo de superación y progreso basado en la firme voluntad de mejorar y transformar una realidad ingrata en un escenario de desarrollo espectacular en sectores como la agricultura intensiva, la piedra natural o la gestión sostenible del entorno natural para fomentar el turismo.

Ignorar esta realidad es ignorar no sólo la realidad de Almería, sino demostrar también un preocupante desconocimiento de las posibilidades de Andalucía para liderar el crecimiento del conjunto de España.

He leído con atención estos días las numerosas muestras de malestar y hartazgo que la ausencia de almerienses en responsabilidades clave del gobierno andaluz ha provocado en la provincia. A este respecto me gustaría decir no sólo que Almería merece estar representada en el gobierno de Andalucía, sino también que Andalucía merece contar con Almería, tierra que da hombres y mujeres formados y con capacidad de gestión, independientemente de su adscripción política.

La apuesta popular por Almería no ofrece duda; de hecho se tomó la decisión de que su candidato a la Presidencia de la Junta se presentara por Almería. Se quería reconocer el modelo productivo de vanguardia de esta tierra.

Me siento muy orgulloso de que el PP tenga hoy a una almeriense, Carmen Crespo, al frente de la Delegación del Gobierno en Andalucía, la representación institucional más importante que un militante del PP puede ocupar hoy en Andalucía. Por otra parte conozco a gente de la izquierda almeriense que está sobradamente a la altura de cualquier exigencia para formar parte del actual Consejo de Gobierno andaluz.

Andalucía no podrá salir de la crisis sin contar con la experiencia directa, la participación activa y el empuje que suponen los almerienses allá donde trabajan, estudian o investigan. Y es precisamente este modelo de crecimiento y desarrollo el que
desde el Partido Popular Andaluz queremos trasladar desde Almería a otras zonas de Andalucía que necesitan impulsar sus capacidades al margen de otros recursos cortoplacistas y finalmente improductivos.

Quiero recordar que el programa del Partido Popular, que defendí orgullosamente como cabeza de lista por esta provincia, incluía, entre otras medidas, la ubicación de la Consejería de Agricultura en Almería.

No se puede entender Andalucía desde criterios centralistas. Así no se avanza en la vertebración territorial, cultural y política de nuestra autonomía, asunto aún sin resolver.

No obstante este nuevo obstáculo, el dinamismo de la economía almeriense, la laboriosidad de su gente y su innegable potencial como tierra de oportunidades, logrará que Almería salga de la actual crisis económica con o sin el apoyo del nuevo gobierno en la Junta, al que, hoy por hoy, cuesta denominar gobierno “andaluz”.

Una parte no hace el todo, pero el todo está formado por todas las partes. Sin exclusiones. Almería saldrá adelante. Momentos peores se han superado. Estoy convencido de que cuanto más de Almería haya en el conjunto de Andalucía, más alto y más lejos llegaremos todos los andaluces.

Susana: entre el desprecio y la burla

Javier Aureliano García
Secretario Provincial del PP

La sociedad almeriense está mostrando a través de órganos empresariales y medios de comunicación su indignación y hartazgo ante el nuevo desprecio del PSOE andaluz a Almería y a los almerienses, a los que vuelve a dejar fuera del gobierno de la Junta de Andalucía. No es algo nuevo, pero ya cansa. Y cansa porque acumulamos tres largas décadas aguantando el menosprecio, la marginación, el olvido y la indiferencia con la que los socialistas miran a Almería desde la lejana Sevilla.

Susana Díaz
Las cifras son clarísimas al respecto y ni siquiera el más entregado de los palmeros del socialismo sevillano podría encontrar rasgos de aprecio o cariño en el demoledor dato de que en estos treinta años de gobiernos socialistas, de los doscientos nombramientos de consejeras y consejeros que se han producido, tan sólo en cinco o seis ocasiones se ha llamado a algún almeriense para desempeñar ese cargo. Es decir, que para los socialistas de Sevilla, Andalucía es una comunidad que puede ser gobernada por consejeros de toda Andalucía, pero raramente por almerienses. Y lo más sangrante es que durante este tiempo, sectores tan netamente almerienses como el agrícola han supuesto y suponen para Andalucía un importantísimo valor en cuanto a la generación de actividad económica.

En este sentido debo recordar que el Partido Popular incluía en el programa con el que se presentó y ganó las últimas elecciones autonómicas el traslado de la sede de la Consejería de Agricultura de Sevilla a Almería. Y ello obedecía al simple sentido común de saber y querer aprovechar la proximidad y el conocimiento cercano de los problemas reales del campo. Es un modo distinto de entender Andalucía y del papel que Almería juega en ella.

Los almerienses hemos de padecer el peso histórico de los errores de la visión centralista y prepotente que desde Sevilla llevan imprimiendo a su gestión los socialistas durante décadas. Y Almería está diciendo que ya basta; que ya está bien de abusos y desprecios.

Pero los socialistas de Sevilla no sólo siguen emperrados en considerarnos a los almerienses como andaluces de segunda, sino que además coronan el agravio con el recochineo de la burla: la heredera del fugado Griñán, la presidenta Susana Díaz aseguraba días atrás en una entrevista que ella se sentía “muy unida a los intereses de Almería”. ¿Y cuál es el modo que ha encontrado Susana para demostrar su identificación con los intereses almerienses? No contar con los almerienses en su gobierno. Pues gracias por nada, presidenta.

En nombre propio: la Cámara de Comercio y Asempal se pasan de rosca

Emilio Ruiz
www.emilioruiz.es

Muchas veces la culpa del ninguneo que sufrimos la tenemos los propios almerienses. Somos sencillos, que es una virtud, pero dóciles, que es un defecto. Cuando Susana Díaz fue a Jaén a buscar adhesiones para sus no-primarias la respuesta de los socialistas jienenses fue la propia: “Hablémoslo”. La respuesta de los almerienses fue la impropia: “¿Dónde hay que firmar?”.

Diego Martínez Cano y
José Cano
¿Alguien se imagina, ahora, al PSOE de Jaén fuera del Gobierno andaluz? Pues no. Veamos el currículum de la nueva consejera de Agricultura. La identificación más cercana de Elena Víboras con el sector agrícola es que es de Jaén y allí hay olivos. No es lo sustancial, NonoFernando, que haya de Almería un consejero, dos o ninguno. Lo sustancial es que seamos tratados como los demás. Lo de la consejería era un gesto, una reparación, un chute de dignidad; el estreno, de verdad, de un tiempo nuevo. Por cierto, genial Carlos Herrera con lo del juego de la silla.

Los presidentes de la CámaraDiego Martínez, y de Asempal, Juan Cano, han hecho lo que tenían que hacer: mostrar su indignación. Pero una cosa es discrepar de una decisión política y otra no asistir a ningún acto del único y legítimo Gobierno de Andalucía. Os habéis pasado de rosca, amigos. 

El tema de los ‘eres’ es repugnante. La justicia debe obligar a que se nos devuelva a los andaluces el dinero que nos han robado y a que paguen su culpa quienes han delinquido y quienes lo han permitido por acción u omisión. Pero las piruetas jurídicas de la jueza Mercedes Alaya parece que conducen hacia la nulidad de la causa. ¿Es lo que busca?

Geografía variable del agravio

José Fernández
Periodista

Engolados y displicentes, destacados socialistas locales están capeando la indignación colectiva en nuestra provincia por la nueva y ya tradicional ausencia de almerienses en el gobierno de la Junta del PSOE de Sevilla, calificando de “provincianos” a cuantos han puesto el grito en el cielo por ello. Como también debo ser un provinciano, me van a disculpar si no abordo la cuestión desde la exquisitez geográfica y me fijo en la grosera estadística para volver a recordar que en treinta años de gobiernos socialistas en Sevilla, apenas cinco o seis almerienses han sido escogidos para tareas de gobierno en la capital del sultanato. 

Autovía del Almanzora
Pero esto no parece importar a quienes están dispuestos a ponderar el excelente sabor y la riqueza vitamínica de la copiosa deposición de sus compañeros sevillanos sobre Almería. Pero tal como lo ve uno, el verdadero agravio de la Junta sevillana hacia Almería no reside en la partida de nacimiento de sus consejeros, sino en su gestión: en su minuciosa y permanente labor de obstaculización al crecimiento almeriense.

Agravio es tardar diez años en traer la A-92 a Almería. Agravio es tener al Ayuntamiento de la capital en ruinas. Agravio es ver la Alcazaba con chorreones de humedad secular por las murallas. Agravio es prometer un hospital en unas elecciones y luego desaparecer del mapa. Agravio es tener la autovía del Almanzora en búsqueda y captura. Agravio es anunciar una facultad de Medicina y darse a la fuga. Agravio es educar a los niños almerienses en barracones. Agravio es impedir que Almería capital tenga un Corte Inglés. Agravio es ignorar las peticiones de los ayuntamientos para que se limpien las ramblas.

Esos son algunos de los agravios de la Junta de Andalucía con la provincia andaluza de Almería. Y ahora, que Susana Diaz vuelva a decir, como señaló en una entrevista en La Voz de Almería, que “los almerienses cada vez sienten mas cerca de la Junta de Andalucía”. Habrá que entenderlo como una amenaza.

Almería, Andalucía y el concejal de Cuenca

Antonio Lao
Director de Diario de Almería

La "bofetada" que la nueva presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, ha dado al PSOE de Almería todavía se digiere en las huestes que dirige José Luis Sánchez Teruel, y como una mala digestión va a necesitar de varias cajas de Alka Seltzer para retornar a la normalidad. La opinión de la práctica totalidad de la dirección provincial es la misma: incredulidad, tanto por la forma como en el fondo.

Diario de Almería de hoy
Aún así, de puertas hacia fuera se han cerrado filas y se trata de vender Andalucía como un todo, sin importar el lugar de nacimiento de los consejeros. Reconozco que siendo justos así debieran funcionar las cosas. No importar donde has nacido, si al final de lo que se trata es de trabajar por y para Andalucía. Dicho esto, no deja de resultar extraño que la única provincia que no tiene consejero sea Almería. Un dato a tener en cuenta, que para nadie ha pasado desapercibido, y que, no lo duden, traerá cola en el futuro para los dirigentes de esta tierra. Unos dirigentes que califican el hecho de "mero accidente", aunque van a tener que lidiar con este Miura durante el resto de legislatura. 

No va a ser fácil restañar las heridas abiertas. Una y otra vez se ha lamentado que se tire de provincianismo o victimismo desde esta tierra cuando la realidad parecía otra. Lo que pasa es que los hechos son testarudos y una y otra vez vienen a dar la razón a aquellos que insisten en el síndrome de esquina de esta provincia. Con hechos como este es complicado creer que no exista marginación u olvido hacia esta tierra, capaz de generar, por ejemplo, el 25% del valor agrícola de toda la comunidad. 

Susana Díaz y su Gobierno van a tener que hilar muy fino con Almería. Sus visitas aquí van a ser miradas con lupa, sus palabras descifradas vocal a vocal y los fondos que en forma de presupuestos nos alcancen van a tener muy generosos para desterrar lo que, no sólo los militantes y dirigentes consideran una afrenta, sino lo que se ha convertido en un pensamiento generalizado en toda la sociedad. 

José Luis Sánchez Teruel y sus compañeros de ejecutiva no lo van a tener fácil. Si la primera zancadilla llega de aquellos que se suponen deben ayudarlo, imagínense lo que les va a llover desde la oposición. Aún así quiero ser positivo y entender que de los errores se aprende y será la última vez en la que un almeriense se siente marginado y olvidado por aquellos que lo gobiernan. 

Este partido ha empezado a perderlo Almería y su provincia desde el minuto uno, aunque dura todavía casi tres años. La rectificación y convencimiento deben llegar cuanto antes, no con palabras que se las lleva el viento, sino con hechos.

No es esto, no es esto

Fausto Romero-Miura
Abogado

El miércoles, en La Voz, dos notables socialistas almerienses, cuyo rigor intelectual y valía política valoro desde siempre, y que muy bien hubiesen podido ser eficaces consejeros, decían que la crítica a Susana Díaz por no haber incluido a ningún almeriense en su Gobierno es un “provincianismo”. 

Fernando Martínez y Nono Amate,
en una asamblea del PSOE local de Almería
Remedando a Ortega y Gasset yo les digo: ¡no es esto, no es esto! Y, si se me apura, tampoco una cuestion –a la que se refería el filósofo- de esperanza, desasosiego o descontento. No. Es otra cosa. Y gravísima: la constatación de la exclusión de una provincia del Gobierno que le afecta. Una dación de fe de incapacidad: Almería es la única provincia de Andalucía que siempre ha sido mandada por ajenos, por extraños, por forasteros. Y lo va a seguir siendo.

Soy un admirador confeso de la inteligencia, que es tanto como decir de la capacidad y de la eficacia. De hecho, solo milito en el PDLI, Partido de la Inteligencia, y soy un admirador de los que Leonardo Da Vinci llamaba obreros de la inteligencia, lo que, también siempre, me ha llevado a sostener que en los cargos políticos –como en casi todo en la vida- deben estar los mejores, los más capaces, no los más agradaores.

Por tanto, si en el nuevo Gobierno andaluz hubiese consejeros, digamos, solo de Jerez y de Andújar, o de Zaragoza y de Lérida, porque son los mejores, yo estaría un poco sorprendido pero encantado, en cuanto que, como residente en Andalucía, de ellos dependería que, en vez de padecerla, la disfrutara.

Pero las cosas no han sido así: el Gobierno se ha formado en base a la fuerza de las Federaciones provinciales del PSOE. ¿Se hubiera atrevido la señora presidenta a dejar fuera a Málaga o a Jaén o a Sevilla? Vd. mismo tiene la respuesta.

Por tanto, al contradecir su proclamado propósito de “regenerar e integrar”, y dejar fuera a Almería, lo que ha hecho ha sido des-integrar –y desintegrar, claro-, es decir, excluir a Almería de esa nueva Andalucía regenerada e integrada.

Es un dato objetivo, y aquí entra el no es esto de Ortega: no provincianismo, sino desprecio, exclusión, agravio –sí- incluso comparativo. La reacción –fuera de los sectarios políticos- ha sido unánime.

Hay muchos almerienses, socialistas e independientes, capacitados para ser miembros del Gobierno andaluz. No puede la señora presidenta darle una patada al PSOE almeriense –por su guerra interna- en el culo de Almería. De una Almería tan arrumbada en el córner del Arrecife de las Sirenas que, del puntapié, la ha tirado al mar de la nada, ni de los cantos de sirena siquiera.

¿Provincianismo? No: despeñamiento.
(Artículo publicado en La Voz de Almería, edición de papel. Autorizada su reproducción para La Opinión de Almería).

El juego de la silla

Carlos Herrera
Periodista

Almería es frecuentemente mirada desde lejos. Tanto que, a veces, no acabamos de ser vistos. Esa sensación de esquina, ese enclave expuesto a inclemencias de todo tipo, ha configurado un sentimiento de desapego con el núcleo central de la autonomía andaluza que se ha convertido en un lugar común. Puede que algo exagerado, pero lugar común al fin y al cabo. Razones no faltan.

Nuevo Gobierno andaluz
Los almerienses experimentamos en ocasiones –y no solo frente al poder autonómico- una cierta sensación de colonia lejana, de tierra de conveniencia, de último eslabón de la cadena territorial. Da la impresión de que los buscadores de votos se acercan a la provincia recurrentemente tocados con un salacot de explorador en la cabeza. Andaluces y no andaluces.

El último pasaje que ha desencantado a diversos sectores políticos y sociales de la provincia viene de la mano del nuevo gobierno andaluz configurado por Susana Díaz. La heredera por aclamación del escapista José Antonio Griñán ha optado por la vieja estrategia socialista de los equilibrios territoriales, procedimiento por el cual se eligen los miembros de un ejecutivo procurando contentar a todas las agrupaciones, seleccionando para el mismo a personas de cada uno de los núcleos de poder del partido, una de aquí, otro de allá y otro más del más allá.

Los nuevos once consejeros del gobierno autonómico proceden de todas las extensiones provinciales del partido y se corresponden con todos los magmas más representativos de la organización. ¿De todos?: en realidad de todos no, sólo de las siete provincias restantes que no son Almería.

Todo ello hace que el suelo húmedo del sentimiento almeriense vea como vuelve a llover después de tanto tiempo de aguaceros. Es un hecho cierto: los sucesivos gobiernos andaluces de la historia reciente han contado con un total cercano a los doscientos consejeros, de los cuales sólo cinco han tenido procedencia de nuestra provincia, fueran o no nativos de la misma.

Cinco de doscientos, poco más del dos por ciento, no parece compadecerse con uno de los motores del PIB andaluz radicado en esta tierra desde que el vértigo del plástico, del cultivo, de la exportación, cambiaron el paisaje lastimoso de los parajes generadores de emigración.

Almería ha sido uno de los grandes argumentos para establecer el verdadero discurso de la Andalucía emprendedora, trabajadora, resuelta: sin necesidad de vivir de la subvención o del riego incesante de recursos de reparto, la asombrosa provincia -al Este de todo- surgió mediante el esfuerzo y la creatividad de su gente y de la que vino a doblar la espalda a sus tierras.

Tras décadas de padecer aislamiento y déficit de todo tipo de estructuras e infraestructuras, el esfuerzo de sus moradores hizo posible el milagro de su balanza comercial.

Hoy, ese trabajo merece reconocimientos no sólo simbólicos y la presencia de hombres o mujeres de su “establishment” político debería ser considerado tan importante como la de otras provincias andaluzas, incluidas las que han corrido peor suerte.

Puede que sean servidumbres de la política de partidos y de la maquinaria burocrática de sus diferentes “nomenclaturas”; puede que sea simplemente la mala suerte del bombo; puede que tal vez sea un nuevo episodio pasajero de desidia corporativa… pero resulta comprensible el desencanto en distintas estructuras ciudadanas cuando a lo que se juega es precisamente a la representación de todos en las estructuras de gobierno.

Y si es de todos, que sea de todos, ya que da la impresión de que el nombramiento de un consejo ejecutivo andaluz es el juego de la silla, ese en el que hay una menos que personas dando vueltas a su alrededor y en el que, cuando suena la bocina, siempre es Almería la que se queda de pie.

En la letra menuda del proceso se explica que Sánchez Teruel, el Secretario Provincial de los socialistas almerienses, confiaba en ser nombrado Consejero de Agricultura. Dícese que el Partido no quería removerlo de la organización territorial que considera debe reconstruirse.

Hoy no es Consejero Sánchez Teruel –a su pesar- y no lo es nadie, lo cual ha provocado reacciones unánimes de rechazo en diferentes estructuras organizativas almerienses, desde Asempal a la Cámara, que han advertido que no acudirán a los actos que convoque la Junta.

Más allá de las repercusiones para los intereses socialistas en la demarcación almeriense que pueda tener este pasaje repetido, en la autoestima política regional deja un nuevo retazo de sabor amargo, un “Dejà Vu” que añadir a una larga escaleta de pellizcos, a un inconsecuente esfuerzo por alejar afectos por parte del poder centralista de esta autonomía mal rematada.

Es posible que suframos un síndrome de exceso de sensibilidad –no habría que descartarlo- pero la erosión de la epidermis, de ese terciopelo sensible que son los afectos por la tierra de uno, por el esfuerzo colectivo de varias generaciones, es una constatación difícil de obviar.

Afortunadamente, no precisamos del favor centralista para salir adelante, pero una consideración al trabajo y a la lealtad siempre es de agradecer. Que pongan, pues, algún día, otra silla más en el corro.
(Publicado en La Voz de Almería, edición de papel. Autorizada su reproducción)

Desequilibrios territoriales de Susana Díaz

Francisco Giménez-Alemán
Periodista / El Correo de Andalucía

Con sentido de la oportunidad periodística, el director de La Voz de Almería, Pedro Manuel de La Cruz, denuncia con desencanto que la nueva Presidenta de la Junta se haya olvidado de la primera provincia andaluza (por orden alfabético) a la hora de formar su nuevo Ejecutivo. Las siete restantes tienen asiento en el Consejo de Gobierno. Y el dato que aporta es estremecedor: en treinta años bien despachados los distintos jefes de Gobierno andaluz han nombrado 181 altos cargos, de los que solo cuatro eran de Almería: García Arboleya, Inmaculada Romacho, Cándida Martínez y Martín Soler.

Susana Díaz
Incluso para los que no militamos en ningún partido, pero tenemos nuestro corazoncito en la Puerta de Purchena, parece excesivo el desequilibrio histórico de una provincia andaluza que ha remontado el vuelo en el último cuarto de siglo y que cuenta hoy con peso propio en la economía regional, sobre todo en lo que se refiere a la agricultura y de manera particular a los cultivos de invernadero; al mármol y sus derivados; al turismo o a la investigación en energía solar, por citar las cuatro patas del PIB provincial. Quienes hemos conocido la Almería del hambre cínicamente adoptada por Franco bajo su protección, no podemos por menos que celebrar el extraordinario desarrollo de la provincia en democracia, bajo el reinado de Juan Carlos I.

Sin que ello nos lleve a hacer cuestión de este olvido, habría que preguntarle a Susana Díaz por qué el criterio regional ha quedado mutilado por tan incomprensible renuncia a contar con los socialistas almerienses, entre los que a buen seguro hay más de un nombre con méritos sobrados. Aunque a los almerienses no nos extraña el comportamiento de la Presidenta de la Junta, acostumbrados como estamos desde tiempos de los Reyes Católicos a que la política local sea ninguneada. La excepción de don Nicolás Salmerón viene a confirmar la regla.

No es por tanto una rareza que Almería esté dando las espaldas al PSOE desde hace años, optando repetidamente por alcaldes y diputados del PP, como viene a confirmar el hecho de que tanto la Diputación como el Ayuntamiento de la capital estén en manos conservadoras.

Esperemos que la discriminación padecida por Almería no pase de ser un percance que la nueva Presidenta sepa compensar políticamente. Pero hemos querido dejarlo escrito recogiendo así el sentir de no pocos paisanos que nos muestran por ello estos días más desánimo que porque Madrid se haya quedado sin Olimpiadas.

Los más susanistas

Iván Gómez
Jefe de Local de Diario de Almería

Decía Abraham Lincoln que si quieres ganar un adepto para tu causa, convéncelo primero de que eres su amigo sincero. Una estrategia aplicada por la nueva presidenta de la Junta, Susana Díaz, quién en menos de un año ha logrado reconvertir de forma abrumadora al organigrama del PSOE de Almería -la dirección unánime- en los más susanistas de Andalucía. Cada aparición, cada acto público en la provincia, era considerado prioritario y se hacía una llamada a filas. Desde que la niña de Triana se convirtió en la secretaria de Organización del socialismo andaluz con Pepe Griñán en 2010, pasando por su consolidación como presumible sucesora durante el XII Congreso Regional que el partido celebró en El Toyo, el PSOE almeriense ha querido estar a su lado y, sobre todo, hacerle ver que lo hacía. En plena campaña por las primarias, cuando en la provincia apenas había una treintena de apoyos para Planas y el alcalde de Jun, se constituyó una plataforma que actuó como un apéndice más de la dirección provincial.
 
Susana Díaz, con la dirección provincial del PSOE
Todos los miembros de la ejecutiva fueron su mayor lobby dentro y fuera de Almería, de ahí que ya antes del relevo de Griñán se hablara de un posicionamiento y cercanía con la candidata que traería muchos beneficios para la provincia una vez nombrada presidenta de la Junta de Andalucía. José Luis Sánchez Teruel, Adela Segura y Juan Carlos Pérez Navas llevan meses imbuidos en su discurso del tiempo nuevo en la política, de transparencia y regeneración, conscientes de que el futuro del socialismo andaluz pasa por esta mujer de 38 años. Esperaban, al igual que el resto de la militancia almeriense, que ese soporte que le han brindado a la sevillana se correspondiera primero en nombramientos, una vez llegada a la presidencia de la Junta, y posteriormente en el cumplimiento de compromisos con los proyectos pendientes en la provincia.

La primera de las expectativas ha fracasado. Así, sin más. En el seno del partido hay una profunda decepción que se denota, por ejemplo, en el gran número de llamadas de alcaldes y concejales ayer a los dirigentes para manifestar su sorpresa y malestar. La provincia se queda sin consejero y, a pesar de que las lecturas son muchas y variadas, siempre acaba evidenciando una falta de peso político del PSOE de Almería a nivel regional que no es novedosa, ya que podría aplicarse a los gobiernos de Escuredo, Borbolla, Chaves, Griñán y ahora Susana. El ‘mazazo’ de la configuración del nuevo gobierno andaluz ya se está digiriendo, si bien permite reconocer errores por parte de la dirección. Sobre la mesa se han puesto el fallo en la estrategia y táctica en la negociación. Otras provincias han sabido manejar mejor los tiempos y presionar en beneficio de sus dirigentes. Por otro lado, se plantea el fallo del posicionamiento exagerado del partido para ocupar la cartera de Agricultura. Es una aspiración legítima de los agentes sociales y económicos de la provincia, pero en Sevilla no ha sentado bien que también el PSOE de Almería se haya empecinado en dar el salto a este departamento siempre con el argumento del peso agrícola de la provincia (25% del conjunto de la facturación andaluza). En política no se pueden ni deben “telegrafiar” las intenciones y objetivos, sobre todo cuando están en juego intereses de hasta ocho agrupaciones. Tampoco sentó nada bien en las altas esferas socialistas el acto público de la entonces candidata de las primarias con el PSOE de Adra y con el imputado Luis Pérez Montoya a la cabeza, al que días después le cayó una orden de prisión provisional que evitó con fianza. Una fotografía que los populares días después se encargaron de difundir, vinculando a la futura presidenta de la Junta con el elogio y respaldo de la corrupción. La ausencia de consejeros almerienses no es aleatorio, ni responde exclusivamente a la capacitación y méritos de los once elegidos. Es también el castigo de Susana a los errores de la provincia más susanista, pero habrá redención.

a compensación llegará, tal y como se quiere entender, en las viceconsejerías. La consigna del lunes, horas antes de que Susana Díaz anunciaría su gobierno, ya era que lo más importante son los puestos intermedios allí donde se toman las decisiones. Suenan, de momento, los nombres de José Antonio Amate y Jorge Cara para dar el salto, si bien los propios interesados aseguran que no creen que haya cambios en los equipos ya existentes. La posibilidad de que Sánchez Teruel se marchara a Sevilla para estar al frente de una consejería habría obligado a llevar a cabo una remodelación de la ejecutiva provincial, que en las últimas semanas ya se venía perfilando, pero finalmente no habrá cambios, un proceso que podría haber suscitado tensiones internas. Susana lo evitó. Al final tendrán que estar agradecidos.

Tengo una carta para ti: “Almería existe”
Los parlamentarios andaluces del PP de Almería recurrirán al género epistolar para lamentar ante la nueva presidenta de la Junta de Andalucía lo que ya consideran como “duro castigo” para la provincia: no contar con ningún consejero almeriense en su nuevo equipo de gobierno. El discurso del PP de Almería, por boca de Rosario Soto, fue el de argumentar que no habrá un nuevo tiempo, como la actual presidenta viene defendiendo, ya que “seguimos siendo la última provincia, siempre nos han ignorado y no existimos para la Junta de Andalucía”. La que en su día ejerció como portavoz del PP andaluz, cuando Arenas era presidente, explicó que en la carta que le harán llegar a Susana Díaz, recoge los diez proyectos necesarios y urgentes para el desarrollo de la provincia. El escrito irá firmado por el presidente provincial, Gabriel Amat, y los siete parlamentarios andaluces: “Como no tenemos un representante almeriense en el Consejo de Gobierno para transmitir las necesidades de esta provincia, que ha sido siempre motor de crecimiento y desarrollo de empleo, hemos decidido enviar una carta a la nueva presidenta para informarle y exigirle las actuaciones fundamentales para nuestra tierra porque Almería existe y es parte de Andalucía”. Entre las demandas aparece la Autovía del Mármol y la variante de Roquetas en un largo decálogo de incumplimientos que hereda la nueva presidenta de la administración regional.

Las del PP de Almería no han sido las únicas voces críticas que se han sucedido a raíz de la designación del nuevo gobierno. Además de los lamentos de los empresarios y agentes sociales, las organizaciones agrarias no han encajado bien el golpe, ya que aspiraban a un titular de la Consejería de Agricultura de origen almeriense. El secretario provincial de COAG, Andrés Góngora, aseguró ayer que ha sido una “decepción” porque su aspiración no era un capricho: la producción almeriense supone el 25% de la facturación total de la agricultura andaluza”. Góngora critica que “a Almería se le viene a pedir el voto cuando hay elecciones, pero después no contamos para nada, no tenemos peso político”.