Edita: Fidio (Foro Indalo de Debate, Ideas y Opinión) / X: @opinionalmeria / Mail: laopiniondealmeria@gmail.com

De mando policial en Venezuela a fregar platos en Almería

Miguel Cabrera
Periodista

José Rivero Juárez llegó a Almería hace seis años, después de dejar atrás una sólida vida profesional construida durante más de dos décadas en Venezuela. Cuando se exilió, era comisario de las Fuerzas Armadas Policiales venezolanas, abogado especializado en Derecho Penal y Criminología, profesor de esta materia en la Universidad Bicentenaria de Aragua y propietario de una próspera empresa de seguridad privada.

José Rivero Juárez, en Almería / MC

Hoy trabaja de noche en una empresa hortofrutícola de Níjar, donde combina labores de mantenimiento, vigilancia y manejo de carretillas elevadoras. Antes de conseguir ese empleo fregó platos en un restaurante y repartió e instaló electrodomésticos. “Había que subir frigoríficos a un quinto sin ascensor, instalarlo y bajar la chatarra”, recuerda.

El cambio, admite, fue duro. “No te imaginas. Crea traumas; casi todas las noches sueño con mi trabajo de antes”, afirma. Para él, sin embargo, el descenso social y económico que supuso empezar desde cero no pesa tanto como la alternativa que dejó atrás. “Si no me hubiera exiliado, ahora estaría preso o muerto”, afirma. De hecho, recuerda que algunos de sus antiguos compañeros fueron detenidos e incluso fallecieron, en casos que atribuye al régimen venezolano.

Rivero, de 48 años y natural de San Fernando de Apure, ha conseguido en Almería, donde reside desde 2020, la nacionalidad española junto a su esposa y sus dos hijas, de 13 y 20 años. La familia había llegado a España meses antes, tras salir de Venezuela en septiembre de 2019 bajo la excusa de un viaje de vacaciones.

La decisión, explica, había empezado a gestarse años antes, cuando comenzó a sentirse señalado dentro de las instituciones en las que trabajaba por sus posiciones críticas con el chavismo y por sus convicciones morales contrarias a las normas e imposiciones “de la dictadura comunista”. También sufrió amenazas de muerte por su actividad policial contra el narcotráfico. “Comandé un grupo de reacción inmediata y eso te genera muchos enemigos por la lucha contra la delincuencia y las bandas organizadas. El narcotráfico te deja muchísimos enemigos”, afirma.

Detrás de esa trayectoria profesional se acumulaban tensiones que acabarían precipitándolo al exilio. Según su relato, durante años sufrió el bloqueo de ascensos, destinos que consideraba punitivos y un aumento de la presión a medida que rechazaba participar en actos o consignas políticas. “Prefería salir solo, siempre armado, eso sí. Pensaba que, si me pasaba algo, al menos no le pasaría a mi familia”, reconoce.

Con 21 años de servicio, la salida no fue inmediata ni sencilla. Temía que una renuncia formal pudiera tener consecuencias penales y optó por preparar la marcha en silencio. Vendió parte de sus bienes antes de partir y guardó documentación relacionada, según cuenta, con la persecución que denunciaba y con su solicitud de protección internacional.

La primera parada fue Madrid; después Cantabria y Córdoba. En esta última ciudad iniciaron los trámites de asilo y entraron en un programa de acogida que acabó derivándolos a Almería. Aquí, con el apoyo inicial de Almería Acoge, contaron con alojamiento hasta obtener la autorización de residencia y trabajo.

El comienzo fue el de muchas familias recién llegadas: empleos precarios, alquileres difíciles de conseguir y una red social aún por construir. Rivero no reniega de aquellos trabajos. “El trabajo no deshonra ni me quita mis cinco títulos, mis profesiones ni mis galones”, dice. Pero sí reconoce el golpe que supone pasar de dirigir equipos y dar clase en una facultad de Derecho a cargar electrodomésticos o fregar vajilla durante jornadas de hasta doce horas.

Su mujer también ha vivido ese cambio. En Venezuela era profesora de Secundaria; en Almería trabaja como auxiliar de ayuda a domicilio, después de formarse en geriatría. Ambos han decidido concentrar sus esfuerzos en la estabilidad de sus hijas. La mayor, de 20 años, estudia en la Universidad de Almería y, según su padre, se siente plenamente almeriense, hasta el punto de que probablemente se quedará aquí cuando sus progenitores vuelvan a su país.

Por ello, la familia estudia comprar una vivienda en la ciudad para que pueda continuar en ella si finalmente se produce el regreso a Venezuela. “No pensamos desligarnos de nuestro segundo país, ni de Almería; nos iríamos con el corazón roto, porque ya estamos arraigados aquí”, explica Rivero. “Sería un ir y venir”.

Lo que más desea ahora es reencontrarse con sus padres, ya octogenarios, y con los muchos amigos y seres queridos que dejó atrás y a los que no ha vuelto a ver desde su exilio. Por tanto, el excomisario mantiene la mirada puesta en su país. Aspira a volver cuando la situación política e institucional, a su juicio, permita hacerlo con seguridad. 

Dice que le gustaría recuperar su carrera policial, cuyo siguiente rango sería el de comisario jefe, equivalente al de coronel, según explica, y participar también en la reconstrucción del sistema de Justicia venezolano como abogado y profesor. Para ello, se mantiene en contacto con la “vieja guardia” policial y militar del país en el exilio, formada por más de un millón de personas, según estima. Además, participa en un proyecto para la futura reestructuración de las fuerzas armadas y de otras instituciones del país una vez, sostiene, se produzca una transición democrática.

“La vieja guardia la componemos militares y policías formados con aquellos valores, con aquella ética; somos los incorruptibles y seremos los encargados de acometer esta reestructuración. En cambio, las fuerzas armadas y la policía actual han sido formadas por el régimen, por una dictadura que solo ha pretendido que sigan sus directrices políticas con el único objetivo de mantenerse en el poder. De ahí que estas nuevas generaciones no serían útiles para reformar las instituciones”, mantiene.

A su juicio, María Corina Machado está llamada a ser la persona que dirija Venezuela, una vez culmine el proceso de transición tras la detención de Nicolás Maduro y la intervención norteamericana. Será tras esas elecciones cuando José volvería a Venezuela. Por ahora, ese horizonte sigue siendo incierto. En Almería, mientras tanto, ha encontrado una segunda casa, una nacionalidad y una vida familiar que protege con la misma determinación con la que decidió marcharse.

“He ganado otro país, pero abandonar tu futuro, tus proyectos y a tu familia es estar muerto en vida”, resume.

No hay comentarios:

Publicar un comentario